Sábado, 23 de Septiembre de 2017

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Dilema en la cueva

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Por: Mario Rodríguez Guerras

Lourdes Carcedo, S/T

Dilema en el globo
Dos personas viajen sobre el mar en un globo que se está desinflando y solo puede soportar el peso de una persona para seguir en el aire.

Decidir la muerte de una persona para salvar a otra es una situación terrible pero más absurdo sería no tomar ninguna decisión y que acabaran por morir las dos. No obstante, esto recuerda al cuento del padre y el hijo que iban al mercado y que, durante un tiempo, cargaron con el burro a cuestas pues iban atendiendo las opiniones de otros viajeros. La moraleja es que cada uno viva según su criterio.

Pero, puesto que hay cuestiones que pueden ser trágicas, además de emocionales, deberemos entender el origen de las diversas actuaciones posibles y, de paso, entender su implicación legal.

Esta exposición adolece del desconocimiento de soluciones que el derecho ya haya aportado. Pero puede, por el contrario, plantear la validez de las soluciones dadas pues, como sabemos, la ley no es algo inamovible y las razones de un tiempo no son válidas para otro. En todo caso, creemos poder hacer una presentación de diversos aspectos considerando su sentido y, entonces, entenderemos su significado y valor. Las soluciones posibles serán:

1º.- Ambas personas se mantienen en el globo y mueren en el mar, al valorar las dos tanto la voluntad ajena como la propia, lo que lleva a que cada una ellas no haga nada en contra de su vida ni en contra de la vida de la otra persona.

2º.- Una de ellas, considera la situación como un fenómeno, que ofrece una solución material, y recurre a la violencia física para arrojar a su compañero de viaje fuera de la cesta y salvar su propia vida.

3º.- Los viajeros estudian racionalmente la situación y, juzgando absurdo morir los dos, plantean una forma imparcial de resolver sobre la vida y la muerte y echan a suertes quien vive y quien muere.

4º.- Una de las personas se siente obligada a renunciar a su derecho por consideración al derecho ajeno y, se arroja al mar voluntariamente.

Estas situaciones tendrían algunas variantes:

a) En el supuesto 1º, una de las personas, por amor, renuncia a su voluntad para afirmar la de la otra persona. Se trata de un supuesto diferente al establecido en 4º en el cual la decisión no se adopta de forma sensible, (afectiva o emocionalmente) sino como un compromiso social, laboral…

b) En la situación prevista en el punto 3º, podrían existir otras razones, como la avanzada edad de una de las personas frente a la juventud de la otra, aunque ya entrarían dentro de las consideraciones relativas a la voluntad y no se justificarían como argumentos del grupo y solo tendrían valor como consideraciones personales que son estudiadas en el punto 1º pues todas las vidas tienen el mismo valor.

Los casos planteados generarían algunas dificultades:

i) En el supuesto 2º, quien inicie la agresión podría ser declarado culpable legalmente de la muerte de su compañero de la misma forma que un ladrón es responsable de un robo, aunque robe una manzana por necesidad pues la necesidad puede ser un atenuante pero no un eximente.

Ahora bien, quien se defienda y mate al agresor, quedaría libre de culpa. El caso es que, si la única versión de los hechos es la del superviviente, nunca podríamos saber la verdad y, en la práctica, podría dejarse en libertad al superviviente aun siendo un asesino.

ii) Si, en lugar de viajar dos personas, viajara un grupo, entonces, dado el supuesto 3º, quien no quisiera participar en el sorteo no podría obligársele, aunque acabe beneficiado por la actuación de los demás. Llevado al extremo, esto es, si hubiera más personas que se opusieran al sorteo que las que participaran, podría plantearse una injusticia. Podría incluso darse la situación de que viajaran una madre y su hijo y, el resto de viajeros, conscientes de que la madre se sacrificará por su hijo, decidieran no hacer ningún sorteo. La muerte de la madre podría parecer una consecuencia de su propia voluntad pero si, como es probable, en igualdad de condiciones, se hubiera establecido que la fortuna decidiera el destino de uno de ellos, evitarla sería una astucia de los viajeros que condicionaría la resolución de la madre, por lo que el grupo –salvo el hijo- sería responsable de incitación al suicidio. Ahora bien, ya que, como vemos en el mundo real, nunca los acosadores, cuando acaban por obligar a su víctima a quitarse la vida, son sancionados, dudamos de que la justicia quisiera castigar como merecen a los astutos pasajeros.

Los exploradores atrapados
Con estas consideraciones podríamos ofrecer un punto de vista distinto de El caso de los exploradores de cavernas, que suponemos conocido y no exponemos, presentando, antes, las siguientes consideraciones:

1º.- Si bien la ley entiende que no es admisible quitar la vida a otra persona pues es un acto en contra de su voluntad, también es cierto que, dada la situación planteada, la vida de esa persona ya está acabada por lo que resulta aceptable plantear la posibilidad de salvar las de otras a costa de ésta.

Por supuesto que debemos distinguir este caso del caso en el que un enfermo terminal es asesinado, por venganza, error u otra causa, pues, aun cuando su vida esté próxima a su final, el hecho de quebrantar su voluntad sigue siendo un delito. Lo absurdo es causar la muerte de quien va a morir.

2º.- Puesto que la ley admite, o debiera hacerlo, el sacrificio voluntario de una persona para salvar la vida de otros, debe admitir que todos los afectados puedan estar dispuestos a sacrificarse por los demás y que la elección de uno de ellos sea fruto del azar.

Que esa muerte sea causada por la misma persona que se sacrifica o que lo hagan los demás no afecta al hecho de querer sacrificarse pues en determinadas circunstancias pueden no encontrase los medios adecuados para un suicidio. En un globo, uno puede arrojarse al vacío pero, en una cueva en la que, dado el caso planteado, es necesario mantener su cuerpo, puede no haber una pistola o un cable y un poste en el que ahorcarse y ese sacrificio precise de asistencia. Lo que pueda decir el derecho lo desconocemos.

Por lo tanto, el sorteo voluntario debe admitirse legalmente como solución a la tragedia planteada puesto que, en esencia, es una sacrificio aceptado por la víctima aún cuando, por la forma, pudiera parecer un contrato, lo que sería ilícito.

3º.- Pero, como hemos dicho, quien no acepte participar, no puede quedar obligado a hacerlo. Esto tiene demasiadas implicaciones. En primer lugar, la injusticia de que, como ocurriría en el caso del globo, quien no participa en el sorteo, disfruta de las ventajas de que lo hagan otros pero no de sus riesgos. Y es algo contra lo que no se puede actuar. En cambio, en segundo lugar, en el caso de los exploradores, esta persona no debiera tener derecho a participar de los efectos, esto es, a alimentarse con el cuerpo de la víctima sacrificada corriendo, entonces, el riesgo de perder, de todos modos, su vida. Pero, en tercer lugar, la justicia podría entender que los demás causaron la muerte de ésta persona porque no la proporcionaron los alimentos que tenían a su alcance. En este punto, parece que la moral y la justicia discreparían de nuevo.

4º.- En el supuesto planteado en ii), de la madre que decide, ante el silencio de los demás, sacrificase para salvar a su hijo, pero no por los demás, si la muerte precisa de la asistencia o participación de éstos, entonces, nos hallamos ante un evidente delito con el agravante de la premeditación, incluso cuando ella hubiera manifestado su voluntad de morir a manos de ellos pues esa decisión habría estado condicionada por la omisión de los demás. Como hemos dicho, criterio moral de improbable aplicación legal.

En conclusión, si bien los exploradores atrapados, en el supuesto de Lon L. Fuller, podrían echar a suertes quien de ellos habría de ser el alimento de los demás, para no llegar al absurdo de perecer todos ellos por no adoptar la solución drástica de aceptar la muerte de uno solo, ese sorteo debe contar con el consentimiento de la víctima y, de no existir tal aceptación, su muerte no sería un sacrificio sino un crimen. Por ello, los exploradores de Fuller deben ser condenados por la muerte del compañero pues, aunque fue de éste la idea del sacrificio, y supuesto que el sorteo entre voluntarios sea admisible, al final, decidió no participar en él y, como solo podemos suponer que esa muerte se la causaron los compañeros, murió en contra de su voluntad, lo cual es un delito por el que deben pagar.

Derecho
Todo esto intenta ser una aportación teórica que en la práctica jurídica acabaría sometida a interpretaciones y tergiversaciones. En todo caso, serían necesarias pruebas de los hechos, lo cual puede ser bastante difícil de conseguir por lo que, en un hipotético juicio, no se podría saber si quien cayó del globo se arrojó voluntariamente al vacío, cayó por la agresión del superviviente o defendiéndose de su violencia o por un sorteo en el que decidieron participar los dos o, incluso, si cayó accidentalmente.

Ahora bien, la cuestión esencial es saber hasta qué punto las razones presentadas son válidas desde un punto de vista moral pues lo que se persigue es comprender la esencia de las cosas. En cambio, la solución que ofrezca el derecho puede estar basada en un interés o en una interpretación. Por ello, conocer el sentido de los actos podría servir para validar o cuestionar las leyes.

Legalmente, el aspecto esencial sería conocer de qué forma valoraría el derecho un sorteo voluntario sobre la vida de una de las personas atrapadas en un drama como el previsto. Otra cuestión conflictiva jurídicamente es de qué forma se juzgaría a quienes dejaron morir a una madre para beneficiarse de su muerte. Y, finalmente, si la muerte de quien no participa en el sorteo se produjera por no alimentarse con los restos de la persona sacrificada podría achacarse a la responsabilidad o la culpa de los demás exploradores.

Metalógica
a) En el caso de los exploradores, la posición de Foster es la de defender el derecho natural [1], por lo tanto, su punto de vista es el de la voluntad humana. Los juzga inocentes.

b) La posición de Tatting (doctrina del razonamiento con la moral [1]) es la de considerar que los actos no pueden ser objeto del juicio social, por lo que, como no encuentra justo que se los haya acusado de asesinato, se deduce que acepta los hechos ocurridos, lo que indica que reconoce la fuerza como valor para imponer soluciones. Se abstienen de votar.

c) Keen, que exige el imperio de la ley, que emana de la razón, es el representante del Iuspositivismo [1]. Los actos ni son buenos ni malos sino ajustados o contrarios a derecho. Los considera culpables.

d) Handy considera, para establecer la sentencia, la opinión pública, por lo tanto, valora el interés de una parte, y representa al realismo jurídico [1]. Los cree inocentes.

e) La postura de Truepenny (positivismo lógico [1]), que preside el tribunal, es un tanto diferente de las demás. Mientras que todos ellos valoran los hechos a partir de unas razones, el presidente valora la existencia del derecho. Truepenny no aplica el derecho para entender cómo juzgar los acontecimientos, lo que hace es, hasta donde entendemos, valorar el porqué del derecho. Así, si las leyes emanan del poder social, estas deben aplicarse pero, si existen razones pertinentes, el legislador, que crea las leyes, puede determinar su exención en un caso dado. Truepenny defiende el poder de la sociedad para establecer leyes, por lo tanto, su decisión consiste en defender los actos del estado que, en el caso concreto, implica someterse a las leyes. Condena a los exploradores pero solicita el indulto al gobierno.

Jesús Algovi, The River of Memories (performance)

Posiciones
a) Tatting tiene razón cuando cuestiona los argumentos de Foster. Si bien Foster defiende el derecho natural, no lo hace adecuadamente. En primer lugar, si es derecho natural no se puede admitir la existencia de ningún contrato, el derecho natural implica el reconocimiento de un valor simplemente por la existencia del ser. En segundo lugar, no cabe comparación del supuesto estudiado con la defensa propia, pero no por las razones alegadas por Tatting sino porque la defensa propia se ejerce contra alguien que pone en peligro la existencia de uno y la persona que se hubiera que sacrificar no ejercía ningún daño a la voluntad de nadie de los encerrados.

b) Tatting se equivoca al suponer que la solución de la cueva es fruto de la moral puesto que eso significaría que la moral valora la vida de varias personas más que de la una, lo cual es inmoral.

Para defender hasta el límite la idea de que la solución del grupo se ajusta a criterios morales, el autor sacrifica a la única persona que no quiso participar en la tirada a suertes de su destino. Con ello, demuestra su falta de comprensión de la situación. No es moralmente aceptable condenar a muerte a quien no ha querido sacrificarse, incluso, como decimos, cuando esa persona se beneficie por la solución que se acuerda de sacrificar a otro.

Este ministro está equiparando el origen de la moral con el origen del derecho positivo, estableciéndole en un acuerdo social caracterizado por la obligación de su cumplimiento.

La solución, como hemos dicho, es moral y legalmente aceptable en cuanto haya consentimiento por parte de los implicados y deja de ser moral y legalmente aplicable cuando se obligue a aceptar un acuerdo que establecen los demás en contra de la libertad que todo sujeto posee.

Tatting pretende evitar un mal mayor imponiendo un mal menor pero ese es su error, pues se olvida de que la defensa propia, el derecho natural y el derecho positivo tienen o deben tener por objeto la defensa de la integridad individual, que, refiriéndonos a la esencia humana, denominamos voluntad.

Cualquiera que sea la solución a un conflicto como el planteado debe contemplar la aceptación de los involucrados y una solución consistente en quitar la vida de una persona que no ha cometido ningún delito y sin ser juzgada por un tribunal no puede ser una imposición establecida por una mayoría de sujetos que ni representan ni sustituyen a la sociedad ni a sus instituciones, como parece pensar Tatting, ni puede suponer establecido un contrato vinculante, cuando ni siquiera se ha firmado, como con toda claridad expresa Foster.

El sentido práctico al que nos tiene acostumbrados la sociedad, a través de sus leyes -establecidas por mayorías-, y la obligación de su cumplimiento, garantizado a través de las fuerzas de orden y los tribunales, le han hecho olvidar al hombre socializado la existencia de derechos personales y todos estos individuos poseedores de una ideología socializadora se empeñan en determinar cual debe ser la conducta del hombre olvidando que el hombre posee libertad, a pesar de las leyes y de los hombres socializadores. Y esta interpretación equivocada de la libertad humana es el origen de la confusión de Tatting y de Foster, como la fe en la objetividad de la ley es el defecto de Keen y, el criterio del número, el de Handy.

La ley espera a estos hombres a la salida de su encierro y juzgará sus hechos, por lo que no cabe considerar que se hallaran en un estado de naturaleza distinto del social. Pero, además, millones de personas mueren al año de hambre en todo el mundo y nunca se ha oído que se haya abierto la veda contra el ser humano paupérrimo ni que, en esos pueblos atrasados, se practicara el canibalismo con los difuntos para evitar la muerte de sus semejantes, lo cual horrorizaría al mundo occidental. Pero el mundo civilizado tiene dos varas para medir la moral y el horror, como un derecho que le ha proporcionado el progreso frente a los valores y costumbres inamovibles de los pueblos menos favorecidos.

c) Keen, como decimos, hace una valoración muy rígida de la ley, como si las leyes poseyeran valor universal y no fueran fruto de consideraciones políticas no siempre bien realizadas e incapaces de contemplar toda la casuística posible;

d) al contrario que Handy, quien hace esa interpretación de una forma muy laxa pensando en el interés de una mayoría y no en los derechos de los perjudicados.

Calibración
Visto el resultado del estudio moral, cada uno de los cuatro jueces, a excepción del presidente del tribunal, Truepenny, debieran hacer un análisis del método que defienden, para percibir y corregir los errores de su lógica pues, juzgando con sabiduría, las diversas formas de interpretación de unos hechos debieran llevarnos a la misma conclusión y toda desviación de la verdad será causada por un defecto del discurso que será preciso subsanar.

Nota 1: Extraido de Wipkipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Caso_de_los_exploradores_de_cavernas