Sábado, 19 de Agosto de 2017

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Diez Mujeres

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Por: Roberto Lovera De-Sola

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Para entrar en nuestro tema de esta tarde, para llegar al gran boom de narradoras escritoras latinoamericanas de estos tiempos, debemos comenzar por decir que escritoras siempre las ha habido en América Latina desde los días coloniales, la primera que registra nuestra historia literaria es una limeña inominada del siglo XVII, autora del “Discurso en loor de la poesía”(1608), escrito en verso, que el escritor sevillano Diego Mejía de Fermagil incluyo en su Parnaso antártico, impreso en 1608, fecha de la que debemos datar aquel escrito. Dice nuestro José Balza(1939), quien con tanto detalle ha estudiado la literatura hispanoamericana del siglo XVII, que esta “señora principal…aunque anónima…es la primera poetisa importante de América: importante por la significación de su “Discurso” en la historia y práctica de la poesía”2. Otras escritoras llenarían el espacio literario de aquellos siglos, siendo la más grande la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz(1651-1695), reconocida en su tiempo en los dos lados del Atlántico. Otra creadora de aquellos tiempos es Amarilis, desde luego un seudónimo, de la que ignoramos casi todo, pudo nacer en el Perú y vivir luego en Bogotá, allá escribió aquella carta de amor en verso(1621) a Lope de Vega(1562-1635), producto de mucho leer al gran dramaturgo. A Amarilis se refiere bellamente Teresa de la Parra(1889-1936) en su estudio sobre las mujeres coloniales3. Varias de estas autoras fueron monjas, en los conventos pudieron acceder a la cultura que exhiben sus obras, desarrolándo así su vocación intelectual. Y por ello no es casual que en Venezuela nuestra primera poeta y escritora fuera una monja carmelita, la caraqueña, nacida en Baruta, Sor María de los Ángeles, en verdad María Josefa de la Paz y Castillo(1765-c1818), de quien conocemos dos poemas, cada uno de especial valor.

De allí en adelante, a lo largo de los días de la emancipación, durante el siglo XIX no dejaron en ningun momento de escribir las mujeres, algunas de ellas escritoras singulares. Y en el siglo XX el primer latinoamericano en ganar el premio Nobel(1945) fue una mujer, la poeta chilena Gabriela Mistral(1889-1957). Todas ellas hicieron vivo aquello que también dijo nuestra gran Teresa: “las mujeres pasan en tropel siguiendo las peripecias del drama4  mismo…Nadie le corta el paso, al contrarioi; adelante todas”5. Fue así que siempre lograron tener en nuestra sociedad “la influencia oculta y feliz” que les atribuyó también Teresa de la Parra en su cautivador ensayo Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, tomo del cual provienen las citas que hemos hecho. Constituye, a nuestro entender, el primer libro del feminismo venezolano.

Pasó el tiempo, se hizo madura y plena nuestra literatura continental. Y en un momento de ella hicieron su aparición un grupo de creadoras, cuyo escribir significa la madurez de nuestras letras escritas por mujeres. Suyos son varios libros signficativos que deben ser vistos como partes de un amplio movimiento, vivo en nuestra literatura. Creemos que ese proceso se inició cuando la chilena Isabel Allende(1942) publicó en 1982 La casa de los espiritus, escrito durante su exilio político en Caracas e impreso en Barcelona, España, por Plaza y Janés; cuando la mexicana Laura Esquivel(1950) publicó, en 1989, su preciosa novela Como agua para Chocolate, levada al cine con guión también escrito por ella. Seguiríamos, y es una apretada síntesis, con otras dos mexicanas: Carmen Boullosa(1954), de quien recomendamos especialmente el volumen de bellas nouvelles Quizá. La otra es Ángeles Mastreta(1949) la primera mujer en haber obtenido, con su deleitosa novela Mal del amores, el Premio Rómulo Gallegos(1997), aquí desató aquel galardón un inpexplicable y penoso ataque de misoginia, impulsado por cierto académico anti-mujerista, como si una mujer no tuviera derecho a obtener aquella presea, máxime que lo hizo con una obra más que sobresaliente. Seguimos con Gioconda Belli(1948), a quien aquí hemos estudiado a través de El pergamino de la seducción, novelista y poeta y también memorialista de su tiempo nicaragüense, el del sandinismo, en su memoria Mi país bajo mi piel, en que nos hizo ver como los ideales que llevaron a su generación a cambiar el camino del Estado, a sustituir la dictadura por una democracia rápidamente se pervirtieron por obra de la corrupción. De Colombia nos ha venido la obra de Laura Restrepo(1950), descubierta a través de su novela Delirio, aquella parabola en que un hombre, su protagonista, quien busca como rescatar a su mujer, la que ama, de los laberintos de la locura. No menor, en el caso de Laura Restrepo, es su novela mexicana La isla de la pasión. A este conjunto de creadoras pertenece una venezolana, Ana Teresa Torres(1945), de quien no nos es fácil decir cuál es su mejor novela, dada la relevancia de cada una de las suyas. Escogemos aquí Los últimos espectadores del acorazado de Potemkin, la cual constituye el requiem al comunismo caído en 1989. Y desde luego a esta generación de creadoras latinoamericanas, nacidas a partir de los años cuarenta, pertenece la chilena Marcela Serrano(1951)6.

Marcela Serrano
A Marcela Serrano la descubrimos los lectores venezolanos primero a través de una entrevista que en la televisión de Miami le hizo Jaime Baily, programa que en esa época veíamos en Globovisión. A poco llegó a Caracas su novela El albergue de las mujeres tristes, esta constituyó su revelación para nuestros lectores7.

Después, casi sin detenerse nos llegaron sus novelas, desde la primera, de 1991, Nosotras que nos queremos tanto, esta para algunas de sus lectoras es su mejor novela, la que más las ha comovido. Solo su edición bogotana llevaba 18 ediciones en 1997. Le siguieron, en 1993, Para que no me olvides, Antigua vida mía, la conmovedora historia de aquella dos grandes amigas, en medio del drama que vive una de ellas, quien se ha visto obligada a tomar la terrible decisión de matar a su marido para evitar que la violara y así perder el hijo que llevaba en el vientre, que mucho le había costado gestar en su madurez. Ha sido llevada al cine; Nuestra señora de la soledad, con las mil preguntas de su protagonista en búsqueda de si misma, cosa que logramos saber cuando seguimos lo que la mujer policía, uno de sus personajes, investiga que se hizo, por qué abandonó el marido, por qué cambió de identidad y hasta de nombre para poder lograr ser feliz; Lo que está en mi corazón, es otros de sus tributos a México, antes lo había sido Nuestra Señora de la soledad, país en el que vivió varios años, cuando su esposo fue Embajador de Chile en ese país. Lo que está en mi corazón está tramada en medio de la insurección zapatista de 1994. De su estancia mexicana son también los dos relatos de Un mundo raro. Por su parte Hasta siempre, Mujercitas, es su reescritura y recreación, en clave chilena, de Mujercitas(1868) de Luisa May Alcott(1832-1888), aun un clásico de la adolescencia femenina, aunque en el caso de la novela de la Serrano lo que sucede ante nuestra vista son las vivencias adultas de las cuatro primas. Libro melancólico este, bastante distinto, por su tono, de las otras novelas de esta escritora.

A todo lo largo de la
el ser femenino, visto en su mayor hondura. Todo ello hecho desde esta declaración suya: “No todo es culpa de los hombres. Ellos son culpables de no arriesgarse a querer modificar sus realidades. Y porque me cansa la palabra matrimonio prefiero hablar de amor y de pareja”.

Diez Mujeres
Cuando abrimos esta nueva novela de Marcela Serrano: Diez mujeres, nos encontramos que estamos nuevamente en su obra con un grupo de terapia de mujeres, como el que habíamos encontrado en El alguergue de las mujeres tristes. Son, desde luego, dos novelas distintas, las une, como siempre sucede en la obra de esta escritora, su interés y pasión por el ser femenino y sus cuitas. Asunto que ha llenado su obra desde su primera novela Nosotras que nos quisimos tanto, en El albergue de las mujeres tristes, en Antigua vida mía, en Nuestra Señora de la soledad, entre las que más nos interesaría citar. Las otras no son menores.

Al abrir Diez mujeres nos encontramos con el encuentro de nueve mujeres con su terapeuta. La historia de esta última, la décima mujer, es contada por su asistente, es aquella con la que se cierra el libro.

Perfiles de las Nueve
Los perfiles de las nueve protagonistas de Diez mujeres son estos: en Francisca, su historia está centrada en su relación, o mala relación, con su madre; Mané es una anciana en el momento de expresar su testimonio, vemos a través de ella la vejez. Fue actriz en su juventud y más tarde maestra de actuación; Juana: es una mujer trabajadora; Simona: es una profesional, feminista, quien opta por la soltería, su relato se nos presenta como un viaje existencial hacia sí misma; Layla: es una joven palestina, periodista, alcohólica, madre de un niño nacido como producto de una violación, ”No sé si me entienden: sencillamente no podía dejar atrás la violación y sus consecuencias. Solo el alcohol permitía una salida al grito interno de la herida”(p.173), confiesa. Sólo la terapia la liberará. Ella logra expresar: “Los cuerpos retienen la historia”(p.155), ella lo conoce bien; Luisa: es también una mujer mayor, campesina, vive en Santiago el golpe de Estado del 11 de septiembre 1973, su esposo es detenido y no lo vuelve a ver más, aparece en su relato el tema de los “desaparecidos”, ella es la exaltación de la bondad humana, llevada a una gran altura; Guadalupe es la lesbiana. Pocas veces hemos visto relatar este modo de ser ser con certeza y el sentido de comprensión con que Marcela Serrano lo hace en esta novela; Andrea es una periodista, quien vive una gran crisis personal; Ana Rosa fue también violada, vive sola, sin pareja.

La Décima
Natacha es la décima, la psicóloga, su historia, muy dentro de los avatares del siglo XX, nació en Bielorusia, estuvo desterrada hasta que se asentó en Chile, sobrecogedora es su alucinada búsqueda de su hermana, lograda tras décadas de peripecias. Toda la historia de Natacha es narrada por su asistente.

Estas Mujeres
Aquí en estas mujeres se dan cita entre todas las edades, todas las clases sociales y todas las vivencias posibles, las que conocemos todos en los días que vivimos, pues todas ellas son de nuestra época.

Las más diversas edades se dan entre ellas: desde los diez y nueve de Guadalupe hasta los setenta y cinco de Mané.
Una de nuestras compañeras en este Círculo de Lectura, Iriada Nass, nos escribió que para ella las historias que más había preferido, tras leer el volumen, eran las de Andrea, Simona y Ana Rosa.

Mirando el Libro por Dentro
Este libro nos mantuvo inmóvil en nuestra butaca de leer por largas horas, estas historias tocaron hondamente nuestro espíritu. Diez mujeres nos ha parecido en todo momento conmovedor, nos hemos sensibilizado con los relatos mujeriles que podemos leer en él, todos los sentimos demasiado cerca de nosotros. Son los mismos de nuestras más íntimas amigas.

Es Diez mujeres, desde luego, libro duro, áspero, escrito con veracidad plena.

En verdad lo que hallamos en Diez mujeres, en una primera lectura, es una novela chilena, allá sucede, de esa tierra son sus protagonistas. Pero cuando la releemos con más detenimiento nos damos cuenta que puede ser considerada como un gran memoria sobre la mujer latinoamericana actual, cualquier de sus diez mujeres pueden vivir, de hecho viven, en cada una de nuestras naciones, ellas se parecen a las que conocemos, a las que son nuestras amigas, o fueron nuestras enamoradas, como se llaman a las novias en las novelas peruanas. Nuestro tiempo, nuestro continente, las cuitas de nuestros días está plenamente presente en Diez mujeres.

Pero a la vez, están allí también los hombres de nuestro tiempo, aquellos que hieren a las mujeres y aquellos otros, los sensibles, quienes las aman. A estos últimos fue los que pidió nacer Anais Nin(1903-1977). A ellos también se refiere más de una vez Marcela Serrano.

Es Diez mujeres, desde luego novela espléndidamente escrita, con ricos pasajes de grande altura estilística. Y es, por su construcción, novela ejemplar.

Es tan nuestra esta obra que podemos hacer nuestro este pasaje:

“tengo mis libros. Tienen una cualidad maravillosa: ellos acogen a cualquiera que los abra. Varios de mis autores han ido envejeciendo conmigo y son para mi más reales que las personas de carne y hueso a quienes puedo tocar con la mano. Tantas veces llegaba Natacha a mi cubículo, cansada,luego de un largo día de trabajo, y me decía:

-Cuentáme de la vida allá fuera
-Si por afuera te refieres a los personajes de mis novelas…
-Si, a ellos…cuéntame qué hacen, qué dicen, qué piensan

Es que la literatura, como el psicoanálisis, lidia con la compleja relación entre saber y no saber”(p.299-300)

Esto lo reiterado Layla al decir: “Pienso que la literatura puede ayudarme más que otra disiciplina. Entonces los leo”(p.173). Y ello porque la literatura es el espejo de la vida humana, en ella aparecen todas las experiencias tal cual son.


Sus Pasajes Decisivos
Creemos que son pasajes decisivos de Diez mujeres estos que vamos a citar, ellos nos ponen ante la esencia de lo que Marcela Serrano ha deseado contarnos y hacer nuestro.

Sentimos que la esencia de lo que desea comunicarnos, ya que todas están o han estado en crisis cuando fueron a buscar a Natacha. Por ello todas pueden hacer suyas esta línea de Layla: “La voz de la herida, de mi herida”(p.174), es ella, desde luego, una de las que más has sido maltratada, la violación que le hicieron tres soldados israelíes, a ella palestina, alteraron su vida.

Pero están allí juntas, en una casa en las afueras de Santiago. Y se van a enfrentar así mismas, único camino para la curación, “Cada una cargando con quien inevitable es”(p.13), reunión en la que se debe evitar “la contaminación inevitable, brutal, de la que cada mujer es víctima en la dificultad del enfrentamiento cotidiano”(p.14). Por ello Natacha también piensa: “Como me conmueven las mujeres. Cuanto me apenan. ¿Por qué una mitad de la humanidad se llevó un peso tan grande y dejó descansar a la otra?”(p.14).

Están allí para someterse, para abirse así mismas, para mirarse en el propio espejo y en espejo de las experiencias de las demás compañeras. Por ello saben que “Es bueno hablar y que a una la escuchen”(p.98); y lo hacen porque “Por supuesto que tengo problemas, como todo el mundo”(p.225), como señala Andrea; y lo hacen narrándose así mismas, “¿Qué hago contando cuentos ajenos? Se supone que debo contar el mío”(p.103), como confía Juana; buscan el silencio para pensar, como lo hizo Andrea cuando se fue al desierto para “acercarme a mi verdadero yo”(p.228). Y lo lograran lo que pensó también Juana: “La terapia me ha vuelto más lista”(p.99).

Tal el sentido de la psicoterapia: primero porque como se pregunta Andrea: “¿Ha pasado la enfermedad emocional a ser un lugar común?”(p.238). El sentido del expresar lo que les sucede tiene sentido terapeútico, “Natacha me dijo que solo relatándola podía tomar control sobre esta historia…Todo sobreviviente necesita ser capaz de hacerse cargo de sus recuerdos”(p.174), como lo siente Layla.

El Ser Femenino
Desde luego, el tema central de Diez mujeres, es la reflexión sobre la feminidad, viga central de la escritura de Marcela Serrano.

Creemos que mucha de la angustia femenina en nuestros días, expresada en los libros que ellas escriben es esta: “Los hombres nunca han escuchado a las mujeres, ¡nunca!”(p.204. Subrayado de la autora)

Penetrando aquí más vamos a hallar lo que Juana expresa: “No sé como habría sido este tiempo malo sin ellas. Y también los buenos. Las mujeres entre mujeres saben no sentirse solas”(p.81) y, ella misma reitera, “Ustedes dirán por qué…no me indentifico con una persona como ella. Es que tenemos la misma vocación para la felicidad. He aprendido que la misma experiencia puede ser gozada por una y sufrida por otra”(p.107).

Y Simona: “Cada una con sus obsesiones. La mía es la siguiente: estoy hasta las huevas de ser testigo de cómo las mujeres lo ceden todo por mantener a su hombre al lado…Me angustia presenciar cómo las mujeres se desangran para no estar solas. ¿Quién inventó que la soledad de pareja es una tragedia?”(p.115). Pero de hecho la soltería, libremente elegida, es un modo de vida actual. “Quiero decir que cuando una vive absolutamente por su cuenta, en una vida casi cien por ciento elegida, el entorno juega un rol ínfimo. Así mis partes oscuras se han potenciado”(p.141). Y “La soledad nunca es radical. Se vuelve relativa porque las presencias que me acompañan son de una solidez asombrosa”(p.145), reitera Simona.
Y el camino de la nueva mujer, que se expresa en las palabras que ellas expresan en su reunión, es una necesidad, expresada de nuevo por Simona: “Las mujeres estamos poco acostumbradas a ELEGIR, entrampadas en nuestras dependencias, desde las económicas hasta las afectivas”(p.133).

El Sentido del Amor
El sentido del amor, su búsqueda está presente, como lo está en toda vida humana, por ello Francisca expresa: “si el paraíso es de verdad eso: ser amado por quien te parió”(p.30); y reitera: “Tuve que enfrentar lo inevitable: el terror ancestral de perder a la madre, o sea, de perder el sentido de la identidad”(p.38).

La Nueva Pareja
Una nueva pareja, en la cual la mujer puede realizarse junto al hombre elegido lo hallamos en este fragmento: “Una pareja se compone de dos personas autónómas, ¡no es una amalgama única, por Dios!”(p.135). Esto ratifica nuestro pensamiento de que dos pueden estar juntos, pero no pueden ser felices si cada uno no lo es por su parte, independiente del otro.

Cerramos
Aquí se lee: “el valor de los humanos es su capacidad de separación, de ser independientes, se pertenecen así mismos y no a la manada”(p.301), ¿recuerdan Juan Salvador Gaviota(Buenos Aires: Pomaire,1975. 93 p.), de Richard Bach?. Alli está la esencia de la madurez: ser uno mismo, así la edificación cueste, nadie crece sin dolor, este el horno en que nos desarrollamos.

1Leído en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 8 de mayo de 2013.
2José Balza: Iniciales. Anuncios de la teoría literaria de América Latina. Caracas: Monte Ávila Editores,1993.110 p. Las cita procede de la p.32
3Teresa de la Parra: Obra. Edición y estudio preliminar: Velia Bosch. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1982. XXXVIII,752 p. Ver su “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”(1930), p.471-528. Las referencias están en las p.471-489. Este fascinante ensayo de Teresa de la Parra fue originalmente publicado bajo el título de Tres conferencias inéditas. Caracas: Tip. Garrido,1961. 158 p.
4Teresa de la Parra: “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, en su Obra,p.474
5Teresa de la Parra: “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana” en su Obra,p.484.
6Las ediciones que hemos tenido a la vista de los libros citados han sido: Isabel Allende: La casa de los espíritus. Barcelona: Plaza y Janés,1982.380 p.;Laura Esquivel: Como agua para chocolate. Barcelona:RBA Editorres,1993. 173 p.; Carmen Boullosa: Quizá. Caracas: Monte Ávila Editores, 1995.254 p.; Angeles Mastreta: Mal de amores. México: Alfaguara,1996. 395 p.; Gioconda Belli: El pergamino de la seducción. New York: Harper Collins,2006. 331 p.; Gioconda Belli: Mi país bajo mi piel. Barcelona: Plaza y Janés,2001. 430 p.; Laura Restrepo: Delirio. Bogotá: Alfaguara,2004.342 p.; Laura Restrepo: La isla de la pasión. Bogotá: Alfaguara, 2005. 258 p.; Ana Teresa Torres: Los últimos espectadores del acorazado de Potemkin. Caracas: Monte Ávila Editores, 1999. 309 p.
7Las ediciones de las obras de Marcela Serrado que hemos utilizado para escribir este análisis son las siguientes: El albergue de las mujeres tristes. 2ª.ed.Madrid: Alfaguar,1997.390 p.; Nosotras que nos quisimos tanto. 4ª.ed.México: Alfaguara,1998. 358 p.; Para que no me olvides. 16.ed. Bogotá: Oveja Negra, 1997.225 p.; Antigua vida mía. Santiago: Alfaguara, 1995.369 p.; Nuestra Señora de la soledad. Bogotá: Alfaguara, 1999. 239 p.; Lo que está en mi corazón. Barcelona: Planeta, 2001.271 p.; Un mundo raro. México: Mondadori, 2000.94 p.; Hasta siempre, mujercitas. Santiago: Planeta,2004.286 p..; Diez mujeres. Madrid: Alfaguara, 2012. 303 p.