Sábado, 24 de Junio de 2017

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Decepción de Altura de Pedro Plaza Salvati

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Nos da gusto recibir en esta sesión de nuestrro Círculo de Lectura al internacionalista Pedro Plaza Salvati, cuyo primer libro literario, las narraciones cortas de su Decepción de altura(Prólogo: Miguel Gomes. Caracas: Equinoccio,2013. 203 p.) acaba de aparecer. Pero hay una razón por nuestra especial alegría, ya que ha sido aquí en nuestras tertulias literarias en donde vimos a surgir su obra literaria, aquí celebramos su escribir cuando ganó un premio en España con su relato “La caja”, ahora titulado “La nota”, el cual leímos a viva voz en una de nuestras sesiones. De aquí lo vimos partir, con una beca en sus manos, a hacer el post grado en Escritura Creativa de la New York University, maestría que dirige al alto novelista eespañol, Antonio Muñoz Molina(1956), escritor de nuestra admiración, sobre todo desde que publicó su novela Sefarad, cuyos ecos todavía resuenan en nuestro espíritu2. De ese taller de creatividad salieron los relatos de Decepción de altura. Pero fue aquel año tiempo de hondo trabajio creador porque de allá trajo los originales de su primera novela El hombre azul, la cual fue tesis en sus estudios neoyorkinos. Celebramos pues a Pedro Plaza Salvati, un escritor de pálabra cierta, y con un camino ya trazado en el mundo de las letras.

Decepción de altura es un libro de cuentos sobre Caracas, sobre la ciudad deteriorada de estos días, rotura en lo físico y entre los habitantes que en ella viven durante el triste proceso de rotura citadina de los últimos quince años. Así Pedro Plaza Salvati cumple con su día y con su hora.

Este no es, desde luego, el primer libro que trata este grave tópico, lo precede la novela de Ana Teresa Torres, Nocturama3, rico jalón para lo que ella ha denominado “la novela de Chávez”4, ya, dentro de nuestra narrativa y poesía con más de una recreación5.

Son los de Decepción de altura quince cuentos, bien forjados, bien paridos, cuidadosamente corregidos. Constituyen una recreación que tiene su sentido dentro de aquello que los escritores de hoy, los que viven y sufren el país desplomado que tenemos, fabulan sobre su contorno.

Nos han parecido especialmente signficativos las narraciones: “La nota”, “El Guaire no es marrón”,”Asesinos de energía” y “Memoria celular”, aunque el conjunto de Decepción de altura es óptimo.

¿Por qué Decepción de Altura?
En verdad que llena de conjeturas al lector el por qué del título de esta colección de cuentos. El autor lo explica, no sin ironía, “En una revista en el avión leí un artículo que trataba sobre la Decepción de altura. Como asistiría a un maratón de ciclismo en Quito, pensé que se refería a la adaptación del cuerpo a la altitud, que era otra manera de llamar al mal de páramo. Pero me di cuenta que se trataba de un desorden, un estado de desadaptación que impedía la felicidad”(p.161). Y prosigue: “La decepción de altura la padecen las personas que no pueden adaptarse a la vida en la ciudad”(p.195), ya que “La Decepción de altura es una desadaptación prolongada y aguda del individuo a la vida en ciudad, un sentimiento agravado de disonancia con la realidad urbana. Se caracteriza por niveles elevados de estrés, ansiedad y una falsa subyugación por lo extranjero. Puede conducir al síndrome del laberinto sin salida, a la creación de mundos paralelos” (p.195).

Aquí cabe una pregunta, que tiene sentido si pensamos en el laberinto sin salida que se ha vuelto Caracas. De allí está interrogante nuestra: ¿tendrá la “decepción de altura” relación con esta idea de Gustavo Flaubert(1821-1880), el autor de Madame Bovary?: “Cuando el mundo exterior repugna, enerva, corrompe y brutaliza, las personas honestas y sensibles se van forzadas a buscar en alguna parte dentro de sí mismos un lugar más adecuado para vivir”6.

La Esencia de estas Narraciones
Hay fragmentos, como siempre lo hemos sostenido al presentar los libros sobre los cuales aquí tertuliamos, que las obras siempre encuentran su interpretación en las propias líneas del texto examinado. En Decepción de altura ello es evidente en varios de sus pasajes. Tal cuando leemos, en “Control del cambio”, “había muchas frentes arrugadas, ceños fruncidos, rostros de angustia”(p.55-56); o en “Efecto Dyer”, “Palabras sin respuesta que quedaron guardadas en una caja musical, para ser abiertas en algún lugar distante, dos décadas más tarde”(p.130); o en “El reencuentro”: “Ciudadano venezolano inhabilitado para sostener un estado de felicidad corto o prolongado”(p.140): en “Asesinos de energía”, “sus ojos conectados en directo con su alma”(p.155); en “Memoria celular” “Era una paradoja que el tono de la melodía de Taboga del celular de su hermano, había sido más efectivo que cualquier tratamiento para sacarlo de su inconsciencia”(p.187); o en el mismo relato que hemos citado antes: “Si, claro. Ya me dijeron que estuviste inconsciente viente años por una caída de caballo y que regresaste hace un año”(p.194).

Venezuela
Siendo estas narraciones citadinas no podía faltar un perfil de los venezolanos de hoy, pertenece “Al reencuentro”, “La gustaban los conciertos, las marchas, las grandes concentraciones. La vida cobraba sentido. Pero había, sin embargo, un no obstante, un demasiado en su país: los eventos en masa estaban asociados a la moda, a lo superfluo, y valga la pena decir, a una actitud improvisada y oportunista que detestaba y lo hacía sentir como un extremo de su tierra. Excesos que llegaban a lo patético cada vez que había elecciones: los supermecados eran saqueados por consumidores temerosos del día final, como si el país fuese a desaparecer del mapamundi, tragado de súbito al centro de la tuerra, incendiado por la velocidad de la caída en picada. La gasolina que era más barata que el agua mineral, escaseaba en las estaciones. La gente preparaba su kit de emergencia”(p.130)

Los Cuentos
Hemos señalado que consideramos que merecen especial atención los cuentos “La nota”, “El guaire no es marrón”, “Asesinos de energía” y “Memoria celular”.

Otro hecho que singulariza a Decepción de altura es la aparición, varias veces, de los mismos personajes, en distintas anécdotas, en varios de los cuentos, es una forma que los personajes se eslabonen de un relato a otro.

No fijamos aquí en uno de ellos, “La nota”, con el cual se abre el volumen, desde la primera vez que lo leímos, cuando fue premiado por una página web española, consideramos, lo que hemos reiterado ahora al hacer su relectura que pocas veces se había descrito, con tanto humor, un hecho casi siniestro, el protagonista masculino para decirle a su pareja que todo ha terminado compra, en una carretera, hecho casi alucinante, un ataud y lo pone al lado de la cama matrimonial. Y dentro del féretro deja una nota, marcando el final de la relación, “Querida Camila: aquí te dejo mi anillo. Cuando vengas a mi encuentro, voltearé la cara y te haré un guiño a través de la tierra húmeda y fría, mientras escuches música sin música y yo cuente las monedas que vinieron en los bolsillos de mi traje”(p.29).

La Caracas que Deseamos
Hemos señalado que para los caraqueños de hoy hay tres Caracas: la tradicional, la antigua, la clásica, ligada a un famoso pasaje de la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela, de don José de Oviedo y Baños(1671-1738) o también al bello poema “Vuelta a la patria” de nuestro Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892).Pero no son los únicos, hay una galería de textos sobre aquella Caracas.

La Historia de Oviedo y Baños es el primer libro de un venezolano pues todos los anteriores habían sido escritos por extranjeros, casi todos españoles; una segunda Caracas, es la deteriorada en la que vivimos hoy en día, y no nos gusta y la tercera, la que deseamos.

Don José de Oviedo y Baños escribió en un párrafo ya clásico de su libro, que deseamos repetirlo pues antes, en los años cincuenta, en los bancos de la escuela primaria los niños lo sabíamos de memoria y hoy nadie parece recordarlo, o lo que es peor lo desconocen, pese, incluso, a su gran belleza literaria, es la señal del barroco en nuestras letras. Esto dijo don José “En un hermoso valle, tan fertil y tan ameno como deleitable, que de poniente a Oriente se dillata por cuatro leguas de longitud, y poco más de media de latitud, en diez grados y medio de alttura septentrional, al pie de unas altas sierras, que con distancia de cinco lengua la dividen del mar en el recinto que forman cuatro ríos7, que porque no le faltase circunstancia para acreditarla paraíso, la cercan por todas partes, sin padecer sustos de que la aneguen: tiene su situación la ciudad de Caracas en un temperamento tan del cielo, que sin competencia es el mejor de cuantos tiene América, pues además de ser saludable, parece que lo escogió la primavera para su habitación continúa, pues en igual templanza todo el año, ni el frío molesta, ni el calor enfada, ni los bochornos del estío fatigan, ni los rigores del invierno afligen: sus aguas son muchas, claras y delagadas, pues los cuatro ríos que la rodean, a competencia la ofrecen sus cristales, brindando al apetito en su regalo, pues sin conocer violencias del verano, en el mayor rigor de la canícula mantienen su frescura pasando en el diciembre a más que frías; sus calles son anchas, largas y derechas, con salida y correspondencia en igual proporción a todas partes; y como están pendientes y empedradas, ni mantienen el polvo, ni consientes lodos; sus edificios los mas son bajos, por recelo de los temblores, algunos de ladrillo y lo común de tapias, pero bien dispuestos y repartidas en su fábrica; las casas son tan dilatadas en los sitios, que casi todas tienen espaciosos patios, jardines y huertas, que regadas con diferentes acequias, que cruzan la ciudad, saliendo encañadas del río Catuche, producen tanta variedad de flores, que admira su abundancia todo el año, hermoseándola cuatro plazas, las tres medianas, y la principal grande y en proporción cuadrada”. Esta es la descripción de Caracas.

Sin embargo, don José, en el párrafo siguiente dice de sus habitantes: “sus criollos son de agudos y prontos ingenios, corteses, afables y politicos; hablan la lengua castellana con perfección…las mujeres son hermosas con recato y afables con señorío”.

Leyendo estos renglones podemos ver como las tradiciones mandan en un país, en una nación, en una ciudad, cómo estas no pueden ser borradas, ni eliminadas, están allí, la memoria de Caracas están amarrada al bello escribir de Oviedo y Baños.

Dentro de estas descripciones de Caracas están las que se han confiado en nuestros libros de ficción. En el ensayo brillan tanto la Arturo Uslar Pietri(1906-2001) como la de Guillermo Meneses(1911-1978), grandes espíritus de la urbe ambos. En la de Meneses debemos destacar la forma como describe al caraqueño al anotar, “el caraqueño es la dificil síntesis de montañés y costeño…Hubo siempre ese sueño del mar, tan cercano, aunque oculto por el cerro eterno…Hay, sin duda, la ansiedad de hacer sitio a los verdes fantasmas que vienen del mar y eso se logra de muy diversas maneras equivalentes a la desnudez de lo que puede ser entrañable…Hombre de excepción el caraqueño por esa doble capacidad de vivir en la altura de la montaña y en la intesidad de la costa. La montaña enseña todo el valor de la serenidad que puede ser la imagen de máxima inquietud. Cambia en los juegos de la luz la recia contextura del cerro como si fuera espejo de un mar que hubiese detenido su agua brava y el mar se hace monte en su constante ola, rota y crecida hasta que se rompe en la playa coimo risa violenta”.

La segunda Caracas la caracterizo muy bien el humanista don Augusto Mijares(1897-1979) al escribir: “Muchas cosas de la patria no aman hoy los venezolanos. Es evidente que no aman sus ciudades, puesto que se ensañan en deformarlas y ensuciarlas; y no aman sus paisajes, a los cuales arrebatan, día tras día, todo lo que pudiera hacerlos gratos y bellos”8.

Otra, sobre esta segunda Caracas, la hemos hallado en la celebrada novela de etos días, del abogado Manuel Acedo Sucre(1958) de estos días, Nosotros todos9 en donde se lee: “Caracas es un revoltillo de edificaciones y calles unidas por un tráfico infernal y una población frenética. Su lado peor es el ruido, la inseguridad y el deterioro generalizado de calles y edificios. Su lado mejor, además del majestuoso cerro Ávila que practicamente abraza la ciudad y se funde con algunos espacios intensamente verdes, es que dentro del caos y sin que resulte evidente a primera vista, la ciudad está llena de joyitas arquitectónicas, regadas por todas partes, disimuladas y crónicamente olvidadas dentro del descomunal desorden urbanístico en que se ha convertido el área metropolitana”.

Volvamos para cerrar a Pedro Plaza Salvati. Como veremos la segunda y la tercera Caracas aparecen en su Decepción de altura. Es la segunda la que hallamos en “Más cerca de las estrellas” cuando leemos: “Si Caracas es una fiesta, Bogotá parece ser una celebración a la astucia y la capacidad de adaptación”(p.163).

Y la tercera Caracas, aquella que deseamos nazca, se refiere especialmente en su cuento “Asesinos de energía”. Allí leemos: “Las calles brillaban por su limpieza. Las anchas aceras daban la bienvenida a los transeuntes y a la gente que se ejercitaba a esa hora. Costaba avanzar, los buenos días, las caras sonrrientes, llenas de esperanza que, por educación, debía corresponder, deteniendo el ritmo. La decencia colmaba el aire puro que se respiraba de la enorme montaña que, como amigo fiel, me saludaba todos los días. Las calles estaban simétricamente señalizadas. Los edificios tenían la misma altura. Las casas adelecían de rejas. Los muchachois andaban en patines y patinetas, tomando jugos y comiendo empanadas al horno recien hechas. Daba gusto ver los carros, modelos nuevos, bien mantenidos, que arrullaban con sus motores a la gente. Nadie tocaba corneta. Se percibía una cálida paz, donde la gente, llena de respeto y emoción por un nuevo día, hacia gala orgullosa de la clafificación que le había conferido a mi ciudad natal el primer lugar en el mundo con la mejor calidad de vida, seguida de Copenhague”(p.159).

1Trabajo leído en el Círculo de Lectura de la Biblioteca Herrera Luque, en su sesión de la tarde del martes 6 de agosto de 2013. También intervino esa tarde la escritora Krina Ber.
2Antonio Muñoz Molina: Sefarad, una novela de novelas. Madrid: Alfaguara,2001.599 p.
3Ana Teresa Torres: Nocturama.Caracas: Alfa, 2006. 198 p.
4Ana Teresa Torres: El oficio por dentro. Caracas: Alfa,m 2012. 289 p. La cita procede de la p.259.
5Ver un primer intentoi de ordenación de esas obras en nuestro: “Letras de estos días trágicos”,m en www.arteenlared.com: Caracas: mazro 24,2012.
6Citado por Dennis McNally: Jack Kerouac.Barcelona: Paidós, 1992,p.85. Dicho en su prólogo a Jean Arthur Rimbaud: Una temporada en el infierno. Madrid: Visor, 1985
7Esos cuatro ríos eran: El Guaire, Caroata, Anauco y el Catuche. Ver también Augusto Mijares: “Los cuatro ríos de Caracas”, en El Nacional, Caracas: septiembre 26,1966,p.4.
8José de Oviedo y Bañois: Historia de la conquita y población de la provincia de Venzuela. 10.ed. Caracas: Biblioteca Ayacuchio, 1992. XLIX,347 p. La cita procede de la p.232; Arturo Uslar Pietri: En busca del Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica, 1969. 221 p. Ver: “Visión de Carfacas”(p.205-221); del maestro Uslar se debe leer siempre su discurso en el día del Cuatricentenaerio de Caracas(julio 25,1967), perorado en la Plaza Bolívar, está en sus Oraciones para despertar.2ª.ed.aum Caracas: Monte Ávila Editiores,1981.182 p. Ver“El cuatriocentenario de Caracas”(p.9-30); Guillermo Meneses: El libro de Caracas.3ra.ed. Caracas: Fundarte, 1995.165 p. La cita que hacemos procede de las p.163-164; Augusto Mijares: ¿Somos o estamos?. Caracas: Autoagro,1977. 92 p. Ver: “No son renovables”(p.43-47). La cita procede de la p. 45.
9Manuel Acedo Sucre: Nosotros todos. 3ra.ed. Caracas: Todtmann Editores, 2013. 281 p. La cita procede de las p.64-65.