Viernes, 20 de Octubre de 2017

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Cuatro Personajes Vistos por Herrera Luque

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Sigmund Freud, Juan Vicente Gómez, Gustavo Machado y Miguel Otero Silva

Por: R.J.Lovera De-Sola

Repasando la nueva edición del libro de Francisco Herrera Luque: Bolívar de carne y hueso y otros ensayos(Caracas: Alfaguara, 2011. 168 p.) obra formada por ocho interpretaciones biográficas, vistas siempre desde los ojos del psiquiatra, queremos fijarnos en esta columna especialmente en cuatro de ellas, tres que están en el libro y una cuarta que pensó añadir, cosa que conocemos por el testimonio personal de su autor.

Freud
Nada puede más interesante cuando nos referimos al libro de un psiquiatra que encontrar un estudio suyo sobre Sigmund Freud(1856-1939) padre de la psiquiatría contemporánea, aunque sus estudios los comenzó a publicar a fines del siglo XIX y su obra fundamental La interpretación de los sueños(1900), lleva la fecha del primer año del siglo XX. Pero todo psiquiatra, es el caso de Herrera Luque, debe no solo estudiarlo sino tomar posición ante él. De allí vino la declaración de Herrera Luque: “Yo no soy anti-psicoanalista. Soy post-psicoanalista”(El Universal, Caracas: Marzo 11,1973, Cuerpo 1,p.23). Por ello no es casual que Herrera Luque haya sido invitado a hablar de este hombre, de influencia muy grande en la formación y acción de todo terapeuta de la conducta, que fuera llamado por la Asociación Humboldt, núcleo de divulgación de la cultura en lengua alemana entre nosotros, a hablar sobre Sigmund Freud, producto de aquella intervención(Abril 26,1973) fue el trabajo que comentamos. Suya fue también una entrevista imaginaria a Freud publicada años después(“Sigmund Freud”, Ultimas Noticias, Suplemento Cultural, Caracas: Agosto 5,1978).

Al abrir su estudio insiste Herrera Luque como, igual que lo dijo Stefan Zweig(1881-1942), que “Antes que él el mundo era realmente diferente”, tal los cambios que Freud introdujo en la ciencia y, como consecuencia de aquello, en el vivir. O nuestro Uslar Pietri: “Freud…literalmente cambió la concepción del espíritu del hombre de modo irreversible y profundo”(Viva voz. Caracas: Italgráfica,1975,p.172).

Por ello Herrera Luque insiste en cómo era el mundo en donde Freud vio la luz y como iba a cambiar después, sobre todo tras la Primera Guerra Mundial(1914-1918), pasó de aquel universo de seguridad en que nació, de la baja burguesía donde vio la luz a lo que vino después. Cuando nació el “Disimulo, doblez, horror al escándalo, temor a la palabra y a la misma fantasía es la clave del mundo social que cobijó a Freud en sus primeros años...Todo el sistema freudiano refleja esta situación. De un lado la lujuria de su época en contraposición con el disimulo hipócrita de la burguesía vienesa que, como el resto de Europa, gemía bajo la tiranía formal de la llamada moral victoriana”(p.132-133).

Aunque muchos lo creen así Freud no nació austríaco sino checo, vio la luz en Freidberg, Moravia, lugar de Checoeslovaquia, si bien vivió su vida casi entera en Viena, capital del imperio Austro-húngaro, desaparecido precisamente con la Gran Guerra.

Subraya Herrera Luque la relación que tuvo con sus padres, al papá, dice lo amó “pero le temía, lo que no habría de ser indiferente en su obra”(p.136). Fue, a la vez idolatrado por su madre, tanto que trascribe el juicio del propio Freud sobre el punto: “Cuando un hombre ha sido favorito indiscutible de su madre, conserva toda la vida la sensación de conquistador, la confianza en el triunfo que a menudo provoca el éxito real”(p.136).

Humanamente tenía sus rígidos hábitos, fueron los que le permitieron culminar su obra prácticamente hasta sus últimos días, ya viviendo en Inglaterra. “Esta exigencia de quietud para su trabajo lo dominó toda su vida. No soportaba el ruido y en los momentos de máxima limitación económica hizo lo indecible por asegurarse el silencio”(p.137).

Fue, desde luego, un pensador y laborioso trabajador sedentario, tanto que Stefan Zweig, quien lo conoció bien, y le dedicó el libro, en 1931, una de las tres partes de La curación por el espíritu(Barcelona: Acantilado, 2007. 456 p.), consignó que durante su vida entera había dormido en la misma cama, comido en el mismo sitio de la mesa familiar, trabajado en el mismo escritorio.

Siempre, apunta Herrera Luque, fue dirigente de los que lo rodeaban, desde la adolescencia y por ello con el tiempo se erigió en líder de los psicoanalistas.

Era autoritario, dice Herrera Luque. Fue un típico personaje patriarcal, muy propio de sus días, como nos lo ha mostrado la psicóloga Ana Teresa Torres(1945), su otra gran estudiosa venezolana en sus Historias del continente oscuro(Caracas: Alfa,2007.348 p.).

Por cierto, antes que Ana Teresa Torres y Herrera Luque hay que mencionar los nombres de Rafael Domingo Silva Uzcategui(1887-1980), el primer venezolano que aplicó su formación psicoanalítica, sin ser médico, a sus estudios de crítica literaria e histórica, tal su Historia crítica del modernismo en la literatura castellana(Barcelona: Imp. Da.Tasso, 1925. 459 p.) o su Psicopatología del soñador(Barcelona: Araluce, 1931.229 p.) y el psiquiatra Raúl Ramos Calles(1913-1999) con Los personajes de Rómulo Gallegos a través del psicoanálisis(Caracas: Editorial Grafolit, 1947. 183 p.).

Tal jefe de su clan fue Freud, tan superpapá que si bien recibió siempre con gusto a las jóvenes doctoras vienesas que llegaban a estudiar y discutir con él, nunca permitió a sus hijas ir a la universidad a estudiar medicina. Y a su célebre hija Anna Freud(1895-1982), psicoanalista como él, fue él quien la formó.

Desde muy temprano también sufrió a Viena por su antisemitismo. Tanto, y Herrera Luque lo indica, es esencial comprender el judaísmo para entender a Freud, porque siempre lo fue en su esencia. A pesar que se declaraba ateo, un librepensador como los intelectuales de su tiempo, pedía a Dios, ¡pese a su ateísmo!, poder vivir la vida entera, hasta la vejez, completamente bien y lúcido para poder culminar su trabajo. Y en su hora final escogió la eutanasia como modo de morir, un elección hecha personalmente. Así dejó de vivir(ver Peter Gay: Freud, una vida de nuestro tiempo. 2ª.ed. Barcelona: Paidós,1990, p.719-720). Creemos que esta de Peter Gay es la mayor biografía del sabio que se ha publicado hasta el presente.

Además de su formación científica fue Freud un hombre culto, muy culto, hasta llegar a ser uno de los grandes sabios de la humanidad, y junto con Carlos Marx(1818-1883), Federico Nietzsche(1844-1900) y Albert Einstein(1879-1955), uno de los padres del siglo XX.

Fue “austríaco, checo y germánico, era judío, judío austríaco, lo que tiene una significación muy particular”(p.133) apunta Herrera Luque.

Culturalmente, subraya nuestro psiquiatra, “Freud sintió, y con razón, una profunda identificación con [Johann Wolfgang]Goethe(1749-1832), el otro coloso del pensamiento alemán…como aquel, sintió y padeció esa extraña y dolorosa simbiosis que envuelve al genio cuando tiene un pie en las ciencias de la naturaleza y otro en la literatura”(p.133).

E insiste al ofrecernos su perfil intelectual: “El demonio socrático de la inspiración freudiana era cientificista y humanista…Si hay algún rasgos característico de la genialidad freudiana, es este de la doble participación que se provoca en sus obras donde, además de percibirse al hombre de ciencia que observa con método y verifica sus ocurrencias, escribe con galanura, con rasgos de recio y grande escritor, donde además de exponer sus ideas con claridad y brillantez, tiene el extraño donde del novelista de motivar la lectura de su prosa con la voracidad e interés del que recorre un libro de aventuras”(p.133-134).

El judaísmo fue esencial en Freud, así él no fuera practicante, no permitiera la celebración del Shabat en su hogar y se definiera como ateo. Pero el judaísmo estaba allí, indeleble, como lo estuvo tanto para Carlos Marx(1818-1883) como para Benjamin Disrealí(1804-1881), asunto hondamente estudiado por Isaías Berlín (”Contra la corriente.2ª.ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1992, p.328-364). La argumentación del sabio profesor Berlín sobre el punto es sencillamente memorable: nadie puede renunciar a sus orígenes, menos a su religión.

Por ello anota Herrera Luque: “El psicoanálisis es un método y una temática típicamente judía, no siendo casualidad que buena parte de los psicoanalistas tengan tal origen étnico, ni que sean los judíos los grupos humanos donde el método descubierto por Freud muestra mayor eficacia”(p.134-135).

Y sobre el método de Freud apunta: “En la temática psicoanalista está presente, no sólo el determinismo positivista de fin de siglo, sino el fatalismo judío, lo mismo que el rígido ascetismo de su cultura”(p.135).

En cuanto a la esencial de lo que fue discurre con atención Herrera Luque. Por ello escribe: “Freud fue un gran hombre en todos los sentidos. Tuvo el talento para encontrar la verdad y el valor y la tozudez de enunciarla en voz alta y luchar por demostrarla, lo que promovió las iras…fue un perseguido. Pocos hombres como él sintieron el desdén de sus coetáneos”(p.143).

Pero fue clarividente y debió pagar el precio que siempre deben pagar los pioneros. Y él lo fue un grado extremo por haber mostrado el inmenso poder de la sexualidad en las personas.

Y además los rasgos mortíferos del ser humano, la constante presencia de Tanathos, “Una pavorosa Guerra Mundial(1914-1918) puso de manifiesto los aciertos de Freud sobre la naturaleza del hombre”(p.144).

Por ello señala Herrera Luque: “Freud produjo una gran catarsis: le dijo clara y duramente al mundo, no cómo debía ser, sino sencillamente cómo era”(p.144). Así “Como consecuencia del pensamiento freudiano, la mayor parte de los valores tradicionales fueron cuestionados...A su conjuro se vino abajo la imagen patriarcal de la familia, ya en precario equilibrio”(p.145). Y recalca: “La humanidad, ciertamente, después de Freud, es mucho más libre, pero lo que es menos probable que sea cierto, es que por obra de este conocimiento sea más dichosa”(p.146).

Para cerrar llamamos la atención en un hecho: no se ha reparado que varias veces, de allí varias de las citas que expresamente hemos hecho, Herrera Luque al hablar de Freud, psiquiatra como él, habla de sí mismo, se autoretrata, era imposible que ello no fuera así. Ambos fueron estudiosos de la ciencia y ambos crearon con su bello estilo de expresarse obras de honda carnadura literaria, tanto que se llegó a pensar en otorgarle el Premio Nóbel de Literatura a Freud, el sucederse de la Primera Guerra Mundial hizo que aquello no se realizara, pero tenía méritos de sobra, podemos pensar entre otros en sus libros de Leonardo de Vinci o Moisés.

Gómez
En 1987 en la tercera edición de su Bolívar de carne y hueso Herrera Luque añadió dos trabajos que no estaban en las dos primeras, impresas casi seguidas el año 1983, eran escritos redactados posteriormente: uno sobre el dictador Juan Vicente Gómez y otro sobre uno de los pioneros del marxismo en Venezuela: Gustavo Machado. Pensó también, así nos lo confesó, añadir en la nueva edición en que pensó un perfil de Miguel Otero Silva(1908-1985), a ello nos referiremos más adelante.

Cuando escribió su perfil de Gómez, una década después de su novela En la casa del pez que escupe el agua, en muy buena parte dedicada a aquel tirano, diez y seis años después le dedicó un trozo muy significativo de su novela Las cuatro reyes de la baraja(Caracas: Grijalbo, 1991. 261 p.), volvió a reflexionar sobre este hombre que tan grande huella dejó en el devenir venezolano. Fue Gómez, un autócrata correctivo.

Por ello inició su meditación sobre el hombre nacido en la hacienda familiar de La Mulera, cerca de San Antonio del Táchira(Julio 24,1857), anotando algo que podría aplicarse a todos los estudios reunidos en este volumen. Escribió: “La imagen e interpretación de los grandes protagonistas de la historia varía sensiblemente al paso de los años y de las generaciones. La voluntad de ser objetivo al juzgar los procesos socio-políticos, y en especial si estamos involucrados, es un ideal de nuestro propio conocimiento”(p.69).

Y entrando en Gómez indica: “Toda gestión política trascendente va de manera indefectible unidad al dolor, la injusticia y la muerte”(p.69). En verdad Venezuela era una cuando el apareció en nuestra escena política, el 23 de Mayo de 1899, como el finalista de la “Invasión de los Sesenta” que encabezaba su compadre Cipriano Castro(1858-1924); muy distinta fue cuando puso fin al caudillismo y las guerras civiles en la batalla de Ciudad Bolívar(Julio 21-22,1903); mucho más mutada cuando tomo el poder(Diciembre 9,1908), cuando se asentó plenamente en él en 1913, cuando su mano férrea creó, en los años veinte, el Estado Moderno que fue posible gracias al petróleo, aparecido en 1914 y muy distinta, completamente, el día en que falleció tranquilamente en su cama en su casa de Las Delicias en Maracay(Diciembre 17,1935).

Fue el fundador del Estado Moderno, tiempo en el cual, pese a lo que se haya dicho en contra, Venezuela entró en el siglo XX. Lo que nos llevó, como lo hizo Luis XI(1423-1483), rey de Francia, a cambiar el país de “un mosaico anárquico…[a] un país unido, fuerte y vigoroso”(p.69).

Hemos señalado nosotros, pese a las protestas de los descendientes de los perseguidos, que fueron muchos, porque don Juan Vicente fue hombre cruel, que fue un dictador creador. Y anota Herrera Luque: “el tremendo dictador pudo graduarse de estadista luego de treinta años de haber entrado a Caracas e iniciarse en política. Negarle a Gómez esa posibilidad redentora, y en especial cuando tuvo por mentores a [Laureano]Vallenilla Lanz(1870-1936), [José]Gil Fortoul(1861-1943), Pedro Manuel Arcaya(1974-1958), es una flagrante injusticia como lo demuestran los miles de hombres que en diferentes épocas y países de procedencia tan ignara y que en menor tiempo alcazaron las más altas dignidades, conduciéndose muchos de ellos como verdaderos estadistas”(p.70).

Y prosigue al referirse así al gobernante: “El Gómez del año diez y ocho no es el del veinte y ocho, como no lo es a los comienzos de su mandato ni en sus postrimerías. Negarle a Gómez esa posibilidad evolutiva…no solo es ingenuo, es absurdo y anticientífico”(p.71).

Fue el creador de la paz. Por ello leemos aquí: “Con la muerte de los caudillos de abundante prole universitaria, sobrevino la paz para el hombre común y la protesta romántica de los visionarios. Con la paz que Venezuela no había conocido en su primer siglo de nación independiente vino el progreso. Los malhechores y caciques municipales, que entorpecían el fluir de los caminos, desaparecieron del panorama político”(p.73). Tal lo que hizo este hombre considerado por nuestro psiquiatra e historiador un “espíritu sagaz y de gran inteligencia”(p.71), inteligencia natural, desde luego, no la de un hombre culto, que Gómez no fue, inteligente pero su intuición, su silencio, su capacidad de reflexionar fue salvadora para Venezuela. Tanto que la transición de su gobierno al que le siguió, el del general Eleazar López Contreras(1883-1973) fue pacífica e institucional. Y dejó en el poder no solo al militar más preparado del ejército sino a un intelectual con obra publicada en el campo de la historia.

Gustavo Machado

Gustavo Machado(1898-1983) fue figura de influencia en nuestra política contemporánea, fue uno de los primeros marxistas de nuestra historia, ni el introductor de esas ideas entre nosotros, tarea que cumplió Pío Tamayo(1898-1935), ni el fundador del Partido Comunista de Venezuela, cosa que sucedió en Caracas en 1931 cuando el vivía en el exilio en México. Había entrado en la política ya a los quince años, en 1913, cuando estuvo detenido. Luego salió al destierro. Se graduó de abogado en París. No regresó sino una vez muerto el dictador Juan Vicente Gómez.

Herrera Luque lo conoció bien, fueron cercanos amigos, en los últimos años de su vida el líder usaba un bello bastón que el psiquiatra le había traído de México.

A Herrera Luque siempre le llenó de conjeturas la personalidad del doctor Gustavo Machado Morales, y es lo que pretendió responder en su perfil del dirigente comunista, ya que este fue un hijo de la alta clase social caraqueña, una persona rica, pero renunció a todo aquello y se hizo marxista y en aquellos ideales vivió hasta el fin de sus días.

Es por ello que Herrera Luque trata en este estudio la génesis de la vocación política de Machado, sus días hasta su regreso del destierro en 1936. Se refiere al hecho central de la vida de Machado al comentar: “Gustavo Machado fue mucho más que el rico burgués que un día decidió dejar de serlo y pasarse al campo revolucionario…era por nacimiento un oligarca, un aristócrata criollo en toda su vernácula dimensión de prejuicios, contraseñas y arquetipos”(p.120). Y recalca: “no sólo se desclasó por sus ideales; fue más allá, fue más tormentoso su tránsito, porque para hacer todo cuanto hizo hubo de descastarse, que es como renunciar a su propia esencia”(p.121).

Quizá a Herrera Luque lo llevó a estudiar a Machado, por ser hijos ambos de lo alto de nuestro mundo godo, una observación que sin duda se le presentó siempre que examinó la historia venezolana. Estaba convencido Herrera Luque, quien nunca fue marxista sino social-demócrata, que Machado “fue uno de esos grandes hombres que muy de vez en cuando emergen de las capas más profundas de la especie para recordarnos que por encima de fronteras, razas y catecismos es más lo que nos iguala que aquello que nos separa y enfrenta en estériles y dolorosos antagonismos” (p.117).

Había visto Machado la luz en Caracas(Julio 19,1898), “en la mantuanísima calle de Veroes a Santa Capilla”(p.122), de niño fue monaguillo, hizo sus estudios en el Colegio Alemán y más tarde en el Colegio Nacional de Varones, bajo el magisterio de uno los grandes maestros de Venezuela: don Luis Ezpelosin(1855-1921). En 1910, como a San Pablo(10-67 dC), pasó por el “camino de Damasco”, tenía doce años cuando, dice Herrera Luque, “Al acercarse el centenario de nuestra Independencia comenzó a rumorarse que el compadre quería erigirse dictador. Al igual que muchos jóvenes de buena familia vistió para aquella ocasión el traje de húsar para honrar al Padre de la Patria. En medio de las celebraciones, Luis Zuloaga Llamozas, su íntimo amigo, quebró aquel silencio cómplice y se dirigió desde un balcón a la multitud para denunciar la iniquidad que estaba por venir. [Francisco]Baptista Galindo(1880-1927) hizo callar al muchacho poniéndole un revólver al cuello. Camino de la cárcel iba Zuloaga entre dos policías cuando bruscamente los húsares que se creían de carnaval, con Gustavo Machado al frente, liberaron a Zuloaga al grito de ‘Abajo la dictadura’…La Asociación General de Estudiantes se convirtió en un centro conspirativo. Allí estaban Nicomedes Zuloaga, Martín Vegas(1897-1991), Enrique Tejera(1899-1980) y José Izquierdo(1887-175)…Así como lo vimos de viejo distribuir sus panfletos revolucionarios, Gustavo hacia otro tanto a los quince años con un pasquín subversivo llamado El escalpelo. La policía gomera comenzó a perseguirlo…Un día…decidió salir a la calle. Era un domingo de 1914…La voz sigilosa de un esbirro…’Muchachito ven acá’. A la noche siguiente entró por el buzón de La Rotunda. Tenía diez y seis años cuando le remacharon los grillos. Allí conoció al general [Román]Delgado Chalbaud(1882-1929) y a otros caudillos antigomeros. Una profunda decepción le produjeron aquellos hombres…En Junio de 1915 fue excarcelado…siguió conspirando con Salvador de la Plaza(1896-1970), Andrés Eloy Blanco(1896-1955), Pedro Zuloaga. ‘Los Espartacos’ como se autodenominaban entraron en contacto con los militares de Parra Estrena dispuestos a derrocar el tirano. La conspiración(1919) fue develada y sus integrantes sometidos a las más terribles torturas. Por varios meses llevó vida errante y sobresaltada de perseguido. Finalmente en 1919, disfrazado de obrero y con la cara manchada de aceite llegó frente al mar”(p.123-125). De allí pasó en un peñero a Curazao, después a París, a donde llegó en el otoño de 1920.

Fue durante sus años de estudio en París en que se hizo revolucionario, asistió a la fundación del Partido Comunista de Francia(1920), graduado de abogado en La Sorbona(1924), prosiguió sus tareas como hombre de izquierda a quien contagió la revolución bolchevique llegada al poder en 1917. Estuvo en La Habana donde conoció a Julio Antonio Mella(1903-1929) y trabó amistad con el venezolano Francisco Laguado Jaimes(1899-1929); en México fue uno de los fundadores del Partido Revolucionario Venezolano, estuvo en la URSS en 1926; en 1927 participó en Bruselas en el Congreso Mundial anti-imperialista; volvió a México; en 1928 pasó a Centro América y conoció a Augusto César Sandino(1893-1934) quien luchaba contra la invasión norteamericana a su patria. Participó Machado en la toma de Curazao(1929). Vivió después exilado en Colombia(1931-1935). Su actividad fue bien conocida y está bien documentada, desde su regreso a Caracas en 1936, hasta 1979 fue parlamentario del PCV, le restaban entonces cuatro años de vida.

Fue precisamente lo que podemos llamar la forja de un revolucionario aquello que examina Herrera Luque en su escrito.

Miguel Otero Silva
Relación humana, íntima y personal, de la cual fuimos testigos numerosas veces, fue la que existió entre Herrera Luque y Miguel Otero Silva. Tenía ribetes intelectuales porque fue Herrera Luque, en franco ejercicio del afecto, quien le cedió a Otero Silva el personaje de Lope de Aguirre(c1511-1561) para que él lo tratará en su después tan celebrada novela, Lope de Aguirre, príncipe de la libertad(Barcelona: Seix Barral,1979. 345 p.). El Tirano Aguirre era un personaje ya escogido por Herrera Luque para tratarlo por ser una “personalidad psicopática”, la propia de aquellas que más interesaron siempre al psiquiatra y novelista, de hecho el Tirano aparece en un pasaje de uno de sus libros(Los amos del valle. Barcelona: Pomaire,1979,t.I,p.223-224). Pero llegaron a más: Herrera Luque no sólo siguió paso a paso la escritura de la novela sino que fue invitado por Otero Silva al viaje por el Amazonas que hizo para ver el lugar en donde transcurre parte de la aventura del etarra. No pudo ir Herrera Luque por compromisos profesionales médicos que tenía en aquel momento. Por ello el viaje lo hizo Otero Silva en compañía de su fraterno Jesús Sanoja Hernández(1930-2008). Y cuando Otero Silva dio su conferencia “¿Y era loco Lope de Aguirre?”(verla en su Tiempo de hablar. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1983,p.101-114) en el IX Congreso de Psiquiatría realizado en Barcelona(Noviembre 6,1981) a su lado estaba sentado Herrera Luque. Y por si faltara otro hecho: cuando Herrera Luque compuso su Bolívar en vivo, que es una “conversación imaginaria” con el Libertador, fuimos nosotros los que la bautizamos así al leer sus originales, una vez muerto Herrera Luque pues su publicación fue póstuma. Nos tocó cuidar su edición y corregimos devotamente sus pruebas en homenaje a su autor. En Bolívar en vivo son Herrera Luque y Otero Silva los que conversan con el Libertador en Caracas de 1983, la del Bicentenario.

Pero hay más, el domingo anterior a su deceso, tres días antes, estuvo Otero Silva en la casa de Herrera Luque, en compañía de su hermano Alejandro y le insistió mucho en que prosiguiera su camino creador, eran los días en que mucha gente había leído y celebrado su novela La luna de Fausto(Caracas:Pomaire,1983.323 p.), sobre la figura de Felipe Hutten(1511-1546), que fue el personaje de los días de la conquista que Herrera Luque decidió tratar al entregarle a Lope de Aguirre a Otero Silva.

Por ello cuando semanas más tarde, tras el deceso del admirado amigo, se llevó a cabo un homenaje en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, Alma Mater de ambos, quien fue llamado a tomar la palabra fue Herrera Luque, profesor titular de aquella casa de estudios. Con las notas de aquella peroración(Octubre 5,1985) pensó concebir el capítulo que deseó incluir en la tercera edición de su Bolívar en carne y hueso y otros ensayos. Sólo quedó entre sus papeles el resumen que tomó un reportero(“Un Miguel que llenó el Aula Magna”, en El Nacional, Caracas: Octubre 6,1985). Pese a no haber redactado aquel trabajo, que nos dijo incluiría en la nueva edición de su libro, ya para el momento del deceso del querido y admirado amigo ya habían conversado largamente para el libro que se proponía escribir Herrera Luque, uno de cuyos tres personajes centrales era precisamente Otero Silva.

Julio 9, 2011