Viernes, 28 de Julio de 2017

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Contigo en la Distancia

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Con Contigo en la distancia(Caracas: Seix Barral, 2014. 239 p.) estamos ante la décima novela de Eduardo Liendo(1941), lo cual indica todo un periplo de cuatro décadas, cuarenta y un años, desde El mago de la cara de vidrio(1973), su siempre celebrada noveleta, arte en el cual Liendo descuella. Es, desde luego, uno de nuestros principales novelistas, quien a veces ha incursionado en el cuento, de lo que es buen ejemplo el volumen Contraespejismo(2007). Y, ahora teórico de la forma de escribir narraciones en En torno al oficio de escritor(Prólogo: Eduardo Sánchez Rugeles. Caracas: Libros Lugar Común,2014.159 p.).

Con este libro en las manos nos sucedió un hecho curioso: el ejemplar que nos envió la editorial había sido previamente leído por otra persona, cuyo nombre desconocemos. Leyó y subrayó siempre a lápiz. De allí que nuestros subrayados y anotaciones están escritos con un bolígrafo, de tinta azul, en el volumen que ahora usamos para escribir esta reseña. Los subrayados de aquel incógnito lector nos ofrecen también una muy buena lectura de esta magnífica narración. El hecho no dejó de ser interesante, ya que así nuestra lectura fue una suerte de relectura, ya que siempre nos detuvimos ante lo subrayado por el primer lector de la obra, Desde luego, nuestras citas proceden de nuestra lectura de esta bella novela, la cual gratificará a todos sus lectores, sobre todo a los que son caraqueños “natos y netos”, como algunos de los aquí nacidos. La expresión última que que se ha leído es de Carlos Eduardo Misle(1924-2004), Caremis, hondo memorialista de Caracas, inventor de la Caraqueñología.

Contigo en la distancia ha sido bautizada con el nombre del famoso bolero, compuesto hace sesenta y nueve años(1946), por el músico cubano César Portillo(1922-2013), que el gran bolerista de estos tiempos, el mexicano, nacido en Puerto Rico, Luis Miguel(1970) ha popularizado en su disco Romance(1991). Por cierto, el magnífico Luis Miguel tiene la voz propia para cantar boleros. Es de la estirme de maestros como don Pedro Vargas(1906-1989) y Lucho Gatica(1928).

Su letra, que tanta gente se sabe de memoria, es:

“No existe un momento del día/en que pueda apartarme de ti/el mundo parece distinto/cuando no estás junto a mi/No hay bella melodía/en que no surjas tu/ni yo quiero escucharla/si no la escuchas tu./Es que te has convertido/en parte de mi alma
ya nada me consuela/si no estás tu también./Mas allá de tus labios/el sol y las estrellas/contigo en la distancia/amada mía, estoy./En parte de mi alma
ya nada me consuela/si no estás tu también/Mas allá de tus labios/el sol y las estrellas/contigo en la distancia/amada mía, estoy”.

Contigo en la distancia es un libro en el cual Liendo se separa bastante de lo han sido los suyos, ya que esta no es ficción politica ni fantástica, sino una emocionada evocacion de Caracas, hecha con ingualable ternura. Es desde luego, como toda novela, un viaje, en este caso al corazón de Caracas. Y, desde Caracas, el amplio universo de la cultura, en casi todas sus creaciones. Lo que amplía el ámbito del volumen.

Su protagonista es un niño, Elmer, que mira su ciudad, montado en un autobús, el Circuvalación 13, “soy un niño al que le gusta pensar y no teme andar solo”(p.35), así hace, mirando y pensando, un ejercicio introspectivo, este lo lleva a mostrarnos su identidad: “De modo que tampoco yo sería Elmer, sino muchos Elmeres diferentes y hasta contradictorios”(p.103), porque nos topamos con “un Elmer que sueña con alcanzar la inmensa luminosidad y libertad del mar, y otro Elmer que padece el terror de quedarse tapiado para siempre en el vientre del túnel si todo se derrumba, y otro Elmer que vuela imaginariamente como un diestro halcón libre, y otro Elmer que es un árbol de enormes raíces plantado para siempre en la Isla de las Pasiones Literarias. Es solo una muestra de lo que Harry[Haller] me ha enseñado durante esta vigilia: el hombre es una cebolla de cien telas”(p.103).

A Elmer desde muy temprano su maestra le encuentra condiciones para escribir al decirle: “Elmer tu tienes madera”(p.134). También comprende que “Es importante tener siempre a mano un toque de humor para reirte de ti mismo”(p.160), porque, como dijo Charles Chaplin(1889-1977), quien no sea ríe tres veces al día ha perdido el día. Es quizá por ello que tiene razón quien le dice al protagonista: “eres un fantástico irrecuperable, Elmer. Un loco delirante”(p.175). Es decir que sus condiciones intelectuales están bien sembradas en él. Esto lo veremos bien cuando se tope con “La isla de las Pasiones Literarias”, que es el momento, en que Elmer ya es un adulto, tiempo en que la novela se transforma en lugar para lectura y para la meditación literaria. Desde luego, esto no es un hecho único en lo que Liendo nos narra tan sabrosamente, tanto que nunca, mientras leemos Contigo en la distancia dejamos de sonreir.

Elmer,niño, ve la ciudad, de hecho la novela se desarrolla dentro de ella. Por ello dice: “Veo también a los hombres, tan distintos y tan iguales a mí, intento adivionar cómo seré yo cuando crezca”(p.41). Se ve “caminando por una ciudad de la que ignoro casi todo. Ando con ojos de asombro, repletos de curiosidad. Soy un niño tímido, si, pero mi corazón no es temeroso.Tengo un pequeño corazón valiente. Me distrae ver pasar todo tipo de gente, pero prefiero a las muchachas y a algunas niñas mayores que yo. Trato de adivinar el misterio de sus cuerpos”(p.41). Pero “Como soy tímido, eso me hace muchas veces un niño invisible”(p.41).

Dentro del autobus exclama: “Veo por la ventanilla con mucho interés. Soy todavía un niño, pero mirandome en los espejos he descubierto que tengo un rostro muy extraño, algunos días soy un niño hermoso, mi mirada es brillante…pero otros días sin que yo pueda explicarme el motivo me salen barros en la nariz, mis pupilas no brillan y mi pelo se vuelve tan arisco…Esos días soy un niño casi feo, y ninguna niña me mira y me sonríe como en los días mejores”(p.48), aquí está llegando a la adolescencia.

El Corazón de la Narración
Mientras leemos nos damos cuenta que Contigo en la distancia nos ofrece el “viaje hasta el final del fin”(p.48), ya que no todo acaba al término de la ruta del autobús, pese a que desde “la ventanilla, quiero verlo todo, comerme al mundo como si fuera un gran mango maduro, dulce y amarillo”(p.29). Es, desde luego, el encuentro final con la parca, que es la última aventura que debe correr el ser humano.

Pero goza al trasladarse porque “El viaje me gusta muchísimo porque voy por mi cuenta y sin ningun permiso. Hasta hoy el viaje más interesante que había hecho fue cuando fuimos a Catia La Mar con mamá, donde tía Maruja”(p.14), en ese traslado “Me impresionó mucho el mar, un gigante azul con crespos blancos”(p.14), ese periplo es la concresión de lo que es el caraqueño, un hombre de la montaña cuyo mar esta cerca, como dijo Guillermo Meneses(1911-1978), otro caraqueño raigal, al escribir: “el caraqueño es la difícil sínteis de montañés y costeño…Hubo siempre se sueño del mar, tan cercano, aunque oculto por el cerro eterno: Guaraira-Repano de los indios, el Ávila del mestizo que se forjó a su sombra”2.

La Ciudad
Y, desde luego, en el relatar de Liendo hallamos su visión de la urbe, de la ciudad, de Caracas. Lo cual nos llega al alma, más en estos años que Caracas ha sido destruida, como lo hemos visto, no ha sido atendida, sus municipalidades la han olvidado. Vivimos el tiempo, que dijo Mirtha Rivero(1956), de “un país que ya no existe”3, tal la destrucción, sobre todo ética, que vivimos. Sin embargo, pese a todo, tenemos algunos obras como Nocturama de Ana Teresa Torres(1945), en donde vemos, dentro de la gran metáfora del volumen, la derruimiento a la que la urbe ha sido sometida; o la mirada a ciertas personas y días felices, hecha de Boris Izaguirre(1965) en su Villa Diamante, o la ciudad de cierto pasado cercano como la podemos mirar en Caracas y en el Macuto de Armando Reverón(1889-1954), en Los Incurables, de Federico Vegas(1950)4. Ahora se suma a ellos la visión llena de nostalgia y melancolía de Eduardo Liendo en Contigo en la distancia.

Por ello Elmer nos dice, de la Caracas de los cincuenta del siglo pasado, tiempo feliz,, “Veo por la ventanilla a una ciudad en embullición”(p.76), en ella “Hay que acostumbrase a lo insólito, porque cualquier cosa puede suceder en esta travesía”(p.76), “Parece que en este viaje muchas cosas cambián a mi favor. No siento nada de culillo…¿Eso signfica que acaso soy yo mismo, pero distinto?”(p.78).

Tan caraqueña es esta narración que nos topamos con expresiones propias de la ciudad como “templaron el cacho”(p.42) o “estirar la pata”(p.42), entre otras. Con sitios entrañables de la ciudad desde sitios antiguos como el Paseo El Calvario, a donde ya nadie sensato puede ir; los viejos cines de aquella época: el Roma, el Diana, el Junín. O, ya en los setenta, el Parque Los Chorros.

Los Lugares
Pero en la medida que seguimos el relato que Liendo nos ofrece nos encontramos con momentos que dan carnadura literaria, artística, cinematográfica y musical a la novela.

Tal, con relación a la literatura, el encuentro con “La Isla de Pasiones Literarias”, en que la escritura, siempre “indiscreta e impertinente”(p.75) nos muestran un gran sin número de obras sin las cuales la literatura no puede ser comprendida. Van desde atrás, desde los clásicos griegos a siglo XX. El Elmer que llega a esa insula, que nos recuerda a La Barataria de don Sancho Panza, ya ha crecido y puede percibir bien lo que encuentra allí.

Los Libros Mencionados
Leer es aprender, pero es también vivir y también soñar “Doy por vivido todo lo soñado”(p.106), dice Elmer. Antes los libros y la literatura lo encontramos desde el momento en que nos detenemos en la Isla de las Pasiones Literarias, donde había una “acogedora biblioteca para proteger y honrrar a los libros que, en cierto modo, había determinado su destino”(p.86).

Y allí aparecen los grandes libros, que todo lector culto debe conocer: los clásicos griegos, Simbad,el marino de Las mil y una noches, obra en la que aparece en género del cuento en toda su esencia, el libro de narraciones cortas por excelencia de todos los tiempos; de la Edad Media El decamerón, de Bocaccio y Las Cantigas, de don Alfonso el Sabio; le siguen Don Qujote, la primera novela moderna, impresa 1605; Las relaciones peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos, alto ejemplo de la novela libertina del siglo XVIII; y ya en el siglo XIX Nuestra Señora de Paris, de Victor Hugo, por el inolvidable enamorado de Esmeralda, Quiasimodo y Los Miserables, del mismo Victor Hugo; a Madame Bovary, a Ana Karenina, la hermana rusa de la Bovary, a Julián Sorel en Rojo y negro, de Sthendhal. También de aquel tiempo: el poemario Hojas de hierba, del norteamericano Walt Whitman.

En el siglo XX al Franz Kafka de La metamorfosis, El Castillo, El Proceso, la Carta al padre, las misivas a Milena Jesenská, a su otra novia, Felice; allí también aparece Max Brod, su amigo, el que no incineró todos sus libros como Kafka le había pedido, los hizo publicar. Otros son el Juan Cristóbal, de Romain Rolland; la Mildred de Servidumbre humana, de William Somerset Maugham; la delumbrante Lolita de Navokov; la Justine, de Durrel, la primera novela de El cuarteto de Alejandría; El lobo estepario, de Herman Hesse, con su Harry Heller. Y El lobo estepario. Solo para locos, obras de las que siempre se ha dicho que son binaventurados los adolescentes que las leen.

Latinoamericanos para todos los días como el César Vallejo de Trilce, a quien hay que invocar siempre como a Rilke; Ifigenia de Teresa de la Parra, o algún cuento de Salvador Garmendia, que menciona.

O los infinitos imponderables: los heroes homéricos, como Ulises, el primer hombre en sentir nostalgia por la patria amada, Itaca; Hamlet, considerada la obra mayor de la literatura occidental o los amores de Romeo y Julieta, del mismo Shakespeare; la imposibilidad de envecejer en El retrato de Dorian Grey; la forma como el ser humano es ángel y demonio, tan visible en El doctor Jekyll y Mr.Hayde; Frankenstein, de Mary Shelly y Drácula, de Bram Stoker; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, las Memorias de ultratumba, de Francois-René de Cheteaubriand, cuyo título lo puso con la idea de que fuera publicado tras su deceso. O la búsqueda incesante del padre, visible en el Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

Todos los sortilegios de la nostalgia aparecen en Contigo en la distancia. Personajes como José Gregorio Hernández, el santo de Caracas; Marilyn Monroe, Cristóbal Colón o Carlos Gardel; el cine, a través de Trazan, Dick Tracy, Billy, the Kid; El salario del miedo,con Ives Montand; Las nieves del Klimanjaro, con Gregory Peck y Ava Gardner, basada en la novela de Ernest Hemingway; La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, con la belleza inigualable de Grace Kelly; la gran película Lo que el viento se llevó, con Clark Gable y Vivien Leigh; Cantinflas, El Padrino, con la inolvidable actuación de Marlon Brando, quien después protagonzó El último tango en Paris, que significó la primera vez que una cámara de cine fotografió las escenas intimas, eróticas de una pareja; el deporte, imposible no estar en una memoria caraquela, tal el equipo Magallanes o la voz, nunca olvidada, para los que la escucharon, de Pancho Pepe Croquer.

Pero también Elmer pasa por la Calle de los Peligros, por la calle del amor, donde se topa con Ovidio, Shakesperare o el Neruda del “Tango del viudo”, viaja a través de la música de Beethoven; entre nosotros a través de la Orfeón Universitario cara queño, caido en la tragedia de las azores por la impericia del piloto del avión, pese a haber sido advertido que no atterizara en Las Azores; de Alfredo Sadel, el Gardel nuestro, quien dijo que esperaba no morirse sin cantar en París, lo que logró. O el jazz y la nostalgia, amigos inseparables(p.221); piensa también Elmer en Louis Armonstrog y en Edith Piaf.

Y en fin, en algún instante, mira a Carlos Marx quien queriendo instalar la utopía logró lo contrario: gracias a sus seguidores, sobre todo de Lenin y Stalin, construir un infierno.

Mayo 24,2015.

1 Leído en el Círculo de Lectura de la Asoación de Vecinos de La Lagunita, Caracas, en su sesión del miércoles 6 de mayo de 2015.

2 Guilermo Meneses: El libro de Caracas.3ra.ed. Caracas: Fundarte, 1995.165 p. La cita está en la p.163.

3 Mirtha Rivero: Historia menuda de un país que ya no existe.

4 Ana Teresa Torres: Nocturama. Caracas: Alfa, 2006. 198 p.; Boris Izaguirre: Villa diamante. Barcelona: Planeta,2007. 490 p.; Federico Vegas:Los incurables. Caracas: Alfa,2012. 423 p.