Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Confidencias Entre Amigos

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Mentiríamos sino no comenzaramos estas palabras diciendo que nos embarga una inmensa emoción. Todo esto es producto del afecto y de la amistad, de la escritora Ana María Velazquez, primero que nadie y de su colega en esta universidad María Eugenia Perfetti. Pero aquí han intervenido en su preparación personas de nuestro absoluto afecto como la bibliotecologa María Elena Bermudez, la poeta María Teresa Ogliastri y nuestra hermana, la abogado Irmaisabel Lovera De-Sola.

Y, desde luego, siendo como soy, como somos los de mi casa, invoco la memoria luminosa de mis amados papás, Roberto Lovera Pelayo(1912-1986) e Irma De Sola Ricardo(1916-1991) siempre presentes en nosotros cada día, consciente de aquel apotegma según el cual nuestros muertos fallecen el día que los olvidamos. Mientras los recordemos estarán vivos2.

Aquí están también los más queridos de mi alma, mis hermanos, Irmaisabel(1948) y Alberto Lovera De-Sola(1951), mi hija bien amada, a quien siempre he llamado Mibella, Beatrice Eugenia Lovera De Marchena(1978), y desde luego mi cuñada Betty Cabrera(1951), la otra hermana que hace décadas nos trajo Alberto. Y, desde luego, mis amigos, entre los cuales mis amigas han sido siempre las primeras.

Y vaya una confidencia: desde luego no soy un picaflor, soy el mejor testimonio de que un hombre y una mujer pueden ser amigos. Por ello hablo de mis amigas, estas no han sido ni mis novias, ni mis amantes. Amores lo ha habido, siempre he sido un suertudo en el amor, seguramente el ser del “corazón promiscuo” que dice una de mis más amadas que vive en montañas merideñas. Lo que he sido siempre es un monógamos sucesivo. Hay una bellísima mujer, cercana siempre a mi que me dijo un día, “Yo si soy pendeja, porque no me enamoro de ti”. A nosotros, que no somos ni machista, ni sexista, sino un hombre sensible, nos pareció una de las confidecias, entre las más bellas, que uno puedo escuchar de una inquietante mujer.

Todo esto es así, así lo siento, miro el mundo a través de los afectos, no tengo ninguna otra forma de ser, que ser siempre fiel a “ese déspota inexorable que es el corazón”3.

Desde luego están las amigas escritoras, ha sido mucho el trabajo que he hecho con ellas, escuchándoles la lectura de sus obras, o ayudándolas a corregir lo que estaban invencionando.

Decimos todo esto porque una de nuestras especialidades como crítico es el estudio de la obra intelectual femenina, en las letras y la historia, un asunto que nos escogió a nosotros, no nosotros a él, como siempre sucede en la vida de los escritores. Desde luego, no podemos soslayar, siendo como soy hijo, de una de las fundadoras del feminismo venezolano, que allí esté otro porque. Ustedes acaban de escuchar a una de las grandes testigos de mi vida, mi hermana Irmaisabel, que mi buena relación con las mujeres viene de aquella que me dio el ser, aquella que era una “mujer fuerte”(Proverbios: XXXI,10) de aquellas que describen los textos bíblicos, pero que era una mujer tierna, “una barra de hierro forrada de terciopelo” como lo he dicho más de una vez. Sobre la que mi amiga la poeta Astrid Lander(1962) me convenció que hablara una noche sobre ella, en especial de la Biblioteca Femenina Venezolana, por ella creada. En verdad me había negado hacerlo desde que ella se despidió de nosotros. Lo hice. Esa noche cuando llegué al sitio del acto, en la puerta me estaba esperando nuestra entrañable arquitecta Egleé Medina.

Ni tengo tampoco otra manera de estudiar la literatura y la historia de Venezuela, los dos asuntos a los que hemos consagrado nuestra vida intelectual con preferencia, mirandolo todo con amor, practicando la erótica de lectura, el único modo de llegar a la esencia de los que se encuentra en los libros4.

En verdad, soy un lector, un ratón de biblioteca. He leído mucho. A ello me ha ayudado mucho el hecho de ser asmático y bastante insomne, lo que me ha dado largas horas de vigilia.

Y ya que estamos hablando de los temas de nuestra predilección debo decirles que siempre los centrales han sido la literatura, la historia y el proceso de la historia de nuestras ideas. Pero Venezuela no examinada aisladamente, sino siempre en relación con la literatura del mundo, de los griegos acá y la historia universal. Siempre cerca de las letras y evolución española, nuestra raíz, pues creo, como dijo Carlos Fuentes(1928-2012) que los latinoamericanos vivimos en el “territorio de La Mancha” porque a los dos lados del oceáno todos tenemos un solo libro: Don Quijote de la Mancha.

Desde luego hemos sido también un empedernido lector de biografías y una apasionado del suceder internacional. Estos son los temas de nuestras lecturas y de nuestras escrituras, tal lo que hay en las estanterías de nuestra biblioteca. Esos son nuestros intereses. Lo han sido, creemos que desde niño, cuando nos apasionamos por una materia que se estudiaba entonces, en los años cincuenta, la Geografía politica, la cual permitía conocer a todas las naciones y sus sistemas de gobierno.

Ana María Velazquez sabia, y por ello organizó esta celebración, que el 26 de enero de 2014 cumpliremos medio siglo, cincuenta años, de labor intelectual, por ello nos convocó esta tarde, extremando su inmensa generosidad, nacida en nuestro grande palique de escritor a escritor. Ese 26 de enero de 1964, teníamos diez y ocho años, estudiabamos bachillerato, apareció en el diario La Religión de Caracas, gracias a la generosidad de monseñor Jesús María Pellin Chiquin(1892-1969), nuestro primer trabajo impreso5. Fue el inicio de una tarea que no somos nosotros quien la podemos calificar hoy. Sólo les podemos decir que todo lo realizado lo hemos hecho como se cultiva la vocación religiosa, con gran constancia diaria, trabajando todos los días, sobre todo los fines semana, las fiestas patrias, los días que los cristianos recordamos los momentos de nuestra religión, hasta las vacaciones, tiempo que es el regalo que la vida nos da a los escritores: momentos largos en las que la podemos pasar entre nuestros libros y nuestros papeles, en nuestro caso siempre acompañado de la música clásica. Esto es lo que más podemos decir en este atardecer, en esta fiesta de los afectos.

Y si bien han pasado cincuenta años debemos recordar un suceder más que importante para el mundo. En esos años asistimos al logro de los derechos plenos de las mujeres y los negros, con la presencia de Martin Luther King(1929-1968), y del fin de la segregación racial en Sudafrica, gracias a Nelsón Mandera(1918). A ambos los considermos benefactores de la humanidad. Al fin de la Guerra de Viet Nam(1975), sigueron el mayo de 1968 que fue un movimiento libertario en París y a la vez el sacudimiento del socialismo en Praga y que terminó produciendo el hecho central de nuestro tiempo: el fin del socialismo autoritario, al caer el Muro de Berlín, el 10 de noviembre de 1989. Creemos que tanto el movimiento de los “indignados”, con su gran sabor al sesenta y ocho parisiense, como la reconquista de la democracia en el norte de África, proceso todavía inconcluso, todo ello nos ha venido de la reconquista de la libertad, sucedido en Berlín, del fin de la dictaduras en los países dominados por la URSS, y el final de esta república dos años después. Berlín dio a nuestro tiempo la democracia plena y el retorno al respeto de los derechos humanos.

Han sido pues estas cinco décadas llenas de señalados hechos, que nos hablan del futuro de la humanidad, con tal que no perdamos la esperanza. Y, desde luego, ha habido guerras que debemos condenar. Y sobre todo lo que sucede hoy en Siria, en donde el gobierno viene matando a su población disidente. Y, lo que es peor, con el apoyo del gobierno de Venezuela, ¡tal las malos manos en que hemos caído!.

Debemos decir que de todas formas que en esta tarde nos sentimos como situado en un lugar distinto al habitual. Nosotros los críticos literarios e históricos, como es nuestro caso, estamos habituados a ser los que leamos las obras y los que opinemos sobre ellas en nuestra columna, los que hablemos para presentarlos, los que escribamos libros sobre sus autores, los que entrevistemos a los creadores. Pero esta tarde somos nosotros el objeto del escrutinio.

A veces nos han preguntado algunos periodistas amigos del por qué de nuestra dedicación a aquello en lo que hemos trabajado siempre, siempre con la interrogante de que si solo escribo crítica. Desde luego que esa ha sido nuestra dedicación desde la adolescencia, desde que nuestra mamá, escritora, leyó un día en mi escritorio algunos de nuestros primeros borradores, y nos dijo: “Tu tienes vocación para la crítica literaria, todo lo que leo aquí, son comentarios sobre libros”. Eso fue el inicio, de lo que seguimos siendo hoy. Desde luego, un día ante la cálida insistencia de una reportera, le dijimos que si algún día escribíamos prosa de creación, seguramente sería una novela de amor.

Otro sabroso inquisidor nos preguntó un día qué buscaba al hacer lo que hacía: le dije que entre los autores de la literatura viva, los escritores de nuestro presente, siempre hemos buscado el talento y cuando lo hemos hallado nos hemos dedicado a examinarlo, a comentarlo, a estimular a sus autores y a presentar las obras de aquellos que escriben, mediante nuestras columnas, a través de los Circulos de Lectura que dirijimos o por medio de los paliques radiales.

Igual ha sido en nuestro caso con las letras que como con la historia, nuestros dos intereses de siempre, bebidos en el hogar de nuestros padres, donde ella era escritora y él, hombre de negocios, pero un gran lector de historia, por lo que fue el primer profesor de historia de nosotros sus tres hijos. En nuestra casa, en San Bernardino, había también una magnífica biblioteca, allí, en ese hogar, nos formamos los tres. Por ello alguna vez un amigo nos llamo “los culturosos”, dado que siempre en nuestras conversaciones siempre aparecen los comentarios sobre los libros que hemos leído, estamos leyendo o nos proponemos leer, desde luego, cada uno en su especialidad, Irmaisabel sobre todo libros jurídicos, aunque es buena lectora de novelas; Alberto temas sociológicos, todos los asuntos de la ciudad y, desde luego, la literatura. Prácticamente él sido, en tiempos recientes, el divulgador entre nosotros del escribir del disidente cubano Leonardo Padura(1955), sobre todo de El hombre que amaba los perros.

Tuvimos la suerte de tener maestros que dejaron su huella perdurable en nosotros. Los primeros nuestros padres, siempre hemos pensado que la mejor universidad que tuvimos fue nuestra casa de San Bernardino. Más tarde en los colegios, en La Salle y con los Jesuítas. Y, desde luego, el haber estado cerca de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), de hecho soy conocido como crítico gracias a una oportunidad que me brindó él cuando tenía 25 años, al poner en nuestras manos la columna de comentarios de libros de El Nacional; Pedro Grases(1909-2004) fue nuestro maestro en todo lo relacionado con la bibliografía venezolana, base de nuestros trabajos de investigación; de Rafael Caldera(1916-2009) no solo pudimos acercarnos al socialcristianismo sino que intelectualmente fue siempre persona estimulante, desde cuando tenía 18 años, que fuimos a conocerlo, hasta aquella tarde luminosa de diciembre de 2009, cuando lo acompañamos a sembrarse en la tierra madre. Nosotros somos bellistas por una insinuación suya que nos hizo cuando leyó nuestro primer trabajo sobre aquel Caraqueño cuando teníamos 19 años; también fue grande nuestra cercanía al humanista Luis Beltrán Guerrero(1914-1996), siempre generoso. Mucho de lo que llegamos a conocer de la parte humana de nuestra historia literaria surgió en nuestras largas conversaciones; honda fue la relación intelectual que tuvimos con el poeta Fernando Paz Castillo(1893-1981), con Juan Liscano(1915-2001), siempre generoso con los que nos iniciabamos en la literatura; de Manuel Pérez Vila(1922-1991) aprendimos, tras nuestro aprendizaje en metodología, cómo se analizaba un documento histórico; a Francisco Herrera Luque(1927-1991) lo vimos crear su obra de ficción y escuchar su larga enseñanza sobre los laberintos del vivir venezolano, que él exploró como pocos. Pero era la vez confidente y amigo, estuvimos junto a él, viendólo llorar, copiosamente, cuando desapareció su hijo Juan Manuel, estabamos solos aquella tarde en la sala de su casa en Altamira. Tras secarse las lágrimas dijo “menos mal que eres tú quien está aquí”. Pocas personas tan grandes ha tenido Venezuela como Pancho Herrera Luque, su legado siempre será de largo aliento.

Para nosotros el estudio de Venezuela, entrar en el alma de los que somos, gracias al gran espejo que es nuestra literatura y nuestra historia, ha sido asunto primordial de nuestro vivir y de nuestro escribir. Nunca hemos perdido la esperanza, gracias a lo nos enseña el estudio de nuestro pasado, de que el país tenga días mejores, inlcuso en estos últimos quince años, que hemos denominado trágicos, cuando el afán destructor de todo lo útil creado en los últimos noventa años, ha sido el eslogan de acción oficial. Sabemos que es más fácil deestruir que construir. La Venezuela que seguimos soñando llegará y será la propia para construir un nuevo sistema de vida y para reconstruir la sociedad civil que somos, aquella que fue el Libertador el primero en definir entre nostros(septiembre 6,1815). A todo esto aspiramos.

Siempre hemos sido un humanista cristiano y siempre hemos sido un escritor politizado, a quien la politica siempre ha interesado, y en las épocas en que no podía estar cerca de los politicos en cuya mensaje creiamos, pocos para nuestra desgracia, lo que hicimos fue cultivar el estudio de nuestra historia y escribir sobre ella, es nuestra historia el único sitio en donde podemos vislumbrar una futuro cierto, lleno de sentido y de realizaciones. Basta abrir un libro de historia venezolana para vislumbrar nuestro seguro futuro, una vez que estos iracundos de hoy dejen el lugar a los constructores.

Pero nuestra militancia politica, cuando ha sido, siempre ha sido la acción de un intelectual, de un hombre de letras para quien, como lo aprendimos muy temprano, leyendo a nuestros pensadores del siglo XIX, caso Juan Vicente González(1810-1866), la nación y sus ciudadanos deben estar siempre por encima de los partidos. Desde luego, hemos tenido horas de abatimiento, ante los graves hechos de estos años, en los cuales los que ha venido a nuestra mente el apogtema del último caudillo de nuestras guerras civiles, el general José Rafael Gabaldon(1882-1975), abuelo de nuestros amigos los Gabaldón y los Szinetar, “los idealistas no tenemos cabida en la politica de Venezuela”; a veces, en otros momentos de aflicción, como tras el fraude durante el Referendo Revocatoio de 2004, sufriendo alta fiebre, sin podernos mover de la cama, obtamos por releer El Príncipe de Maquiavelo(1469-1527) y la Utopía de santo Tomás Moro(1479-1535), patrono este último de los politicos, según decisión de Juan Pablo II(1920-2005). En la primera para ver con realismo lo que no sucedía; en la otra para soñar con ello que parece imposible y terminado siendo real.

Pero siempre que nos hemos acercado a la acción politica lo hemos hecho como intelectuales, a puerta cerrada, escribiendo análisis politicos, en nuestro caso siempre empapados de historia; redactando discuros o laborando en la confección de programas de gobierno, o ayudando a formar nuevas vocaciones politicas enseñandoles nuestra historia, insistiendoles que es imposible hacer politica sin conocer nuestra historia. Fue en la faena de concebir programas de acción pública, ya en los años noventa, cuando nos dimos cuenta de la cantidad de personas preparadas que tenía nuestro país. Solo que deben ser escuchadas.

Debemos agradecer antes terminar lo que sobre nuestro trabajos han dicho dos más que queridas personas, quien por estar tan cerca, fuimos compañeros de trabajo, los tres, han comprenido el por qué de cada proyecto.

María Elena Bermúdez es la buena testigo de nuestros trabajos de bibliografía venezolana y de todo los que juntos hicimos, con Isabel Cento Manzo cerca, en aquella época heroica en la que trabajamos en la Biblioteca Nacional, en días en que apenas habían recursos para la cultura. A María Elena la conocí, no crean que es una boutade, el 15 de enero de 1970, al llegar a trabajar en nuestra Biblioteca Nacional.

A María Teresa Ogliastri, hoy además una de las poetas más destacadas de nuestras letras, también la conocí allí, ambos éramos investigadores de la casa del libro venezolano. En ese período, después de la Semana Santa de 1980, trabajamos en la preparación del Diccionario de Autores Venezolanos, consagrado a la época colonial(1498-1810). Ella investigaba la filosofía colonial venezolana y nosotros la literatura del mismo período.

Con el tiempo nos tocó ser director de la editorial de Fundarte. Le pedi, entonces a María Teresa, que viniera a trabajar con nosotros, fueron varios años de constante acción, en la cual laboramos en la edición de cerca de 150 impresos, volúmenes, casi todos literarios, de todos los géneros.

Cerramos estas palabras, confidencias entre amigos que me conocen, que saben como somos, señalando que siempre hemos mirado el vivir y los libros como lo hace todo humanista, sabiendo que todo lo humano nos atañe, que este debe actuar no perdiendo la esperanza en ningún momento, sino mirando cada día, cada hora, el milagro del vivir.

1Palabras peroradas al final del homEnaje que nos fue rendido, con ocasión de nuestro medio siglo de actividad intelectual, en la Universidad Metropolitana de Caracas, la tarde del miércoles 16 de septiembre de 2013. Tomaron la palabra Ana María Velazquez, María Elena Bermúdez, María Teresa Ogliastri y nuestra hermana, la abogado Irmaisabel Lovera De-Sola.
2Isabel Allende: Eva Luna. Barcelona: Plaza y Janés,1987. 282 p., escribió: “La muerte no existe, la gente muere cuando las olvidamos”(p.44).
3Palabras estas de nuestro querido amigo el cardenal José Humberto Quintero en sus Oraciones académicas. Caracas: Editorial Arte,1975. 234 p. La cita procede de la p.231.
4Seguramente quien me dio la pauta de lo que hacíamos fue la lectura del ensayo de nuestra María Fernanda Palacios: “Críticos y amantes”, diario El Nacional, Papel Literario, Caracas:enero 29,1978, ahora inserto en su Sabor y saber de la lengua. Caracas: Monte Ávila Editores,1987,p.37-47, el cual nos ha conmovido cada vez que lo hemos releído. En nuestro archivo hay una carta a nuestra entrañable amiga la poeta Hanni Ossott en la cual le comentabamos, viviamos entonces en los Estados Unidos, el impacto que ese texto hizo en nuestro espíritu.
5Roberto Lovera De-Sola: “El ecumenismo: una actitud”, en La Religión, Caracas: enero 26,1964,p.1.