Martes, 23 de Mayo de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos Clasificación de las conductas: I. La miseria humana

Clasificación de las conductas: I. La miseria humana

Correo electrónico Imprimir

Por: Mario Rodríguez Guerras

María Zarazúa, 3-eri08a
1.- El mal y la maldad
Los principios universales, de los que tanto hablamos, también, sirven para explicar la conducta humana en sus distintas facetas las cuales, a su vez, son consecuencia de ellos mismos. Deleuze nos dice que, en las explicaciones que hace el hombre, no todo es proyección, también, hay análisis, crítica y descripción. Éstas son expresiones de sus diversos aspectos por lo que, entonces, las facetas del hombre serán: La esencia (proyección), la materia (descripción) y la razón (análisis), a las que se añade la crítica como forma interesada de la razón.

Dejando a un lado las interpretaciones sobre el bien y el mal, nos limitaremos a decir que “mal”, en general, es toda intervención que causa perjuicio a la voluntad ajena, voluntad que, como hemos visto, posee diversos aspectos. En cada uno de ellos, el daño a la voluntad posee nombres adecuados, siendo el de “mal” un nombre genérico con el que entendernos y bajo cuyo epígrafe incluimos a todos los de su categoría aunque, propiamente corresponda al daño material. Lo mismo ocurre con el término maldad, que será, a la vez, un concepto determinado y un nombre común de varios conceptos.

El mal se entiende desde el punto de vista del perjudicado, no desde el punto de vista del agresor que solo actúa para obtener algo que desea. Por ello, la justicia y cualquier tipo de conocimiento deben evitar adoptar puntos de vista particulares y deben perseguir valores universales cuyo sentido no dependa de la posición del observador. Y téngase en cuenta que, si el concepto de mal resulta perspectivista, pues se entiende la existencia del mal desde el punto de vista del perjudicado, el de bien, también, pues no se contempla el menoscabo de la voluntad que sufre quien hace lo que a otro beneficia, y la interpretación del bien, un valor aceptado por mayoría y no por verdad, resulta más difícil de discutir que el del mal. La justicia, por ejemplo, puede quedar confundida si decide perseguir, por simpatía, el bien.

Cuando el agresor realiza actos sin el fin de lograr un beneficio material y el objetivo es utilizar el poder para deleitarse con el sufrimiento que origina a su víctima, con lo que comprueba su valor personal, dado que, si produce efectos, es que su poder posee un valor, no nos hallamos ante el mal sino ante la maldad.

Si alguien roba a su víctima porque es su medio de vida o para mejorar su economía, estamos ante una agresión material que es consecuencia de una necesidad o, bien, de una utilidad de tipo material. Si alguien roba por hambre o comete una violación, estamos ante una necesidad o conveniencia orgánica, y nos encontramos ante una satisfacción emocional. No justificamos ninguno de estos delitos, la cuestión que se plantea es la utilidad que el sujeto obtiene al cometer el delito. Si alguien miente en un juicio obtiene una sentencia a su favor. Si se critica al partido contrario, se logran más adeptos a la causa propia. Estos son ejemplos, más o menos acertados, de las ventajas que se pueden lograr al enfrentarse a la voluntad ajena, expuestos para entender la diferencia entre el mal y la maldad ya que la maldad ha de satisfacer una necesidad o no se produciría pero afirmamos que esa necesidad es de un tipo completamente distinto a las necesidades reales. Sin embargo, conviene, antes de abordar esta cuestión, aclarar todos los conceptos

2.- Sobre el mal
a) La violencia física es una agresión a una persona o a sus bienes en el mundo material
b) La violencia verbal es una agresión emocional en el mundo del espíritu.
c) La mentira será una agresión a la verdad en el mundo de la lógica, y
d) El desprecio es, en el mundo del análisis, una agresión a la crítica justa.

3.- Sobre la maldad
a) Un paso más en contra de la justicia y motivada con el fin de alcanzar una satisfacción personal genera, a partir de la violencia física, la maldad como disfrute por el hecho de causar daño. Entiéndase que la violencia suele perseguir obtener algo de la víctima, en cambio, la maldad proporciona el placer de ejercer un poder al que la víctima no se puede oponer.

b) A la violencia verbal le sigue el acoso. Si bien, en algunos casos, el acoso persigue un beneficio, el método empleado es fruto de la racionalización de los actos. Los fines generales y el método empleado, hacen que le cataloguemos dentro de la maldad, con el mal como medio.

c) A la mentira la sucede, por esa evolución, la burla. La burla exige que, previamente, se haya agredido la voluntad, generalmente, faltando a la verdad. La burla muestra, reconociendo la existencia de una verdad, que la víctima sufrirá la impotencia de no poder demostrar esa verdad y los perjuicios de no poseerla.

Coloquialmente, se llama burla a lo que debiera denominarse, con mayor precisión, mofa. La mofa es la forma con la que, usualmente, se muestra la burla. La mofa es un medio, lo cual significa que su uso puede obedecer a otros motivos.

También se habla de burlar cuando se ha esquivado un peligro. Si ese peligro era la verdad, estamos en el primer caso, como cuando un juez prevarica pues esa burla de la justicia implica falsear la verdad conocida y, además, observamos todos los elementos propios de la maldad: un actor que no obtiene un beneficio material sino que el beneficio le obtiene un tercero, una víctima que sufre varios perjuicios y el deleite por el uso de la razón para causarlos sin obtener nada a cambio. No hay mofa pues se descubriría la prevaricación pero el daño innecesario no es el interés inmediato, es el medio, por lo que no es mera agresión. Ahora bien, ante la imposibilidad de generar un tipo racional de conducta (la burla), el prevaricador se traslada de forma y lo que genera y muestra, convencido de su justo proceder, es desprecio. El juicio es la ocasión para alcanzar el fin de pervertir la razón.

Si un juez condena a un delincuente sin suficientes pruebas, estamos ante un vengador. Si condena a alguien por lo que le han dicho de esa persona, no podemos hablar de venganza pues su acto está generado por unos motivos ajenos al caso y a su voluntad que, al no ser introducidos por justicia, pervierten el proceso, y sigue siendo burla. Lo mismo sirve para las interpretaciones personales.

d) El desprecio puede degenerar en la ridiculización. La ridiculización es la maldad ejercida al demostrar a la víctima que no puede librarse de un desprecio. La maldad implica un daño y, para ello, tanto vale servirse de una crítica justa pero perjudicial para alguien que de un desprecio injustificado. Es decir, la maldad no se justifica por emplear contra alguien ni siquiera la verdad. La injusticia de una parte no autoriza a la otra el ejercicio de una acción injusta y la respuesta habría de ser otra que no descalificara a quien la realice.

Coloquialmente, se puede emplear el término desprecio sin un sentido peyorativo, realizando con propiedad una valoración objetiva, al hacer referencia a algo que es muy pequeño, en tamaño, cantidad o calidad, en comparación al asunto del que se trate.

4.- La difamación
La diferencia entre burla y ridiculización se establece porque la burla parte de un hecho o una situación y la ridiculización de una valoración personal, lo que supone un mayor grado de miseria por parte de quien la emplea.

La difamación es un medio para lograr los fines particulares. Se procede, primero, a lograr el desprestigio de una persona entre las demás y, en segundo lugar, se consigue que esas personas ejerzan la miseria sobre su enemigo. La difamación es fruto de una disposición del ser humano a juzgar y condenar a los demás. Quien difama convence a sus oyentes de la culpabilidad de su enemigo, aunque éste sea inocente, y éstos aplicarán al condenado su poder ya sea físico, causando daño personal o material, o racional, sometiendo a su víctima a la pena de la burla, el desprecio, etc. El éxito de este método se explica por el poder que se le da al oyente, que considera que tiene una razón para ejercer su deseo personal de causar daño. La necesidad de causar daño la poseen los seres que carecen de elevación. La difamación trasforma, mediante la astucia, al oyente en carcelero o verdugo, gracias a su pequeñez, y ejecuta el trabajo sucio que le encarga otro a quien decide suponer que posee autoridad para tener él mismo una justificación del poder que cree que recibe cuando es un poder que se asigna él solo por lo que la responsabilidad de sus actos es suya. La astucia, como se habrá comprendido, consiste en conceder al otro poder de concederle a él poder. Esta interpretación es un juego en el que se incluye sin su consentimiento al reo que no acepta el papel que se le asigna y se rebela, en la medida de lo posible, contra la imposición de un poder injusto y miserable. El carcelero, perdida la conciencia de la realidad, presiona con mayor fuerza al preso por lo que entiende es una rebelión contra la autoridad. Pero el carcelero no posee ninguna autoridad legal ni moral solo posee la capacidad de ejercer violencia física o moral que muestra, ocultándose a la vista e intervención de la ley, por su necesidad de dominio y no, como piensa, por justicia.

Con respecto a esta forma de actuación humana podemos recordar que los griegos poseían una fiesta en la que se burlaban de dos personas, hombre y mujer, elegidos entre los más desfavorecidos a quienes acababan por matar. Supuestamente, era una expiación de los males de la sociedad, una catarsis colectiva. Desde nuestro punto de vista, resulta más lógico pensar que los griegos habían comprendido todas las posibles conductas que la evolución racional del comportamiento humano podía generar y las manifestaban. A lo largo de la historia, vemos que la ejecución de las sentencias judiciales implicaba una crueldad que no era propia de la justicia y más parecía un escarnio fruto de una necesidad humana que un sufrimiento inherente a la pena impuesta.

5.- Gradación del daño
Podemos también aclarar que robar para no afrontar un gasto es mayor delito que robar por necesidad. Robar arte es aún más grave que robar un bien útil pues el arte no es algo indispensable para la existencia. Por ello, el plagio es un delito de mayor gravedad que el robo de arte pues quien plagia roba algo superfluo para adquirir prestigio o notoriedad en el mundo artístico persiguiendo para sí lo opuesto al desprecio, la alabanza.

La violencia física es más grave que la violencia moral, al menos, cuando ésta se ejerce en un momento de acaloramiento pues hemos dicho que la mentira y el desprecio, ya que ambas formas pueden atentar contra el prestigio personal, están elaborados mediante la razón y serían agresiones más graves que la descalificación realizada emocionalmente y, conceptualmente, más graves que la agresión física por existir ocultación, la de la verdad. La violencia contra las personas es más perjudicial que la violencia contra los bienes, los hombres poseen voluntad y las cosas solo materia, aunque se causa un daño a los elementos que satisfacen las necesidades materiales del propietario quebrantando indirectamente su voluntad. De la misma forma, la agresión física espontánea es distinta de la acción premeditada; y ésta, diferente de la conspiración. Por supuesto que, en todos los casos, lo que se considera para valorar el daño es la fuerza empleada y el perjuicio causado. Una mentira es más o menos grave que una agresión física dependiendo de las circunstancias en las que se produzca y de las consecuencias que se deriven en cada caso aunque, conceptualmente, sea un acto de mayor gravedad por utilizar la razón y no la materia. En consecuencia, mentir para que otro mate a un tercero es mayor delito moral que asesinar personalmente pues se acaba con la vida de alguien empleando artimañas.

En definitiva, cuanto más evolucionado sea el principio que origina el acto, dando lugar, por ejemplo, a la amenaza, la agresión, la falsedad o la simulación y el desprestigio (el desprestigio atenta contra el honor pero quien le realiza emplea la razón y no la emoción), mayor gravedad posee conceptualmente el hecho y lo mismo ocurre cuanto más evolucionado sea el principio que origina el tipo de acto, lo que da lugar a que los actos sean de tipo emocional, inmediato y planificado.

Todo lo expuesto hasta ahora sobre las formas de conducta puede plasmarse en un esquema