Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Cinco Clásicos Venezolanos en el 2011

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Este Evento
Por clásico literario siempre se han considerado aquellos autores y aquellas obras que se tienen por modelos dignos de imitación de cualquier literatura a través de las generaciones. Para evocar a cinco de nuestros clásicos nos hemos reunido esta tarde. Para a través de ellos volver a interrogar a un cuerpo lleno de vida: la literatura venezolana. Y ello por hacerse hoy presentes seis hechos: hoy se celebra el Día del Escritor por ser el natalicio de don Andrés Bello(1781-1865). Pero este año, final de la primera década del siglo XXI, se recuerda el centenario del nacimiento de Guillermo Meneses(1911-1978) y a la vez los ochenta años de la primera edición de Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), impresa en Madrid por la editorial Zeus, la cual al aparecer se le otorgó el premio del “Mejor libro del mes”, el mismo galardón recibido allí dos años antes por Doña Bárbara del maestro don Rómulo Gallegos(1884-1969). También este año son los ochenta años de la primera edición de Las memorias de Mamá Blanca de Teresa de la Parra(1889-1936) y de Cubagua de Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964), estas dos últimas impresas en París por la misma editorial, Le livre libre.

Es tan singular todo esto de lo que damos cuenta que hemos pedido a la crítico Luz Marina Rivas, la mayor autoridad actual en lo que nuestras mujeres escriben, que trate de la novela de nuestra gran Teresa. Mientras, el dramaturgo José Tomás Angola lo hará con la del maestro Uslar Pietri. Cerraremos nosotros refiriéndonos a la obra del valenciano Nuñez.

Y dados a recordar debemos señalar que este año también se recuerda el centenario del nacimiento de Pascual Venegas Filardo(1911-2003), uno de los mayores divulgadores de nuestras letras a través de los comentarios y análisis sobre nuestros libros que publicó desde los años treinta hasta el final de su vida en las columnas de El Universal caraqueño. Y a la vez se recuerdan los también cincuenta años del fallecimiento de Alejandro García Maldonado(1899-1961) autor de una de nuestras grandes novelas, Uno de los de Venancio(Santiago: Ercilla,1942.381 p.) un libro que en su hora recibió el reconocimiento internacional de un premio en Nueva York, obra, que pese a estar tan olvidada, desde 1979 no se ha vuelto a reeditar, sigue sacudiendo a los lectores que se asoman a sus páginas.

Andrés Bello
En rápidos trazos evocamos a don Andrés Bello, el libertador cultural de nuestra América Latina, su primer escritor, crítico literario y gramático, estadista como diplomático, tratadista de las normas de nuestras relaciones con otros pueblos a través de sus Principios de Derecho Internacional, jurista quien dictó normas para nuestra vida colectiva a través de las leyes que redactó, educador y quien desde Chile dictó toda una cátedra de latinoamericanidad a través de las obras de muy diversa índole que escribió.

En el campo literario fue Bello quien puso a andar la cultura escrita entre nosotros al ser, en sus días de Caracas, activo poeta desde su mocedades, el autor de la obra fundadora de nuestro teatro, el redactor del primer periódico impreso entre nosotros, la Gaceta de Caracas, quien concibió el primer libro editado entre nosotros, el Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810, el proyectista de la que hubiera sido nuestra primera revista literaria.

En Londres, desde su revista Biblioteca Americana, en 1823, a través de su poema la “Alocución a la poesía” cantó la independencia cultural hispanoamericana y puso en sus trabajos crítico-literarios impresos en esa gaceta y en la siguiente, El repertorio americano(1826), las bases de la literatura autónoma de América Latina, fue así nuestro libertador cultural. Y como humanista quien dejó clara la necesidad de que los latinoamericanos fuéramos contemporáneos con todos los hombres, insistió que debíamos pensar por nosotros mismos, desde nuestras entrañas, tal cuando expresó el 29 de Octubre de 1848, “¿Estaremos condenados todavía a repetir servilmente las lecciones de la ciencia Europa, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales, a darles estampa de nacionalidad”(Obras completas. Caracas: La Casa de Bello, 1981-1984. 26 vols. La cita proviene del t.XXI,p.50). Cuando nos alertó que si deseamos construir algo sólido en nuestros países no debemos olvidar que esto debe ser producto del esfuerzos sostenido, que “la corrección es la obra del estudio y de las años”(Obras completas,t.XXI,p.19).

Tal el Bello, intensamente venezolano, quien en un invierno en Londres, sintiéndose desterrado del lar nativo nos evocó en este fragmento de sus borradores poéticos, pasaje que el padre Pedro Pablo Barnola(1908-1986), en su estudio de tales papeles, llamó “Elegía del desterrado” y el profesor Oscar Sambrano Urdaneta(1929-2011) “Amada sombra de la patria mía”. Tal lo que allí leemos, en donde su hondo sentido venezolano está presente. Allí escribió el sabio:

“¿Y posible será que destinado/he de vivir en sempiterno duelo,/lejos del suelo hermoso, el caro suelo do a la primera luz abrí los ojos?/ ¡Cuántas ¡ah! cuántas veces/ dando aunque breve, a mi dolor/ consuelo/ oh montes, oh colinas, oh praderas,/ amada sombra de la patria mía,/ orillas del Anauco placenteras,/ escenas de la edad encantadora/ que ya de mí, mezquino,/huyó con presta irrevocable huida;/ y toda en contemplaros embebida/ se goza el alma, a par que pena y llora!/ También humanas formas miro en torno,/ y de una en una crédulo las cuento,/y el conocido acento/de amor y de amistad/oigo y retorno./¿Qué es de vosotros? ¿Dónde estáis ahora,/compañeros, amigos,/ de mi primer desvariar testigos,/de mis antojos vanos y deseos/y locas esperanzas, que importuna/burló como las vuestras la fortuna?/Cual en extraño clima/ por el aire natal suspira en vano,a la cual es fuerza que entre hierros gima,/o a no usada labor ponga la mano;/y de cuántos, oh Dios, de cuántos esta/lumbre solar que aquí descolorida/a un mundo exhausto da difícil vida,/y en la margen opuesta/del mar de Atlante hermosa brilla y pura,/O losa funesta/dora, o los blancos huesos, que inhumana/venganza abandonó en yerma sabana/o en playa inhospital sin sepultura./¡Ay! al alegre drama/do juntos yo y vosotros figuramos,/y los delirios de amorosa llama/o de aérea ambición representamos,/alegre drama mientras plugo al cielo/corrió fortuna inexorable el velo./Vosotras a lo menos de esta grave/soledad el silencio doloroso/ romped ahora, imágenes queridas;/cual otro tiempo en plática suave/usábades, venid, venid ahora,/engañad los enojos/de ausencia tanta: atravesad los mares, quebrantad los cerrojos/del calabozo oscuro y de la huesa:/ de mi lamento importunada, suelte/la cruda Parca alguna vez su presa./¿Y qué más bien, que más placer me aguarda fuera de esta ilusoria/farsa de la memoria,/aunque el volver, que tanto tiempo tarda, al terreno nativo,/me otorgue al fin el cielo compasivo?/ Visitaré la cumbre, el verde soto,/el claro río, y la cañada amena;/mas a vosotros, ¡ah! mirar no espero./No con alborozada enhorabuena/saludarme os oiré; no al cariñoso/ regocijado seno he de estrecharos./Diré a los ecos: los amigos caros,/la amada, el confidente, el compañero,/¿do están? ¿a do son idos?/Idos, dirán los ecos condolidos,/ y en mi patria, ¡ay de mi!, seré extranjero”(Obras completas,t.II,p.80-82, Versos 990-1060).

En cuanto a lo que es la literatura siempre permanecerán vivas las reflexiones de Bello, dichas el día cenital de su vida, al inaugurar la Universidad de Chile(Septiembre 17,1843), “las letras…tienen el mérito suyo, intrínseco, en cuanto aumentan los placeres y goces del individuo que las cultiva y ama; placeres exquisitos, a que no llega el delirio de los sentidos; goces puros…Las ciencias y la literatura llevan en sí la recompensa de los trabajos y vigilias que se le consagran…las letras…debilitan el poderíos de las seducciones sensuales…ellas son el mejor preparativo para la hora de la desgracia…Tales las recompensas de las letras; tales son sus consuelos…Adornaron de celajes la mañana de mi vida”(Obras completas,t.XXI,p.7-9).

Bello, a pesar de lo declaró un funcionario del gobierno actual en El Nacional, el año 2000, no puede ser considerado un poeta más entre los nuestros, ni entre los latinoamericanos. Ello es imposible para quien fue el fundador, el iniciador de las letras hispanoamericanas independientes, libertad cantada por él el año anterior a la victoria de Sucre en Ayacucho, en su “Alocución a la poesía”. Y tampoco, como él mismo funcionario acaba de declarar, Bello no es un desconocido en Venezuela(Dubrasca Falcón:”A 230 años de su natalicio Andrés Bello es un desconocido”, El Universal, Caracas: Noviembre 2,2011). Ello es imposible, primero porque en el siglo XIX el bellismo nació en Caracas gracias a Juan Vicente González(1810-1866), también el creador del culto a Bolívar. Y además a todo lo largo de esa centuria su obra no solo fue conocida en Venezuela sino que la mayoría de sus libros fundamentales fueron impresos aquí, tal sus Principios de derecho internacional o la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. Pero hay más: la primera edición de su poesía se hizo aquí en Caracas en 1870, gracias a sus queridos amigos, los hermanos Rojas, Arístides y José María, quienes nunca lo conocieron personalmente. Aquí vale la pena llamar la atención sobre el valor de esta Colección de poesías originales, pues en vida de don Andrés, poeta quien fue mucho lo que cuidó sus poemas, los revisó y reescribió nunca publicó poemario alguno, solo un folleto con su bello poema romántico El incendio de la Compañía(1841), el cual ni siquiera firmó. Y en el año del centenario de su nacimiento fueron varias las obras sobre él que aquí se editaron.

Y en el siglo XX desde 1929, por la pluma de Fernando Paz Castillo(1893-1981) fue considerado el “primer clásico americano” en artículo publoicado en el diario El Universal(Octubre 7,1829) recogido junto con sus estudios críticos (Reflexiones de atardecer.2ª.ed.aum. Caracas: La Casa de Bello,1992,t.I,p.25-30); seis años después recibió el examen de su compleja vida y obra por la pluma de Rafael Caldera(1916-2009) en tiempo tan lejano hoy como 1935 en libro, sugerido por su maestro Caracciolo Parra Léon(1901-1939), que se sigue leyendo y traduciendo. Pero no sólo ello. Las investigaciones contemporáneas de su obra se iniciaron en 1943 cuando Pedro Grases(1909-2004), tan grande bellista como Caldera, fundó el “Patronato pro estudios Andrés Bello”, el cual se amplió y desarrolló muy pronto con la formación de la Comisión Editora de la Obras completas de Andrés Bello, creada en 1948 durante la presidencia del maestro Gallegos. La Comisión se convirtió en centro de los estudios bellistas y facilitó, además de la espléndida edición de las Obras completas de don Andrés, considerada internacionalmente como modélica como la edición de la obra de un clásico, la creación(1974) de la Casa de Bello como centro de investigación y análisis del humanismo venezolano. Desde los años cuarenta se hizo cotidiana la celebración de la Semana de Bello, esta había sido iniciada, en 1930, por ese gran maestro que fue José Manuel Nuñez Ponte(1870-1965), a lo cual siguió la celebración anual del Día de Bello, con diversos actos, además de la sesión del Consejo General de La Casa de Bello, el habitual celebrado ante el Cenotafio de don Andrés en el Panteón Nacional. Todo ello fue prohibido desde el año 2000, la Casa de Bello perdió su nombre, sus dirigentes e investigadores fueron expulsados y el nombre de Bello, tan cenital como el de Miranda, el Libertador, Sucre, don Simón Rodríguez y Teresa Carreño, la primera mujer universal de nuestra historia, fueron preteridos. Es por ello que hoy la Fundación Herrera Luque desea volver a celebrar el 29 de Noviembre como fiesta de don Andrés y del humanismo venezolano y desde aquí pedimos al señor Alcalde de Chacao, Emilio Graterón, que cada año, en adelante, todos los 29 de Noviembre, se organice, en la Plaza Andrés Bello del municipio la celebración que se dejó de hacer desde el año 2000, año en que también otro bellista insigne, el profesor Sambrano Urdaneta escribió en sus Verdades y mentiras sobre Andrés Bello, el último gran libro que en Venezuela se le ha dedicado. El otro, la nutrida biografía de Iván Jaksic, nos vino desde Chile, esta cuenta ya con edición venezolana, gracias al editor Bernando Infante Daboin.

Todos sabemos que Bello no es un desconocido, mientras haya Venezuela su nombre será evocado y además, pese a estos días trágicos, siempre habrá Venezuela. Y si un día un cataclismo arrasará con nuestra tierra bastaría abrir los libros de don Andrés para recordar lo que somos.

Guilermo Meneses, Rasgos de un Creador
Guillermo Meneses nació hace un siglo en Caracas, vio la luz y dejó de existir en el mes de diciembre, tanto que podríamos denominar a estos días el “mes Meneses” de la misma forma que Junio ha sido llamado “el mes Ramos Sucre”.

Es buen momento para meditar sobre la significación de la obra de Guillermo Meneses en las letras del país. Sin embargo, nos parece que a la vez que reflexionar sobre lo que han significado sus libros es necesario volver sobre la actitud vital de este hombre quien a través de ella dejó un testimonio a seguir por las nuevas generaciones de escritores del país.

Es cierto que lo que un “escritor tiene que decir, ha de decirlo en sus obras. Lo que se le ocurra decir después sobre sus obras difícilmente pasará de ser añadidura, glosa o reiteración, y, en general, cosa reiterativa y sobrante” como escribió Arturo Uslar Pietri(Obras selectas. Caracas: Edime, 1967, p.viii). Y es por esta razón que a la hora de estudiar a Meneses se hace necesario leer sus libros. Es la única forma que tenemos para conocer a un hombre de pocas y caústicas respuestas.

La obra narrativa de Meneses es su contribución mayor a la literatura venezolana. Es una obra corta pero densa. El ciclo de sus ficciones está compuesto por cinco novelas.

De la misma forma sus narraciones cortas son pocas. Lo esencial de su obra en este campo son dos cuentos plenos de intensidad La balandra Isabel llegó esta tarde y La mano junto al muro, esta última es su obra mayor. El resto de sus relatos mayores son ocho.

Seguramente llamará la atención de nuestros lectores como con una producción breve se puede hacer obra valedera. Aquí lo que sucede es que hay un mal entendido: un escritor no es mejor porque escriba mucho. Hay creadores cuya obra es fecunda por la cantidad de sus libros, caso Honorato de Balzac(1799-1850) o don Pío Baroja(1872-1956), o importante a través de delgados volúmenes, caso Jean Arthur Rimbaud(1854-1891), Juan Rulfo(19181986) o nuestro Julio Garmendia(1898-1977). La cantidad no es lo esencial. Lo fundamental es la calidad de aquellas obras. En sus pocos libros Meneses puso la base del final del ciclo criollista y llevó a nuestra narrativa hacia el campo de la renovación. Esos dos momentos de su hacer pueden verse bien reflejados el primero en La balandra Isabel llegó esta tarde y el segundo en La mano junto al muro. Y en el campo de la novela hay que saber leer bien para comprender que es lo que acerca y que es lo que separa a Campeones y al Mestizo José Vargas de El falso cuaderno de Narciso Espejo y La misa de Arlequín, allí son evidentes los cambios de perspectiva, la diversa forma con que se enfoca una temática básicamente igual, podemos observar la renovación que se opera en el escritor pero también en la literatura de su tiempo. Pero en Meneses ese proceso no es exterior sino es un desarrollo personal que lo va conduciendo a la conquista de sí mismo, al “encuentro con el alma” como él mismo escribió(“El sorprendente encuentro con el alma”, El Universal, Caracas: Junio 6,1968).

Otro hecho que es necesario anotar aquí, y conexo con su obra ficción, es el hecho de que Meneses es uno de los pocos narradores venezolanos, el otro caso sería José Balza, que nos ha ofrecido bien vertebradas reflexiones sobre el arte narrativo. En este sentido es básico conocer su libro Espejos y disfraces para poder comprender cuáles han sido las inquietudes y angustias de este creador en el contexto de la literatura de su tiempo.

Pero hay en Meneses también una lección a seguir. Ella es su fidelidad al oficio creador cuestión que desgraciadamente no es una constante en la literatura venezolana. Aquí se comienza a publicar en la juventud, se triunfa, se obtienen fáciles premios, el escritor es halagado por el ambiente, y hasta obtiene cargos diplomáticos, pero esto ha hecho que muchos dejen su labor y es por ello que tenemos muchos escritores “inacabados” porque no continuaron en su madurez su obra. Es por esta razón que la literatura venezolana tiene algunos destellos buenos, momentos creativos especiales, es una literatura de obras fragmentarias, como dijo alguna vez Elisa Lerner(Yo amo a Columbo. Caracas: Monte Avila Editores, 1979), pero a nuestras letras les falta la obra orgánica, seguida, continuada sin pausas. Obra como la de Díaz Rodríguez, entre los modernistas, Gallegos, entre los regionalistas, Meneses, entre los hombres de la vanguardia, o Salvador Garmendia, entre los actuales, todos ellos son ejemplos a seguir para poder vertebrar un universo imaginario coherente. Y esta es la lectura que dimana de Meneses. Desde 1930 cuando publicó su primer texto, continuó sin pausas y logró coronar una obra orgánica, eslabonada, coherente.

El Testimonio
Pero además de estas observaciones creemos necesario reiterar nuestras reflexiones sobre la significación de Meneses. Y especialmente en torno al escritor Meneses y al carácter de su testimonio dentro del devenir de nuestra palabra escrita.

Meneses fue siempre, por encima de todo, un creador que creyó en el ejercicio de la palabra y a quien nada sedujo y a quien nada le hizo apartarse de su tarea vital fundamental. Y hacemos esta observación porque cuando se analizan los libros de Meneses resalta siempre un hecho: en él se destaca no sólo lo que escribió y publicó, una obra mas bien corta, calmadamente armada, coherente, hecha con plena conciencia de lo que significa el aparato expresivo, sino la actitud y la posición del escritor en nuestra sociedad. Fue un ser que porque poseyó una vocación literaria auténtica no se dejó corromper por un medio, que como el nuestro, elogia sin medida el trabajo de sus escritores y el cual posee sutiles mecanismos de seducción, premios, becas, cargos, que en muchos casos paralizan la obra. En Meneses esto no sucedió porque siempre creyó en la palabra, en su obra, por ello dejó lo que dejó ya que siempre quiso “perdurar a través de su creación” como escribió Gustavo Arstein(“Posdata de Narciso Espejo”, El Nacional, Caracas: Enero 7,1979).

Por ello el pensamiento de Meneses, todo lo que quiso decir, está en sus libros y lo que se encuentra fuera de ellos es sencillamente repetición, reiteración o glosa. Lo esencial está allí, encerrado dentro de las tapas de sus volúmenes, y está expresado casi siempre a través de sus obras de ficción. Aunque Meneses publicó su primer cuento, “Juan del Cine”( revista Elite, Caracas: Septiembre 13, 1930) Meneses publicó sus primeros libros simultáneamente en 1934, un año que Juan Liscano(1915-2001) consideró de especial valor en el desarrollo de nuestra literatura. En esa fecha Meneses publicó en un folleto su cuento La balandra Isabel llegó esta tarde y en un libro su novela corta Canción de negros. Esa la primera etapa de su obra creadora. Es una época que él denominó el “tiempo del tango”, en sus conversaciones con Alicia Freilich(Entrevistados en carne y hueso. Caracas: Suma, 1977, p.107). A estos años pertenecen sus Tres cuentos venezolanos, en donde reelaboró “Juan del cine” en el fascinante relato “Adolescencia”, Campeones, El mestizo José Vargas y muchos de los relatos que recogió en La mujer, el as de oros y la luna. Sigue una etapa más compleja: la de la “duda sobre la propia conciencia”, como él mismo la llamó, la cual se inicia con sus cuentos El Duque, especialmente con “Tardío regreso a través del espejo”, La mano junto al muro y sus novelas El falso cuaderno de Narciso Espejo y La misa de Arlequín.

Su cuento básico es La mano junto al muro, sobre el cual existe hoy en día el consenso de ser el mejor cuento de nuestra literatura, el cual es sin duda la otra cara de La balandra Isabel llegó esta tarde, u otra forma de entrar en el mismo contorno. Su novela principal es El falso cuaderno de Narciso Espejo. Y esto por varias razones: ya porque Meneses logra en ella ver y escribir por dentro e introspectivamente los escenarios que el criollismo vio desde fuera y especialmente por el hecho de que Meneses desarrolló en ella su conciencia plena del instrumento expresivo y se dio cuenta que la ficción debe basarse en una escritura que avance sobre sí misma, que sea un cuerpo que se vaya escribiendo a sí mismo.

La materia argumental con la cual Meneses compuso sus narraciones posee pocos elementos, pero es como dice el citado Arnstein “un microcosmos pleno de conflictos y símbolos” y es allí en donde vemos el corazón de su arte: desentrañar los conflictos del hombre, examinar, desde ella misma, la escritura, una búsqueda a través de la duda, la cual lleva casi siempre a un camino sin salidas, a una vacilación. Y este hilo une a todas las novelas que Meneses escribió y cuando se las lee cronológicamente o del presente hacia el pasado se observa su coherencia, la continuidad de una idea que se desarrolla o recrea de un libro a otro.

Ahora bien, para la comprensión total del universo verbal creado por Meneses se hace necesario reparar también en su visión de la ciudad, de su urbe. En este sentido es iluminadora la lectura de su libro Caracas en la novela venezolana, en cuanto a la teoría misma de la novela y a la condición de escritor, y a su posición en medio de la ficción contemporánea, es imprescindible Espejos y disfraces, el cual fue el penúltimo libro que publicó en vida, una especie de recuento y de balance como lo fue también el último Diez cuentos.

Meneses pasó sus últimos años haciendo una vida recogida y silenciosa que siempre pareció gustarle. “Era una distancia de sabio” escribió Roberto Montero Castro(“Guillermo Meneses: un maestro de lectores”, El Universal, Caracas: Diciembre 31,1978). Salía a veces. Recibía siempre en su casa de San Bernardino a quienes quisieran conversar con él. Alguna vez nos habló de una nueva novela. Pero al poco tiempo abandonó la idea. Estuvo siempre pendiente de todo y claro de su destino hasta que la vida se le fue un día.

De él nos quedó, y no es poco, sus libros y su tarea de una vida que estuvo siempre dedicada a leer, a pensar, a escribir como un oficio, como una manera de ser. Fue la conciencia plena lo que no le hizo caer nunca en los espejismos de nuestra realidad. En ello radica lo esencial de su testimonio.

Cubagua
Las novelas Cubagua.(París: Le livre libre, 1931. 128 p.) y La galera de Tiberio.(Brujas: Desclee de Breuwer, 1938. 163 p.) de Enrique Bernardo Nuñez tienen pleno derecho a figurar entre el conjunto, breve pero singular, de lo que ha sido la novela venezolana. Un género a través del cual se ha expresando el creador venezolano dejando algunas de sus palabras esenciales.

Dentro de todas estas bellas y singulares novelas Cubagua ocupa un lugar singular. Son particulares los aportes que Nuñez logró al publicar Cubagua, ya sabemos que nunca estuvo complacido con el resultado que había obtenido con Sol interior(Caracas: Tipografía Americana, 1918. 250 p.) y con Después de Ayacucho(Caracas: Tipografía Vargas, 1920. 189 p.) novela esta última que hoy resalta la crítica como nos lo ha hecho ver Javier Lasarte(Sobre literatura venezolana. Caracas: La Casa de Bello, 1992, p.95-106).

Vaya un escolio sobre La galera de Tiberio, creemos que ello no lo podemos soslayar esta tarde. Sabemos que su cuarta novela La galera de Tiberio la destruyó su autor, lanzado su edición al río Hudson. Sólo conservó algunos ejemplares, que encontramos en las estanterías de su biblioteca en “Los Chorros” a fines de los años setenta, pudimos así leer su primera versión y tomar los apuntes necesarios para su estudio. De ella hay también dos raros ejemplares en la Biblioteca de Congreso de Washington y en la colección latinoamericana de la Universidad de Texas, en Austin. También existió uno en las estanterías de las librería Soberbia en Caracas, el cual registró nuestro bibliógrafo Ángel Raúl Villasana(1920-2004). Con los ejemplares conservados de La galera de Tiberio, siguiendo sus correcciones que don Enrique hizo sobre sus páginas, se pudo reeditar La galera de Tiberio(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1967. 204 p.) después de su deceso. Pero con su sentido tan riguroso del escribir don Enrique se equivocó con La galera de Tiberio, novela esplendente. De ella su edición belga es superior que la caraqueña, publicada gracias a la devoción de sus amigos Carlos Augusto León(1914-1996), Augusto Germán Orihuela(1920-2001) y Guillermo Argüello, quienes siguieron su revisión. En 1978 se logró, gracias a las argucias de Domingo Miliani(1934-2002), publicar la edición belga, de 1938, en La Habana, edición que circuló escasamente entre nosotros, pudimos ponernos en un ejemplar, reimpresión, desde luego, no autorizada por su familia. Lo que hay que hacer ahora con esta novela fundamental es preparar una edición anotada hecha sobre la base de ambas versiones, para que el largo proceso de creación de este libro tan destacado pueda seguirse y comprenderse. Los que han leído ambas versiones puedan dar fe de lo que afirmamos. Siempre ante La galera de Tiberio, estamos ante el misterio de la creación literaria y ante un escritor raigal, nunca feliz con el resultado de su trabajo, con la decisión de proseguir en la escritura, de perfeccionarla en grado sumo.

Vayamos ahora a Cubagua. La crítica ha expresado claramente el valor del escribir de Enrique Bernardo Nuñez. Mariano Picón Salas(1901-1965) anotó que Nuñez escribió “como un conjuro al pasado de Venezuela...Cubagua realizada con un arte conciso y admirable, en plena madurez y dominio del género”(Formación y proceso de la literatura venezolana. Caracas: Monte Avila Editores, 1984, p.171); Uslar Pietri indica que Cubagua es una “prodigiosa evocación, escrito en la más fina y sabia de las prosas. Una prosa precisa y poética, pero castigada, que lejos de estorbar al relato se funde en su calidad lírica para darle una unidad excepcional”(Letras y hombres de Venezuela. 4ª.ed. Caracas: Monte Ávila Editores, 1995, p.240); Rafael Angarita Arvelo(1898-1971) llamó la atención sobre su singularidad(Historia y crítica de la novela en Venezuela. Leipzig: Imprenta de August Pries, 1938, p.111-112); Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) anotó: “Cubagua, cuento y canto...desde donde divisó la figura, sirena y magia del pasado, de Nila Cálice”(Candideces. Cuarta Serie. Caracas: Editorial Arte, 1965, p. 158-159).

En términos generales Cubagua significa dentro del cuerpo novelístico venezolano a la novela en la cual entra en nuestra literatura la novelización del mito, la ruptura con la narración lineal, la aparición de la simultaneidad de los tiempos y los espacios, la presencia del lenguaje poético que hace de Cubagua una novela lírica si seguimos la acepción que a ciertas narraciones da Ralph Freedman(La novela lírica. Barcelona: Barral, 1972. 358 p.).

Para Domingo Miliani Cubagua descubre la “carga mítica nutricia que hay en los orígenes remotos de nuestra cultura al presentar la cosmogonía indígena de Amavilaca, y de su hermano Vocchi(o Uochi), torrente oscuro y profundo. Utilizando esto Nuñez explora, a través de su novela, la explotación de las perlas en Margarita de ayer y de hoy. Para ello utiliza personajes que viven en los dos tiempos dentro de los cuales ocurre la narración: el pasado indígena bajo el colonialismo, el presente bajo el neo colonialismo. Y así establece un paralelo entre ambas situaciones. La figura de Nila en el presente, de Erocomay en el pasado, hace todo real, todo presente, todo siempre sucediendo. La misma explotación de la tierra siempre presente. Por ello como también indica Miliani estos personajes que viven en tiempos disímiles lo hacen “bien como fantasmas o visiones, como figuras presentes en la realidad de la ficción donde se permite el mestizaje de los tiempos y de las acciones”. Por ello para él, a diferencia de otros críticos, como Orlando Araaujo(1927-1987), esta novela “no diferencia ni rompe los planos narrativos: los combina en una simultaneidad de tiempo narrativo único, el de un presente donde todo pasado se actualiza, donde todo futuro se vive en la cotidianidad de las confluencias, lo mismo en la acción que en los personajes y esta simultaneidad de los tiempos históricos atemporaliza los personajes para convertirlos en mito novelado(Tríptico venezolano. Caracas: Fundación de Promoción Cultural de Venezuela, 1985, p.100).

Es por ello que el narrador encuentra los papeles del pasado destruidos, es por ello que Nila es indígena en los días lejanos de la colonia y universitaria, llena de descreimiento por la ciencia, en el presente de esta ficción. Por ello las perlas siguen siendo el negocio a explotar, por ello las concesiones están presentes.

Para Araujo por su parte fuera de la ruptura de la narración lineal y la simultaneidad de los tiempos y espacios, que Miliani observa, como ya lo hemos visto, desde otro ángulo, el tema central de Cubagua, “la alquimia es su tema esencial” no es otro que el “secreto de la tierra”. Enigma que para Nuñez residía en la necesidad de “buscar en la propia sustancia de un pueblo sin fe, las fuerzas endógenas que le devuelvan la autonomía de su destino”. Y a esa búsqueda está dedicada la novela. Y ello hecho a través de personajes normales y míticos, a través de aquellos quienes persiguen la aventura del oro. Y esto hecho a través de dos tiempos(el pasado y el presente) los dos polos de la novela en cada momento; la presencia del pasado en el presente y del presente en el pasado, incluso hasta en los nombres. De allí que el relato sea siempre misterioso, siempre colindante y cercano al realismo mágico. De allí su atmósfera de misterio. De allí que “el relato nos envuelva en círculos. Los círculos del tiempo” como apunta Araujo(La obra literaria de Enrique Bernardo Nuñez. Caracas: Banco Central de Venezuela, 1972, p.43,23,50).

A estas visiones de Cubagua habría que añadir ahora otras consideraciones. En especial aquellas expuestas por Douglas Bohórquez(Escritura, memoria y utopía en Enrique Bernardo Nuñez. Caracas: La Casa de Bello, 1990, p. 29,30,31). Para él Cubagua es lo que Freedman ha denominado una novela lírica. Por ello, y dentro de esta significación, Cubagua resulta novedosa. A través de ella se introduce una nueva forma en la ficción venezolana. Esa nueva forma es el “realismo poético” el cual, como indica Bohórquez, no excluye el realismo mágico, ya que a través de lo mítico poético nos muestra como hemos perdido el paraíso. Para lograrlo, para hacernos ver eso, Nuñez anduvo a través de “una suerte de disolución y mezcla de las fronteras entre los géneros”. Logró así poetizar el mito, que es la esencia del realismo mágico, que no es otra cosa, como escribió Uslar Pietri que “la consideración del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinación poética de la realidad(Letras y hombres de Venezuela,p.254-255).

De allí que Nuñez proponga, a través de la técnica del palimpsesto, el descubrimiento de la realidad, de los días ya idos, que están tras las hojas de abajo, tal y como percibimos la historia de Vocci en la novela. En este sentido Cubagua, la isla, es ínsula y metáfora de la realidad. Y los personajes de la narración son míticos en el sentido que los mimos no se explican solamente en el presente sino a la vez en el pasado. Simultáneamente. Y todo porque Cubagua, “es la escritura y la historia de un reino perdido”(Escritura, memoria y utopía en Enrique Bernardo Nuñez,p.57).

(Leído en la sesión de “Los tertulieros se reúnen” en la sede la Fundación “Francisco Herrera Luque” la tarde del martes 29 de Noviembre de 2011).