Viernes, 20 de Octubre de 2017

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Cesia Hirshbein Cuentista

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Por: Roberto Lovera De-Sola

No es nada fácil pasar del cultivo de un género a otro, no siempre sus autores salen airosos, pero en este caso descubrimos el especial talento que para la ficción tiene la destacada critico y ensayista, Cesia Ziona Hirshbein(1946), mujer de sazonada cultura literaria. Con todo, con nuestros largos paliques literarios, ya de tres décadas y media, desde la lectura de su primera obra de ensayos y textos de crítica literaria Los cuadernos del anochecer(Caracas: Editora Venegráfica,1977. 178 p.) por allá en 1978. En este caso la lectura de sus Sombras sobre la luna de Van Gogh(Caracas: Editorial Lector Cómplice,2014. 87 p.) ha resultado todo un descubrimiento. Un talento narrativo, una especial gran sensibilidad, una versatilidad para su cultivo como la suya, dará que hablar en la república de nuestras letras.

Trece cuentos forman este primer libro de ficción de Cesia Hirshbein. Nos referimos a Sombras sobre la luna de Van Gogh, cuya lectura ha resultado más que gratificante para nosotros. Y deslumbrante en el caso del memorable cuento “Sombras sobre la luna de Van Gogh” que da título al conjunto.

El Arte de Escribir Cuentos
Es por ello que creemos que debemos comenzar con un repaso alrededor del cuento, qué es, qué se proponen sus cultores, ya que este sigue siendo el género narrativo más importante de la literatura venezolana, el cual ha conllevado un proceso creativo hondamente nutrido, hoy de ciento setenta y seis años, desde que se imprimió en El Liberal, de Caracas, el 25 de julio de 1837, el primero de los nuestros, “La viuda de Corinto”, de don Fermín Toro(1806-1865), cuento romántico, escuela que hay que poner en el umbral de nuestra literatura emacipada, traída a nuestras letras por don Andrés Bello(1781-1865) desde sus trabajos poéticos y críticos de sus días en Londres(1810-1829).

Para escribir cuentos hay que tener talento para expresión a través de la palabra escrita, una visión de la realidad y el conocimiento técnico de la estructura que el cuento requiere.

Luego hay que dedicarse a cultivarlo. Seguir el consejo de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), maestro sumo en su escritura, “Yo no daría a los que quieren escribir sino un consejo: escriban”.

Para hacerlo hay que tener la sensibilidad y la inclinación por su cultivo. Y hay que trabajar en su logro, no quedarse solo en aquellos que son bellos pero todavía en proceso. Hay que proseguirlos, trabajarlos, reescribirlos una y otra vez. El creador que no reescriba no es escritor, menos inventor de cuentos. El talento, no hay que olvidarlo nunca, es una larga paciencia, como lo dijo Gustave Flaubert(1821-1880), francés, maestro insigne de las letras universales del siglo XIX.

Ahora si el primer paso es escribir, el segundo es tener un maestro, que sea no solo un buen cuentista, sino una figura suprema del género. Y además tener cerca un lector ideal, que es el amigo y confidente a quien se le confían los originales cuando su creador piensa que ha llegado el momento de mostrarlos y escuchar sus observaciones. Pero hay más.

Para escribir buenos cuentos se requiere también leer, previo y durante todo el proceso de su escritura, buenos cuentos. Y el maestro insuperable de todos los tiempos es el ruso Anton Chejov(1860-1904). Sus textos deben ser siempre la escuela primordial para escribir cuentos. Sobra decir que el Chejov cuentista y el Chejov dramaturgo es para nosotros nuestro clásico preferido. Hace pocas años un profesor norteamericano, Richard Ford, formó la antologia chejoviana Cuentos imprescindibles, recogió en los inevitables del clásico, los veinte textos fundamentales. Siempre en el caso de Chejov los cuentos, que son siempre breves, son lo mejor y más depurado de su arte. Los cuentos largos o las noveletas, como “El pabellón Número 6”, que está en ese libro también, y debe leerse, no son los mejores. Chejov tenía el arte de la brevedad, que en si que es toda una aventura, un modo que todo cuentista debe conocer, practicar con seguridad y con constancia. La brevedad es todo un arte, el mas depurado, el más dificil y arriesgado. Hay en el caso de Chejov también la lista de sus mejores cuentos hecha por Leon Tolstoi(1828-1910), ¡nada menos!. Y otra que hizo Máximo Gorki(1868-1936), ¡hay que imaginar los grandes lectores que eran ambos!, queridos amigos de Chejov ambos. Algunos siempre han dicho, y creemos que no se equivocan, que el mejor de todos es “La dama del perrito” pero el conjunto de este escritor impar es tan alto, tan hondo y bueno que para nada nos quedaríamos solo con “La dama del perrito” que es, desde luego, insuperable. El crítico norteamericano Harold Bloom(1930) eligió del ruso “El beso”, “El estudiante” y, desde luego, “La dama del perrito”.

El otro maestro, también obligatorio, aunque fue en edad mayor que Chejov, pero siempre hay que poner al ruso primero, como lo hizo Harold Bloom. Se trata del francés Guy de Maupassant(1850-1893). Hay diversas colecciones de sus cuentos. Y creemos que sus novelas, al igual que Chejov, son menores, aunque interesantes, como las de Chejov, pero la brevedad del arte de aquellos es tal que los hace inevitables, en la lectura y en el aprendizaje de escribir cuentos. Ambos, desde luego, puede ser leídos por pura delectación. Bloom escogió dos de Maupassant: “La casa Tellier” y “La horla”.

Otro tanto podríamos decir del norteamericano Edgar Allan Poe(1809-1849), fundador del cuento policial, de quien podríamos destacar “Berenice”, “Ligeia”, “La caída de la casa Usher”, “Los asesinatos de la calle Morge” o “El escarabajo de oro”.

Ahora, en el desarrollo de todo arte no pueden dejarse de lado sus aspectos teóricos. Y entre nosotros tenemos una suma, la prepararon dos estudiosos del género, los críticos Carlos Pacheco(1948) y Luis Barrera Linares(1951). Es Del cuento y sus alrredores, sus compiladores recogieron en esa obra los textos críticos fundamentales sobre el género, escritos tanto por sus grandes cultores como por los interpretes del género. Nosotros solo añadiríamos ahora el trabajo de Mario Vargas Llosa(1936) sobre cuento, es reciente. Es el prólogo a su pieza Las mil noches y una noche y es portentoso como reflexión. Esta pieza del peruano, Premio Nóbel 2010, se basa en cuentos de Las Mil y una noches, obra que es donde aparece este género en su esencia. Están también en Del cuento y sus alradedores los escritos que sobre el cuento escribieron sus mejores cultores, Poe, Chejov, Horacio Quiroga(1878-1937), Alberto Moravia(1907-1990), Enrique Anderson Imber(1910-2000), Juan Bosch(1909-2001), Julio Cortázar(1914-1984) y nuestros Guillermo Meneses(1911-1978) y José Balza(1939). Los nombramos porque los cuentos de ellos deben ser leídos y sus meditaciones teoricas también. Falta en el conjunto Uslar Pietri, maestro indisputado del cuento latinoamericano y grande siempre entre nosotros, se debería decir algún día cuales son los cuentos suyos que consideramos los mejores. Existe la edición de sus Cuentos completos.

Existe también una vastísima antología del cuento venezolano en el siglo XX: La vasta brevedad que es más que recomendable. Fue compilada, lo sentimos al leer la selección, bajo la dirección de Carlos Pacheco. Allí están los mejores 78 cuentos del siglo pasado. Hay nombres destacables que no aparecen como David Alizo(1940-2008) y una persona que nosotros hubiéramos excluido por no haber logrado escribir un solo cuento bueno hasta ahora. Y creemos que ni los antólogos ni el editor de esta suma deberían haberse antologado, desde luego Carlos Pacheco está fuera de este juicio, él es un crítico a secas. Con todo es sencillamente “espectacular” La vasta brevedad, sentimos la mano de Carlos Pacheco siempre presente. Están allí, desde luego los mejores maestros del género, nuestros cuentos impares, “La mano junto al muro” de Meneses lo consideramos el mejor cuento venezolano; “La lluvia” de don Arturo sería el fundador del realismo mágico sino lo hubiera antecedido tres años antes el volumen Don Pablos en América de Enrique Bernardo Nuñoz(1895-1964).

Cuentos nuestros fundamentale están allí: “Arco secreto” de Gustavo Díaz Solis(1920-2012); “El Murado” de Humberto Rivas Mijares(1919-1981); “Las tres ventanas” de Héctor Mujica(1927-2003); “Un regalo para Julia” de Francisco Massiani(1944); ”La luna no es de pan de horno” de Laura Antillano(1950); “Retrato frente al mar” de Ana Teresa Torres(1945), son todos creaciones que definen a quienes los concibieron, constituyen momentos altísimos del arte de escribir cuentos. Y hay, además, unos cuantos rescates justicieros, como Ramón Hurtado(1892-1932), casi ignorado hoy, o Pedro Sotillo(1902-1977, o Enrique Bernardo Nuñez, hasta hace muy poco considerado como el regio cuentista que fue o la presencia de Alejadro Rossi(1932-2009). Hay desde luego en La vasta brevedad cuentos que nosotros, viejo lector de ellos, hubiera cambiado por otros de los mismos autores los cuales nos parecen mejor acabados. Pero con todo es magnífico este singularísimo libro.

Por cierto, volviendo a Vargas Llosa, él dice que los grandes cuentos de todos los tiempos son estos: en el El Quijote(1605), el episodio del encuentro de don Quijote con Roque Ginart, en la Segunda Parte; “El mono”, Isak Dinesen(1885-1962), de Seis cuentos góticos; “Una rosa para Emily”, de William Faulkner(1897-1962), de Estos trece; “El infierno tan temido”, Juan Carlos Onetti(1909-1994), de su libro El infierno tan temido; “El Aleph”, de Jorge Luis Borges(1899-1986) del voljumen El Aleph; “Carta a una señorita en París”, de Bestiario de Julio Cortazar; “Diles que no me maten” de Juan Rulfo(1918-1986) de su único libro de narraciones cortas El verano en llamas; de Francisco Ayala: “Diálogo entre el amor y un viejo” y de José María Argüedas(1911-1969): “La muerte de los Arango”. Dice Vargas Llosa “todas obras maestras absolutas”.

Por cierto nada se parece tanto a lo que nos sucede hoy a los venezolanos en estos días trágicos que lo que cuenta Cortazar a su “Carta a un señorita en París”, aunque también, en “Casa tomada”, también de Bestiario, escrita contra la dictadura de Perón.

Con “Sombras Sobre la Luna de Van Gogh”
En el libro que estamos prologando, en Sombras sobre la luna de Van Gogh, nos encontramos con un conjunto de trece cuentos, muy bien fabulados, exactamente bien hechos, casi siempre redondos, acabados. Son estas narraciones concebidas por una escritora de exquisita cultura, en ellos todas las formas y manifestaciones del hecho cultural están presentes, tal la música, y especialmente la ópera, las artes plásticas y, desde luego, siempre, la literatura en el espacio propio del género y en sus diversas referencias, entre ellas algunas intertextuales.

Se ha dicho que los temas de la literatura son el amor, la muerte y las construcciones fantásticas. Aquí el tema del amor está siempre vivo, al igual que el erotismo y los conflctos de pareja, especial tema de nuestro tiempo. Narraciones cortas son estas en las cuales se recrean situaciones humanas, bien conocidas, pero dignas de volver a ser miradas, desde el particular ángulo de cada autor, observados aquí desde la particular espectativa de esta escritora, quien siempre está consciente que “mientras sus pensamientos volaban y se trazaban con sansaciones de expectacion y miedo”(p.37), como se lee en “De la misma especie”; siempre haciendo uso de los dones de su imaginación, como vemos en “Delicias de un sauna”; sin alejarse del milagro y del dolor de vivir, este último el horno en que los humanos crecemos, de allí que en “L’Ultimo sospir” leamos “sintió en carne propia como el dolor del amor traicionado, le laceraba el pecho”.

Son variados los registros que hallamos en Sombras sobre la luna de Van Gogh: como el dolor infingrido por nuestra época, bajo el nazismo, a los judíos, en “Arbeit macht frei”; como la infidelidad conyugal y sus paradojas, en “Aguita de coco para el desamor”, “Pecados del paraíso perdido”; lo inesperado en “Sombras sobre la luna de Van Gogh”; el tema de los hermanos gemelos, aercandose al asunto del doble, en “Veneno para el alma”; las senderos del amor en “El círculo de los amantes”, “Delicias de un sauna”; el fin del matrimonio en “De la misma especie”, “Para ser una buena esposa judía”; lo más esplendido del amor vivido, perenne, en “Cenizas en tus labios”; lo cotidiano perturbador en “Equipaje culpable”, en “La fuerza del desatino”; una tragedia artística: la perdida de la voz, en “L’ Ultimo sospir”.

Las Estaciones de una Creadora
“Arbaeit macht frei”, ya lo hemos anotado, pone ante nosotros la inmensa tragedia que el nacional-socialismo impuso tanto a los judíos alemanes como a los de los países vecinos por ellos invadidos, tanto que quienes vivieron aquella experiencia envejecieron prematuramente, aceleradamente como aquí leemos.

“Agüita de coco para el desamor”, es el relato de la infifidelidad. Es cuento erótico, gama de registros en las cuales esta autora es muy constante. Allí vemos como “Desde la primera vez fue como un volcán de sensaciones”, ”¿Las lágrimas de placer que me resbalaban por las mejillas enrojecidas de los orgasmos?”, ”e hicimos el amor con desbordada fruiccion”, ”Esa felicidad atemporal duro diez días intensos y continuos”.

“Sombras sobre la luna de Van Gogh”, es para nuestro gusto el mayor cuento del conjunto. Es relato de gran atmósfera, en el cual la protagonista llega a un lugar espectral, sitio lejano en donde ella se observa mucho más solitaria que lo que estaba al principio, cuando atravesaba la carretera. Es el de este cuento un ámbito particular, tan oscuro como aquella casa en donde sucede la magistral nouvelle Aura(1962) del mexicano Carlos Fuentes(1928-2012), cosa que anotamos porque siempre la literatura está formada por una serie de vasos comunicantes.

Ya hemos mencionado el viaje, la autopista, el suceso que la lleva a preguntarse ”En que situación me metí”(p.21). Tanto que ”Estudió la forma de huir…Peor era quedarse, pensó en un primer momento…Para decir la verdad, estaba secuestrada, atrapada”(p.21).

En aquella casa desconocida, inexplicable, el gran arte estaba colgado en las paredes de aquella residencia a la cual llegó ella por pura casualidad, “un Cézanne, dos Renoirs, un Matisse, un Van Gogh, un autoretrato de Rembrandt, y al fondo, lo que parecía ser un bosquejo perdido bastante grande de “La última cena” del propio Leonardo. Incrédula, se restregó los ojos…salía de un equipo musical sofisticado, la gloriosa melodía del Oratorio de Händel, El Mesías”(p.19). Allí estaba, ella lo mirada llena de temor, pues nos sabía hacia donde iría, pero allí estaba en una de las paredes ”el cuadro más hermoso que viera de un Van Gogh”(p.21). Tal la atmósfera de aquella mansión, situada en uno de los recodos de aquella vía.

Allí estan también sentados a la mesa doce comensales, el mismo número que los Apostoles. Tras las mil conjeturas y el haber pesado una noche angustiada, lejos de su amigo, con quien venía a encontrarse, cosa que no pudo hacer pues se estropeó el carro, este termina rescatandola, “Pero bastaba ver a través de los ojos de Elena que el terror de esa pasadilla la acompañaría por mucho tiempo”(p.22). Tal la experiencia vivida, hondamente registrada en este singular relato.

“Veneno para el alma” es la historia de dos hermanos gemelos, nacidos uno sano(Castor), el otro enfermo(Polux). Serán en vida los dos polos, presente la envidia en uno y la venganza en el otro. De allí, ya lo hemos indicado, que nos encontremos en esta ficción que el tema del doble.

El asunto de “El círculo de los amantes” no puede ser más fascinante. Sucede en la Viena de fines del siglo XIX, que era en aquellos tiempos evocados una de las grandes ciudades del arte y del pensamiento europeo, en todas sus manifestaciones, momento en que aun faltaba tiempo para que París volviera a ser lo que que había sido en los días del romanticismo. Y que Berlin también lo fuera, en tiempos anteriores al nazismo, cuando el arte y las letras, como bajo toda dictadura, atravesara el camino de la esteleridad dada la falta de libertad, sin la cual nada prístino se puede crear.

“De la misma especie”, es una historia de amor. Está escrito en forma epistolar: “Cuando poco culpable soy, por él haberle puesto punto final a su vida, es por eso que sentí la necesidad de escribir esta carta para que deje de acusarme. Han pasado muchos años y aún usted sigue señalándome con sus ojos de hielo”, “Me pregunto como es que usted no sabía nada de mí, sobre nosotros; me hice mujer a su lado, logré graduarme y comenzar a trabajar en un compañía mercantil para que él pudiera seguir escribiendo”, “Tuvimos que separarnos con mucho dolor, y fue el día que supe de su existencia, señora Conti…pero saber que tenía una esposa no iba conmigo…definitivamente en una relación no caben tres”. Y, además, el amor no se puede esconder.

“Pecados del paraíso perdido” es otra historia de amor en el medio bohemio de la Caracas de los setenta, por los lados de Sábana Grande, década de nuestro destape pleno. Hora en que se dice, por un travieso, que las mujeres se bajaron las pantaletas. Aunque ellas replican: el momento en que nosotros les bajamos los pantalones a ellos.

“Cenizas en tus labios”, nos ofrece un relato que tiene la estructura de una elegía, escrita en evocación del amado marido fallecido, todo en medio de bellas areas de ópera, la otra gran fascinación de esta autora, menciones al “Miserere” del salmista, de Un baile de máscaras, de Guiseppe Verdi(1813-1901), entonado por la María Callas(1923-1977) o el segundo movimiento del Magnificat de Bach(1685-1750), oyendose a lo lejos la trompeta, siempre sobrecogedora, de Wynton Marsalis(1960). Y en medio de aquellas melodías, mientras ella camina por un parque, la súbita aparición de su amado, el “mismosimo David Alizo a quien vi delante de mi. Con la misma sonrisa seductora que yo le conocía hasta el día de su muerte tan prematura…Me murmuró…que por fin había encontrado la oportunidad impostergable de expresar lo mucho que me amaba, pues al apagarse su cuerpo, sus labios estaban como sellados”(p.51). Entonces “Lágrimas gruesas comenzaron a correr por mis mejillas encendidas y cuando quise abrazarlo, se esfumó y dejó tras de si una espiral de humo luminoso que sosegó a mi espíritu y me dejó temblando…se cerraba un círculo en mi vida y se abría una luz superior”(p.51).

“Equipaje culpable”, es un muy buen cuento sobre un asesinato, hecho en defensa propia contra los arrebatos de un vecino insoportable por los ruidos que provenían de su apartamento. Este cuento nos muestra una especial faceta en el tratamiento de temas como este, para el cual sentimos está bien preparada Cesia Hirshbein.

“Veinte malditos segundos” que en su primera escritura se tituló:“La fuerza del desatino” trata sobre la vida de un cantante, judío europeo, con una enfermedad arrastrada por la familia: los varones no crecían como era debido. Este cantaba viajando de un sitio a otro, con su hermana como manager, soltera impenitente ella. Ambos deben huir de su patria por la persecusión nazi en su país, así terminan recalando en Caracas, en donde él se casa con una mujer que para nada quiere a su hermana Perla. Aquel matrimonio se va convitiendo en una costumbre, aunque, pese a ello, a veces “Estaba feliz, y aún de vez en cuando podíamos consumar el ritual nocturno con unos abrazos envejecidos y la armonía de una coreografía mil veces ejecutada con cierto placer”. Pero “Cuando se gana dinero con facilidad, con la misma facilidad se va…y como suele ocurrir en estos casos, comenzó una época de mala racha y con ello el endeudamiento”. El, entonces, se dedicó al juego, contrajo deudas impagables, uno de los compañeros de juego terminó con su vida.

En “Delicias de un sauna” vuelve el asunto del amor desde otro sesgo. ”Desde el primer estreno de amor, a los diez y siete años, había descubierto que nada era más sagrado que el cuerpo humano, que tocaba el cielo cuando posaba sus manos sobre algún cuerpo que se le entregara. En esos momentos no importaba su altura”. Pero como siempre apareció el amor, como siempre lo hace este: viene, sin anunciarse, caminando hacia nosotros el día que menos lo esperamos. En este caso se llamaba Melinda. Aquel sería el torbellino de un amor apasionado. Ella “con su cabellera larga y despeinada aparecer ruidosamente en el gimnasio. Fue como ver aparecer una diosa, o una bruja con poderes agoreros…Enrique se la llevó de la mano, con la mayor discreción que pudo, para discutir fuera de nuestra vista. Sin embargo,desde lejos se oían los rumores de la conversación. Un escándalo total”.

“L’Ultimo sospir”, es decir el último suspiro, es otra historia de la ópera, radactaba con el gran saber y las mil vivencias que sobre este arte posee esta escritora. Se cuenta en esta narración una tragedia: los días finales de la voz de una cantante.

Y por fin, “Para ser una buena esposa judía”, otra vez el tema de cuando un matrimonio se convierte en rutinario, en un vivir sin sobresaltos, sin pasión alguna e inesperadamente aparece un nuevo amor, de improviso, como siempre sucede. Y al final el reencuentro apasionado con el ex marido, tras salir del tribunal donde se habían divorciado.

Cerramos aquí, creemos que estamos aquí ante la aparición primorosa de una nueva figura quien mucho dará a nuestra prosa de ficción.

San Bernardino:
Marzo 1,2013.