Lunes, 23 de Octubre de 2017

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Alrededor del Cuento Brevísimo

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Por: R.J.Lovera De-Sola

“Ningún texto se lee independientemente de la experiencia que el lector tiene de otros textos”
Umberto Eco:
Lector in fábula. Barcelona: Lumen,1981,p.116.


Tenemos que comenzar esta segunda sesión de nuestro Círculo de Lectura dando otra vez las gracias a nuestra anfitriona la librera y psicóloga Carolina Villegas y a la cálida gente de Liberarte gracias a los cuales pudimos, desde el mes pasado, iniciar estos palabreos acerca de libros y autores.

Nos hemos reunido esta tarde para tratar sobre el minicuento alrededor de los libros que sobre esta forma, relativamente nueva, de la invención literaria ha escrito la profesora Violeta Rojo. Así que vamos a trabajar hoy alrededor de dos de ellos, los fundamentales, la tercera edición de su Breve manual(ampliado) para reconocer minicuentos (Prólogo: Luis Barrera Linares. Caracas: Equinoccio, 2009. 214 p.) y la antología Mínima expresión, una muestra de la minificción venezolana(Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2009.447 p.), este último, obra clave para tal examen, pero no de fácil obtención pues es uno de los volúmenes que están “presos” por orden del gobierno actual como todos los que forman el tesonero trabajo hecho por la editorial de la Fundación para la Cultura Urbana que los publicó, bajo la dirección del poeta Rafael Arraiz Lucca, que ha logrado imprimir, desde el año 2001, más de noventa obras, todas fundamentales para la comprensión de Venezuela, tal como es el caso de Mínima expresión, varios de los pocos ejemplares que logaron atravesar el bloqueo de la censura son los que están a la venta hoy en esta librería. Un hecho como este nunca había sucedido en nuestro país, menos que todo el trabajo de una editorial haya sido secuestrado, con llaves y candados, por la Superintendencia de Bancos, una dependencia que para nada es una institución cultural.

Lo que nos Ofrece
Para estimar el extenso trabajo que no ofrece Violeta Rojo debemos señalar que ella nos entrega todo un fascinante sendero de interpretación creadora a través del cual nos ofrece una amplia, y novedosa, acotación que debemos situar dentro de la teoría literaria de las letras de nuestro tiempo. Es, desde luego, un precioso acceso al género del minicuento que hay que verlo también desde el punto de vista de la crítica literaria, así teoría e interpretación literaria se unen en los libros que nos dan pie para nuestro coloquio de hoy.

Los Rasgos de Brevedad en la Literatura
Sin embargo, previamente, deseamos iniciar esta incursión sobre los estudios y análisis Violeta Rojo deteniéndonos, antes de hacerlo con el minicuento, en lo que podemos denominar los textos breves de la literatura: tanto en los cuentos como en las novelas cortas, modos por los cuales este crítico siempre ha sentido fascinación, tanto por su lectura como por su examen interpretativo. Ambos modos requieren una especial maestría en la escritura dado que la brevedad es un arte. No es que sea mejor y superior a la novela, sencillamente es distinto y requiere otros parámetros su escritura.

Dice Violeta Rojo en su libro que “conseguir la brevedad es difícil y trabajoso. La brevedad produce imaginación, agudeza, sutileza, ‘es el alma del ingenio decía Polonio en Hamlet”(p.63). Coincidimos con ella.
Esa destreza es tan necesaria en el cuento como las llamadas noveletas. En ambos casos “la brevedad es su característica esencial”(p.44) como dice Violeta Rojo con relación al cuento. Pero no solo en este caso.

Cuando nos referimos al arte en la creación del cuento preciso, exacto, directo, es obligatorio siempre pensar en Anton Chevoj(1860-1904), el indiscublite maestro universal del género. La brevedad de los suyos siempre termina encantando a sus lectores. Para lograr tal dominio el gran ruso debió trabajar cuidadosamente porque originalmente no pensó escribirlos así pero su primer editor le exigió dos cosas: uno la brevedad, tenía que atenerse al espacio, muy corto, que le asignó. Y, además, no era menos importante también, debía tratar sus temas de tal modo que la censura de la Rusia zarista no prohibiera su publicación, además, en tercer caso, no le convenía que dejaran de publicarse, porque vivía de ellos. Fue gracias a sus memorables cuentos que pudo llegar a ser médico, darle educación a sus hermanos y mantener la familia después de la quiebra del padre. Y el magnífico Chejov logró todo aquello. Es en nuestro caso de hoy un ejemplo máximo, es nuestro clásico favorito, tanto como cuentista que como dramaturgo.

En el caso de la novela corta hay que señalar un hecho literario singular: todos los grandes escritores, los europeos, los norteamericanos, los latinoamericanos, sienten un día la necesidad de darnos un texto breve. Es como una necesidad. De allí han surgido pequeñas obras maestras. Damos un ejemplo reciente que es singular: la nouvelle El baile(1930,Barcelona: Salamandra,2006.94 p.) de la ruso-francesa Irene Nemirovsky(1903-1942), es un caso recientísimo de la plenitud de la brevedad, le b bastaron noventa y cuatro páginas para desarrollar su asunto que es apenas uno: la oposición que tiene una adolescente contra la impostura de los adultos. El manejo que la Nemirovsky da a la concisión es maestra.

El otro caso que se podría citar es el de Jorge Luis Borges(1899-1986) quien nunca escribió una novela pues pensaba que bastaba con el laconismo del cuento. Por ello anotó: “Desvarío laborioso y empobrecedor de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”(1944,Ficciones. Caracas: Biblioteca El Nacional,2000,p.10). Es esta una de las mejores explicaciones del uso de la brevedad en la literatura.

Esto mismo habría que considerar también dentro de la concisión en la poesía, tal podría ser el caso del haiku japonés o esos poemas vastamente concentrados de ciertos autores o aquellos poetas quienes en su madurez, o más bien en su vejez plena, eligen solo las palabras necesarias para decir lo que desean, caso por ejemplo de los textos del final de su vida que concibió nuestro Fernando Paz Castillo(1893-1981).

Sin duda, el preámbulo, a nuestro entender, para comprender la minificción es el conocimiento de la literatura de la brevedad cuyo perfil acabamos de trazar en sus líneas más manifiestas. La brevedad, concluimos, no es escasez, ni poquedad, ni mengua, en literatura.

Entrar en el Minicuento
Ahora entrando en nuestro tema de esta tarde, no creemos que quede duda que leer minicuentos es vivir toda una experiencia de la escritura y de la creación literaria porque aunque parezcan fáciles y sencillos exigen particulares condiciones y una inmensa capacidad para su corrección de parte de los escritores que los cultivan. Es solo así que se puede llegar a la suma máxima de perfección que requieren.

Problemas del Mincuento
Ahora bien lo que más preocupa a Violeta Rojo desde el punto de vista del análisis crítico del minicuento estriba en el hecho de que este aun “No es visto como una forma literaria seria, por ende no se estudia, pero cuando se estudia como no es una forma considerada seria, se hacen análisis un tanto superficiales”(p.21).

Se le llama, indica, de diversas maneras, cosa que ella examina con detalle, pero elige el término minicuento por ser su nombre más habitual y por expresar para ella “los dos rasgos diferenciadores más importantes en este tipo de narrativa: es muy breve y es un cuento”(p.27).

Que es un cuento es un hecho que no se puede soslayar. En el más famoso minicuento, considerado el cuento más breve de la lengua española, para Wikipedia el más breve de la literatura universal, “El dinosaurio” del hondureño Augusto Monterroso(1921-2003), a quien cierta gente considera guatemalteco, y otros mexicano, por sus largas residencias en esos países. Pues bien si “El dinosaurio” en su primera lectura resulta sorprendente cuando volvemos a él lo hallamos como un cuento completo, a pesar de que solo tiene una línea. Al leerlo: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”(p.103), lo encontramos en toda la extensión como lo que es: un cuento. Y podemos observar que hay dos personas que están presentes, el hombre(o la mujer) que estaba durmiendo, y el animal. Además, si seguimos analizando, nos damos cuenta que se trata de un cuento de terror, la situación provoca miedo, nos sentimos desnudo ante el peligro. Pero es también un relato de final abierto porque podemos fantasear si el dinosaurio ataca al(o a la) protagonista, si se queda quieto o si simplemente se da la vuelta y se va. Tal la maestría del gran Monterroso. De allí que tras mucho leerlo siempre surjan ante él preguntas como estos:¿Cuándo se tardaría en formar tan perfecta pieza?¿cuantas veces lo corrigió para hacer lo que es ese relato, tan bueno que siempre nos deslumbra con las diversas interrogantes que nos sugiere.

Para cerrar aquí: “El dinosaurio” fue publicado por vez primera en 1959 en el libro de Monterroso Obras completas(y otros cuentos), el título de hecho es una boutade, y fue considerado el más breve de la lengua castellana hasta el 2005, por suerte dos años después de la muerte de Monterroso que se fue al cielo con su inmenso logro. Se dice que ahora el más breves el de Luis Felipe Lomelli, en él se lee: “Olvida Ud. algo –ojala”. Este una buena muestra de lo que algunos denominan “literatura bonsai”.

Cómo es el Minicuento
Para Violeta Rojo un minicuento tiene estas señas: “a)Son muy breves…lo más frecuente es que tengan una sola página; b) Pueden o no tener un argumento definido; c)Suelen poseer lo que se llama una ‘estructura proteica’, esto es, pueden participar de la características del ensayo, de la poesía, del cuento mas tradicional y de una gran cantidad de otras formas literarias: reflexiones sobre la literatura y el lenguaje, recuerdos, anécdotas, listas de lugares comunes, de términos para designar un objeto, fragmentos biográficos, fábulas, palíndromos, definiciones a la manera de diccionarios, reconstrucciones falsas de la mitología griega, instrucciones, descripciones geográficas desde punto de vista no tradicionales, reseñas de falsos inventos, poemas en prosa; d) exhiben un cuidado extremo en el lenguaje; e) es común en ellos el uso de “cuadros”, según la terminología de [Umberto]Eco o “marcos de conocimiento”, según la conceptualización de [Teun] Van Dijk…es común el uso de intertextualidad y…de metaliteralidad”(p.22-23).

Para ella sus características esenciales son: “la brevedad…la práctica de un lenguaje trabajado y preciso, la utilización de una anécdota comprimida, el uso de cuadros o ‘marcos de conocimiento’ y el carácter proteico…la brevedad…del minicuento es extrema”(p.44). Es pues un texto literario de “impecable prosa, concentración y economía verbal”(p.55). Tanto que indica que “conseguir contar una historia en pocas palabras es una labor de expertos, de conocedores del lenguaje, de rigor extremo en el uso de de las palabras”(p.64) sino es imposible su creación. Esta precisión, esta excactitud, esta precisión, en el lenguaje, apunta Violeta Rojo, “hace que un minicuento sea muy difícil de escribir”, “en los minicuentos el autor provoca el cuento, y el lector lo termina”(p.77).

El Problema del Género
No se les escapa a Violeta Rojo tratar en su libro el problema del género, sin duda el minicuento vive en el suyo especial. Al hacerlo no se le escapa el hecho de los géneros se han ido rompiendo en las letras contemporáneas, pasando características de un género a otro. De hecho el minicuento se ha abierto un ámbito. Por ello puede observar “Podemos ver que el minicuento resulta tan extraño, tan poco clasificable, tan alejado de lo tradicional porque es un nuevo género, o subgénero, se está formando otra forma narrativa”(p.87).

Es así porque vivimos los lectores dándonos cuenta la forma como los géneros invaden a los otros modos de expresar los universos imaginativos. ¿No se si se han fijado los lectores que mucho de lo mejor de la poesía de estos días lo encontramos en las novelas?

Por ello indica “la minificción depende tanto de la sugerencia, la intertextualidad, la parodía y los hipotextos”(p.183), “la hibridez es una condición tan característica que se da por sentada”(p.183). Pero el cruzamiento, lo heterogéneo, se dan cita en los modos más diversos de escribir literatura, hay hoy inmersiones en la realidad, podría ser el caso del género policial, es solo un ejemplo, en el que vemos que todos los materiales, de muy diversa índole caben, así su vientre es fecundo. Y son policiales siempre que nos les falte: el asesino, un crimen y un policía que lo intenta esclarecerlo. Pero junto a ello caben numerosas variantes, desde el amor y sus tortuosos caminos hasta asuntos hondamente eruditos como en El club Dumas(1993, 20.ed.Madrid: Alfaguara, 1997.493 p.) de Arturo Pérez Reverte(1951). Igual puede suceder en las novelas o cuentos históricos.

Y el entrecruzamiento entre los géneros es tal que hay obras que se pueden leer pensando que son una cosa y ser interpretadas como otra. Tal el caso de la unidad de libros que para algunos son de cuentos pero en que realidad pueden ser considerados novelas. Tal Penas precoces(Barcelona: Muchnik Editores,2000. 121 p.) o Una tumba para Boris de Davidovich(Barcelona: Anatilado,2010. 185 p.) del serbio Danilo Kis(1935-1989), lo mismo sucede con El hombre es un gran faisán en el mundo(Madrid:Siruela,2009. 120 p.) de la rumana Herta Müller(1953), todas pueden ser leídas como sucesión de cuentos o como novelas, dadas la unidad de contenido y de registro. Los tres libros son creaciones impecables y bellas, obras de escritores muy destacados, de hecho Herta Müller obtuvo el Premio Nóbel de Literatura(2009), además son todas obras muy dolorosas las tres por proceder de las memorias de escritores del mundo excomunista, de todos aquello que se nos ha dado a leer tras 1989, la Caída del Muro de Berlín, carácter de nuestra época.

Así que lo heterogéneo del minicuento cabe entre los registros de la literatura que hoy se cultiva en el mundo. De allí que la variedad de asuntos que entran en el minicuento son plenamente válidos.

Un Intento de Definición
Creemos que podemos cerrar la fascinante parte teórica de la indagación de Violeta Rojo con su intento de definición del minicuento. Es una exposición muy completa, la cual puede hacer dado que se ha detenido en todos los asuntos que esta nueva formar de abordar la realidad plantea tanto al lector como a su estudioso.

Esta es su definición, toca la órbita íntegra del género: “el minicuento es una narración sumamente breve (no suele tener más de una página impresa), de carácter ficcional, en la que personajes y desarrollo accional están condensados y narrados de una manera rigurosa y económica en sus medios y a menudo sugerida y elíptica. El minicuento posee carácter proteico, de manera que puede adoptar distintas formas y suele establecer relaciones intertextuales tanto con la literatura(especialmente con formas arcaicas) como con formas de escritura como con formas de escritura no consideradas literarias”(p.94)

En Venezuela
Tal y como lo indica Violeta Rojo en su Breve manual(ampliado) para reconocer minicuentos este es, desde luego, un nuevo género, reciente, situable entre nosotros a fines de los años sesenta del siglo XX, aunque ella ha encontrado sus antecedentes, en la literatura venezolana, en textos de José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) que datan de 1925 y 1929. Entre los escogidos, pongamos por ejemplo, “El Mandarín”(de Las formas del fuego,1929) que sin duda permite una lectura narrativa, es un minicuento, tiene treinta y un líneas.

En los minicuentos venezolanos, nos dice Violeta Rojo, encuentra “narraciones poéticas, recuerdos de provincia, textos experimentales, ciencia-ficción, relatos intertextuales que establecen relaciones con el cine, el comic, la trelevisión, los cuentos de hadas, así como fábulas, bestiarios, autobiografías, chistes, cuentos cortos, relatos góticos”(p.156)

Entre los nuestros, que son ya hoy numerosísimos, como lo puede observar quien repase Mínima expresión, hay que citar entre sus nombres fundacionales actuales a Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990), si bien en su caso su libro paradigmático dentro del género es El osario de Dios(Cumaná: Pua, 1969.158 p.), pero de hecho meses antes había ingresado en la parquedad extrema con los preciosos relatos de La parada de Maimos(Caracas: Monte Ávila Editores,1968. 103 p.). En el caso de El osario de Dios, un libro esencial de la narrativa venezolana, cabe también advertir que con el encanto de la serie de estos cuentos brevísimos, a veces de dos o tres líneas, su autor formó, si lo miramos desde cierto ángulo, como el que hemos insinuado antes, una novela. En nuestra literatura El osario de Dios tiene el valor que en la latinoamericana, en el nuevo telurismo, en el neo-regionalismo como lo hemos denominado, siempre mágico, tiene Cien años de soledad(Buenos Aires: Sudamericana,1967.351 p.) de Gabriel García Márquez(1927). En esto no podemos soslayar la confesión de Armas Alfonzo que para él leer a García Márquez había sido como mirarse en un espejo. En el campo del minicuento nosotros añadiríamos también el volumen de Armas Alfonzo, el último de los suyos, Los desiertos del ángel(Caracas: Monte Ávila Editores, 1990.162 p.). Creemos no equivocarnos al decir que fue el entrañable Armas Alfonzo, persona inolvidable para nosotros, quien aclimató el minicuento al proponer a nuestra consideración los textos de El osario de Dios, llamado con razón por Orlando Araujo(1928-1987), “libro de versículos”.

Otros de los adelantados del género son Gabriel Jiménez Eman(1950) con Los dientes de Raquel(Mérida: La Drama y el Dragón,1972.64 p.), Ednodio Quintero(1947) con La muerte viaja a caballo(Mérida: La Draga y el Dragón,1974.49 p.) y Armando José Sequera(1953), quien si bien ya en 1977 había publicado un primer cuaderno con relatos muy breves(Me pareció que saltaba por el espacio como una hoja muerta. Caracas: Celarg,1977.67 p.) nos ha dado en La comedia urbana(2002,Caracas: Monte Ávila Editores,2005.411 p.), quizá el mayor libro del género después de El osario de Dios.

Tal las muchas meditaciones que nos imponen la lectura de los análisis sobre el minicuento que nos ha ofrecido Violeta Roja así como los sabrosos textos de nuestros minicuentistas.

(Leído en el Círculo de Lectura de la librería Liberarte, Caracas, en su sesión del martes 15 de Marzo de 2011).