Miércoles, 16 de Agosto de 2017

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Al Azar del Viento

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Por: R.J.Lovera De-Sola

De hecho la obra anterior de Ana María Velazquez, sus dos libros de cuentos, Con los ojos abiertos(Caracas: Ipasme,2008. 113 p.) y Creí que me besarías antes de partir(Caracas: Areté,2009. 68 p.) nos permitía vislumbrar una delicada vocación suya por el cultivo de la narrativa, de hecho algunos de los relatos del segundo de estos volúmenes, sobre todo aquellos en los cuales, como entradas de un diario, se detenía ante ciertas criaturas femeninas, nos hablaban ya del camino emprendido, sendero que ahora se confima en su primera novela Al azar del viento(Caracas: Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice, 2012. 223 p.).

Cuando hacíamos la primera lectura de este libro lo que nos venía a la cabeza y a la sensibilidad era el hecho de la forma como su autora nos había logrado hechizar con su libro. No sólo era una muy buena obra, marcaba el inicio del cultivo del género para su autora, sino que observábamos, mientras pasábamos sus hojas como en su narración todo era exacto: la creación de la novela histórica, que lo es, las historias de los personajes, la visión de la época, la fabulación de la vida humana, la penetración en la hondura de los seres humanos, los hombres y las mujeres, el modo de mostrarnos a cada uno, sentimos que con todo su saber jungiano, nos muestra que los seres humanos son ángel y demonio. Y todo ello expresado con tanta belleza, en tan hermoso estilo. Esta novela que tendrá su grande acogida, quizá por su tema central, una controvertida relación amorosa en la Caracas de los cincuenta, pero que los verdaderos lectores verán, en su lado más hondo y profundo, porque su asunto central es la condición humana y todas sus paradojas. Al pasar sus páginas nos venía en cada instante a la mente aquel verso del gran Miguel Hernández(1910-1942), “he aquí al hombre/he aquí su contradicción”. Además, Al azar del viento es obra entrañablemente caraqueña, esta hecha con nuestra arcilla y como verdadera escritora su autora muestra el doble fondo de nuestra psiquis y de nuestra realidad, lo bello y lo oscuro que son las sociedades y las personas que las forman. Y como es una historia de amor nada puede definirlo mejor que el título dado al volumen: “al azar del viento”, así nos llega siempre el amor: viene caminando hacia nosotros el día que menos lo esperamos.

Aquellos Días
Esta es una novela que sucede en los años cincuenta, bajo la dictadura perezjimenista, asunto hasta ahora poco tocado por nuestros novelistas, solo iluminado hasta ahora, con certeza, por Boris Izaguirre(1965) en su Ciudad diamante(Caracas: Planeta,2007. 490 p.) y ahora por Ana María Velzquez en Al azar del viento. Por cierto, tres de los personajes de Villa Diamante, llamados en ella Graciela Uzcátegui, Gustavo Uzcátegui y Pedro Suarez, son también los protagonistas de Al azar del viento.

En ella hace luz en aquel ámbito. Leemos: “Hubo un tiempo en Caracas en que todos bailaban…Era la época dorada. Nadie se daba cuenta de que aquella felicidad era falsa. En verdad había mucha oscuridad, intolerancia, prejuicios y odios de toda clase”(p.9). Alumbrar lo no claro, lo oscuro, es la misión del novelista, llamado como todo intelectual a quitar las telarañas. Y ella lo hace a través de dos seres, un hombre, Roberto Yánez, y una mujer, Helena Vegas, “la pareja más controvertida en la historia del país”(p.9) de entonces, así los llama.

Los Nombres de los Protagonistas
Al leer Al azar de viento, esta es nuestra tercera lectura, no nos deja de llamar la atención la buena elección de los nombres de los protagonistas. Eso es algo que todo creador hace con especial cuidado. Helena Vegas, aquí concita estas referencias, que vienen de muy atrás, de la antigüedad clásica. Elena, aunque aquí está escrito con “h”, fue la mujer que provocó un conflicto, el primero de la historia literaria, el que aparece en la Ilíada de Homero, la obra con que comienza la historia literaria occidental. Los amores de Elena provocaron la contienda, cuando dejó a Menelao al ser raptada París, lo que dio origen a la guerra de Troya. El nombre de Elena, escrita de cualquier de las dos maneras, creó el gran arquetipo de los femenino, tanto como Eva en la Biblia hebrea, o Lilith en los textos rabínicos. Las obras de erudición señalan que Elena con “h” o sin ella se refiere a la misma persona y al mismo hecho: la mujer cuya belleza y atractivo todo lo perturba. Igual la Helena caraqueña de esta historia provocaría un gran conflicto que permanece vivo en la memoria de las gentes de la urbe.

El nombre de Roberto Yánez también nos hace pensar porque en la antigua lengua germánica quiere decir el que brilla, el que resplandece.

Entre los tres hubo una víctima: el marido abandonado, Guillermo Vegas en la trama. El que poco tiempo después murió en un accidente manejando su lujoso carro de carreras.

En la Entraña de sus Líneas
Ya lo hemos indicado: es lo propio del oficio de escritor revelar la verdad, lo que está detrás, el doble fondo. Es lo que hallamos recreado, en una suerte de roman a clef, en Al azar del viento. Aquí se nos cuenta la historia de una tragedia sucedida en Caracas, guardada en su esencia por las diversas generaciones, trasmitida oralmente a nietos y bisnietos. Hecho sucedido en aquella sociedad nuestra de los cincuenta, aparentemente conservadora, pero con su hondo doble fondo. Muchas de las que criticaron a Helena por haber abandono el marido y haberse ido con el policía lo hicieron por envidia, por no atreverse a hacerlo, sobre todo ellas. Aquella sociedad nuestra, aun hoy, después de la revolución sexual de los sesenta, sigue siendo una sociedad con hondo miedo por la sexualidad y sus consecuencias, asunto que está en la esencia de esta sabrosa novela, quien la abra no podrá dejarla hasta llegar a su última línea.

¿Podría ser que la Helena del relato lo llegó a vivir todo? “Ella los había tenido a los dos, el bien y el mal, el mal y el bien, en su regazo, contenidos ambos en su eterno abrazo femenino…todo lo que pasaba en la vida era importante…Todo tiene sentido, nada pasa al azar. Es parte de un plan perfecto. Para quitarnos el miedo a vivir, Helena, para ayudarnos a encontrar el camino”(p.221).

Y todo aquello sucedió en aquella Caracas que crecía en los años cincuenta, tiempo en que llegó a su primer millón de habitantes(Octubre 1,1955). Pero era una urbe en donde “se hacían vidas privadas muy distintas a las públicas”(p.47), en la cual hablar era “encender la chispa del chisme, del comentario malicioso al que era tan dada la gente de Caracas”(p.32).

Helena pensaba, mientras vivía aquella pasión que la envolvió de por vida, que todos ”estamos…al azar del viento”(p.17), “Con pesar Helena comprendía que el desasosiego se había instalado en su casa mucho antes de que apareciera Roberto”(p.35). “Ella, preciosa, delicada, él, viril, atractivo, de mirada retadora”(p.40). Se habían conocido sin pensarlo, sin proponérselo, que es como llega el deseo. El lo recordaba: “Entonces se acordó de Helena Vegas descendiendo una escalera, como una diosa, sonriendo juguetón, encontrándolo interesante, buenmozo, dejándose envolver en su pasión de hombre ardiente”(p.82). Así fue.¿No es la sexualidad el motor de la vida?. Tal su soliloquio:

“Había deseado a Roberto desde el primer día. Ésa era su gran verdad, su gran pecado. Ella sabía que estaban trasgrediendo la moral, que por su condición de mujer casada, pero no le importaba. Si en ese momento él le hubiera pedido subir a la habitación y acostarse con él, lo habría hecho, si le hubiera pedido desnudez, masturbaciones, felaciones, cualquier cosa, ella habría accedido. Lo hubiera hecho aun si fuera virgen, sus instintos exacerbados, la hubieran guiado. Cuando él puso sus manos fuertes en su pequeña cintura y la atrajo más hacia sí, cuando sintió su jadeo de hembra rendida junto a su oído, cuando le abrió los pantalones y le metió la mano para tocarle la vagina, cuando sintió su humedad impregnando sus dedos y gimió de placer, cuando le apretó sus nalgas, cuando le acercó su boca e hizo, con la mandíbula, un gesto algo brusco para que ella abriera la suya, ya Helena estaba perdida” (p.41).

Los Protagonistas
Aquellos amores fueron escandalosos en aquella ciudad, pero siempre estuvieron encubiertos por el dinero y por el poder. Roberto tenía tal dominio de la situación que el gobierno se mantenía firme gracias a él y al Ministro de Relaciones Interiores, eran sus bases de sustentación. Expulsados ambos la dictadura solo duró diez días más, cuando amaneció la décima jornada ya el dictador huía.

Ella “era una mujer de muy buena posición. Roberto un político que había salido de abajo”(p.87). El matrimonio de ella con Guillermo, el tercero del trío, había fracasado cuando apareció el amante, tal su íntimo meditar: ”Tenía que aceptarlo. La actitud de Guillermo no era la de un hombre enamorado. Ni la de ella. Los dos se mentían descaradamente”(p.57). Y todo había acabado porque el amor por Guillermo había concluido. Tal este monólogo de ella: ”esa noche se sinceraba consigo misma: amaba otro hombre con locura, con una obsesión que la desarmaba en pedazos y la volvía a construir en cada encuentro, pero le costaría mucho dejar a su marido”(p.58), “Había sido arrastrada por la pasión hasta el mismo centro del laberinto y ahora se le revelaban muchas, muchas verdades que antes no había querido ver”(p.58),“Moriría sino lograba escapar”(p.58). Un día lo hizo. En una fiesta en el Club Paraíso, en donde llegó con su marido, se escapó con Roberto, “Desde esa noche, y para siempre pasaron a ser los protagonistas del mayor escándalo jamás visto en Caracas”(p.104).

Aunque no era el primer abandono, hacía varias décadas la primera esposa del poeta Andrés Mata(1870-1931), el fundador de El Universal, había hecho lo mismo: se había ido con un torero, por allá por 1915, tal lo relató Rufino Blanco Fombona(1874-1944) en El hombre de oro y más tarde Antonio García Ponce(1929) en La insolencia de un olvido. También Laureano Vallenilla Lanz(1911-1973) registra este hecho en su Escrito de memoria. Y mucho antes, largo tiempo atrás: Manuelita Saenz(1797-1856) dejó al marido diciéndole en su carta de despedida que “serían esposos en el cielo”. Lo hizo para irse tras su General y muerto este nunca se le volvió a conocer amor alguno; José Antonio Páez(1790-1873), tras Carabobo, en 1821, abandonó a su esposa doña Dominga Ortiz(1792-1875) para irse con Barbarita Nieves, y muerta esta, a la que debió amar mucho el caudillo, nunca se le conoció, en los veinte y cinco años que la sobrevivió, otra mujer en su vida. Así vemos que lo que se nos cuenta en Al azar del viento es una de esas historias de amor que tanta huella dejan en los que las viven.

Enamorados de aquella forma: “La pareja se sentía dueña del mundo, amparada por el destino, viviendo una historia de dioses, un placer solo reservado a seres especiales”(p.107), para ella ”En los brazos de Roberto se desdibujaban los límites del mundo”(p.151).

El protagonista masculino Roberto Yanez, es en la trama de Al azar del viento, personaje de negra historia, jefe de la policía política, asesino y torturador, persona a quien desde muy joven ”lo prohibido le pareció excitante. Lo condenado, mejor”(p.77), ”El mote de policía oscuro y sombrío se lo puso la oligarquía venezolana”(p.23). Aquel ”policía era educado y buenmozo… no lograba ocultar su talante de gamberro y guapetón de barrio y, sobre todo, no respetaba a las mujeres, ni solteras ni casadas”(p.39). Llama siempre la atención, en este Lucifer, ”La mirada de Roberto, su gesto altanero, su seguridad al andar, amedrentaban a cualquiera. Tenía una postura tan afianzada en su masculinidad, en sus talones de pisar fuerte, una virilidad tan a flor de piel”(p.39). En algún momento, tras el encuentro con Helena, una de las mujeres más bellas de Caracas entonces. Pero no la primera, la más bella era en aquellos días nuestra bella guaricha Susana Dujim. Roberto se fue tras Helena, él también perdió la razón, “no se la dejaría quitar por nada(p.89). Todavía hay testigos que recuerdan la noche en que elegantísimo, de smoking, se acercó a ella y le puso seis perlas negras en su copa. Lo negro, nos dice la simbología, recuerda la pasión, lo nocturno, en donde siempre se sitúa el erotismo, más en la mujer cuya vagina vive en la perenne nocturnidad.

Historia Paradójica
Ana María Velazquez, ya lo hemos señalado, nos pone ante una historia paradójica, como lo es siempre todo lo humano. Alguien le dijo a Helena:“Mire… yo no lo veo malo del todo. Tampoco bueno”(p.53). ¿Fue ella ángel y demonio(p.146)?, los dos rostros de lo humano, alguien que se dieron cita se dieron cita el bien y el mal(p.221). Lo sano es mantener lo sano sobre lo insano. Pero cuando Pedro Botero domina estamos ante el abismo de la maldad. ¿Pero es demoniaco un amor absolutamente apasionado?.

La Muerte del Esposo
Guillermo, todavía el esposo de Helena, pues se habían separado y no divorciado, murió a poco en un accidente manejando su Jaguar(p.117-118). Corría el año 1954, él tenía treinta y tres años. Los numerólogos podrán hacer su interpretación de lo sucedido en aquella edad, la misma de la muerte de Cristo. La narración del accidente es uno de los momentos memorables de esta novela(p.117). Hay, desde luego, otros también subrayables. Pero otra vez aparece el drama: ella viuda se presenta en el velorio del esposo a quien había dejado ante la vista de todos, “Todos esperaban la llegada de Helena, la esposa infiel, aun la viuda legítima”(p.130). Dice la novelista: “Ese amanecer de Junio…Helena se convirtió, para todos, en una mujer maldita. En una noche había pasado de ser la más bella de Caracas a ser la pesadilla más temible para una familia, el arquetipo de mujer de la que había que apartar a los hijos a como diera lugar. La que traía la muerte en las entrañas. La mala”(p.122), la encarnación de “un rumor que dejaba asomarse un nombre que nadie se atrevía a pronunciar en voz alta Helena”(p.122). Era la casada infiel.

Y casi inmediatamente se dijo de boca en boca aquello de que el amante, con todo su poder, lo había hecho asesinar poniendo una pala mecánica con el motor encendido pero con las luces apagadas en medio del lugar en donde él corría con su carro. Es una de las leyendas de Caracas. Se lee en Al azar del viento: “Por más que habían negado que ellos hubieran tenido que ver con lo que le pasó a Guillermo, las dudas continuaban, el malicioso rumor seguía”(p.67). En otro pasaje se lee: “El problema es que hay muchos rumores. Ya la muerte de mi hijo es un caso que se ventila en todas partes…Yo sé doñita. Pero eso es algo que escapa de nuestras manos. Es verdad que el rumor es muy fuerte, sobre todo después de la visita de los comisarios esta mañana. Todo el mundo cree que a Guillermo lo mandó a matar el gobierno por el asunto con Helenita” (p.125); o este otro, varios años después, “hemos recibido informes de nuestro embajador en Caracas, y existen sospechas de que usted y su esposa estuvieron involucrados en la muerte de Guillermo Vegas: ¡esos son chismes malintencionados”(p.200), respondió Roberto; “que la gente que no los quería se había inventado una historia infame con lo de la muerte de Guillermo. Todo por odio”(p.209). Sin embargo, ambos llegaron a pensar: “La gente, con el tiempo, se olvidará y dejará de comentar”(p.125): ello nunca sucedió, aquello está vivo y sigue atravesando generación tras generación.

Momentos Memorables:
Tiene Al azar del viento, volumen de cuidadosa escritura, fragmentos que todo lector guardara entre sus tesoros. Uno de ellos es este bello trozo, el último párrafo de una de sus páginas, síntesis de alguna forma de lo vivido por Helena:

“En cambio, para Helena el mundo ahora se resumía a una sola creación, Valeria, a un solo interés, Roberto, a un solo vestido, su piel cubriéndola de pies a cabeza, a un solo deseo, su boca junto a la suya, sus manos buscando sus senos bajo el suéter, tomando su cuello, su cara varonil aguardando, con inmenso placer, a que ella se quitara la ropa. Se mantenía atada a él, perdida en la vida por él. Lo amaba como nunca había querido a nadie”(p.190).

Ese fue su destino, elegido, contra todos, concluye el lector. Eso es el amor, una elección.

Otro pasaje que retenemos en la memoria no es la bella cita de la Ilíada con la que nos topamos en una página(p.121) sino una que está hacia el final, es una recreación personal de la novelista de pasajes del inmortal libro de Homero. Sucede desde luego ante los muros de Troya:

“Te asomas a las murallas, Helena, y miras abajo las huestes de los troyanos que se van a la guerra y te estremeces. Te sientes más sola que nunca, aun en una ciudad tan hermosa con un gran mercado a la orilla del río por el que te paseas del brazo de tu amante, y te sientas en una terraza con vista a la calle y miras y eres mirada por la gente que pasa y no comprende cómo es posible esa proporción perfecta de tu pequeña nariz, de tus labios en un mohín, permanente, como si estuvieras siempre a punto de dar un beso, de tus pómulos marcados y de tus ojos, como los de alguna reina de las tierras del río Nilo, famosa por su belleza…Allá lejos, quedó vacío el gran salón de fiestas de oro y plata de tu palacio, aguardando, por siempre, tu regreso. Aun espera el telar que te regaló el pueblo el día de tu cumpleaños, con los hilos a medio enlazar por tu mano diestra de artista porque provienes de familia de grandes tejedoras, y destejedoras. Eres prima de Penélope, que destejía un manto mortuorio por las noches, cuando nadie la veía, para volver a tejer lo ya tejido y destejido tantas veces y así mantener su pacto con el tiempo. Eres tan culpable como París, de todo lo que pasó en tu lejano país. Canta, diosa, la cólera aciaga de los grandes guerreros…Sí, Helena, de ti se dijo de todo. Afirmaron entre sus velos las samaritanas que tu marido era un santo, sin conocer sus pecados, las persas, de sus harenes sin hombres, que había sido tu carne débil la que te había perdido. Las prostitutas de Esparta, que había sino tu lujuria de hembra sin verdadero varón, las seguidoras de San Brandan que fue un daño profundo que te hicieron, un conjuro poderoso de sacerdotisas expertas para transformarte en algo que nunca habías sido…Cuando huiste con tu amante, nadie te perdonó. No te dejaron vivir tu amor en paz sino que te persiguieron hasta el mismo borde de las murallas y te hicieron la guerra. Fue una guerra de consulados, de pasaportes, de papeles, de sellos migratorios, de abogados, de dinero que se entregaba en la oficina. Pero el pueblo que dejaste atrás, no le dijeron nada. Les hicieron creer que eras una perra sanguinaria que aullaba en las noche de luna llena, como una loba…Ésta es la mujer maldita, dijo la puta de Babilonia antes de echarse al aire en su escoba y volar riéndose de ti a carcajadas….Tú la escuchaste, en medio de tu tristeza, y levantaste tus ojos cuajados de lágrimas para verla cruzar los cielos y te estremeciste. Entonces ella te señaló con su largo dedo huesudo y te miró con unos ojos amarillos impresionantes que parecían brazas de fuego y tú buscaste refugio en un barco que dibujaste en un lienzo, deseando que fuera verdadero y en él poder soltar amarras, ir mar adentro y navegar hasta llegar a casa, a casa“(p.213-214. Los subrayados son nuestros).

Interrogantes
Leído este extenso fragmento caben unas preguntas sobre el amor. En Al azar del viento, que es como el amor llega, inesperadamente, leemos: “Nunca sabemos qué es lo que en el fondo nuestra alma quiere y necesita, ¿verdad? Aunque esto no es, del todo, cierto. El alma siempre nos llama. Somos nosotros los que nos ponemos tapones y no respondemos a su llamado”(p.206-207).

¿O Será verdad lo que dijo Friedrich Nietzsche(1844-1900) al escribir en uno de sus aforismos: “Todo lo que se hace dentro del amor se hace más allá del bien y del mal”? Aunque también es cierto, lo que dice Albert Camus(1913-1960), ello se lee en el epígrafe de la novela: “los griegos nunca dijeron que el límite no pudiera franquearse. Dijeron que existía y que quien osaba franquearlo era castigado sin piedad”(p.11).

De la Historia Caraqueña
Dejemos de lado la ficción tan bien urdida de Ana María Velazquez. Situémonos ante la historia que es la memoria de los pueblos, el recuerdo y recuento de lo sucedido, en este caso en torno a un hecho acaecido en la ciudad de Caracas.

La primera vez que escuchamos la terrible historia de la muerte de Alejandro Ibarra Casanova(1921-1954) nos quedamos sin palabras. ¿Podía haber sucedido eso, había sido mandado a asesinar por el hombre que se había llevado a su esposa, usando del inmenso poder que tenía entonces, sabiendo que nadie se atrevería a denunciarlo o a perseguirlo?.

Tan grave nos pareció aquello que nos dimos a la tarea, durante varios años, de interrogar a los testigos de aquella época. La primera vez que leímos aquello fue en las memorias de Miguel Ángel Capriles(1915-1996), supimos también que aquello había aparecido en La Esfera, periódico de Capriles a la caída de la dictadura. Le contamos a nuestro papá, Roberto Lovera Pelayo(1912-1986), lo que habíamos leído y nos contestó: “Esos son inventos de Miguel Ángel. La tarde del accidente, en la puerta del Concejo Municipal yo conversé con Alejandro y le pedí que tuviera mucho cuidado con el carro de carreras, ya que había habido varios accidentes mortales de jóvenes con carros deportivos”. Consideraba que Alejandro no había tenido en cuenta aquel consejo.

Pero a medida que pasó el tiempo seguimos nuestra pesquisa. De hecho en los años ochenta existe una respuesta del propio Pedro Estrada(1906-1989) a Agustín Blanco Muñoz en donde niega que haya hecho eso. Pero aquello es la típica respuesta de quien ha hecho algo malo: negarlo. Es lo que Ibsen Martínez denominó un día el Discurso del corrupto.

En nuestras conversaciones consultamos sobre el tópico a Jorge Maldonado Parilli, criminalista de carrera, a quien Estrada sustituyó en la Dirección de la Seguridad Nacional: Maldonado nos aseguró que aquello era verdad, había ordenado la muerte del exmarido de su mujer. Se lo conté a mi papá y me contestó: “Si Jorge lo dice entonces es verdad”. Proseguimos. Ya muerto nuestro papá una noche en un cumpleaños de una sus hijas, Blanca Baldó, poeta y querida amiga nuestra, conversamos con su papá, el doctor Lucio Baldó. Su testimonio, que copiamos tal cual nos lo narró y anotamos aquella misma madrugada, creemos que es decisivo. Me dijo: “Claro que sí lo mandó a matar. Alejandro era uno mis grandes amigos. Yo mismo fui quien reconocí el cadáver en la morgue. No te puedes imaginar como quedó el pobre Alejandro. Pero hay más: siendo yo perezjimenista, ejercía la Dirección de Industrias del Ministerio de Fomento, tuve que irme al exilio como consecuencia de la persecución que montó contra mi Estrada. El sabía que yo conocía perfectamente toda la verdad de aquel suceso. El había perdido la cabeza por Alicia”.

Además la respuesta a Estrada a Blanco Muñoz, está en su libro Pedro Estrada habló(Caracas: Universidad Central de Venezuela,1983. 340 p.) es difícil de creer. Si Estrada no hubiera sido el hombre que fue, sino hubiera cometido otros asesinatos, todos ampliamente documentados hoy, se le podría creer pero con su historial de delitos es imposible creer su testimonio a Blanco Muñoz(p.184-185). Pesan demasiado las muertes, ordenadas por él, de Leonardo Ruiz Pineda, Wilfrido Omaña, Antonio Pinto Salinas, Luis Hurtado Higuera, León Droz Blanco y otros setenta y dos venezolanos más que enumera José Agustín Catalá(1915-2011) en su alegato contra este asesino vesánico(Pedro Estrada y sus crímenes.2ª.ed.Caracas: Ediciones Centauro,1983. 377 p.), obra que es respuesta, de quien sufrió en carne propia sus persecuciones y maltratos, a las alegaciones de Estrada que se leen en el libro de Blanco Muñoz. Por su parte Francisco Herrera Luque(1927-1991) considero a Pedro Estrada tan gran asesino como lo fueron el Tirano Aguirre(c1511-1561), José Tomás Boves(1782-1814), Juan Vicente Gómez(1857-1935) y el Chacal, Carlos Illich Ramírez(1949), ver la entrevista que le hizo la periodista Paula Giraud(“Responden a Pedro Estrada”, revista Bohemia, Caracas, n/ 1057,1983,p.29-30). Y sobre lo dicho de que Estrada fue buen padre, quiso a su familia, sabemos bien que eso hacen todos los delincuentes, basta para saberlo consultar los anales del crimen a lo largo de la historia.

Junio 23, 2012