Sábado, 22 de Julio de 2017

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Adriano Cuentista

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Reaparece otra vez la obra de Adriano González León(1931-2008). Ahora con la reciente publicación de los Cuentos completos(Prólogos: Rodolfo Izaguirre y Miguel Marcotriadiano. Caracas: Otero Ediciones, 2013. 337 p.), volumen del que proceden las citas que hacemos. Este volumen nos permite dos cosas: repasar otra vez una de las facetas de su escribir: la composición de sus narraciones cortas y uno de los momentos singulares de nuestra narración corta desde la década desde fines de los años cincuenta.

La Labor
Los libros de cuentos de González León son Las hogueras más altas(Caracas: Ediciones Sardio, 1957. 131 p.), Asfalto infierno(Caracas: Ediciones El Techo de la Ballena,1963. 28 p.), Hombre que daba sed(Buenos Aires: Jorge Alvarez, 1967. 94 p.), Damas(Caracas: Ediciones Elia, 1979. 60 p.), Asfalto infierno y otros textos demoníacos(Caracas: El Diario de Caracas,1979. 64 p.), Solosolo(Caracas: Ediciones La Draga y El dragón, 1985. Páginas sin numerar), Linaje de árboles(Caracas: Planeta, 1988. 186 p.), en donde se insertaron los textos de Damas y Solosolo. Una muestra antológica, con la mayor parte de sus cuentos se imprimió en el volumen Todos los cuentos mas uno(Madrid: Alfaguara, 1998. 250 p.), suyo es también el cuento infantil El viejo y los leones(Caracas: Rayuela taller de ediciones, 1996. Páginas sin numerar), extractado de su segunda novela Viejo(Bogotá: Alfaguara, 1994. 172 p.).

Las Largas Esperas
Si buscamos algún rasgo que caracterice la vida literaria de González León nos encontraremos ante el silencio creador, el incomprendido mutismo de este escritor, este sigilo de largas épocas que lo han llevado a sólo publicar materiales narrativos bien acabados, que aportan a la evolución de nuestras letras.

Es por ello que muchos han hablado de atonía al invocar el caso de dos libros en una década, el cuarto de siglo que separa a sus dos novelas. Pero González León sabe que un libro es una alta responsabilidad intelectual, que es un acto de libertad, que es un darse a los demás y es allí donde asume su compromiso.

La Obra Cumplida
González León se hizo presente en el mundo literario venezolano con la publicación de Las hogueras mas altas. No hay duda que este libro fue intensamente gestado, laboriosamente elaborado, un libro mágico y alucinante, repleto de rememoranzas, lleno de poesía. En Las hogueras más altas creó González León una atmósfera de la realidad de un mundo que se acababa y otro que nace. El mundo en acabamiento es la vieja Venezuela feudal, el que nace es el mundo del petróleo. La realidad que muere se observa, se vislumbra con claridad, en los cuentos que componen el volumen. El nuevo país que nace hay que intuirlo, aunque lo observamos con claridad en uno de los cuentos “En el lago”.

Menos el cuento antes citado los demás suceden en la montaña andina, en Trujillo concretamente. Sostenemos que la mejor definición para ellos es afirmar que son cuentos de la montaña que miran hacia el lago, donde en ese momento nacía el mundo del oro negro, génesis de muchos de nuestros bienes y de la mayoría de nuestros males, el petróleo nos ha dado “tanto don como daño”, como dijo un erxperto petrolero.

En ese primer cuento está presente el campo petrolero, el yanqui y la mezcla de dos culturas que termina para algunos en hundir la nuestra, para otros en llevarnos a contemporaneidad. Esto será preocupación constante y lo observaremos muy claro más tarde en su novela País portátil. Los personajes de Las hogueras mas altas son gentes extrañas que se van, o se mueren, o no entienden lo que allí sucede.

La realidad aquí expresada es como el humo, algo está allí encendido, por algo hay que luchar desde las hogueras mas altas hasta las mas bajas. Para lograr lo que se propone González León se vale de personajes extraños: una mujer atormentada en “Los invisibles fuegos”, un santo endemoniado en “El enviado”, un loco en “Fatina o las llamas” y un hijo que se marcha “En el lago”.

Cuando se analizan con detenimiento estos relatos, cuando se leen y releen con gusto, cuando sentimos la realidad que expresan, podemos también decir que son de excelente factura, que su autor maneja sus materiales narrativos con soltura.

No hay duda que mucha de la experiencia atesorada en Las hogueras más altas la veremos clara al analizar País portátil.

Un Cuento sobre la Violencia
Pero antes es necesario señalar que en el libro Ficción 67(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1967. 107 p.) donde los cuentistas Héctor Malavé Mata(1930), Gustavo Luis Carrera(1933), Enrique Izaguirre(1929-1995), Héctor Mujica(1927-2003) y Adriano González León se reunieron para tratar el tema de la violencia entre nosotros, precisamente es el cuento de González León “Ruido de tablas”, es otro antecedente de lo que mas tarde realizará en País portátil, logra un contrapunto entre una acción guerrillera y anti guerrillera.

Hombre que Daba Sed
Las anteriores reflexiones se hacían necesarias al abordar su segundo libro de cuentos Hombre que daba sed. Al concluir la lectura de estos siete relatos no queda duda que hay que afirmar que estos años de silencio(1957-1967), de trabajo, de estudio, ha enriquecido su experiencia humana; ha logrado una más definida expresión literaria, es por ello que Hombre que daba sed es un libro concluido y de innegable progreso.

Sobre el autor han influido sin duda la perspectiva de un país lleno de convulsiones como el nuestro, que ha sido cruzado por la violencia y que necesita de una literatura que sea fiel imagen de su realidad.

Todo lo que era difuso en Las hogueras más altas se torno concreto en Hombre que daba sed. En este libro crea un cuento donde no importa la atmósfera, donde la narración está construida en base a una situación humana que no cambia a lo largo del relato, donde toda la explicación está en el lenguaje. A nuestro entender todos estos cuentos son excelentes, aunque siempre resaltan algunos. Estamos ante una obra coherente, ante una escritura poética y ante una literatura neo regionalista asumida desde una nueva perspectiva: desde el interior del hombre, pero con relación a lo que sucede a su alrededor, con relación a la respuesta que él debe dar a la sociedad en la cual está inserto. Por último en este volumen nos entrega González León su primer cuento urbano “Madam Clotilde”, que es de suyo una promesa, con él entró en el ámbito de la narración citadina. Esto escribíamos en 1969, cuando todavía Venezuela era un país medio urbano. Lo que cuestionamos entinces era el término: ¿podíamos hablar de novela urbana y rural en nuestro país?. ¿Era posible ese deslinde entonces? ¿No son muestras urbes pueblos convertidos de la noche a la mañana en ciudades? Pensamos esto, y recordamos el contraste entre la Plaza Venezuela y la cercana Santa Rosa, apenas a cien pasos. Lo que en la Plaza Venezuela es metrópolis en las calles chiquitas de Santa Rosa es pueblo. Entonces la promesa del escritor es la descripción de la ciudad, esto nos lo había dado, brevemente, en Asfalto infierno y en “Madam Clotilde”, esto nos lo dará en País portátil y en Viejo. Estas interrogantes creemos que eran válidas cuando apareció País portátil, ahora han pasado más de cuatro década de trepidante desarrollo urbano, ahora viven en ciudadades el 94% de nuestra población. Y, desde luego, nuestra novela se ha hecho plenamente urbana. E inlcuso la novela provinciana es ahora neo-religionalista como nosotros la hemos denominado.

En Hombre que daba sed encontramos a seres alienados pero aquí la perspectiva ya no es la misma. El campesino de “Los invisibles fuegos”(de Las hogueras más altas) no entendía ni sabía hacia donde iba, Camilo Ortiz, Ramón Carrales, J.R. sino saben qué hacer pero lo menos son rebeldes y optan por soluciones personales. Y la explicación es sencilla: cómo se puede realizar un cambio en la humanidad si previamente no se realiza una mutación interior. Es lo que nos proponen algunos de estos cuentos.

La Ciudad Trepidante
Los años de militancia en “El techo de la ballena” fueron una época de conmoción en la política nacional, días de la guerrilla urbana y rural, una época que los “balleneros” se ocuparon de utilizar sus armas creadoras para descubrir lo que ocurría en el país. Entre lo que ellos realizaron podemos nombrar el “Homenaje a la necrofilia”, de Carlos Contramestre(1933-1996) y en las ediciones del “Techo” y aquel estridente y realista texto de González León que es Asfalto infierno. Es un relato de insurgencia, por cualquier lado que se le analice: si entramos por el prólogo de Francisco Pérez Perdomo(1930-2013), si a través de las fotografías o rostros de la urbe de Daniel González o si leemos y escrutamos a fondo el escrito de González León.

En Asfalto infierno descubre su autor el misterio de la ciudad, las formas de la metrópolis, es una experimentación que años mas tarde se volcará en la experiencia de la ciudad que hallamos en País portátil y de la cual este fragmento es su legítimo antecedente.

Asfalto infierno es una narración rebelde, retrata la ciudad marginal, la que no señala la prensa, son los restos de la urbe, son las otras caras, es la imagen auténtica de Caracas, aunque sean rostros sucios, demacrados y famélicos; es la ciudad que interroga, la que exige, la que pide, la que reta. En el relato se logra el contraste que existe en la realidad, la dualidad que nos define. El lenguaje en Asfalto infierno es trepidante, explosivo, irónico.

No entendemos por qué Asfalto infierno, fue excluido por el propio González León de su Todos los cuentos más uno y al hacerse su reedición por qué no se le sumó al conjunto, es Asfalto infierno momento singular del cuento venezolano y de la tradición de la modernidad en nuestras letras.

El Fulgor Poético
Adriano González León, ya lo hemos señalado, tiene acostumbrados a sus lectores a largas temporadas de silencio. Es por ello que veinte y un años separan a Hombre que daba sed de su siguiente colección de cuentos Linaje de árboles, volumen inserto también en las sumas de obra cuentística Todos los cuentos mas uno y en estos Cuentos completos.

Si algo caracteriza a los textos reunidos en Linaje de árboles es el primor de su escritura, la muy honda raigambre poética, lo cual lleva a diversos textos, especialmente aquellos muy breves, a rozar el poema en prosa. Todos ellos han sido construidos pensando en el árbol, en sus frutos. De allí el linaje del cual nos habla el título, el cual proviene de unas palabras de El Lunarejo(c1640-1688). De allí que a todo lo largo de este hermoso y muy bien trabado volumen se relacione tan hondamente la escritura con todo aquello que produce todo ár¬bol, todo el vivir. Por ello el escribir aquí es raíz, savia, injerto, guía. Por ello la palabra debe ser podada cuidadosamente para que la planta de los frutos que aquí hallamos.

El tono poético envolvente que predomina en Linaje de árboles lo define Gonzalez León en la primera línea del tomo al escribir que considera al conjunto: "Estas imágenes y estos sueños”(p.195). Y es por ello que en la quinta línea de la obra vuelve a subrayar "Juntarnos los fantasmas de nuestros pueblos con una dignidad de neblina"(p.195). A ello se refiere porque la mayor parte de las ensoñaciones que forman este Linaje de árboles provienen de recuerdos de la infancia y adolescencia, del amor al terruño.

Es por ello que en “La guitarra enlagada” leemos "Estas son las llamadas cosas del recuerdo. Lo que se sabe porque otros lo supieron. Así se construyen las historias con flores y guitarras. Se cambian, se mejoran, se enredan, se enaltecen. La mayoría miente, exagera sobre los destinos"(p.269). Y es por ello que en “Ahí viene la línea” dice "Nos llenamos de pesadumbre y de amores y no sabíamos de geometría."(p.273); es por ello que indica en “Dama escoltada”: "Espere...muchas palabras son para la alabanza y gozo”(p. 292) y tan es así que en “Dama que escribe” hallamos este pasaje: "Uno se ha puesto a reunir imágenes, candelas, aguas torrenciales, transferencias de noticia al poema, arreglo de las visiones, para que la vida de todos los días sea menos miserable y con algunos perfumes olvidados. Es esta la tarea"(p.308); por ello en “Dama de antes” hallamos "El tiempo sigue tragándose imágenes y ecos. Las palabras hacen lo posible por ganar la jugada. Las visiones se ocultan. Somos tristes, sin duda. Pero mañana, con palabras, dama de antes, estaremos otra vez”(p.321). Esta es la esencia de lo que González León desea comunicarnos. Decirnos que solamente la escritura puede salvarnos porque ella nos libra, nos protege.

Ya hemos señalado que la mayor parte de Linaje de árboles la llenan los fulgurantes textos rurales. Se trata de la recrea¬ción de un mundo propio para este creador, el cual lleva clavado en el alma, está presente en sus ensoñaciones, ya para él, lo podemos comprobar leyendo “Aselia” o “Ensalmo para Vicente Cunarrosa”, la tierra natal, su Trujillo entrañable, transfi¬gurado a través de la palabra, es el lugar que siempre lo acompaña, aquel dentro del cual desea dormir el sueño eterno. Por ello acompaña al creador, por ello lo sentimos, por ello lo vislumbramos al leer los textos de Linaje de árboles cuando nos asomamos a la tierra húmeda en la cual transcurren sus fabulaciones, cuando percibimos el olor peculiar de aquellas regiones.

Y claro está, hay también en Linaje de árboles algunos cuentos citadinos. Tal seria el caso de la honda fantasía sexual que es “Vicky en 33 revoluciones” o quien es visto de lejos por alguien, quizá inventando lo que es con la imaginación. Tal es el caso de “Solosolo”. En otro caso, como “El Señor”, es un homenaje a Julio Garmendí(1898-1977). En él sus propias criaturas narrativas reconstruyen el universo en que aquel vivió.

Diciembre 22, 2013.