Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

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Sin Duda, Clásicos. 44 Dramaturgos y 44 Obras de Teatro

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Por: Roberto Lovera De-Sola

A la Fundación Herrera Luque le da una gran alegría recibir hoy en nuestro Círculo de Lectores al crítico teatral, profesor e investigador de la historia de nuestra escena Leonardo Azparren Giménez(1941). El es para nosotros, quien escribió el libro mayor de nuestra crítica teatral, su La polis en el teatro de Esquilo. Tampoco deja de ser central su libro El teatro en Venezuela, por ser la mejor historia de su proceso que tenemos. Y menos debemos dejar de mencionar su compilación documental sobre aquello que conocemos sobre nuestro teatro en los días coloniales. Ultimamente nos ha dado dos introducciones a la obra de dos de nuestros más destacados hombres de teatro contemporáneos, al escribir sobre José Ignacio Cabrujas y e Isaac Chocrón. En el caso de Cabrujas compiló toda su obra teatral y sus textos complementarios, en cinco volúmenes2.

Nos reunimos esta mañana para celebrar la aparición de un obra que no podemos dejar de señalar como la primera y más importante antología del teatro venezolana. Primera, no cronológicamente hablando, porque ha había otras previas que citaremos más abajo, sino por ser la que nos permitirá,a través de las 44 obras que la forman, obra de 44 autores nuestros, comprender el periplo de doscientos años de nuestra escena teatral, desde una obra de Gaspar Marcano(1781-1821) hasta Rodolfo Santana(1944-2012), para nosotros el quinto gran autor del teatro venezolano.

Tenemos abierta en nuestras manos, y cerca sobre nuestra mesa de trabajo, los tres tomos,2602 páginas, del vasto trabajo del admirado Azparren: Clásicos del teatro venezolano,1817-2011(Caracas: Bid & Co. Editor/Banesco Seguros,2015. 3 vols) esta tiene la particularidad que todas las obras elegidas están completas, del primer al último parlamento, en esta obra. Además ella, esta es la importancia de editar el teatro, permitirá a los grupos teatrales las nuevas puestas en encena de las obras recogidas en esta obra. O, en algunos casos, su estreno por vez primera. Y puestos a entrar dentro de lo que este libro nos propone, que es mucho, no podemos dejar de agradecer, como trabajadores y animadores culturales, a Banesco Seguros que haya auspiciado la edición de esta obra, de hecho su epílogo lo escribió el presidente de esa empresa, Luis Xavier Luján, gracias le damos, nuestra literatura siempre buscará buenos mecenas, como el caso del que nos reúne hoy. Y editar un libro fundamental, como estos Clásicos del teatro venezolano no puede ser más importante. Desde luego, no podemos dejar de mencionar a Bernardo Infante Daboin, el magnífico editor de la obra.

Las Otras Antologías
Hemos señalado que estos Clásicos del teatro venezolano la preceden las siguientes siete antologías, ellas nos permiten seguir los caminos de nuestro teatro. El del siglo antepasado se nos hace presente en la de José Gabriel Núñez(1937): Selección de teatro venezolano del siglo XIX, en la Antología del teatro venezolano del siglo XIX, de José Rojas y en la de William Anseume: El drama en Venezuela durante la primera mitad del siglo XIX. Lo que algunos de nuestros dramaturgos han escrito para el teatro que se hace en los colegios y liceos lo hallamos en la muestra de Efraín Subero(1931-2007), de allí su Teatro Escolar; al vasto proceso dramático que aparece a partir de principios de los años cincuenta se puede seguir, en sus momentos más singulares, a través del volumen del antólogo cubano Carlos Miguel Suarez Radillo: 13 autores del nuevo teatro venezolano y las grandes líneas de nuestro teatro escrito por mujeres a través de los centones compilados por la profesora ecuatoriana Susana Castillo: Las risas de nuestras Medusas y por la periodista venezolana Lorena Pino Montilla: La dramaturgia femenina venezolana3. estas muestras se une ahora la de Azparren.

Unas Observaciones Previas
Debemos decir, primero, que el teatro venezolano se inició, en 1804, con la pieza de Andrés Bello(1781-1865) la Venezuela Consolada4, la obra celebra un hecho social-sanitario: la introducción de la vacuna en nuestra tierra. Esta es la primera obra, la fundadora del teatro venezolano, y no nos debe llamar la atención que sea proiducto del ingfenio de don Andrés, ya en aquellos años escritor respetado, pese a su juventud, tenía entonces viente y tres años, y su obra poética la había comenzado con textos suyos desde 1800. Pero como Bello fue un fundador no solo puso las bases del teatro venezolano, con su sólida obra, sino que además fue en aquel período, antes de su viaje a Londres, en 1810, el fundador de nuestro periodismo, ello cuando le tocó ser el redactor de la Gaceta de Caracas(octubre 24,1808), la primera producción de nuestra imprenta, una vez instalado, meses antes, el primer taller tipográfico en Caracas. Fue también el primero en escribir en letras de molde, en el editorial incial de la misma Gaceta de Caracas, la palabra “Revolución” que si bien apareció en 1808, bautizó los nuevos tiempos que se abrían, caminabamos ya hacia la emancipación. Planeó luego, junto a Francisco José Vidal Isnardi(1775.1826)5, la que hubiera sido nuestra primera revista, El Lucero(1809), la cual si no llegó a editarse quedó su prospecto. Y luego, fue el editor del primer libro impreso en Venezuela, El calendario manual y guía de forasteros en Venezuela para el año de 1810, pequeño libro de 64 páginas, preparado por él, allí insertó su “Resumen de la historia de Venezuela”, su prosa más antigua conocida, es un ensayo sobre la historia del país hasta ese año.

Ahora bien, la Venezuela consolada no está en la obra de Azparren porque él prefirió, con buenas razones, expuestas en el prólogo, iniciar su recolección en los días de la independencia, cuando se pugnada por la creación de la patria. La obra de Bello, con todo su valor, procedía de la etapa anterior a la proclamación de la emancipación, días en que nuestra patria era España. Y, pese a ello, y no se crea que es una crítica de Azparren, ya hemos expuesto su por qué, nosotros la hubiéramos recogido en esta muestra por ser la obra iniciadora de nuestra dramaturgia, presentada a poco de haberse construido, en 1784, por decisión del gobernador Manuel González Torres de Navarra, también a fines de la época colonial, nuestra primera sala de teatro, en la esquina del Conde.

El Teatro: El Primer Género de Nuestra Literatura Emancipada
Segundo, y esto hay que saberlo y señalarlo, en la literatura venezolana emancipada el teatro fue el primer género cultivado, antes que el cuento, la novela y e incluso el ensayo y la crítica literaria, no así la poesía. Esos títulos son los del fundador de la narrativa venezolana, don Fermín Toro(1806-1865), primero con su cuento “La viuda de Corinto”, publicado en 1837(El Liberal, Caracas: julio 25,1837) y un lustro más tarde nuestra primera novela, Los mártires, editada en 1842(Los mártires, El Liceo venezolano, Caracas, n/ 2-7,1842); el ensayo se anticipó unos años, ya que su primer gran momento data de 1815, es la Carta de Jamaica del Libertador, que siendo un análisis politico constituye el primer gran ensayo de nuestra literatura, por la forma como su autor cultivó ese género y por la bella prosa en que está escrito. Es página cenital de nuestras letras. La crítica literaria, no podía ser de otra forma, la fundó Bello en su primer artículo del género, en su revista londinense, la Biblioteca Americana en 1823; en 1826, en su segunda revista inglesa, El repertorio americano, reseñó, sentimos que demasiado brevemente, la pieza de Domingo Navas Spinola Virginia, que fue la primera pieza impresa del teatro venezolano, ya que aquella con la que se inicia la antología de Azparren si bien data de 1817, años antes de Virginia, no fue conocida hasta 1917, un siglo después, cuando don Manuel Segundo Sánchez(1868-1945), nuestro primer bibliógrafo, la rescató y publicó en un libro6. No nos referimos aquí a la poesía porque esta se inició en Venezuela a poco del descubrimiento y la colonización, siendo nuestro primera poeta el conquistador, y mas tarde sacerdote, Juan de Castellanos(1522-1607), quien 1589, publicó su Elegías de varones ilustres de Indias, en donde está registrada la Venezuela que el sintió, recorrió y padeció. Señalamos también que si cronológicamente hubo un poeta anterior a Castellanos, llamado Pedro de la Cadena(1542-d1607), este ni siquiera estuvo alguna vez en Venezuela. Lo que escribió, que no es para nada malo, fue aquello que le contó, lejos de Venezuela, el fundador de Cumaná, Diego Fernández de Serpa. Y lo decimos, porque existencialmente Juan de Castellanos le gana.

La Entraña de la Muestra
Azparren abre estos Clásicos del teatro venezolano con un prólogo explicativo sobre su tarea.

Anota en él que sus “Clásicos del teatro venezolano es una antología de quienes lo son o serán, aun siendo desconocidos o ignorados, pero no de todos los que son. Es decir, que nuestra selección no pretende ser canónica pero si justa con los que están…Presentamos un panorama histórico de la dramaturgia venezolana desde la constitución del teatro nacional a comienzos del siglo XIX, que permita comprender como fue convirténdose el imaginario dramático de lo que somos…Al igual que con todo producto cultural, existen correlaciones dinámicas entre los marcos sociales venezolanos y el universo imaginario de nuestros dramaturgos, que han permitido representar diversos tipos de respuestas simbólicas a los contextos en los que cada autor produjo su obra. El lector podrá aproximarse a como nuestra dramaturgia representó en el siglo XIX el sistema de valores y creencias de la sociedad venezolana, necesario para consolidar la república y legitimar su modelo de sociedad…Muy distinta es la situación desde los comienzos del siglo XX. En primer lugar por la presencia del país con sus problemas y perspectivas de los temas y de las obras. Fue el inicio de una visión moderna del teatro y su función social. Los dramaturgos comenzaron a interrogarse por qué el país era y estaba en determinadas situaciones y cómo la persona, en primer lugar el propio dramaturgo, se veía afectada…Este cambio generó un proceso constante de modernización del discurso teatral a lo largo del siglo”(t.I,p.7-9).

Criterios del Antólogo
Explica Azparren que sus criterios de selección de las obras que aquí hallamos fueron: a) “el primero pero no más importante es…las preferencias del antólogo…b) El segundo, tanto o más importante; es el lugar histórico del autor y su obra en la historia del país y del sistema del teatro nacional; c) fue querer prsentar un panorama de cuya lectura pueda desprenderse una comprensión de lo que ha sido y es la dramaturgia venezolana a lo largo de dos siglos”(t.I,p.8).
En cuanto a “las preferencias del antólogo” a las que se refiere bien vale un escolio: no se trata, para nada, de una abitrariedad, la sección fue posible gracias a más de medio siglo de dedicación al estudio, a la enseñanza y al siguimiento del teatro venezolano. Y Azparren la denomina “preferencias del antólogo” porque al compilar una antología hay que hacer uso de lo que se llama “el gusto literario, teatral en este caso. En las elecciones hechas no hay nada fortuito. Y, desde luego, como dijo nuestro Alfredo Arvelo Larriva(1883-1934) esta muestra no es una “antojolía”, como aquel grande poeta dijo.

Constitución del Teatro Nacional
Para Azparren las obras que hay que tener en cuenta en los inicios del desarrollo del teatro venezolano, a partir de la Independencia las mencionaremos ahora. Con relación a la primera debemos indicar que este diálogo entra muy bien dentro del perfil de lo que fue nuestra literatura durante el período de la emancipación, letras que fundamentalmente se refieron, y también empujaron, las luchas de los venezolanos por obtener la libertad. Constituyeron una literatura de emergencia, de partido y de combate. En ello cabe muy bien lo que nos ofreció Gaspar Marcano.

Y terminado el período bélico aparecieron otras ya propias de la sociedad que en la cual la guerra había terminado, eso sucedió entre nosotros con la Toma de Puerto Cabello(1823), por las tropas del general José Antoio Páez(1790-1873), fin de la guerra emancipadora entre nostros.

Se Crea Una Sociedad
Pero los ideales que motivaron aquella inmensa comoción se verán claros en la llamada a la libertad, de la pieza de Navas Spínola, Virginia,en 1824, esta coincide plenamente con los inicios de un país que buscaba un sendero, por ello no nos debe llamar la atención que en aquella misma década hallamos comenzado nuestro recorrer con la publicación de un libro de historia, la segunda edición de la Historia de Oviedo y Baños, editada, precisamente, en el taller del mismo Navas Spínola y con la edición de un libro de ciudadanía, el Manual del Colombiano, atribuido a Tomás Lander(1787-1845). Aquí el tercer hecho fue la edición y puesta en escena de Virginia.

Sigue Rafael Agostini(c1808-1881) con su Cora o los hijos del sol en la que explora el pasado aborigen, no de aquí sino del Perú de la conquista. Es una obra de carácter histórico, de las cuales continuaran siempre diversas obras de teatro y otros géneros. Otra visión del pasado lejado es la obra de Pedro Pablo del Castillo El fanatismo druida o la sacerdotisa(1839).

Vale aquí un escolio porque la historia siempre ha estado presente en los diversos pasos y meandros de nuestra cultura, por ello escribió el profesor Germán Carrera Damas(1930):

“La historia es quizá el ramo del conocimiento que más ha pesado hasta el presente en el complejo cultural venezolano. Las diversas expresiones de nuestra cultura exhiben huellas de una fuerte carga histórica, manifiesta no solamente en lo que sería normal integración de sus componentes, sino también en la presencia de la Historia como disciplina básica en la elaboración de los múltiples productos culturales. Asi es constante, a veces enconado y por momentos ridículos, el ardor puesto en el debate en torno a las cuestiones históricas tradicionalmente consideradas de mayor signficación”7.

La cita al maestro de nuestra historiografía nos hace ver claramente que, como él lo expone, ella es válida tanto para la historia como para la historia literaria. Recuérdese siempre que los venezolanos ante cada hecho, politico o escrito, siempre nos preguntamos por su origen, por la primera vez que se dijo o escribió: esto es una manifestación de una desarrollada conciencia histórica.

La presencia, tan constante de la historia en nuestra literatura, el teatro también lo es, no debe llamarnos la atención, porque, por ejemplo, cuando se funde la novela esta se iniciará con una novela histórica, en 1842, Los mártires, y con una segunda novela del mismo género, en 1882, Zárate, de don Eduardo Blanco(1838-1912), el mismo autor de Venezuela heroica(1881), no nos debe llamar la atención que ambas nos revelen el pasado y se acerquen a un hecho singular: a la vioiencia en el país. Desde luego, entre Los Mártires y Zárate, se publicaron otras viente novela, algunas solo protonovelas, pero fue en Zárate, nueve años ante de Peonía(1890) la primera en revelar a los venezolanos tal cual somos. Desde luego, no le quitamos mérito alguno a la novela de Romerogarcía, puede leerse aun hoy, como Zárate, con gratificaciones estéticas.

Pronto entra en escena el romanticismo, que venía significando desde fines del siglo XVIII, cuando apareció en Alemania, una revolución estética y humana. Azparren eligió para ese período obras de Heraclio Martín de la Guardia(1829-1907), el que considera el mejor de aquellos tiempos, un creador que fue inmensamente popular en su tiempo, aunque hoy se le desconozca fuera de los medios académicos; encontramos a Eloy Escobar, uno de los amigos venezolanos de José Martí(1853-1895), durante su paso por Venezuela en 1881, destacado poeta elegíaco, como nos lo mostró Luis Beltrán Guerrero(1914-1997)8 y dramaturgo, cuya pieza Nicolás Rienzi(1862) nos descubre Azparren. En ese período apareció don Eduardo Blanco(1838-1912) autor de dos célebres libros, Venezuela heroica y al año siguiente la que es considerada la primera novela venezolana, Zárate, la inicial, no porque no hayan publicado otras antes sino porque fue la primera en pintar a Venezuela, a los venezolanos, a sus costumbres y angustias. En Madrid sucede la pieza Lionford(1879) de don Eduardo. El siglo termina con otras obras en las cuales aparece el hogar, las parejas, las familias y sus cuitas psicológicas y humanas. Sus autores fueron Anibal Dominici(1837-1897) por La honra de la mujer(1880); Nicanor Bolet Peraza(1838-1906), con el sentido del humor mira todo con ojos costumbristas, tal A falta de pan buenas son tortas(1873). Por su parte José Ignacio Lares(1847-1921)9trazó en El recluta(1896) uno de los grandes males de aquel país, la recluta obligada con las que se formaron las “tropas colecticias”, que dijo Santiago Gerardo Suarez(1936-1996), con las cuales se movían los caudillos en las guerras civiles. Sobre el mismo hecho nos quedaron también dos novelas de aquella tragedia, El sargento Felipe(1899), de Gonzalo Picón Febres(1860-1918) y El recluta, de Virginia Gil de Hermoso(1856-1913), publicada sesenta y cinco años después de haber sido escrita, antes de la muerte de la escritora.

Cierra el siglo por el dramaturgo que Azparren considera el mejor de la centuria(t.I,p.15), el merideño Adolfo Briceño Picón(1846-1929), nos permite leer aquí su pieza Ambrosio Alfinger(1887), recreación histórica sobre el primer gobernador Welser. De Briceño Picón otros antologistas han recogido y celebrado, al menos dos veces, su pieza El Tirano Aguirre(1873), recreación sobre aquel psicópata que antes de morir mató a su propia hija para “que no fuera colchón de ningún hombre”. Y a los venezolanos nos llamó “comedores de arepas”.

Cierra Azparren el siglo XIX, tan importante en nuestra historia como en nuestra literatura, anotando: “Los dramaturgos del siglo XIX tuvieron algunas virtudes…en primer lugar, conocimiento y dominio pleno de las preceptivas propias de los modelos discursivos que emplearon y del idioma…siempre tuvieron presebte el público al que se dirigían…Teatro de su siglo y para su siglo, el universo romántico del teatro venezolano del siglo XIX está enrraizado con sentido de la realidad aunque, como sucede siempre, al final del período de consolodición del teatro nacional dio muestras de agotamiento y preparó el terreno para la renovación que se dio a comienzos del siglo XX”(t.I,p.16).

Primera Modernidad
Para Azparren la Primera modernidad, ya en el siglo XX, a partir de 1909, la cierra a fines de los años cincuenta. Las obras escogidas, y que aquí, repetimos, podemos leer íntegras, se inician con Salustio González Rincón(1886-1933), uno de los hombres de la generación de La Alborada, con su obra Sombras(1909). González Rincones, hay que decirlo también fue un muy destacado poeta, tanto que Jesús Sanoja Hernández(1930-2007) lo caracterizó como uno de los tres poetas en cuyo escribir se prudujo una revolución en el lenguaje. Las otros dos son José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) y Rafael José Muñoz(1928-1981)10. Sobre Sombras, explica Azparren que su asunto “es la confrontación de los ideales del progreso de la ciencia con el lastre de las tradiciones y las imposiciones desde el poder”(t.I,p.17).

Le siguió su otro compañero en La Alborada, el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) por su píeza El motor(1910). Aquí es bueno advertir que la obra de Gallegos, conocida desde poco antes, se inicio con textos ensayísticos en La Alborada, con su pieza al año siguiente, luego con sus cuentos y a partir de 1920 con sus novelas. En El motor, sin restarle mérito alguno, están todos los temas que vamos a encontrar en sus novelas. Es muy moderno el plantamiento, se acerca a González Rincones, por su protagonista Guillermo Orosía, desea crear una máquina de volar.

En el caso de Gallegos es necesario recalcar que fue sólido su escriibir ensayístico en sus artículos de La Alborada, después recogidos en Una posición en la vida(1954), estos tienen el inmenso valor que en ellos expone el maestro de Doña Bárbara, los fundamentos de lo que deberá ser nuestra sociedad civil y democrática. Y lo hizo, casi al unísono, cuando Laureano Vallenilla Lanz(1870-1936) exponía, en sus ensayos, que irían a formar su Cesarismo democrático(1919), la tesis favorable a la dictadura, como el régimen propio para el país.

Cerca de ellos estuvo otro campañero de aquellos, Julio Planchart(1885-1948), este fue el crítico literario de La Alborada y después el autor de una pieza politica La República de Cain, escrita entre 1913 y 1915, imposible de ser montada bajo la dictadura de Gómez, ya que en ella Gómez era Cain(también Gómez es Doña Bárbara, el personaje de su compañero). Por ello, La República de Cain no pudo ser impresa hasta 1936, y aunque algunos críticos, como Alba Lya Barrios11, la han estudiado, esta que aparece en el libro de Azparren es su segunda edición. Lo que permitirá a nuestros teatreros su montaje, cosa nunca hecha. Y a los espectadores poder penetrar en el hondo mensaje que don Julio nos comunica a través de sus parlamentos, porque hay allí planteamientos que van más allá de aquella dictadura y aquel estado de cosas censurado por don Julio, hay allí elementos que tienen que ver con la historia de nuestras ideas.

Pronto nos vamos a encontrar con el dramaturgo por excelencia de nuestro teatro, para nosotros, hasta que apareció César Rengifo(1915-1980). Nos referimos a don Leopoldo Ayala Michelena(1892-1962), de quien aquí encontramos su sainete La Taquilla(1922), gran género de nuestro teatro. En otras piezas, mas existenciales, con aquella llena de ternura Al dejar las muñecas(1922), hemos hallado la influencia del dramaturgo noruego Henri Ibsen(1828-1906) en él.

Otros dramatrurgos de aquellos años son Pablo Dominguez(1901), con Tremedal(1933); la bellisima pieza de Andrés Eloy Blanco(1896-1955) Abigail(1937), todavía recordamos vivamente a Pilar Romero, cuando, con toda la belleza de sus gestos actorales, la protagonizó hace pocos años, en un montaje del grupo Rajatabla. Abigail es una parábola bíblica y el lenguaje del poeta es evidente. Pero no fue la primera incursión teatral de Andrés Eloy, había escrito otras obras. Pero Abigail es seguramente la principal de sus piezas.

Diversos registros de un teatro que se hacía moderno vamos a hallar en El hombre que fue, de Luis Peraza(1908-1973); en Fogata(1939) de Julián Padrón(1910-1954), con su hondo sentido sexual, lo cual era una novedad en 1938; El polo negativo(1942), de Eduardo Calcaño(1909-1991), con todas sus disquisiciones sobre el arte; en La casa(1945) de Ramón Díaz Sánchez(1903-1968) vemos los desarrollos dentro dentro de la sociedad que cambia, ello a través de una vieja familia que se niega a vender su vieja mansión para construir allí un edificio. Hay un contrapunteo, posible de examinar, entre La Casa y la novela de don Ramón Borburata(1960) donde los tiempos cambían tambien y donde aparece un singular personaje femenino; de la obra de Aquiles Certad(1914-1986), aquí se elige La serpiente sobre la alfombra(1951) es una de sus “comedias atemporales y exquisitas… ingeniosas, finas y de buenos modales que representa una sociedad fina y elegante, alejada del ajetreo diario”(t.I,p.23). Un tesista universitario, cosa que hemos sugerido más de una vez, debía tomar como tema de su disertación el examen de la obra de Certad.

Hemos dejado aquí a propósito para cerrar esta parte a Rafael Guinan(1881-1957). Aquí aparece Yo también soy candidato(1939) tantas veces representado. Pero debemos subrayar que Guinán además de sus magníficas piezas fue también un destacadísimo actor, uno de los mejores del teatro venezolano de su tiempo, cuyas actuaciones el público celebró con fervor. Después fue de los iniciadores del cine, de la radio y de la televisión.

De este mismo período, pero ya en los años cincuenta Azparren nos hace reparar en una obra de Pedro César Dominici(1872-1954), Amor rojo, sobre una revolución. Fue él uno de los escritores del modernismo, quien trajo aires nuevos, cosmopolitas a nuestra ficción. Ha sido rescatado en estos años por los estudios críticos que le ha dedicado José Balza(1939).

Están aquí también dos mujeres: nuestra altísima poeta Ida Gramcko(1924-1994), la dramaturga de La Rubiera y Elizabeth Schon(1921-2007) por Intervalo. En esos mismos años siguió el cultivo del teatro el maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001), cosa que había comenzado en su juventud con sus piezas “E Ultreja”(1927) y “La llave”(1928), pero quien desarrollaría su escribir en este tentador campo del teatro, con él mismo advirtió, en los años cincuenta, de él ha recogido Azparren aquí El dios invisible, que plantea a nuestro modo de ver un asunto religioso, ya que en ella se plantea la imposibiliad del ser humano “de acceder a instancias superiores inconoscibles”(t.I,p.25), es decir el agnoticismo, que es aquella posición que declara “inacesible al entendimiento humano todo conocimiento de los divino y de lo que trasciende la expefriencia”, como dice el diccionario académico. Debemos decir también que, ya en los años sesenta, Uslar nos ofreció con Chúo Gil y las tejedoras, la obra más universal del teatro venezolano. Su tema es la murmuración.

Con estos autores, escribe Azparren, “la dramaturgia nacional se asomó a su madurez”(t.I,p.25).

Segunda Modernidad
Aunque este último período lo inicia el antólogo en 1958, años de transformaciones políticas, literarias y teatrales, para nosotros, las figuaras dominantes, que él examina y escoge sus obras, son César Rengifo(1915-1980), Román Chalbaud(1931), Isaac Chocrón(1930-2011), José Ignacio Cabrujas(1937-1995) y Rodolfo Santana(1944-2012). Nos explicamos. Lo relativo a César Rengifo debemos advertirlo porque ya en 1943 lo encontramos, todavía, desde luego, sin concebir sus obras mas destacadas, una de las cuales Las torres y el viento(1969) se ofrece aquí. Pero Rengifo tiene un valor muy especial para nosotros: toda su obra se nos ofrece como una visión de conjunto de la historia de Venezuela, en la cual cada época tiene su especial pieza, visto todo siempre desde la óptica marxista que fue la suya, ideológicamente fue César Rengifo siempre coherente, hombre de ideales, de hondo sentido ético, un comunista de esos que ya no existen. Siendo como es Las torres y el viento significativa pieza, ya que aborda el asunto central de nuestra vida contempopránea: el petróleo, a partir de 1914, explosión del pozo Zumaque 1. Los diversos momentos de su coherente visión de la nación tienen que ver con el país, por ello para muchos es también muy signficativa Lo que dejó la tempestad, que sucede durante la Guerra Federal(1859-1863); de gran belleza escénica es Una semilla sembrada en Carabobo, funeral por un soldado del pueblo, con su estupendo coro griego, como en las grandes tragedias clásicas. Esa visión balzaciana de la vida del país tiene un parelelismo con Rengifo, la historia todos los períodos de Venezuela, trazados por Francisco Herrera Luque(1927-1991) en su saga de narraciones, desde el siglo XVI al XX.

A estos le siguen, dentro de nuestra propia visión de un proceso tan rico como lo es el teatro venezolano del siglo XX, Chocrón, Chalbaud y Cabrujas, considerados desde tiempo atrás como la “Santísima Trinidad del Teatro venezolano” por sus vinculaciones creativas y afectivas, en donde es imposible dejar de registrar la más trascedente creación de los tres: El Nuevo Grupo(1966). Y en el caso de Chocrón, la Compañía Nacional de Teatro(1984). A Chocrón nosotros lo hemos considerado el mayor dramaturgo venezolano del siglo XX.

Lo seleccionado de ellos por Azparren es siempre correcto, como lo son a todo lo largo de los tomos de estos Clásicos del Teatro venezolano, sus escogencias. De Chalbaud nos ofrece su mejor pieza Los ángeles terribles(1967); de Chocrón Escrito y sellado(1993) en donde es evidente la constancia de sus temas: la familia elegida, las amistades, el amor y de Cabrujas El americano ilustrado, que es una buena síntesis de su teatralogía sobre el país: Acto cultural, Profundo y El día que me quieras, cuatro piezas cuyo mejor analista ha sido el propio Azparren.

Hacia fines de los años sesenta, de 1968, es La muerte de Alfredo Gris, apareció Rodolfo Santana, con su grave visión de nuestra realidad, descarnada, dolorosamente mostrada a lo largo de su extensa obra, ya que fue Santana es el dramaturgo más fecundo del teatro venezolano. Aquí Azparren nos ha ofrecido la última pieza escrita antes de decirnos adiós: El asesinato múltiple como diversión pública(2011), sus paralelismo con el vivir trágico en estos días del pais, es grandísimo, pese a suceder la obra en Bogotá, en los días del asesinato del lider José Eliecer Gaitan(1903-1948). Para nosotros además de esta, que muy bien nos revela el trabajo de Rodolfo Santana, nosotros siempre hemos recalcado el valor de sus Piezas perversas(1978), ya que las tres son singulares, “La horda”(1970) nunca montada, que parece ser un anticipo de lo que fue, diez y nueve años más tarde, el Caracazo(1989), como lo fue el memorable, sobre el mismo asunto, el memorable cuento de Uslar “La ciudad”(de Los ganadores,1980). En sus Piezas perversas recogió también “La empresa perdona un momento de locura” y “El animador”. En la segunda edición, tuvimos el privilegio de ser su editor, sacó “La horda”, para seguirla trabajando, según nos dijo, y la sustituyó por una de las joyas de su teatro “Encuentro de parque peligroso”, una de sus píezas, como hemos denominada tiernas. Nunca hemos podido olvidar a Elba Escobar y a Orlando Urdaneta protagonizando Encuentro en parque peligroso, una tarde en el teatro Las Palmas. Llena del amor que vivía encontonces es su Rock para una abuela virgen.

Hemos saltado de atrás hacia adelante, pero en este período apareció Elisa Lerner(1932) con su nítido drama En el vasto silencio de Manhattan(1964), en la cual la esencia de su modo de mirar a la mujer está presente. Es ella maestra del monólogo y nuestra primera ensayista mujer de la mitad del siglo XX.

También los sesenta nos encontramos con Alejandro Lasser(1916-2014), aquí representado por La Cueva(1967), quizá la más significativa de todas las suyas; Gilberto Pinto(1929-2011) por Los fantasmas de Tulemón(1977), una visión politica de nuestro medio; con la signficativa pieza de José Gabriel Nuñez(1937): Madame Pompinette(1980), llena de los sortilegios de las máscaras humanas o Ugo Ulive(1933), “el más completo director del teatro venezolano”(t.I,p.31), de quien aquí está Prueba de fuego(1981), magnífico diálogo, la mejor pieza que revela la gran tragedia que fue el movimiento guerrillero de los años sesenta.

Creemos que a comienzos de los años setenta apareció una nueva generación de cultores del teatro, con Mariela Romero(1952), autora de esa joya que es El juego(1976); Edilio Peña(1951) con Los pájaros s van con la muerte(1977) llena de dolor y desasosiego; Nestor Caballero(1953) Con una pequeña ayuda de mis amigos(1983), autor de numerosas bellas piezas; Xiomara Moreno(1959), de quien aquí leemos Último piso en Babilonia(1992), siempre autora de un teatro intelectualmente denso; Gustavo Ott(1963) de quien aquí leemos Comegato(1995); Elio Palencia(1963) con Arráncame la vida(1995) cuando el Sida, que es su asunto, apareció y Carlos Sánchez Delgado(1958), cultor de una suerte de teatro anti-histórico, como lo que vemos en su sabrosa pieza Su excelencia Otelo-Páez(2001). Nos recuerda Sánchez Delgado a las distorciones narrativas de la historia a las que nos acostumbró Denzil Romero(1938-1999) en sus novelas. Constituyen miradas diversas al pasado.

Fin
Cierra Azparren su introducción anotando: “Dos siglos de teatro, dos siglos de dramaturgia. Período en el cual Venezuela construyó una república. También años en que los venezolanos trabajamos para darnos una cultura que nos representara y explicara. Nos referimos a nuestros acercamientos y distanciamientos, a la lucha constante por construir un imaginario compartido libre y críticamente por todos, en el que nuestras espectitivas personales y colectivas pudiesen encontrar respuestas, las que cada quien requiere para comprenderse…Los dramaturgos han hecho un aporte fundamental al construir universos sociales imaginarios, en los que los venezolanos hemos podido ver, en vivo, los conflctos humanos que nos acompañan, desde el amor imposible hasta el horizonte inevitable de la muerte, desde la lucha contra el poder despótico hasta la armonía de la amistad íntima, desde la pertenencia a una historia aún por conocer bien hasta las contingencias de la vida diaria”(t.I,p.35).

Junio 4-7,2015.

1 Leído en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la mañana del sábado 6 de junio de 2015.

2 Leonardo Azparren Giménez: La polis en el teatro de Esquilo. Caracas: Monte Ávila Editiores,1993.200 p.; Documentos para la historia del teatro en Venezuela. Siglos XVI, XVII y XVIII. Caracas: Monte Ávila Editores, 1996.333 p.;El teatro venezolano. Ensayos históricos. Caracas; Alfadil/Genete de Teatro,1997.207 p.; José Ignacio Cabrujas y su teatro. Caracas: Bid & Co.Editor/Cultura Chacao,2012.282 p.; Isaac Chocrón: la vida requisada. Caracas: Bid % Co.Editor,2012.207 p.; José Ignacio Cabrujas: Obra dramática. Dirección y estudio prelimar: Leonardo Azparren Giménez. Caracas: Editorial Equinoccio, 2010 2011. 3 vols; José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Conversaciones, entrevistas, ensayos, conferencias y artículos. 2012. 2 vols.

3 José Gabriel Nuñez: Selección del teatro venezolano del siglo XIX. Caracas: Fundarte, 1993. 326 p.; José Rojas: Antología del teatro venezolano del siglo XIX. Mérida: Solar, 1994. 199 p.; William Anseume: El drama en Venezuela durante la primera mitad del siglo XIX. Prólogo: Orlando Rodríguez. Caracas: Celcit, 1998. 498 p.; Efraín Subero: Teatro escolar. Caracas: Ministerio de educación, 1971. 438 p.; Carlos Miguel Suarez Radillo: 13 autores del nuevo teatro venezolano. Caracas: Monte Ávila Editores, 1971. 535 p.; Susana Castillo: Las risas de nuestras Medusas. Caracas: Fundarte, 1992. 119 p.; Lorena Pino Montilla: La dramaturgia femenina venezolana. Prólogos: Javier Vidal y Orlando Rodríguez. Caracas: Celcit, 1994. 2 vols

4 Está en sus Obras completas. Caracas: La Casa de Bello,1981-1986. 26 vols. Ver el t.I,p.16-26.

5 Sobre este Isnardi, a quien se ha confunido con un homónimo suyo, italiano, quien vivía en el oriente del país, siendo el Isnardi compañero de Bello en la iniciativa, español, nacido en Cádiz. Ver lo que decimos consultar Marisa Vanini de Gerulewicz: El misterio de Francisco Isnardi. Caracas: Fundavag Editores,2014. 220 p.

6 Manuel Segundo Sánchez: Obras. Compilación, prólogo y notas: Pedro Grases. Caracas: Banco Central de Venezuela,1964. 3 vols. Ver:”El poema de Gaspar Marcado sobre la guerra de Indepencia de Margarita”(t.II,p.42-57).

7 Germán Carrera Damas: Historia de la historiografía venezolana. Textos para su estudio. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1961. LXXII,643 p. La cita procede de la p.X.

8 Luis Beltrán Guerrero: Razpón y sin razón. Tmas de cultura venezolana. Barcelona: Ariel,1954.249 p. Ver “Don Eloy Escobar o el cofre de Nacar”(p.39-44).

9 La fecha exacta del nacimiento del dramaturgo está en Rafael Ramón Castellanos: Caudillismo y nacionalismo: de Guzmán Blanco a Gómez. Vida y acción de José Ignacio Lares. Caracas: Italgráfica,1994. 668 p. La fecha y su constancia documental está en la p.15. La fecha también aparece en Varios Autores: Diciconario de Historia de Venezuela.2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Polar,1997. 4 vols. Está en el t.II,p.911-912, en base a los datos de Castellanos.

10 Jesús Sanoja Hernández: El día y su huella. Prólogo: Manuel Caballero. Epílogo: Rafael Cadenas. Caracas: Bid & Co.Editor,2009.295 p. Ver:”Salustio Gonzálz Rincones”(p.111-155). La referencia est´pa en las p.115-119.

11 Alba Lya Barrios/Carmen Mannarino/Enrique Izaguirre: Dramatirgia venezolana del siglo XX. Caracas: Centro Venezolano Iti-Unesco,1997. 470 p. Ver el ensayo de Alba Lia Barrios: “¿Nada antes del cuarenya y cinco?”(p.19-141). Allí analiza La República de Cain,p.82-84..