Sábado, 25 de Mayo de 2013

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Tomás Segovia, traductor

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Tomás Segovia (Valencia, España 1927- México DF, México, 2011) fue poeta, ensayista y narrador. Su trabajo como traductor fue amplio, fecundo y reconocido. Realizó traducciones del italiano, el francés y el inglés y recibió en tres ocasiones el Premio Nacional Alfonso X de Traducción en México.

Tomás Segovia salió al exilio con su familia a la derrota de la República Española, en 1939. Después de una estancia en París, Francia, y en Casablanca, Marruecos, viajó a México, donde residió buena parte de su vida. Como niño del exilio se formó en escuelas fundadas por los republicanos españoles radicados en México y compartió con ellos su formación.Participó en las primeras revistas de la llamada Generación Hispanomexicana, formada precisamente por esos hijos del exilio, entre los que se cuentan Ramón Xirau, Carlos Blanco Aguinaga, Manuel Durán y Nuria Parés.

Desde muy joven descubrió su vocación literaria. Él mismo llegó a señalar que a los quince años, después de haber sido reconocido en un concurso de la Academia Hispanomexicana, decidió ser escritor. Esa vocación, que ya no lo abandonó nunca, lo llevó por un lado a participar en las primeras revistas del grupo, Presencia, dirigida por Jomí García Ascot; Clavileño, dirigida por Luis Rius, y Hoja, dirigida por él mismo. A lo largo de su vida participó en distintas publicaciones, algunas de gran importancia en la cultura mexicana y latinoamericana, como la Revista Mexicana de Literatura, en los años finales de los cincuenta y los primeros sesenta, dirigida en una primera época por Carlos Fuentes y Emanuel Carballo, y en una segunda por él mismo y Juan García Ponce. En esa y otras revistas, como Diálogos y la Revista de la Universidad, tradujo todo tipo de textos. En aquellos años nació su interés por la obra de escritores italianos como Cesare Pavese y Giuseppe Ungaretti; del primero tradujo algunos poemas y del segundo los libros Sentimiento del tiempo y La tierra prometida. Años después señaló que Ungaretti era el autor con quien se había sentido más cercano al traducirlo.

La traducción también fue para Segovia una forma de ganarse la vida. El Fondo de Cultura Económica, editorial en la que el exilio español tuvo un papel muy importante a partir de los años cuarenta, y Siglo XXI, sello surgido de un conflicto en el FCE, requirieron constantemente sus servicios de traductor. Entre los textos que vertió al español se pueden mencionar una amplia antología de André Bretón, el padre del surrealismo, la autobiografía de Víctor Serge y la que fue la primera de sus traducciones canónicas y un verdadero desafío, los Escritos, de Jacques Lacan. En las revistas Plural, fundada en 1971 y dirigida por Octavio Paz, y Vuelta, su continuación a partir de 1976 y hasta la muerte del autor de Paz, hizo constantes traducciones de poetas y ensayistas.

Tomás Segovia siempre consideró a la traducción, como a la escritura propia, una mezcla de oficio y talento. Y se quejaba constantemente del trabajo a destajo y mal pagado por los editores, que nunca reconocían ese trabajo con su contenido de creación, que se negaban a incluir en el contrato cláusulas de derechos de autor para el traductor, y que cuando las incluían no las respetaba, estaba acabando con la buena tradición de traductores que había en México, provocando que no hubiera ni lo uno (oficio) ni lo otro (talento).

Su creciente prestigio como traductor hizo que se le encargara impulsar, en El Colegio de México, donde fue becario y profesor, el Programa de Formación de Traductores, iniciado en 1976, que se transformó en 2006 en la Maestría en Traducción. Su labor al frente del programa y en la docencia del mismo hizo que plasmara por escrito sus reflexiones sobre el oficio de traductor, combatiendo algunos de los dañinos lugares comunes que afectan al gremio, como, por ejemplo, un exceso de teorización.

En los años finales de los setenta y los primeros de los ochenta, Segovia alternó largas estancias en Europa, primero en Francia y después en España, lo que le abrió un espacio entre los escritores y traductores españoles. Su trabajo sobre los textos de Lacan, tan celebrado como criticado, se volvió una referencia inevitable en toda reflexión sobre la traducción. Sus versiones de los años setenta empezaron a formar corpus importantes con las que hizo en esos años. La editorial Galaxia Gutenberg recogió sus trabajos sobre Ungaretti (un problema de derechos impidió que tradujera toda la lírica) y sobre todo hizo realidad un proyecto que el poeta planeó durante años, la traducción de la Obra literaria de Gerard de Nerval, extraordinario trabajo sobre uno de los poetas tutelares del romanticismo y la modernidad.

Si bien su trabajo como traductor incluye libros de todo tipo —historia, filosofía, sicoanálisis, filosofía, sociología (entre los autores que tradujo destacan Michel Foucault, Jacques Derrida, Oscar Wilde, Roman Jackobson y Giorgio Agamben)— su calidad como poeta y su formación como hombre de letras lo hicieron un traductor ideal para la poesía. Mención aparte merecen sus traducciones de los Poemas franceses, de Rainer María Rilke. Incluso importantes compositores y directores de escena solicitaron traducciones suyas de libretos operísticos, con la consabida dificultad de vincular la música y el texto. El reto fue aceptado con gusto por el poeta, quien presentó sus traducciones sobre una partitura.

Segovia fue sumamente crítico con el centralismo español que imponía normas de buen español, expresión que para él significaba no sólo una limitación, sino incluso una censura. En su ensayo “Artesanos de la lengua” dice: “Los traductores al español contamos con algunas condiciones peculiares que hacen nuestra situación particularmente complicada. Una de ellas es el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Caso único en toda la historia de la humanidad, y se dice pronto. Nunca un diccionario, ni la institución que lo produce, han tenido ese carácter oficial y ese estatuto de autoridad”.

Un encargo para traducir Lacan, esbozo de una vida: historia de un sistema de pensamiento, biografía de Lacan de Elizabeth Roudinesco, hicieron que se le encargara posteriormente también la traducción de Shakespeare, de Harold Bloom —ya se había corrido la voz de que para un libro difícil era el mejor traductor al español— y eso lo llevó a traducir por enésima vez el Hamlet a nuestro idioma. Pero su traducción no fue una más, sino, conjuntamente, un verdadero acto de creación y de fidelidad al texto original. Su breve prólogo equivale a un tratado de métrica y a una teoría de la traducción. El resultado ha sido elogiado unánimemente como obra maestra de la traducción. En los últimos años de su vida asumió otro reto: la traducción de Dios (Dieu), de Víctor Hugo, que terminó pocas semanas antes de su muerte y que próximamente verá la luz.

En 2007, El Colegio de México publicó la antología Miradas al lenguaje, en la que se reúnen prácticamente todos sus ensayos sobre la traducción y que constituye una especie de arte-poética del oficio de traductor.

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