Sábado, 26 de Mayo de 2012

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Tres exposiciones proponen una reflexión sobre la memoria histórica en el Centro de la Imagen

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Locuralocuralocura, de Pedro Tzontémoc, Expofotoperiodismo y la Fotografía en la Revolución Mexicana

De manera casi ineludible las imágenes fotoperiodísticas y/o documentales incitan alguna reflexión en torno a la creación de memoria histórica o conciencia política, la ética involucrada en las imágenes, y el sufrimiento o emociones experimentadas en su contemplación.

¿Es posible crear memoria histórica o conciencia política en los espectadores mediante la simple visualización de imágenes? Si bien la fotografía periodística al representar nuestras realidades contribuye a alimentar la memoria y el imaginario social, ello no implica forzosamente que a corto o largo plazo los espectadores desarrollemos una conciencia crítica e inteligente frente a los acontecimientos registrados. Se necesita un mayor y mejor esfuerzo dirigido para que las imágenes cumplan con dicha función. En 2010, el centenario de la Revolución Mexicana, condujo a la revisión de ciertos archivos fotográficos claves del periodo como lo es la Fototeca Nacional del inah. Producto de ello es la exposición La fotografía en la Revolución que muestra a la par de imágenes icónicas, ampliamente exhibidas y publicadas, fotografías de autores y eventos poco conocidos. Ya no sólo se trata de imágenes épicas de batallas y héroes de la patria que en lugar de facilitar la comprensión de nuestra historia la mitifican al grado de sentirla lejana, sino del registro de eventos y personajes anónimos que también fueron parte de la historia. La memoria es mucho más que un recipiente que se va llenando por un cúmulo reiterado de imágenes sino un instrumento creativo de autotransformación y reinvención.

Las fotografías de prensa enmarcan lo que vale la pena mirar y las opciones que tenemos para observar. En la conformación de dicha ética, participa la mirada del fotógrafo, quien invariablemente selecciona e interpreta un fragmento de realidad para ofrecernos un testimonio personal de frente al cual toma determinado posicionamiento. Mas no todo el peso recae en el fotógrafo de prensa, también se entremezclan las políticas, intereses y fines de los medios de comunicación e instituciones de los que depende su difusión y por último la elección propia del espectador, que a través de todo el desarrollo tecnológico tiene la opción de decidir que mirar o no mirar. En ese intrincado proceso de la ética de la visión, llegan a nosotros las imágenes de la Expofotoperiodismo 2010, para recordarnos que nuestra memoria o conciencia política de los episodios sangrientos de la Revolución no nos ha conducido a un mejor lugar. La presencia de testimonios cruentos de la narcoguerra y grandes desastres naturales como lo son las inundaciones y terremotos, que a su vez pueden ser leídos con un trasfondo de injusticia y desastre social, me provocan algunas interrogantes ¿El cuestionamiento ético al que se someten los fotoperiodistas frente a situaciones cada vez más terribles e inhumanas les ha obligado a elaborar nuevas visualidades en torno a la violencia? ¿somos los espectadores quienes les demandamos propuestas serias en torno a la violencia para mitigar la frustración de nuestra conciencia de no poder solucionar nuestras realidades? y ¿justifica la labor informativa del fotoperiodista presentar a los sujetos fotografiados en situaciones de vulnerabilidad o mas aún representar para siempre el silencio de su muerte?

Así llegamos al tema del sufrimiento representado en la imagen, si tanto fotoperiodistas como espectadores nos liberarnos un poco del horror al observar la tragedia ajena ¿de que manera aquel que sufre en carne propia puede superar el dolor o transformar su perspectiva del dolor en algo que le lleve a encontrarse entero y en equilibrio consigo mismo? Locuralocúralocura, de Pedro Tzontémoc, nos presenta con agudeza y sensibilidad un viaje íntimo sobre la experiencia del propio autor frente al diagnóstico de una enfermedad incurable y progresiva, en el que el fotógrafo hubo de convertirse en otro, a la vez lejano y cercano así mismo. La fotografía documental opera en este sentido como un proceso curativo y se convierte en un instrumento poderosísimo de autoconciencia que permite reafirmar el compromiso con lo que se es.

Quizá al final tengamos para nuestro alivio al menos una certeza: las formas y caminos para mirar nuestro paso por la vida; reflexionar sobre nuestro presente, pasado y futuro; hacer conciencia del lugar que nos corresponde ocupar en el universo como personas o sociedades, son múltiples y complejas y por fortuna contamos entre ellas a la fotografía.

Valeria Pérez Vega
Marzo 2011

Centro de la Imagen
Plaza de la Ciudadela 2, Centro Histórico,
Mexico D.F., CP 06040
Tel: (55) 1450-3705 y 06
http://centrodelaimagen.conaculta.gob.mx

Horario Galerías
Martes a Domingo 11:00 a 18:00 hrs.
Acceso al museo por Av. Balderas
entrada libre | estacionamiento gratuito