Viernes, 24 de Octubre de 2014

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José Clemente Orozco. Pintura y Verdad

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 Una pintura no debe ser un comentario sino el hecho mismo;
no un reflejo, sino la luz misma;
no una interpretación, sino la misma cosa por interpretar

José Clemente Orozco

  • Pintura, dibujo, gouache, grabado y estudios preparatorios de los murales, integran la exposición que reúne 358 obras de todas sus facetas artísticas que se presenta en el marco del programa cultural del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana.
  • La muestra se extiende hasta el 27 de febrero.
  • Ha sido visitada por más de 47 mil personas.

Orozco abordó con espíritu crítico, maestría técnica y a veces visión satírica, periodos convulsos de la historia de México: la creación del nuevo mundo, la destrucción del viejo orden, la Conquista, los conflictos sociales, la falsedad y la injusticia, los sacrificios y los ideales, la revolución. Toda esta síntesis quedó virtuosamente plasmada en su legado artístico para las generaciones del presente y el futuro. Por ello, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Gobierno del Distrito Federal, instituciones que conforman el Mandato Antiguo Colegio de San Ildefonso unen sus esfuerzos para presentar al público mexicano esta exposición sin precedente: José Clemente Orozco. Pintura y verdad, muestra producida originalmente por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Jalisco y el Instituto Cultural Cabañas, de Guadalajara.

La exposición José Clemente Orozco. Pintura y verdad, exhibe por primera vez en la ciudad de México más de 20 dibujos inéditos que Orozco realizó como estudios preparatorios para el mural La gran legislación revolucionaria mexicana, de Guadalajara, Jalisco, entre 1948 y 1949. Un fresco en la bóveda del que fuera el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados, realizado sin la necesidad de la calca de algún esbozo. Los estudios preparatorios, hermosas piezas de arte en sí mismas, funcionaron como puntos de partida para las exploraciones plásticas que el muralista iba desentrañando en el acto mismo de pintar sobre el muro recién preparado.

Asimismo se exhiben obras realizadas entre 1919 y 1949, provenientes de colecciones públicas y privadas, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Arte de Filadelfia, el Museo de Arte de Dallas, el Museo de Arte de San Antonio, el Hood Museum of Art, el Museo Franz Mayer, el Museo de Arte Moderno, el Museo Nacional de Arte, el Instituto Cultural Cabañas, el Museo de Arte Carrillo Gil y la Colección Andrés Blaistein, entre otras. Un total de 358 obras ejecutadas en 50 años de producción del artista.

El guión curatorial, a cargo de Miguel Cervantes, se integra por 34 núcleos temáticos en un área de 1902 m² (14 salas de exhibición), donde el visitante podrá adentrarse de forma integral a todas las facetas artísticas de Orozco, aún las poco conocidas, desde sus comienzos en la caricatura política, en la pintura de caballete, el gouache, el dibujo, el grabado, así como sus series de la Revolución, el mundo prehispánico y sus estudios preparatorios de los murales, su creaciones en San Ildefonso, el Instituto Cultural Cabañas y en los Estados Unidos, que reflejan la culminación de su arte.

Temas de la exposición

Caricatura
México, 1906-1925

Sus primeras caricaturas se publicaron en 1906 en El Mundo Ilustrado y El Imparcial. Sin embargo, su aparición polémica será en 1911, en El Ahuizote. Son los primeros meses de la joven democracia y Orozco, haciendo coro con otros ilustradores y periodistas, arremeterá contra el gobierno maderista y su causa.

Paralelamente a su caricatura de crítica política y social, aparecen las colegialas y prostitutas, sus personajes del arrabal y de la farándula en revistas como El Malora y La Vanguardia. Los cartones de Orozco dividían a la opinión pública por su impúdica sensualidad, abierto anticlericalismo y por la ejecución del dibujo a un tiempo elemental y de eficaz jiribilla.

Continuó publicando caricaturas en los años veinte en El Heraldo, El Machete y L´ABC. A lo largo de su obra, este género mantendrá siempre una presencia fértil y dialógica con su pintura apareciendo en lienzos y en muros con singular gracia y desparpajo, atenuando, por una parte, su visión trágica de la vida con algunas pinceladas de liviandad y de humor.

La Casa del Llanto
México, 1910-1915

Después de varias exposiciones colectivas, en septiembre de 1916, José Clemente Orozco realiza su primera exposición individual en la Librería Biblos, propiedad de francisco Gamoneda. La muestra se titula Estudios de mujeres; en esa ocasión presenta 123 obras entre tintas, carboncillos, pasteles, acuarelas y óleos. El artista está por cumplir 33 años y es reconocido por sus contemporáneos. En esta exhibición incluye la serie de acuarelas titulada La casa del llanto, imposible no admirar esas piezas excepcionales donde el genio orozquiano recrea con delicadeza y humor la vida prostibularia.

José Juan Tablada describiría años antes, en 1913, la fascinación y la capacidad pictórica del jalisciense para capturar “la vida frenética y miserable” de la prostituta, señalando la pincelada sutil y prodigiosa que trasmite garbo, picardía y ternura en cada una de las escenas de burdel, a la altura de un Utamaro o un Toulouse-Lautrec. En estos mismos años aparecen sus primeros óleos con una temática afín a sus acuarelas, destacando de manera particular La buscona (1912).

Escuela Nacional Preparatoria
México, 1923-1924

Como para sus colegas, el reto técnico y artístico de pintar una superficie mayor a la de un lienzo significó para Orozco una aventura fascinante. Los primeros murales que pintó en la planta baja, y que luego borraría en su mayor parte, revelan un Orozco en la búsqueda de su “forma e idea” para expresar la opresión del hombre por el hombre, la simbología de la materialidad o de figuras heréticas del cristianismo. Los estudios de esos murales muestran un trazo académico y que, ya en la pared y bóveda de la escalera, sufre una metamorfosis afortunada liberándose de acartonamientos y manierismos. Esta obra mural tuvo que suspenderse en 1924 por las protestas de grupos que agredieron los frescos con piedras y navajas.

Si el proyecto de Justo Sierra, al fundar nuestra Casa de Estudios el 22 de septiembre de 1910, se vio interrumpido por el movimiento armado revolucionario, José Vasconcelos, una década después, tomaría la estafeta del humanista del porfiriato y comenzaría a hacer realidad los propósitos fundacionales de la Universidad Nacional.

Si bien el patrimonio artístico de todos los murales de Orozco es de valor indiscutible, San Ildefonso posee, en los muros de los tres niveles del patio central como en el corredor y en la escalera principal, algunos de los frescos más conmovedores, trágicos, violentos, irónicos y sublimes que pintó. Ahí encontramos varios de los momentos estelares de su arte supremo que son ya parte del imaginario colectivo como La trinchera y La maternidad, Cortés y la Malinche y los franciscanos, manifestaciones donde la belleza y la verdad se aúnan para abrir nuevas brechas que culminarán en su obra realizada en los Estados Unidos y en Guadalajara, Jalisco.

Pintura
México, 1925-1927

Aunque los óleos de esta época, tienen correspondencia con los frescos de Orizaba y de la Escuela Nacional Preparatoria (San Ildefonso) –en las escenas de la Revolución de manera particular–, poseen nuevos elementos expresivos y plásticos. Se suele mencionar el nombre de Goya, aludiendo especialmente a su famosa colección gráfica, Los desastres de la guerra. José Juan Tablada sería el primero en hacerlo en su artículo “Orozco, el Goya mexicano” de 1924. La asociación con el español no convenció ni gustó al jalisciense. Las escenas de estas pinturas, velorios de pobres, rebeldes en marchas, paisajes desolados o combates de tropas transmiten esa “tristeza reaccionaria” (López Velarde dixit) que cala en el espíritu más que en los huesos; la mezcla de colores disonantes, grises y blancos al lado de azules, amarillos y verdes provoca un particular desasosiego, implacable y sublime.

México en la Revolución
Tintas
México – Nueva York, 1926-1928

La serie de tintas conocida como México en la Revolución tuvo su origen en la creación de un admirador norteamericano anónimo que deseaba comprar obra de Orozco con esta temática. Las tintas aquí presentadas muestran una mirada múltiple, enfoques diversos, composición de varios planos, que el dibujo de Orozco recrea con maestría. Las piezas transmite la total libertad del trazo y de la mancha sin las sujeciones académicas de antaño. En esos trabajos se aprecia gracia y espontaneidad, desde el punto de vista técnico, no obstante la gravedad trágica de las escenas.

Para Orozco la Revolución fue “sainete, drama y barbarie. Bufones y enanos siguiendo a señores de horca y cuchilla en conferencia con sonrientes celestinas. […] Quebrazón de vidrieras, golpes secos, ayes de dolor, más balazos. Un desfile de camillas con heridos envueltos en trapos sanguinolentos y de pronto el repicar salvaje de campanas y tronar de balazos”. Escritas en su Autobiografía, sus palabras cobran mayor significación cuando sus dibujos a tinta se traducen en imágenes brutales pocas veces presentadas con igual profundidad y devastación, en el imaginario sobre nuestra guerra civil.

Pintura
Nueva York, 1928-1931

Estas pinturas fueron modelo de composición para varias de las tomas más memorables de la época de oro del cine mexicano, en especial las realizadas por la mancuerna de Emilio El Indio Fernández y Gabriel Figueroa, pero también en algunas cintas de Fernando de Fuentes y, sobre todo, en

¡Que viva México! de Sergei Eisenstein. El gusto de Orozco por dibujar al natural le permitió lograr composiciones de figuras humanas en correspondencia con el espacio arquitectónico o natural, con resultados plásticos y escénicos sorprendentes.

En estos óleos, pintados durante su segunda estancia en Estados Unidos, las remembranzas de la Revolución Mexicana surgen con sus famosas soldaderas marchando y con las imágenes de los dos caudillos que las comandaban, Zapata y Villa. También personajes espectrales, al lado de casas desoladas y magueyes penitentes y mutilados. Orozco ha visto decenas de obras de arte moderno en las galerías y museos neoyorquinos y las asimila sin complejos; en esta etapa hace acuse del diálogo con sus pares contemporáneos, principalmente europeos.

Como novedad se hacen presentes los paisajes arquitectónicos de edificios y puentes, las atmósferas del metro, las multitudes en la avenida, los desempleados por la crisis financiera de 1929, los personajes varados en el tiempo de la historia. De estas piezas surgen asociaciones y correspondencias con el expresionismo alemán, en particular con Beckmann y Grosz; evidentemente, hay puntos de encuentro entre todos los artistas que vieron en la dictadura del progreso un callejón sin salida.

Gráfica
Nueva York, 1928-1933

En una carta a su esposa Margarita, desde Nueva York en 1928, Orozco le escribe: “[…] estoy ensayando la litografía y acabo de iniciar mi aprendizaje en el grabado. […] Aunque Orozco fue a Norteamérica “en busca de un muro”, el artista se encuentra entusiasmado con sus experimentaciones y aprende de manera vertiginosa. Así se aprecia en las litografías basadas en la serie de tintas México en la Revolución.

El paso de una técnica a otra y la utilización de nuevos materiales enriquece la imaginación y el arte del muralista. La gama de grises y negros se resuelve en dibujos siempre sugestivos de hombres y mujeres abatidos por la guerra. El paisaje de la tierra baldía, el de sus mujeres enlutadas y el de esos pueblos blancos, provocan una tensión dramática agobiante, donde todo porvenir está sellado por el infortunio y la desolación. Asimismo, aparece la vida de Nueva York y sus alrededores, las diversiones nocturnas y el racismo brutal de aquellos años, se dan cita en estas primeras litografías; entre el espectáculo y la pesadilla, como nos lo hace ver en Vodevile en Harlem y Negros ahorcados.

Gráfica
México, 1935

En muchos momentos la gráfica de Orozco mantendrá un diálogo fértil con sus frescos y, en menor medida, con su obra de caballete; a veces, las variaciones temáticas se desprenden de un mural y cobran carta de naturalidad y autonomía en el dibujo sobre el metal o en la piedra litográfica. Los grabados de esta etapa, la mayoría en cobre, son algo más que derivaciones o apostillas del Prometeo de Pomona, de las serpientes del Quetzalcóatl de Dartmouth College o de las cortesanas del Palacio de Bellas Artes.

En las litografías Las masas y Manifestación, el proceso es totalmente inverso, éstas son propiciatorias de algunos motivos, en particular los murales laterales de la Biblioteca Pública Gabino Ortiz, conocidos como La masa. En otros momentos, su grabado retomará trazos e intenciones de su época de caricaturista y sacará de las prensas sus mordaces litografías tituladas Turistas y aztecas y Zapatistas. El grabado en la imaginación y en la habilidad de Orozco alcanzó niveles de arte mayor.

Pintura
México, 1940-1945

Entre mural y mural, el artista vuelve al estudio y recrea su genio en el lienzo o en el papel. La obra de este periodo, especialmente temples y óleos, le permite revisitar momentos anteriores de su trayectoria; aparecen recreaciones del mural Prometeo y de algunos frescos del Hospicio Cabañas, Dartmouth y de Jiquilpan. En este ejercicio, Orozco va más allá del cambio de escala entre el muro y la tela o el papel, e incluso de las diferencias de paleta. Estas piezas sobresalen por sí mismas en cuanto realidades plásticas autónomas.

Otro tema es la vida de las cantinas y los prostíbulos que el muralista sublimó en las acuarelas de La casa del llanto, durante la primera década del siglo XX.

Hay también nuevos temas, Orozco pinta paisajes desolados, escenas de los evangelios y composiciones mortuorias que trastocan la intención religiosa que les dio origen. Muerte y resurrección, Cristo destruyendo su cruz y El Gólgota que serán de sus mejores piezas. Realiza varios retratos y autorretratos, lienzos con personajes grotescos o naturalezas muertas. En cada uno de los cuadros se reafirman y perfeccionan indagaciones y experiencias plásticas y se esbozan e insinúan nuevas búsquedas en técnicas y materiales.

Ballet de la Ciudad de México
Ciudad de México, 1943-1947

En algunas sesiones del Círculo Délfico seguramente Orozco escuchó el nombre de Isadora Duncan, colaboradora de los festivales artísticos del matrimonio Sikelianos de quienes era, además, familiar político. El muralista, aficionado al teatro y al cine desde su juventud, comprendía cabalmente los entretelones de la colaboración de un artista visual en el ámbito de las artes escénicas. En el siglo XX las escenografías de Chagall, Picasso, Kandinsky y Rivera, corroboraron las felices correspondencias e intercambios entre la danza y la pintura. Por eso no desestimará en absoluto el llamado de Gloria y Nellie Campobello para sumarse al Ballet de la Ciudad de México; todo lo contrario, se compromete en cuerpo y alma, compone escenografías y vestuarios, participa en los ensayos y en la presentación ante los medios y, llegado el momento, sale a defender el trabajo del ballet ante los continuos ataques (Excelsior, 21 de marzo 1925).

Los registros y bocetos que se tienen de las escenografías de Orozco para las coreografías Umbral, Pausa y Obertura republicana presentan a un pintor revitalizado, lúdico, jovial; su paleta de pronto se cubre de colores festivos y sensuales –rojos, azules, amarillos, verdes– combinados con inédita y gozosa espontaneidad y gracia.

Pintura y Gráfica
México y Nueva York, 1944-1946

Después de los murales en el templo de Jesús Nazareno, Orozco no tiene muros. Vuelve a su estudio y continúa su obra. En 1943 ingresa a El Colegio Nacional como miembro fundador y a partir de ese año organiza una exposición anual.

La pintura de esta época es una de las más coloridas de su vasta obra. Un tema recurrente, presente también en sus dibujos a tinta, es la crítica al poder encarnado en dictadores soberbios, ridículos y vanidosos. En sus óleos vemos un desfile de caciques enfundados en casacas militares, mancillando la patria de manera violenta y demagógica. Otro tema presente es el circo, la vida y la melancolía de sus personajes entrañables y misteriosos, payasos especialmente, son retratados con sabiduría e ingenio.

De su último viaje a Nueva York (15 de septiembre de 1945 a 15 de marzo de 1946), Orozco trae consigo varias obras con resonancias de Broadway y Harlem. Las danzas afroamericanas lo seducen por su paganismo, al grado tal que compone varias piezas excéntricas y fabulosas en tributo a ese encuentro.

La Primavera
Ciudad de México, 1945

Como anota Antonio Rodríguez: “Orozco ha sido acusado, en múltiples ocasiones, de ser ajeno al optimismo y de no hacer incidir nunca, sobre su pintura, la luz cálida y radiante del sol”. Desde luego, en la obra del artista hay pocas pero grandes excepciones donde fulgura la divinidad solar; La primavera, hoy en el acervo del Museo de Arte Moderno, es una de ellas. Pintada al fresco en la residencia del doctor José Moreno, uno de los médicos que vigilaban la salud del pintor, esta obra mural de pequeñas dimensiones irradia vida, renovación, abundancia. El nombre le fue dado por Justino Fernández y en su conjunto cumple absolutamente como una escena ritual propia de “la estación florida”.

La Verdad
México, 1945

Para su tercera exposición en El Colegio Nacional, Orozco presentó en el catálogo un conjunto de setenta obras bajo el título La verdad, nombre sugerido por su hija Lucrecia. Sin embargo dicha muestra, colocada ya en la sala, presentaría –según testimonio de Clemente Orozco Valladares– alrededor de ochenta piezas, entre las que figuraron cuatro óleos. También refiere que en sólo dos semanas –la segunda quincena de julio de 1945– su padre realizó cerca de doscientas cincuenta obras, la mayoría destruidas por el propio artista.

Los Teules
México 1947

Escribe Orozco en su Autobiografía: “La Conquista de México por Hernán de Cortés y sus huestes parece que fue ayer. Tiene más actualidad, en cualquier momento, que los desaguisados de Pancho Villa”. Convencido de la frase, una vez más el pintor se sumerge en los cienos de sangre sobre los que se funda la historia de México y nos ofrece una visión atroz y demoledora de la toma de la Gran Tenochtitlán en su serie Los Teules.
El nombre de la serie deriva de una palabra náhuatl, “teotl”, que en el oído de los conquistadores sonó a “teules”, es decir, los dioses. Las piezas reconstruyen –en correlato libre del clásico de Bernal Díaz del Castillo– el fragor de la batalla entre europeos e indígenas. El pintor muestra el combate brutal y funesto de dos culturas con visiones del mundo extrañas y distintas. La iconografía de los guerreros rompe los clichés con los que fue utilizada por otros artistas en distintos momentos. Sin maniqueísmos –no hay villanos ni héroes– Orozco nos presenta múltiples escenas de la conquista de México.

Pintura yDibujo
Ciudad de México, 1948

En su sexta exposición en El Colegio Nacional, Orozco presentó los estudios de los murales que había pintado y que estaba por pintar, además de seis piezas en piroxilina sobre masonite de gran formato de las que sobresalen Cabeza de esclavo y Fantasía (también conocido como Paisaje metafísico).

Sobre este periodo escribe Raquel Tibol “…él sintió que la vida se le escapaba, y es cuando responde con gran fuerza en la serie de imágenes en sentido metafísico: formas en negro que muchas veces denotan más la ausencia que la presencia. Mantos vacíos sin cuerpo; un silencio subjetivo, voluntario, y el otro objetivo, el impuesto, que Orozco expresó con un candado enorme puesto así, nada más, sobre la boca”.

Admisión general
La admisión general a las exposiciones temporales es de $45.00. Los estudiantes y maestros con credencial vigente pagan $22.50. La entrada es libre para los niños menores de 12 años, las personas de la tercera edad y los participantes del Programa de Membresías de San Ildefonso.
Los martes la entrada es libre.

José Clemente Orozco
Pintura y verdad
Se extiende hasta el 27 de febrero

Antiguo Colegio de San Ildefonso
Justo Sierra No. 16, Centro Histórico
Tel. 5702-2991 y 5702-6378 
www.sanildefonso.org.mx

Fuente: Coordinación de Comunicación. Antiguo Colegio de San Ildefonso