Con este proyecto, la FIL Guadalajara presentará 25 formas de leer el continente y brindará una plataforma editorial y literaria para que la obra de estos autores latinoamericanos rompa las fronteras de sus países de origen
Son 25 escritores. Narradores. Invitados a Guadalajara para formar parte de Los 25 secretos mejor guardados de América Latina: un proyecto con el que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara busca derribar las fronteras que separan la literatura latinoamericana y dibujar una ruta de las letras que se gestan a lo largo y ancho del continente, justo en el año en que celebra su primer cuarto de siglo como el mayor encuentro editorial de Iberoamérica. Esta plataforma permitirá tener en Guadalajara 25 voces y lenguajes que ofrecerán a los visitantes igual número de formas para descifrar, hoy, América Latina.
Desde su fundación, en 1987, la FIL Guadalajara ha dado cabida a las voces más conocidas y diversas de la literatura, mientras ha servido como un espacio privilegiado para que los jóvenes autores de habla hispana se presenten ante el gran público. Fiel a esta vocación, el proyecto Los 25 secretos mejor guardados de América Latina centra sus esfuerzos en que nuevos talentos latinoamericanos sean descubiertos por los agentes, scouts, editores y traductores que acuden a la Feria y que el público disfrute con esta variedad literaria.
El grupo está formado por narradores que tienen más de un libro publicado y cuyas obras son escasamente conocidas fuera de sus países. Los autores fueron elegidos luego de un proceso que involucró la lectura de decenas de libros y un amplio proceso en el que se consultó a otros escritores, editores, libreros, periodistas y críticos literarios de América Latina. La selección final recayó en un comité de lectores que dio forma a este grupo de autores, quienes han tomado la escritura como una opción vital y representan propuestas literarias de quince países de la región latinoamericana.
El encuentro de Los 25 secretos mejor guardados se ha estructurado en cinco mesas de diálogo en las que grupos de cinco autores expondrán sus intereses y el público conocerá lo más representativo de su escritura. Las mesas se realizarán del domingo 27 de noviembre al jueves 1 de diciembre de 19:00 a 21:00 horas. Además, todos los escritores sostendrán reuniones con agentes y editores y se encontrarán con jóvenes como parte del programa Ecos de la FIL.
Este proyecto cuenta con el apoyo de la Embajada de Argentina; el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile; el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc); el Ministerio de Asuntos Exteriores de Colombia; el Ministerio de Cultura de Ecuador; el Fondo de Cultura Económica; la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, y la Cámara Venezolana del Libro, además de la asesoría de Gonzalo Celorio y Sergio Ramírez, y la labor de un generoso grupo de lectores que aportó su pasión por la literatura a la lectura de los libros que formaron el corpus de la selección final. Con estas 25 promesas de las letras hispanoamericanas la FIL se viste de manteles largos y afianza su compromiso para que la vitalidad y la diversidad de las letras latinoamericanas circulen por el mundo.
Autores
Juan Álvarez. Colombia, 1978
Baste con declarar la convicción que ha dado sentido y orden a los textos que he publicado (textos que, antes de publicar, he leído varias veces en voz alta): la convicción del músculo de la imaginación como soberanía del individuo
Luis Alberto Bravo. Ecuador, 1979
Escritor vintage. Se percibe en él insolencia, avidez, heterodoxia, agilidad, erudición en asuntos contemporáneos. Autor en busca de identidad, personalidad fragmentada, indiferencia política, culto a la intrascendencia. Literatura punk.
Andrés Burgos. Colombia, 1973
Entre el humor y la melancolía, le apuesta a los detalles y susurros, a un mundo donde lo cotidiano golpea con más fuerza que cualquier suceso extraordinario.
Fabián Casas. Argentina, 1965
Soy un escritor que carece de imaginación, y tiene que sacarle agua a las piedras. Estoy encerrado con un solo juguete y le doy vueltas y vueltas. De ahí salen los ensayos, los poemas y los relatos.
Miguel Antonio Chávez. Ecuador, 1979
Sin haberlos buscado conscientemente al inicio, he desarrollado los tres tabúes básicos del humor: sexo, religión y política. Sin embargo, prefiero describir mi obra como de sátira social y metaliteraria.
Carlos Cortés. Costa Rica, 1962
Autor de literatura fantástica, ha intentado destruir un país inexistente o probar su existencia destruyéndolo. Insomne desde sus primeros sueños, huérfano de varios padres, ha escrito desde líneas para Celine Dion hasta novelas de dictador (modestamente).
Francisco Díaz Klaassen. Chile, 1984
Escribo sobre el fracaso. Es lo que me gusta. Pero no el que advierten las expectativas de terceros o de una sociedad. El fracaso de mis personajes lo anuncia el espejo del baño.
Jacinta Escudos. El Salvador, 1961
Mi obra está en permanente búsqueda y construcción. Ansío no estancarme, procuro el juego permanente, la experimentación, sin más compromiso que el de la calidad y la libertad literaria. En pocas palabras, escribo lo que se me antoja.
Nona Fernández. Chile, 1971
Actriz por gusto. Narradora por hinchar las pelotas, por no olvidar lo que no debe olvidarse. Guionista de culebrones por necesidad. Chilena incómoda, y a ratos rabiosa.
Fernanda García Lao. Argentina, 1966
Nunca escribo sobre la visión directa de las cosas, soy transversal. La realidad no me necesita y siempre se viste de otra cosa. Cultivo la irreverencia. Una suerte de alquimia barata. Un desvío, donde el humor y la poesía cuelgan de un hilo tenso.
Ulises Juárez Polanco. Nicaragua, 1984
Soy un lector que escribe porque necesita dialogar consigo mismo. Mi obra parte de esta búsqueda, y lo hace a través del humor, la ironía y la nostalgia, que es el sentimiento más completo, según Bukowski.
Roberto Martínez Bachrich. Venezuela, 1977
Me interesan los universos íntimos, domésticos, hurgar e imaginar cómo en rincones insospechados de lo cotidiano surge, de golpe, una situación límite, avasallante. La dimensión monstruosa de ciertas épicas mínimas, privadas, es lo que más me atrae al contar una historia.
Emiliano Monge. México, 1978
Monge entiende la literatura como una camisa de fuerza que el escritor se pone voluntariamente y que sólo le puede quitar el lector. Sus libros intentan ser mecanismos capaces de romper el discurso inyectando peso al silencio y quitándoselo a las palabras.
Javier Mosquera. Guatemala, 1961
Me gusta retar al lector. La literatura es el arte de sugerir, más que de decir. Escribo para quienes buscan luces en el laberinto de neblina que es la conciencia.
Diego Muñoz Valenzuela. Chile, 1956
Mi narrativa escurre entre la realidad y la fantasía, se centra en lo social, y explora fronteras dentro del amplio campo de la narrativa: el microrrelato, el cuento, la novela.
Enrique Planas. Perú, 1970
Escritor y periodista, autor de novelas muy distintas entre sí, pero que tienen en común lugares cerrados, atmósferas opresivas, secuencias fragmentarias, conflictos de identidad e indagaciones en la condición femenina.
María Eugenia Ramos. Honduras, 1959
Ha escrito poesía y narrativa. En sus relatos, el simbolismo y la alegoría se utilizan para descomponer la soledad, pero también para dejar constancia de una realidad violenta.
Luis Miguel Rivas. Colombia, 1969
Escribo historias de gente común que no cabe en sí misma. Gente que busca por lo menos un poquito de comunicación con alguien.
Giovanna Rivero. Bolivia, 1972
Ni un libro mío se parece al otro. Esta suerte de latido inesperado es la impronta de toda mi narrativa. Considero que escribir es un camino espiritual, una experiencia mutante. Escribo, luego soy.
Hernán Ronsino. Argentina, 1976
Mis novelas y relatos se posicionan en una zona periférica de la cultura argentina, porque exploran un territorio rural o provincial. Me interesa, desde la escritura, y desde la potencia que guardan esos rincones periféricos, construir una mirada crítica del mundo.
Pablo Soler Frost. México, 1965
Nació en la Ciudad de México, en otra época. Es un escritor precoz y prolífico, que ha incursionado en el teatro y ha publicado novelas, cuentos, poemas, ensayos y aforismos. Vive en Tlalpan, en una casa suiza, bajo pinos nahuas: le gustan los perros, los libros, el cine y el silencio.
Daniela Tarazona. México, 1975
Escribo para satisfacer una necesidad vital. Mi vocación está dirigida a la creación de un personaje y al conocimiento de sus emociones. Me interesa probar y experimentar con las palabras.
Dani Umpi. Uruguay, 1974
Dani Umpi mezcla géneros literarios de mala reputación: la novela rosa, el best seller edulcorado, la autoayuda, los diarios de adolescentes…Una voz entre el retrato costumbrista y el monólogo neurótico.
Eduardo Varas. Ecuador, 1979
La obra de Varas cuestiona la tradición literaria de su Ecuador natal: no la niega, la reflexiona. Sus libros son ciudades no suscritas a lo geopolítico, con personajes enfrentados a la culpa, como denominador común.
Carlos Oriel Wynter Melo. Panamá, 1971
Mi obra está colmada de personajes que buscan maneras de ser ellos mismos. Escapistas, invisibles, ventrílocuos. Retratan mi odisea vital. Mis libros retratan la soledad y el deseo de comunión. Hoy, más que nunca, estamos solos. Y hoy más que nunca, nos necesitamos.
Prensa y Difusión Feria Internacional del Libro de Guadalajara
www.fil.com.mx




