Martes, 21 de Mayo de 2013

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Una historia recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero

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  • En co-organización con el Congreso de la República del Perú, el MALI muestra “Una Historia Recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero”. Proyecto único en su género que se mantendrá en exhibición hasta el 1 de mayo de 2011.
  • La exposición se centra en una de las pinturas más importantes en la historia del arte peruano, “Los Funerales de Atahualpa” de Luis Montero, pintada en Florencia entre 1865 y 1867.
  • En el marco de una extensa investigación internacional, se contextualizará la obra, presentándola junto con otras pinturas del artista, materiales fotográficos y documentales sobre la larga y compleja historia de este lienzo, que fue exhibido con gran éxito en Florencia, Rio de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires y Lima entre 1867 y 1869.
  • La exposición reúne una parte significativa de la obra del pintor piurano, así como dibujos, pinturas y documentos relacionados con la historia de su obra maestra.
  • El público podrá ver directamente el trabajo de las restauradoras y seguir el proceso paso a paso, el cual será registrado y difundido. Se trata de un evento único en su género en el Perú y que pone en evidencia otra de las labores de un museo en la actualidad: los proyectos de investigación.

[Lima].- El pintor Luis Montero (San Miguel de Piura, 1826 – Callao, 1869) fue uno de los primeros artistas americanos en intentar representar la historia local en su obra “Los funerales de Atahualpa”. Esta gran pintura, que integra treinta y tres figuras, es reconocida como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur. Justamente, con el fin de poner en evidencia la investigación realizada sobre esta obra es que el Museo de Arte de Lima – MALI presenta la exposición “Una Historia Recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero”, que permanecerá abierta al público hasta el 1 de mayo de 2011.

Curada por Natalia Majluf, esta exposición busca conservar esta obra y recuperar su compleja historia. Un equipo internacional de investigadores trabaja ahora en Argentina, Brasil, Italia y Uruguay para dar forma a un libro documentado sobre esta pintura. El público podrá además ver directamente el trabajo de las restauradoras y seguir el proceso paso a paso, el cual será registrado y difundido. Se trata de un proyecto único en su género en el Perú y que pone en evidencia otra de las labores de un museo en la actualidad: los proyectos de investigación, la restauración y puesta en valor del patrimonio que conserva.

En el marco de la remodelación de las salas de exposición permanentes, este proyecto pondrá en exhibición algunas obras que forma parte de la colección permanente del museo.

Información adicional:
En el siglo XIX la pintura de historia, el género más prestigioso en la jerarquía de las artes plásticas, había ampliado su rango más allá de las tradicionales escenas de la Biblia o de la antiguedad clásica para abarcar episodios de otros períodos y lugares. El pintor Luis Montero (San Miguel de Piura, 1826 – Callao, 1869) fue uno de los primeros artistas americanos en intentar representar la historia local en su obra Los funerales de Atahualpa, cuya compleja composición integra de manera eficaz treinta y tres figuras. Esta gran pintura es reconocida así como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur. Por su enorme formato, su inédito tema local, y el dramatismo de la escena representada, el cuadro cautivó a la crítica europea y americana. En el largo recorrido que la trajo de Florencia a Lima, dejó una amplia estela de influencias, y tendría una importante repercusión tanto en el desarrollo de la crítica de arte como en la de la pintura de historia en la región.

Luis Montero, pintor académico
Inspirados por una nueva concepción estética, los artistas nacidos tras la Independencia buscaron marcar una ruptura con la tradición del arte virreinal, para inscribirse en el ámbito cosmopolita de la pintura europea. Al igual que otros pintores de su época, como Francisco Laso o Ignacio Merino, Montero viajó a Europa en busca de la formación profesional que no podía recibir en su propio país, donde no existían entonces ni academias ni museos. Con el apoyo del gobierno, entre 1848 y 1850 realizó sus primeros estudios en Florencia con los maestros Giuseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini. A su retorno al Perú en 1851 presentó El Perú libre, obra que obsequia al gobierno peruano, y La matanza de los inocentes, grandes lienzos que señalaban ya su madurez como pintor. Un segundo viaje lo lleva nuevamente a Italia, de donde pasa luego a La Habana, antes de regresar al Perú en 1859. Hacia 1862 emprende su tercer viaje a Italia. Montero solo volvería a Lima en 1868 para presentar la que sería su obra maestra, el enorme lienzo de Los funerales de Atahualpa, que le consiguió la consagración definitiva. Poco después fallece en el Callao, víctima de la fiebre amarilla. Estaba por emprender nuevamente viaje a Europa, para realizar otra gran pintura de historia, La rendición de Rodil, una escena emblemática del fin del dominio español en América.

Al terminar su gran cuadro en Florencia en 1867, Montero inició una larga travesía, exhibiendo su obra con gran éxito en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. Entre tanto, los diarios peruanos iban anunciando su llegada y creando expectativa entre la población. Cuando se exhibió finalmente en Lima en 1868, un periódico local calculaba que lo habían visto unas quince mil personas. Reproducida en postales, billetes, estampillas y libros escolares, Los Funerales de Atahualpa de Montero se convirtió tempranamente en una pieza central de la imagen oficial del país. En el momento en que las tropas de ocupación ingresan a Lima durante la Guerra del Pacífico, la pintura se exhibía en el Palacio de la Exposición, de donde fue tomada para ser llevada a Chile. Gracias a gestiones realizadas por Ricardo Palma fue devuelta al Perú en 1885. Con la notoriedad que le prestaba su condición de trofeo recuperado, la obra tuvo un segundo momento de auge en esos años, que coincidió con el surgimiento de un interés renovado por la pintura histórica.

El último tercio del siglo XIX marcó el auge de la pintura de historia en gran parte de América Latina. En el Perú, sin embargo, su desarrollo se vio limitado, tanto por la desaprición prematura de la primera generación de pintores académicos, como por la grave crisis económica e institucional que vivió el país a raíz de la Guerra del Pacífico. Esto explica que no exista obra alguna que pueda comprararse por su escala o ambición con Los Funerales de Atahualpa de Montero. Aún así, diversos pintores, como Camilo Blas, Carlos Baca-Flor o Juan Lepiani crearon obras relacionadas con el tema de la captura y muerte del Inca en Cajamarca.

La elección del tema es el primer asunto que determinaba el éxito de un cuadro de historia. Montero se inspiró en un breve pasaje sobre la muerte del Inca tomado de la célebre Historia de la conquista del Perú de William H. Prescott (1847). En las exequias de Atahualpa en Cajamarca, presidida por fray Vicente de Valverde en presencia de Francisco Pizarro y de su hombres, las hermanas y mujeres del Inca entran en la iglesia para impedir la ceremonia, reclamando honores para Atahualpa, y pidiendo enterrarse con él. Los españoles se niegan a escucharlas y las obligan a retirarse del lugar. Montero capta este momento culminante. En el sector izquierdo de la composición, los españoles intentan frenar el avance de las mujeres que se dirigen en dirección del cadáver. A la derecha, Pizarro, impasible, contempla con gravedad la escena. Valverde vuelve su mirada sobre una mujer que le implora sollozando a su sus pies. Muy cerca, se apaga la vela de un candelero caído, señalando la vida que se extingue y el ciclo histórico que se cierra para siempre.

El gran reto del pintor de historia era recrear el pasado de forma convincente. Tanto la fisonomía y carácter de los personajes, como los trajes y escenarios representados debían ajustarse a la veracidad histórica. Montero enfrentó así un doble desafío al escoger un episodio histórico sobre el que existían escasas referencias visuales. El Perú precolombino aún no había sido estudiado, y este desconocimiento se refleja en el caprichoso escenario de fondo, así como los trajes de los personajes indígenas, que hoy resultan tan poco persuasivos. No habían tampoco retratos verdaderos de los protagonistas de la historia. Si para la figura de Pizarro diversos historiadores ayudaron a Montero con antiguos grabados que le sirvieran de modelo, para la imagen de Atahualpa el pintor buscó otros recursos. Al fallecer en Florencia Palemón Tinajeros, un dibujante arequipeño radicado en Italia, Montero fija su retrato para utilizarlo de modelo para la efigie de Atahualpa. Esto le permitió dotar al rostro del Inca de la especificidad del retrato, lo que distinguió su figura de las mujeres indígenas que, como diversos críticos han señalado, parecían más bien inspiradas en modelos europeos.

Hasta el 1 de mayo de 2011

Museo de Arte de Lima – MALI, salas 3.
Visitas: De martes a domingo de 10 a 20 h. y sábados hasta las 17 h. Cerrado los lunes.
Ingreso: S/. 6.- tarifa mínima; S/. 12.- tarifa sugerida;
S/. 4.- estudiantes, menores de 12 y mayores de 65 años.
S/. 1.- los domingos populares.
Ingreso libre para alumnos del MALI, alumnos y docentes de la Universidad del Pacífico, miembros del Programa Amigos del Museo, Deutsche Bank Art Card y Amigos do MAM - Río.

Fuente: David Flores-Hora Comunicación y Prensa Museo de Arte de Lima – MALI