Miércoles, 24 de Mayo de 2017

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Un paraíso perdido. Las selvas colombianas vistas por Leopoldo Richter.

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Esta exposición, presentada ya en 2007, resalta el sentido de la obra de este artista alemán, su particular forma de entender el mundo y su testimonio gráfico como una irrecuperable imagen de las selvas colombianas.

“La obra de Richter está presidida por el deseo de conocimiento: mucho más que un propósito sensible, parece ser un fin inteligente el que la anima. […] Su pintura tiene la frescura, y la directa ferocidad de una expresión no contaminada, de la incursión pura y desinteresada de un hombre inteligente por el terreno de la concepción pictórica”, Marta Traba, Revista Prisma, 1957

Bogotá D.C. febrero de 2013
Conozca la vida, las costumbres y la majestuosidad de las selvas colombianas en la exposición temporal Un paraíso perdido. Las selvas colombianas vistas por Leopoldo Richter, que se presenta hasta el 21 de abril en el Museo Nacional de Colombia – Ministerio de Cultura.

En dibujos, grabados y acuarelas, el entomólogo y artista alemán interpretó la selva amazónica y la costa pacífica colombiana a partir de la unión entre arte y ciencia. Por un lado, su trabajo se convirtió en un referente para estudiar la vida vegetal y animal, y los quehaceres de los habitantes; por otro, el valor expresivo de trazo y aguadas hizo parte de una propuesta plástica que Richter mantuvo al margen por decisión propia.

Radicado en Colombia desde 1935, Leopoldo Richter desarrolló una mirada que fue más allá de la observación científica: en las anotaciones de sus diarios hizo referencias a la situación política de las regiones que visitó y se manifestó contundentemente en contra de las influencias externas que afectaron el libre desarrollo y la supervivencia de las tradiciones en las culturas indígenas de la Orinoquía colombiana: “Y en cuanto a la cultura, jamás he oído o leído de un misionero honesto que tuviese el empeño de llevar cultura al indígena. Únicamente civilización. […] ¿O son cultura el aguardiente y las perlas de pacotilla? ¿Son cultura los látigos y las cadenas de los caucheros? Jamás pude encontrar algo diferente…”, Leopoldo Richter, “Textos relacionados con los indios de la selva amazónica”.

Esta exposición, presentada ya en 2007, resalta el sentido de la obra de este artista alemán, su particular forma de entender el mundo y su testimonio gráfico como una irrecuperable imagen de las selvas colombianas.

Leopoldo Richter y su obra
El artista y entomólogo Leopoldo Richter [Gross-Auheim, Alemania, 1896 - Bogotá, 1984] se radicó en Colombia en 1935. Antes había vivido en Alemania, donde estudió pedagogía en la Escuela Superior Técnica de Baden, Karlsruhe (1921-1924), profesión que ejerció hasta 1932. Sin embargo, la situación política de su país, al amor por la naturaleza y el interés por la entomología y el arte, lo llevaron hacia Suramérica, donde se dedicó a viajar por las selvas amazónicas de Brasil y Colombia.

Durante esos viajes trabajó de manera empírica en la entomología y el arte, como una forma similar de aprehender la naturaleza y seguir así, los postulados de su antecesor alemán: Alejandro de Humboldt.

En la obra de Richter no es posible separar el arte de la ciencia. Esta actitud se revela en todo su esplendor, en los cuadernos de apuntes, ricos en información científica y antropológica y con cientos de dibujos y anotaciones. En un comienzo, sus investigaciones entomológicas fueron divulgadas en el Catálogo de los membrácidos en Colombia, publicado por entregas desde 1940, con el apoyo del Instituto de Ciencias Naturales, al cual estuvo vinculado Richter durante 23 años.

En la década de 1950 inició la exhibición pública de sus dibujos y pinturas. Aunque sus obras fueron bien recibidas por el medio artístico colombiano, Richter decidió permanecer al margen de los círculos artísticos y continuar su propuesta plástica de manera marginal.

En 1957, la crítica de arte argentina Marta Traba se refirió a su obra así:

La obra de Richter está presidida por el deseo de conocimiento: mucho más que un propósito sensible, parece ser un fin inteligente el que la anima. […] Su obra tiene la sorprendente y seductora originalidad de un ojo que, sabiendo muy bien cuál es el estado, las corrientes y las necesidades de la estética del siglo XX, no vive sin embargo, demasiado inmerso en ellas como para parecerse a alguien: su pintura tiene la frescura, y la directa ferocidad de una expresión no contaminada, de la incursión pura y desinteresada de un hombre inteligente por el terreno de la concepción pictórica .

Si bien es cierto que las preocupaciones de Richter fueron principalmente de tipo científico, también resultaron fundamentales sus vivencias en las selvas colombianas y su interés por conocer a profundidad la forma de vida y pensamiento de los indígenas y negros de esas regiones. Partiendo de su álbum de dibujos se sabe que visitó la costa Pacífica (1950), la Sierra de la Macarena, el Meta, el Guaviare, Cartagena e Islas del Rosario (1951) y el Chocó (1954).

El artista-científico se manifestó de manera clara y contundente, en contra de las influencias externas que afectaron históricamente, el libre desarrollo y la supervivencia de las tradiciones en las culturas indígenas de la Orinoquía colombiana. Al respecto anotó:

Y en cuanto a la cultura, jamás he oído o leído de un misionero honesto que tuviese el empeño de llevar cultura al indígena. Únicamente civilización. Sin embargo, los civilizados que visitaron al indio o destruyeron sus objetos de barro o se los robaron, o bien destruyeron su cultura o la tomaron, pero nunca aportaron cultura. ¿O son cultura el aguardiente y las perlas de pacotilla? ¿Son cultura los látigos y las cadenas de los caucheros? Jamás pude encontrar algo diferente… Cultura es creación. Civilización es hacer negocios. El indio, empero, crea todo lo que necesita su vida y lo que la hace hermosa. El civilizado hace un cambalache de todo lo que existe, incluso de su propio trozo de vida .

Richter hizo referencias someras a la situación política de las regiones que visitó en la década del cincuenta. En su relato de viaje a la Sierra de la Macarena, realizado en enero de 1951, denunció, entre comentarios de flora y fauna que: “Comienza el bandolerismo. En Puerto López colgaron de los pies a unos hombres en los árboles y les cortaron las manos a hachazos. Una mujer fue crucificada y su vientre abierto (Los asesinos fueron indultados en 1954)”.

En estas regiones, los colonos iniciaron una actividad agrícola que hoy es casi exclusiva de cultivos de coca, los cuales han llevado a la región hacia grandes problemáticas de violencia y narcotráfico. Esta situación actual ha provocado la destrucción del “paraíso” humano y natural que Richter alcanzó a vislumbrar y documentar en su obra.

Leopoldo Richter
Un paraíso perdido

Del 23 de enero al 21 de abril de 2013
La entrada es gratuita.

Museo Nacional de Colombia
Cra. 7, calles 28 y 29, Bogotá, D.C., Colombia
Teléfono: 334 83 66. Fax: 337 4134
Boleto de ingreso al Museo

Horarios
Martes a sábado de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.
Domingos de 10:00 a.m. a 5:00 p.m.
(El acceso a las salas termina 30 minutos antes del cierre del Museo)
El lunes está cerrado al público

Fuente: Comunicaciones Museo Nacional de Colombia