
La Gobernación de Antioquia a través del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia hace reconocimiento a artistas representativos del Departamento, quienes con su talento, sensibilidad y experiencia aportan al desarrollo cultural y hacen de Antioquia la más educada.
En esta ocasión, queremos destacar al maestro Oscar Rojas, artista, docente y precursor de las artes plásticas de Antioquia y Colombia; escultor y soñador, quien nos entrega sus obras para, según el artista, resignificar el valor de la existencia, del amor y del respeto por la vida.
Oscar Rojas
Nace en Medellín, el 27 de julio de 1930.
Realizó estudios con el Maestro José Horacio Betancur, ha viajado por diferentes países de Europa y América para fortalecer su proceso de formación y visitar talleres de artistas y museos.
Alumno y seguidor de José Horacio Betancur, ha incursionado en varios estilos en su obra, desde 1962 participa de exposiciones individuales y colectivas en el ámbito nacional e internacional.
Oscar Rojas. Retrospectiva
Del 27 de septiembre al 27 de octubre de 2012
Inauguración: 27 de septiembre de 2012, 6:30pm
Palacio de la Cultura "Rafael Uribe Uribe"
Cra. 51 No. 52 – 03, Medellín - Colombia
Teléfono 512 46 69
Horario de atención: lunes a viernes de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. y sábados de 8:00 a.m. a 2:00 p.m.
Entrada gratuita
www.culturantioquia.com
¿Quién es Oscar Rojas?
Tierno y blando como una piedra
Vital en su charla, este escultor paisa, fundador
de la Asociación de Artistas Plásticos,
se ha caracterizado por plasmar en su obra los sucesos
que han marcado a Colombia.
Por Oscar J. Garcés

Carlos Castro Saavedra dijo que "Las piedras tienen vida, como todas las cosas que parecen muertas, y el escultor Óscar Rojas tiene la virtud de saberlas golpear, de saberlas tallar y volverlas objetos animados, testimonios despiertos, tibios y palpitantes".
A sus cinco años, desde una de las colinas que rodean a Medellín, unos metros antes del Pan de Azúcar, Óscar, en ese entonces un pequeño inquieto, trataba de divisar, montado sobre una pila de agua, el lugar en donde habían chocado dos aviones, dejando al mundo sin un ídolo: Carlos Gardel. Aquella pila de agua era el lugar, al píe de un barranco, en el que tenía Rojas una cata de barro, con la cual fabricaba caballos y carros, los primeros semejantes a los de don Leonardo, el viejo y recordado carrero de Enciso; los segundos, como el que veía pasar hacia la tienda de Juanito, llevando los frescos.
Es una experiencia inolvidable escuchar los recuerdos de este escultor paisa que por momentos calla y mira a su alrededor. La biblioteca, sus libros de poesía, recolectados por todo el mundo, sus pinturas, pocas por demás, sus esculturas decorativas, y la enorme ventana que le permite observar el centro de una gran ciudad.
Revolcón de una Vaca
Llegan los años de las cometas, los charcos y los juegos infantiles, que le hacían olvidar su casa, el alimento, el rosario y el sueño. Vino el ingreso a la escuela, que terminó por problemas económicos cuando cursaba cuarto elemental. La Primera Comunión y, con ello, estrenarse sus primeros zapatos de charol y pisar duro aquel día en la catedral de Villanueva. Aún recuerda el sonido de sus pisadas.
En 1943 viaja con su familia a Frontino, buscaban fortuna. Unos 150 kilómetros al occidente de la capital lee Tres meses en Italia, de Blanco Ibáñez, y comienzan sus anhelos por conocer las obras de Leonardo, Miguel Ángel. Regresa a Medellín, y a los 13 años trabaja en La Macarena, el nuevo circo: nació su afición por los toros, que terminó con un revolcón proporcionado por una vaca. La necesidad lo obligó entonces a blanquear casas, pintar edificios y elaborar cerámicas precolombinas para luego venderlas a la entrada del Hotel Continental.
Años cincuenta, la bohemia, el licor, el olvido. Rojas se convierte en alcohólico. Bebía desde las seis de la mañana y a las once dormía su primera rasca. Hoy sigue sintiendo los efectos del alcohol en su vida, pues ya casi no ve. Así fue hasta 1963, cuando conoció a Maruja, su amor permanente y sincero. Imicia así sus años de máxima producción artística.
Paréntesis Europeo
En 1970 es becado por el Icetex para estudiar en Europa durante un año. Tiempo de confrontación y hallazgos interiores. Vive su mayor experiencia como escultor con la exposición de sus obras en Italia.
Vuelve a Colombia y funda su primer taller. Enseña, y ello se convierte en lo más gratificante de su vida. Compra una tierra cerca al lugar que lo vio nacer, con el fin de crear un parque recreativo y cultural para Medellín, proyecto que no pudo Ilevar a cabo por falta de presupuesto. Pero en su mente aparecían deambulando, entre árboles y caminos, la Patasola, la Madre monte, el Verraco de Guaca y otros mitos de nuestras tradiciones. Es invitado por el Colombo-Soviético, siendo director de sus actividades culturales, a Cuba y a Rusia. Experiencias que influyeron en forma notable sobre su pensamiento y búsqueda personal.
De regreso funda ACAP, la Asociación de Artistas Plásticos. Luego de trabajar la madera y el barro, se acerca a la piedra y el metal para esculpir los campesinos, las madres, la muerte, los asesinatos, la familia, los personajes y sucesos que han marcado a Colombia. También figuras de hombres perpetuados: Fernando González, Gaitán, León de Greiff, Gonzalo Arango, Carlos Castro, Barba Jacob. Momentos de la vida nacional como el 9 de abril, la violencia de hoy, las violaciones a los derechos humanos, el sicariato.
Es Muy Duro Recibir
Después de denunciar y presentar su visión sobre la Colonia, la izquierda, el movimiento obrero, la pobreza y otros temas cotidianos, a los 61 años, es un testigo de su tiempo, de la época actual del futuro para quien, "No hay nada mejor que dar, es muy duro recibir, decía San Francisco. Dando es cuando recibimos, cuando somos más libres. Es por eso que el dinero y el poder no son una obsesión para mí".
"En Óscar me atrae ante todo un modo de ver el mundo, las personas, las cosas; su mirada generosa y limpia, su alegría en el descubrimiento, en su capacidad de buen asombro, en esa sobria borrachera que entregan los días a quienes los miran con sonrisa de campo abierto. Y su bondad sin reticencias, su hombría sin claudicaciones, su orgullo de ser artista y compartir el sol y la noche y el paisaje", eso piensa Manuel Mejía Vallejo de su amigo escultor.
Su Voceador de prensa, en madera, parece que nos mirara y nos gritara. La familia pobre, es una madre con un niño en sus brazos, otro en sus pies, cogiéndose el pipí, y uno más en su vientre. En su taller esculpe la roca y la madera para darle forma y "animarla", darle forma ante los ojos escrutadores de quienes miran sus obras con curiosidad y a veces con desdén.
A la entrada aparece la siguiente inscripción: "Este es mi templo donde rindo culto a la vida por medio del arte para llegar al amor". Esas palabras son las de un hombre bondadoso, de mal genio, que ama la humanidad y la regaña en ocasiones utilizando sus manos, el cincel y algo de lucidez.
Tomado de la Revista Alo, No.150, marzo 24 de 1994
Prensa: Comunicaciones Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia










