Marcelo Balquinta
"Caramelos Acidos"¨- Pinturas (Sala I)
¿Qué vemos cuando vemos una obra de Marcelo Balquinta? Un universo fantástico, un mundo icónico y narrativo de historias con protagonistas quizá salidos de cuentos infantiles. Entre ellos siempre hay una entidad que todo lo ve, como en nuestra infancia existía ese ser superior y poderoso que veía nuestros pecados. Este ser es El Ojo. Tomando diferentes formas, es un testigo mudo e inmóvil de lo que pasa. No juzga, ejecuta los hechos como una fatalidad o un destino. ¿Y esas sensuales bocas, que sacan su lengua acariciadora, que tragan, que ofrecen, que engullen? Son, tal vez, ese deseo oculto que nos invade y somete y del cual no podemos deshacernos. El Osito es quien siempre sufre, como existen los personajes que sufren en toda buena historia. Es la víctima que el artista ofrece en sacrificio para que podamos volvernos adultos y olvidarnos que alguna vez esperamos recibir sólo bienes de la vida. Y los Niños y Niñas observan lo que pasa, son espectadores iguales a nosotros, que alguna vez vimos con candor los más terribles horrores. Estas obras nos proponen algunos juegos: mirar con inocencia un mal que nos es natural porque es resultado de las acciones humanas y, también, poder apreciar la belleza de los errores de nuestra imperfecta existencia. Estas obras nos ayudan a aceptar, disfrazados de personajes fantásticos, que hay horrores que vemos diariamente, de los que somos protagonistas y a los que, mal que nos pese, sobrevivimos. Al estilo de la catarsis de las tragedias griegas, en estas imágenes vivimos, en la piel de extraños personajes, los errores trágicos que nos destinan y nos reinventamos, humanos e imperfectos. Nada más y nada menos que lo que somos y aceptamos ver solamente en una obra de arte.
Patricia Villegas
Sala I
Del 30 de octubre al 15 de noviembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.
Manuel Archain
"¿ Y entonces ? " fotografías (Sala II)
¿Y entonces? Pregunta que me instala en una historia a la cual le falta el final. Es el momento justo en donde uno se adelanta a los acontecimientos y, en milésimas de segundo, imagina los posibles desenlaces de una historia inconclusa. En este caso, la obra se orienta, también, hacia la otra punta, aquel pasado sobre el cual tampoco tenemos hechos relatados. El choque de algo tan real como es una fotografía con elementos que distorsionan "la armonía" de lo cotidiano, lleva a una situación nueva y diferente (diríamos surrealista), que hace más interesante el juego de la especulación. Estas obras, al igual que ocurre en el resto de mi producción, parten de la búsqueda constante de generar personajes a partir de los cuales se cuenten historias a través de sólo una imagen. Siempre parto de un dibujo previo como medio para plasmar la primera sensación que quiero expresar, herramienta que desde hace mucho tiempo es fundamental en mi trabajo. Muy pocas cosas quedan libradas al azar, una vez que está planteada la idea.
Del 30 de octubre al 15 de noviembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.
Paula Otegui
"Bio-Barroco-Visceral" - Pinturas sala Proyecto cubo
Campos de batalla
Las telas de Paula Otegui son verdaderos campos de batalla. No sólo porque, literalmente, la artista representa con frecuencia a grupos humanos en disputa, sumidos en territorios plásticos más o menos pacíficos, más o menos caóticos, sino principalmente porque en ellas se producen otras luchas no menos evidentes: la eterna contienda entre lo gráfico y lo pictórico, entre la línea y la mancha, entre el trazo y el color.
Como una caja de resonancia, Otegui propaga las tensiones. Con una técnica impecable, superpone patrones figurativos, abstractos, geométricos, manchas, creando una trama visual compleja donde la mirada se abisma. Para esto echa mano a toda una serie de recursos plásticos, contenidos por una composición estricta que evita toda dispersión. Una marcada tendencia al monocromo o al uso de una paleta ascética, perfectamente equilibrada, pone en evidencia su gusto por la armonía y el control, apenas trastocado por el dinamismo de las escenas que representa.
Por otra parte, la superposición constante –de recursos, de figuras– genera una relación ambigua entre bi y tridimensión. Algunas telas, de tratamiento monocromo y dibujo uniforme, son prácticamente planas; otras presentan una profundidad notoria, con claroscuros violentos o figuras en primerísimo plano que postergan el resto de la composición. Hay una energía concentrada en la mayoría de ellas, a veces de manera contundente, como cuando las masas humanas confluyen en estructuras definidas; otras veces es más bien una energía orgánica que surge del tumulto, de su irrefrenable actividad.
Las masas están formadas por personajes que llevan a cabo acciones simples, aunque no siempre reconocibles, ligados íntimamente en el fragor de sus propios actos. Sus actitudes van de la ternura a la violencia, de la banalidad a la perversión. La complejidad de los escenarios invita a la exploración, requiriendo una complicidad también activa por parte del espectador, que debe bucear en las profundidades de esa geografía humana. Recorrer toda la trama de estas acciones involucra un tiempo que necesariamente forma parte de la propuesta plástica, y que vuelve a conmover los límites de la pintura, como lo hiciera antes el dibujo.
Todavía existe una tensión más: la que conecta las partes con el todo. Su presencia es innegable en cada una de las telas. La familiaridad de los personajes pugna por involucrarnos en sus actividades, en su mundo gráfico, en sus asuntos cotidianos, en su lucha singular. A la manera de un contrapunto, la composición nos convoca hacia el planteo plástico general, que se impone con fuerza debido a su cuidada organización. El detalle de las figuras empuja hacia la valoración de lo mínimo, del micromundo figurativo; la macroestructura compositiva invita a la contemplación de las formas que se desprenden, a veces de inmediato y otras tras una observación prolongada, pero que siempre están allí.
Finalmente, una última tensión confronta plasticidad y narratividad. Hay un planteo narrativo claro en las acciones que realizan los personajes, que pueden leerse casi sin dificultad. En contraposición, el planteo formal es más ambiguo. Por momentos, unas figuras geométricas extemporáneas atraviesan la composición, creando un conflicto visual; otras veces es el tratamiento pictórico de los fondos el que aporta al conflicto.
Cada núcleo de tensión es a la vez un centro de estímulo, plástico y visual. Cada elemento es la ocasión de un hallazgo o un encuentro. Sin dudas, el motor principal de las pinturas de Otegui es la búsqueda. Y en cada una de sus telas la artista nos invita, gentilmente, a acompañarla.
Rodrigo Alonso
Del 30 de octubre al 6 de diciembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.
Pabellón 4 Arte Contemporáneo
Uriarte 1332, Palermo Viejo
Buenos Aires, Argentina
Tel.: 4772-8745 / 4779-2654
Lunes a Sábados de 16 a 20 Hs.
www.pabellon4.com
Fuente: Prensa Pabellón 4
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