Tomado del catálogo de la exposición Carlos Cruz-Diez: El Color Sucede
Desde un principio supe que, para construir una plataforma de trabajo que diera validez a una investigación sobre el color, era necesario conocer profundamente el pasado, saber qué habían realizado otros artistas antes que yo en ese dominio y preguntarme si aún podía hacer algo realmente interesante e inédito.
GC ¿Y a qué conclusiones llegas?
CD A la conclusión de que, si bien el color ha estado siempre presente en la pintura, no siempre ha cumplido los mismos propósitos. Los artistas del pasado y del presente lo han utilizado en situaciones muy distintas, pero en todas ellas el color está planteado como concepto de estabilidad y permanencia de un testimonio coloreado.
GC ¿En qué situaciones, por ejemplo?
CD Después de muchos años de reflexión he llegado a distinguir nueve de estas situaciones; no digo que sean las únicas, son las que yo he podido encontrar, y para mí diferencian claramente los propósitos de los artistas en distintas épocas. En ciertos casos, por ejemplo, el color ha sido un simple auxiliar de la expresión bidimensional, junto con el dibujo, la perspectiva, la composición, la temática y el claroscuro. Mientras la forma ha tenido un papel preponderante, ha sido acompañante de la forma, y ésta es la concepción común que del color se tiene, como algo que se pone dentro de otra cosa. En el arte abstracto, en la obra de Albers y Vasarely, se encuentran relaciones de forma-color que se equilibran y refuerzan entre sí. Si alguien quiere pintar un árbol, y para ello utiliza el verde y el marrón, esos colores no están plasmados sobre la tela como un hecho cromático, sino que han servido para trasladar a las dos dimensiones del lienzo el árbol real del paisaje; por lo tanto, la intención del artista ha sido utilizarlo como auxiliar en la transposición de la naturaleza. En una manzana de Cézanne, el color construye el aparente volumen y da testimonio de todos los matices y reflejos que la luz genera sobre ella, es lo que narra un estado de cosas. En la Edad Media, en el Renacimiento y en la obra de artistas contemporáneos como Herbin, el color responde a rigurosos sistemas de símbolos, representando realidades ajenas a su naturaleza. Delacroix y los impresionistas, al yuxtaponer tonos contrastados, hacen vibrar la superficie. A veces los colores se colocan en puntos estratégicos para animar el espacio pictórico, como en el arte abstracto. Y, por último, desde Tintoretto al Tachismo, el color también ha sido usado con el propósito de provocar una textura, como algo matérico en sí. Pero, como digo, en todas estas situaciones, el color forma parte de algo estático y permanente, que se fija sobre un soporte de una vez por todas. En ninguno de esos planteamientos vi que se tratara de hacer evidente el color como una situación inestable, en continua transformación.
GC ¿Eso sería lo inédito que tú aportas, la idea del color mutante?
CD Es la manera en que yo he podido codificar el fenómeno cromático en su situación de inestabilidad; algo que es más viejo que el hombre mismo, porque se trata de la luz, algo que no puede serle ajeno, puesto que yo me baso en su propia fisiología para mostrarlo. Cuando yo abordo el estudio del color, soy consciente de que no puedo desarrollar una obra basada en ideas simples y aisladas. Necesito algo más coherente, más amplio. Un concepto que se convierta en el núcleo primordial de toda mi investigación: el color como una situación evolutiva en el espacio y en el tiempo, como una situación real y no transpuesta.
Carlos Cruz-Diez: El Color Sucede
Museu d´Art Espanyol Contemporani
25 de febrero-27 de junio 2009
Sant Miquel, 11 07002
Palma de Mallorca
Tels.: + 34 971 71 35 15 / 971 71 04 28
www.march.es/arte/palma/index.asp
Museo de Arte Abstracto Español
17 de julio-15 de noviembre 2009
Cuenca




