El 8 de febrero, a las 19 horas, en la Fundación Juan March
De octubre a mayo, un repaso en ocho conciertos al paisaje sonoro de algunas ciudades, desde la Sevilla de 1550 al Nueva York de 1945, que en algún momento de su historia han desempeñado un papel trascendental en la evolución de la música
Con el concierto que ofrece el pianista Iván Martín, el lunes 8 de febrero a las 19 horas, en la Fundación Juan March (www.march), y que está dedicado a VIENA 1780. El clasicismo vienés, continúa el ciclo de los Lunes temáticos, una modalidad que se puso en marcha en octubre de 2006. Se trata de ofrecer, una vez al mes, los lunes por la tarde, un concierto de tema monográfico de una hora de duración y sin descanso. En ocho conciertos, de octubre a mayo, El Sonido de las Ciudades, el tema escogido para esta temporada 2009-2010, ofrece un recorrido cronológico, desde la Sevilla de mediados del siglo XVI (que se celebró en octubre), Florencia 1600 (en noviembre), Versalles 1670 (en diciembre) al Nueva York de mediados del siglo XX (en mayo próximo), pasando por Roma 1700 (se suspendió el pasado mes de enero, y se ofrece el próximo 15 de febrero), Viena 1780 (en esta ocasión), Leipzig 1840 (en marzo) y París 1900 (en abril), ciudades todas ellas que en un momento concreto de la historia desempeñaron un papel trascendental para la evolución de la música.
El lunes 8 de febrero, el pianista IVÁN MARTÍN interpreta obras de W. A. Mozart (1756-1791), L. van Beethoven (1770-1827) y F. J. Haydn (1732-1809)
Viena 1780. El clasicismo vienés
Pocas ciudades como Viena encarnan con tanta intensidad la relación entre creación musical y contexto urbano. Hasta tal punto que ha tenido su reflejo en la definición de un estilo musical: el clasicismo vienés. El origen de esta concepción estilística se debe a la asociación entre una determinada forma de componer y la obra –sobre todo– de tres extraordinarios creadores estrechamente vinculados a la capital austríaca: Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven. Un estilo que, en teoría, se caracteriza por el equilibrio de la frase musical, el balance de las texturas y la claridad formal, pero que, en la práctica, presenta numerosas excepciones.
La relación de Haydn, Mozart y Beethoven con Viena fue dispar. El primero fue más bien un visitante ocasional que un morador habitual, pues pasaba gran parte del año en Eszterháza (a unos noventa kilómetros de Viena), residencia habitual de los Príncipes Esterházy a quienes sirvió ininterrumpidamente durante casi cuatro décadas. Sólo después de 1780 decidió Mozart instalarse de forma permanente en la ciudad, tras la ruptura definitiva con su mecenas en Salzburgo. Una década después, en cambio, Beethoven percibió con claridad la necesidad de trasladarse de Bonn a Viena, entonces en plena ebullición intelectual.
La Sonata en Si bemol mayor KV 333 de Mozart data de noviembre de 1783 y, junto a otro grupo de sonatas (KV 330-332), fue publicada de inmediato en Viena, entonces centro emergente de la edición musical europea. El destino de estas sonatas es otro síntoma de las nuevas opciones profesionales que una ciudad moderna como ésta comenzaba a ofrecer y Mozart trataba de aprovechar: bien se concibieron como material para la enseñanza del piano, bien –el caso de KV 333– como pieza de concierto para su uso personal en los recitales públicos. También Beethoven buscó con intensidad nuevas salidas profesionales, aspirando a vivir de su obra en un mercado libre (esto es, sin mecenazgo estable). Su colección de Sonatas Op. 2 dedicadas a Haydn, de quien había recibido algunas clases, aparecieron en Viena en 1796. Pese a una cierta dependencia del estilo haydniano, como la manipulación cíclica de los motivos, la serie beethoveniana contiene algunos rasgos novedosos como la articulación en cuatro movimientos (frente a los tres convencionales) y los tempi inusualmente veloces del Minuetto y el Finale.
La influencia de Haydn en la producción de Mozart y del joven Beethoven se percibió de modo más marcado por los contemporáneos de lo que los historiadores han querido reconocer. De modo particular, las obras sinfónicas, de cámara y pianísticas compuestas durante sus dos breves períodos en Londres (1791-92 y 1794-95) fueron recibidas como composiciones cargadas de innovación e ingenio. En la Sonata Hob. XVI: 52, de 1794, una de las últimas para teclado, Haydn prosigue su insólita exploración en la articulación atrevida de tonalidades. El paso de Mi bemol mayor a Mi mayor y la vuelta a la tonalidad principal que se produce en los tres movimientos de esta sonata es un ejemplo más, junto a la monumentalidad y virtuosismo de la obra, del legado haydniano tan íntimamente asociado a Viena que tan perdurables consecuencias históricas ha tenido.
Iván Martín es reconocido por la crítica y el público como uno de los pianistas más brillantes de su generación. Asiduamente invitado a las salas de conciertos más prestigiosas de todo el mundo, ofrece conciertos en importantes festivales internacionales y colabora con numerosas orquestas españolas, así como con las de París, Filarmónica de Estrasburgo, Virtuosos de Praga, Filarmónica de Helsinki, Sinfónica de Monterrey (EE.UU.) y Sinfónica de São Paulo, entre otras.
Ha debutado como director interpretando los conciertos para teclado de Bach junto a la Orquesta “Proyecto Bach”, y los conciertos de Mozart junto a la Orquesta de Cámara “Liceo de Barcelona”.
Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
www.march.es
Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March
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