Sábado, 26 de Mayo de 2012

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Reconstruyen cuatro históricos duelos musicales en la Fundación Juan March

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Mozart versus Clementi / Haydn versus Pleyel / Beethoven versus Wölfl / Liszt versus Thalberg

Con la irrupción, a finales del siglo XVIII, de las nuevas reglas dictadas por el mercado de la música, compositores e intérpretes se vieron obligados a competir por el favor del público, del mecenas o de la crítica. El duelo musical se convirtió entonces en una forma habitual para construir la carrera de un músico. Este ciclo, La Lucha por el Aplauso. Medio Siglo de Duelos Musicales, que a partir del miércoles 1 de febrero, a las 19,30 horas, y en miércoles sucesivos 8, 15 y 22, se ofrece en la Fundación Juan March (www.march.es, también en Facebook y Twitter: @fundacionmarch), presenta cuatro duelos históricos reconstruidos a partir de documentación de la época. Los cuatro conciertos se transmiten por Radio Clásica, de RNE.

Coincidiendo con los conciertos se ha programado un ciclo de conferencias, La Competencia por el Aplauso, que se centra en dos diferentes escenarios del ámbito teatral: el martes 7 de febrero, Ignacio Arellano tratará de La competencia por el aplauso en el teatro del Siglo de Oro: de Lope de Vega a los “pájaros nuevos” y el jueves 9 de febrero, Javier del Prado Biezma de Vencer, gritar, pensar: Dumas, Hugo, Vigny. Tres actitudes en torno a la batalla de Hernani.

Cuatro Duelos

  • 1 de febrero
    Mozart versus Clementi (Viena, 1781), con Iván Martín al piano.
  • 8 de febrero
    Haydn versus Pleyel (Londres, 1972), con el Mozarteum Quartett.
  • 15 de febrero
    Beethoven versus Wölfl (Viena, 1799), con Ana Guijarro al piano.
  • 22 de febrero
    Liszt versus Thalberg (París, 1837), con Brenno Ambrosini al piano.

Estos cuatro duelos se celebraron en el trascurso aproximado de medio siglo (entre 1781 y 1837). Hasta donde ha permitido averiguar la documentación histórica, el programa de cada uno de estos conciertos incluye obras que se interpretaron en el duelo, aunque, siendo la improvisación un elemento habitual en este tipo de enfrentamientos, la reconstrucción precisa del duelo es imposible. El programa de mano se completa con unas breves narraciones de testigos oculares de la época que presenciaron estos “combates” musicales.

El canario Iván Martín, hoy reconocido por la crítica y el público como uno de los pianistas más brillantes de su generación dentro y fuera de nuestras fronteras, interpreta el primer concierto Mozart/Clementi. Este duelo se celebró en las dependencias de la Corte Imperial en Viena el 24 de diciembre de 1781, por iniciativa del Emperador José II.

“1781 fue probablemente el año más decisivo en la vida de Mozart”, escribe Gabriel Menéndez Torrellas en las notas al programa. “El 8 de junio renunció a todos sus cargos en la corte de Salzburgo y se dedicó en sus primeros años en Viena a la búsqueda abnegada de mecenas que le proporcionasen nuevas fuentes de ingresos. El 23 de noviembre tuvo lugar en la corte, en pleno Hofburg de Viena, la espectacular pugna entre Mozart y Muzio Clementi. Acontecimientos como este pugilato allanaron el camino para los primeros conciertos exclusivamente mozartianos.”

El Mozarteum Quartett (Markus Tomasi, violín 1; Géza Rhomberg, violín 2; Milan Radic, viola; y Marcus Pouget, violonchelo), interpreta el concierto Haydn/Pleyel.

“La supuesta rivalidad entre Ignaz Pleyel y Joseph Haydn -señala Menéndez Torrellas- fue tan ficticia como promovida por empresarios de conciertos con fines publicitarios. Pleyel había sido alumno de Haydn. Ambos permanecieron ajenos a toda disputa, se expresaban aprecio recíproco, cenaban juntos, interpretaban el uno la música del otro y asistían a los conciertos respectivos.”

Ana Guijarro interpreta el concierto Beethoven/Wölfl, duelo celebrado en casa del Barón Raimund Wetzlar, en Viena, el 22 de abril de 1799. “La rivalidad entre Joseph Wölfl y Ludwig van Beethoven en Viena fue tanto una disputa musical como una controversia estética, que involucraba tanto el carácter de cada composición como el aspecto físico del músico; en cierto modo, en ella se puso de manifiesto una mutación de la imagen del músico. Beethoven aparecía como un compositor exclusivo, mientras que Wölfl demostraba tener un talento ‘más accesible a la multitud.”

Cierra el ciclo, el pianista veneciano Brenno Ambrosini, con el duelo Liszt/Thalberg, celebrado como concierto benéfico organizado por la Princesa Cristina Belgiojoso en París, en marzo de 1837. “En él se pusieron dos concepciones del virtuosismo musical que acabarían por divergir considerablemente en el siglo XIX, la derivada aún del estilo improvisado y brillante del siglo XVIII, representada por Thalberg, y la que consideraba el virtuosismo una fuente de inspiración experimental de cara a las formas de la composición, encarnada en Franz Liszt.”

El Artista, Antes y Ahora
La transición del Antiguo Régimen a la modernidad, en el paso del siglo XVIII al XIX, implicó cambios profundos tanto en la posición social y profesional del músico como en los espacios donde escuchar música. El músico como sirviente se transformaría en un compositor libre y del salón privado se pasaría a la sala de conciertos. Pero la necesidad de conquistar el aplauso, entendida como metáfora para lograr el favor del mecenas, del crítico o del público, siguió siendo una forma habitual de construir la carrera de un músico. Y el duelo se convirtió en el vehículo más eficaz: el enfrentamiento de dos compositores-intérpretes que sometían su talento al juicio directo de la audiencia, arriesgando el éxito de sus iniciativas futuras. El duelo como vía para conquistar el aplauso, pero también como espectáculo que divertía y fascinaba al público.

Para un oyente moderno, puede resultar sorprendente descubrir cómo los compositores hoy relegados a un segundo plano eran entonces aclamados como autores de enorme valía. Clementi era un digno rival de Mozart, Pleyel acaparaba la misma atención que Haydn, Thalberg ensombrecía a un coloso como Liszt, mientras que Wölfl -hoy virtualmente desconocido- era el único que podía eclipsar a Beethoven en su etapa temprana. Es extraño constatar cómo el tiempo ha modificado su posición en la historia, olvidando a quienes en su época eran vistos como grandes compositores. La posibilidad de acometer una escucha comparada como la propuesta en estos conciertos quizá nos ayude a entender la enorme expectación e interés que estos duelos despertaron en su día.
“En el Antiguo Régimen –escribe el novelista y académico Antonio Muñoz Molina en la introducción del programa de mano- lo que nosotros llamamos unitariamente el artista designaba un número variable de saberes y oficios sometidos a la disciplina de la producción artesanal. No había ninguna duda sobre el lugar que le correspondía al artista en el orden social: el de los trabajadores manuales, cualificados pero también sometidos, que a lo más que podían aspirar era a formar parte de la servidumbre de un príncipe. (…) El artista era un criado, un cortesano, en ocasiones un indigente y hasta un indeseable. Y en esa escala social el lugar más bajo lo ocuparon durante mucho tiempo los músicos, condenados a la sotana, a la librea de criado, al suplicio de una obediencia tan agotadora como la de Bach ante las autoridades municipales de Leipzig. Para ganar respeto el artista se desprende de los rigores de la artesanía y reclama el arrebato libre del genio.”

“Pero cuando se acaba el Antiguo Régimen y ya no hay príncipes a los que servir ni gremios en los que abrigarse empieza una libertad inhóspita que dura hasta ahora mismo. La ansiedad de Beethoven y Mozart ante los ricos que patrocinan o el público que paga una entrada es ya plenamente moderna. El Romanticismo hace del artista un nuevo Prometeo que ofrece al mundo el regalo de su genialidad y al mismo tiempo que adquiere una estatura mitológica recibe el castigo de un tormento sin misericordia. El artista es un monje y un profeta y una atracción de feria, un sacerdote y un bufón: a veces de manera exclusiva, a veces sucesivamente.”

“La sociedad moderna no sabe qué hacer con los artistas. Los admira, los diviniza, los arruina, los ignora, los encarcela, o, como en la brutal España de ahora mismo, les niega el modestísimo derecho a recibir una parte del fruto de su trabajo. Sólo hay una manera en la que el artista, músico, escritor, pintor, lo que sea, disfrute de una posición indiscutible, incluso respetable: estando muerto; mejor todavía, llevando muerto algún tiempo. Pintores muertos y músicos muertos generan ingresos colosales para coleccionistas multimillonarios, teatros de óperas, salas de conciertos.”

Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
www.march.es

Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March