Los miércoles 16, 23 y 30 de mayo, en la Fundación Juan March

La Fundación Juan March (www.march.es, también en Facebook y Twitter: @fundacionmarch) ha organizado en este mes de mayo, a partir del miércoles 16 de mayo, a las 19,30 horas, y en miércoles sucesivos, 23 y 30, los tres conciertos transmitidos por Radio Clásica, de RNE, un ciclo denominado Obras Inacabadas. La convención instaurada en las salas de conciertos y el ritual implantado en la forma de escuchar la música hoy en día parecen exigir, sin cuestionamiento, que solo las obras acabadas puedan programarse, composiciones con un final claro que inviten al aplauso del auditorio. Esta práctica ha derivado en la marginación de una parte notable del repertorio musical conformado por obras que, por razones diversas, quedaron inacabadas. Resulta irónico que el enorme interés que despertaron estas obras durante el siglo XIX, con la pasión por las ruinas y los fragmentos que caracterizó al romanticismo, con el tiempo haya ido desapareciendo o quedado relegado al ámbito erudito de los investigadores.
Miércoles 16 mayo: El Dúo del Valle, Víctor y Luis del Valle, piano a cuatro manos, ofrece Sinfonía 7/8 en Si menor D 759 “Inacabada” (arreglo para piano a cuatro manos de Hugo Ulrich), de F. Schubert; y Réquiem en Re menor KV 626 (arreglo para piano a cuatro manos por Carl Czerny), de W. A. Mozart.
Miércoles 23 mayo: Claudio Martínez Mehner, piano, ofrece Fragmento de la Suite en Fa menor BWV 823, y El arte de la fuga BWV 1080 (selección), de J. S. Bach; Sonata para piano nº 15 en Do mayor D 840 “Reliquia”, de F. Schubert; y Navarra (versión completada por Claudio Martínez Mehner), de I. Albéniz.
Miércoles 30 mayo: Christopher White, piano, ofrece la Sinfonía nº 10 (versión de Deryck Cooke y arreglo para piano de Ronald Stevenson y Christopher White), de G. Mahler. Este concierto se acompaña, los días 29 y 31 de mayo, de dos conferencias sobre Mahler: su vida, su obra, su tiempo, a cargo de José Luis Pérez de Arteaga.
Los programas de este ciclo, Obras Inacabadas, están elaborados exclusivamente por composiciones inacabadas de los siglos XVIII al XX. En primer lugar, obras inconclusas por abandono voluntario o involuntario del compositor, como ocurre en los dos movimientos finales de la Sonata nº 15 “Reliquia” de Schubert o El arte de la fuga de Bach, cuyas interpretaciones en este ciclo dejarán de sonar en el preciso lugar en el que sus autores dejaron de escribir. En segundo lugar, obras que quedaron originalmente inacabadas, pero que fueron con posterioridad finalizadas por otro autor. Junto a Navarra de Albéniz, los dos casos sin duda más emblemáticos en la historia de la música son la Sinfonía nº 10 de Mahler, terminada por Deryck Cooke, y el Réquiem de Mozart, cuyo primer intento para completarlo lo realizó Franz Xaver Süssmayr al poco de fallecer su autor. En el contexto de una sala de cámara, ambas obras serán naturalmente interpretadas en arreglos pianísticos. Por último, bajo la idea de obras inacabadas se incluyen también las composiciones de las que solo algunos de sus movimientos quedaron concluidos, como la Suite en Fa menor de Bach o la más famosa Sinfonía “Inacabada” de Schubert, igualmente en arreglo para piano.
El autor de la introducción y las notas al programa, Pablo-L. Rodríguez, musicólogo y crítico musical, comenta: “El adjetivo ‘inacabado’ en relación con obras artísticas, literarias o musicales alude a creaciones que quedaron inconclusas, bien por decisión de sus creadores, bien por una imposibilidad ajena a su voluntad, como la propia muerte. Convendría distinguirlas inicialmente de las obras incompletas, es decir, de aquellas creaciones terminadas por sus creadores pero que no se han conservado en toda su integridad. Precisamente la condición de ‘inacabadas’, lejos de degenerar en rechazo u olvido, ha dotado desde el siglo XIX a muchas de ellas de una condición especial generándose todo tipo de especulaciones sobre su finalización. Ello ha llevado a que otros creadores o especialistas traten de concluirlas o ha supuesto el punto de partida para nuevas obras. En realidad, las circunstancias por las que un creador deja sin acabar su obra pueden ser muy variadas y no siempre se corresponden con un problema de salud o su eventual fallecimiento; las circunstancias contextuales de la creación, lo ambicioso de la misma, cuestiones políticas y económicas, la falta de inspiración o incluso la errónea consideración del camino estético emprendido, han sido históricamente causas de abandono de una novela, una escultura, una película o una sinfonía.”
“La literatura ofrece numerosos ejemplos de obras inacabadas, especialmente a partir del siglo XIX. Sin ir más lejos, en este año 2012 en que celebramos el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens (1812-1870) no podemos olvidar cómo su muerte nos privó de conocer la identidad del asesino del protagonista de El Misterio de Edwin Drood. La condición de obra inacabada no ha privado a esta novela de Dickens de varias adaptaciones para el cine o el teatro. Ejemplos de obras inacabadas en el mundo del cómic, el cine o la música rock son el álbum Tintín y el Arte-Alfa, que quedó interrumpido en un estado avanzado tras la muerte de Georges Remi (1907-1983), más conocido como Hergé; la película El otro lado del viento de Orson Welles (1915-1985), cuyo proyecto fue abandonado por el cineasta norteamericano en 1979 durante su montaje debido a problemas jurídicos; o el doble elepé Primeros rayos del Nuevo Sol Naciente que Jimi Hendrix (1942-1970) estaba grabando cuando falleció. El cómic de Hergé llegaría a publicarse en 1986 respetando el estado inacabado en que lo había dejado. Por el contrario, la película de Welles sigue sin haber sido finalizada ni estrenada. El disco de Jimi Hendrix se publicó en 1997 con diecisiete temas, aunque no incluía todo el material.”
En el ámbito de la pintura, bien conocidos son los bocetos del Gran Cavallo de Leonardo da Vinci (1452-1519) cuyo molde no pudo vaciarse en bronce debido a la guerra que enfrentó al ducado de Milán con el reino de Francia en 1495. Pensemos también en el elevado número de esculturas inacabadas que dejó Miguel Ángel en los últimos años de su vida como, por ejemplo, el San Mateo o la Piedad Rondanini.
Para W. Benjamin, ‘Toda obra de arte completada es la mascarilla funeraria de su intuición’. Su idea quedaría planteada en Dirección única (1928) dentro de una sección titulada La técnica del escritor en trece tesis: ‘La obra es la mascarilla funeraria de la concepción’.
Músicas truncadas
“Precisamente estos aforismos de Benjamin han inspirado un influyente libro de musicología publicado por Richard Kramer en 2008 y titulado Unfinished Music. En él, su autor reivindica la intuición artística del compositor al estudiar obras de Carl Philipp Emanuel Bach, Haydn, Beethoven y Schubert o prioriza el proceso creativo frente a su resultado, la obra de arte musical, ya que la riqueza de este resultado se ubica justo antes de su fijación como texto escrito; tras esa fijación por escrito, la obra muere cristalizada en algo concreto y definido. Aquí la mascarilla funeraria de Benjamin conjura ese momento fugaz en que la cara se congela de muerte cuando todavía late de vida; la riqueza y vitalidad de una obra musical está en lo que podamos reconstruir de ese complejo, turbulento y rico proceso que precede al texto fijado, es decir, en el boceto, el fragmento y la obra inacabada.”
“Esos esbozos y fragmentos musicales tan solo adquirieron una consideración estética a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Tal como ha explicado Karol Berger, el cambio de consideración temporal se puede verificar al comparar un movimiento de sonata de Mozart o incluso de Schubert con una fuga de Bach; en el primer caso, uno siempre puede ser consciente del lugar donde se encuentra, sabe lo que ha acontecido desde el principio y puede vaticinar con mayor o menor acierto el porvenir, pero en el segundo caso no podemos predecir la extensión e incluso el propio Bach solía anunciar enfáticamente el final, unos pocos compases antes de concluir la obra, para que no resultase inesperado. Por tanto, las composiciones inacabadas anteriores a los años centrales o incluso finales del siglo XVIII adquirieron carta de naturaleza estética con el tiempo y de forma especial durante el siglo XIX.”
Los hermanos Víctor y Luis del Valle, malagueños, están reconocidos como una de las jóvenes agrupaciones camerísticas más sobresalientes de Europa.
Claudio Martínez Mehner nació en Alemania en 1970 y ha estudiado en el Real Conservatorio de Madrid, en el Tchaikovsky de Moscú, en la Escuela Superior de Música ReinaSofía de Madrid, además de en Alemania, Italia y Estados Unidos. Es catedrático interino en el Conservatorio Superior de Música de Aragón.
Christopher White (Londres 1984) estudió piano y dirección de orquesta en la Royal Academy of Music en Londres. Su amistad con el compositor y pianista Ronald Stevenson le llevó a completar la transcripción de la Décima Sinfonía de Mahler, en la que Stevenson ya había comenzado a trabajar. Desde 2012 está dedicado de forma permanente a la English National Opera.
Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
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Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March










