La obra de Juan Ramón Jiménez, de cuyo fallecimiento se cumplió ayer medio siglo, ha sido recordada esta tarde en un acto organizado por la Fundación Círculo de Lectores y la Residencia de Estudiantes, en un diálogo entre los poetas Tomás Segovia y Alfonso Alegre con la presencia de Carmen Hernández-Pinzón, sobrina-nieta del autor.
Madrid, 30 de mayo de 2008
Alfonso Alegre, especialista en la obra y la vida del poeta onubense, ha expresado su satisfacción porque este acto en el aniversario de su muerte coincida con la presentación de Juan Ramón Jiménez, 1956. Crónica de un Premio Nobel (Residencia de Estudiantes) y sirva para reivindicar su poesía americana, que no tuvo suficiente eco. “Fue el padre de la generación del 27, y es necesario reivindicar su obra en el exilio; Juan Ramón era un poeta universal cuando recibió el Premio Nobel al final de su vida, pero nunca fue reconocido en su país, ni antes ni después”, ha señalado mientras se preguntaba “¿Hasta cuándo durará el exilio del poeta?”.
Alegre ha explicado como la poesía de Juan Ramón Jiménez fue publicada con profusión en México y Argentina, pero no fue editada en España hasta 1959: “Fue incluso censurado; la España oficial lo censuró y la España intelectual lo olvidó”. Un ostracismo que, a juicio de su antólogo, provenía de la imagen de “escritor decimonónico” que se quería dar del autor de Platero y yo.
Ese retrato se completaba, según Tomás Segovia, con el aura de señorito que desprendía el poeta. “Se le consideraba un exiliado relativo, por sus orígenes y sus escasas manifestaciones públicas”, ha explicado. Segovia, que emigró muy joven a México y que desde muy temprano escribió sobre el poeta, ha comentado que la figura de Juan Ramón siempre ha contado con admiradores fervientes y furibundos detractores. No obstante, ha pedido más reflexión sobre el legado del autor, “no por parte de la crítica, sino de los propios poetas”.
Fuente: Gabinete de Prensa Feria del Libro de Madrid. Palmira Márquez,
Belén Barroeta, Paula Guerra
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