“Los Iberos, cultura y moneda” propone una aproximación a la sociedad íbera, una de las más enigmáticas de nuestro pasado, a través de la moneda y de una selección de objetos arqueológicos que hablan de una sociedad guerrera y nos muestran a sus dioses, sus mitos y sus gobernantes.

Si sabemos de los íberos es gracias a las fuentes clásicas, a los textos de los geógrafos e historiadores griegos y romanos, así como a los restos arqueológicos encontrados y, de manera fundamental, gracias a las monedas que acuñaron estos pueblos que habitaban la península antes de la llegada de romanos y cartagineses. En muchos casos, las monedas y sus inscripciones son el único testigo que nos queda de algunas de sus ciudades y de los magistrados que las gobernaron. La iconografía y las inscripciones en el alfabeto ibérico que aparecen en las monedas que acuñaron permiten conocer aspectos diversos de esta cultura y son una de las bases más firmes para aproximarse a la desaparecida lengua ibérica.
El volumen y las características de las diferentes emisiones de moneda han permitido a los historiadores conocer la organización territorial y hacer interpretaciones de tipo étnico, histórico y económico. Las imágenes que ornan las monedas nos hablan de las creencias, divinidades y animales mitológicos y totémicos que regían la vida de los pueblos íberos. Esas imágenes ponen en evidencia la importancia que tenían el caballo y el armamento en una sociedad guerrera.

La muestra permite conocer el proceso de toma de contacto de los íberos con la moneda traída por los pueblos foráneos y explica también la variedad de emisiones en plata y bronce acuñadas por estos pueblos en el curso de la larga y cruenta conquista romana.
El conocimiento de la moneda llegó a las poblaciones que vivían en la franja litoral nordeste de la Península a partir del siglo V AC, gracias a las relaciones comerciales que mantenían con los mercaderes griegos y fenicios. Inicialmente, los íberos las usaban como simples objetos exóticos de lujo y, sólo más tarde, durante la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a los romanos y a los cartagineses, adoptaron la moneda como medio de pago.
A través de un texto grabado en un plomo que procede de Pech Maho (Aude), y que está datado en pleno siglo V AC., sabemos que ya entonces los íberos de la franja próxima a las costas del nordeste y del levante peninsular tenían conocimiento de la existencia de la moneda. Este plomo describe una transacción comercial de mercancías de Empúries, una parte de las cuales debían ser pagadas en monedas de plata.

El área de levante fue el primer lugar donde los nativos de la península acuñaron moneda. En esta zona, el uso de la moneda fue sustituyendo al uso de la plata en bruto y a peso en las transacciones comerciales. Satisfacer el valor de las cosas con plata acuñada ofrecía mayor seguridad en los intercambios que usar recortes de este metal. De todas las ciudades de la Iberia oriental, Arse, actual Sagunto, fue la primera que fabricó moneda a partir de la segunda mitad del siglo IV AC. , mostrando así su elevado desarrollo político.
La economía de las ciudades ibéricas i celtibéricas comenzó a monetizarse con una mayor intensidad a partir de mediados del siglo II AC. El dominio romano contribuyó a potenciar este desarrollo, ya que Roma introdujo la producción de este territorio en una economía de mayor escala. También coincide con la configuración urbana de las poblaciones ibéricas más importantes.
Hacia mediados del siglo II AC, todas las ciudades ibéricas levantinas que emitieron moneda adoptaron para sus unidades mayores de bronce unos diseños bastante similares: en el anverso una cabeza masculina, desnuda o con diadema, y en el reverso un jinete con escudo y lanza o palma. Por el contrario, las ciudades íberas del sureste adoptaron una mayor diversidad de diseños.

Estos tipos pronto se convirtieron en los diseños característicos del mundo ibérico y celtibérico. Los divisores también tendieron hacia una cierta uniformidad en los diseños del anverso, mientas que en el reverso gravaron con frecuencia figuras de animales como caballos o delfines.
Ámbitos de la exposición
Presentación
Las monedas fabricadas por los íberos son un testimonio magnífico de la historia de estos pueblos que, entre los siglos VI y I aC, desarrollaron una de las culturas más importantes de nuestro pasado. La exposición no se limita a mostrar como eran las acuñaciones de los íberos, sino que también analiza todo lo que aportan al conocimiento de su cultura. Las monedas se muestran acompañadas de otros objetos fabricados por los íberos, y de algunos importados de otros territorios, que también fueron utilizados por estos pueblos.

Ámbito I. Las primeras monedas
Los primeros contactos de los íberos con la moneda se sitúan en el siglo V aC, como consecuencia de la presencia colonizadora griega y de contactos comerciales con pueblos foráneos. A finales del siglo IV aC, una ciudad ibérica con un fuerte desarrollo político, Arse (Sagunto), empezó a fabricar moneda. En el año 218 aC, estalló la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a romanos y cartagineses, y también involucró a los pueblos indígenas de la Península. En este marco los íberos acuñaron una gran cantidad de moneda de plata.
Ámbito II. La moneda bajo la dominación romana
Acabada la Segunda Guerra Púnica, Roma empezó la dominación de la Península, donde estableció las provincias de Hispania Citerior y de Hispania Ulterior. Durante este proceso se abrieron un gran número de talleres, que acuñaron moneda con inscripciones ibéricas. Además, durante buena parte de los siglos II y I aC, los celtíberos también fabricaron numerario con características similares a las de los íberos de la Citerior. Estos pueblos también utilizaron moneda procedente de otros territorios, como denarios romanos.

Ámbito III. Imágenes e inscripciones
Las iconografías de las monedas muestran a personajes, animales y objetos que nos acercan al mundo sobrenatural y mítico de los íberos y los celtíberos. Además, los personajes representados permiten analizar la vestimenta, los ornamentos y el armamento que utilizaban. Las monedas llevan siempre grabado el nombre de la ciudad o de la tribu emisora y en ocasiones también el nombre de personajes. Estas inscripciones a menudo son el único testimonio que ha quedado del nombre de sus ciudades y de los magistrados que las gobernaron.
Exposición organizada por el Museu Nacional d’Art de Catalunya. Comisaria: Marta Campo, Jefa del Gabinete Numismático de Cataluña. Sala de exposiciones de numismática.
Del 21 de mayo 2009 al 2 de mayo de 2010
Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC)
Palau Nacional.
Parc de Montjuïc. 08038 Barcelona
www.mnac.cat
Fuente: Prensa MNAC
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