Jueves, 27 de Julio de 2017

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Georges Méliès: La Magia del Cine – CaixaForum Madrid- Ultimos Días

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La Obra Social ”la Caixa” propone un viaje al fascinante mundo de uno de los creadores más importantes de la historia del cine a través de objetos originales y proyecciones


«Las películas tienen el poder de capturar los sueños.» Georges Méliès (1861-1938) introdujo la magia y la ficción en el cine cuando este aún daba sus primeros pasos y era prácticamente solo documental. La contribución del cineasta francés al séptimo arte es fundamental. Fue dibujante, mago, director de teatro, actor, decorador y técnico, así como productor, realizador y distribuidor de más de 500 películas entre 1896 y 1912. Reinó en el mundo del género fantástico y del trucaje cinematográfico durante casi veinte años antes de caer en el olvido y la ruina económica, que le llevaron a destruir los negativos de todas sus películas. La Obra Social ”la Caixa” presenta Georges Méliès. La magia del cine, la primera gran muestra en España dedicada al primer ilusionista del cine. La exposición profundiza en las raíces culturales, estéticas y técnicas de Méliès a partir de más de 400 objetos: películas, fotografías, dibujos, pósteres, aparatos originales de la época, vestuario, maquetas y documentación. Se proyectan 21 filmes, con especial atención por Le voyage dans la Lune (1902). La muestra se ha llevado a cabo con la colaboración de La Cinémathèque Française, que cuenta con la colección más importante a escala mundial de objetos de Méliès. La exposición se completa con una amplia y renovada programación de actividades complementarias, entre las que destacan proyecciones de filmes con música en directo y una actividad participativa para que los visitantes creen sus propias películas inspirándose en los trucajes de este maestro del séptimo arte.

Y es que la obra de Georges Méliès (1861-1938) aún es vigente hoy día, en especial en las producciones de los grandes creadores de Hollywood, porque, como afirmaba él mismo en 1933, «¿quién puede vivir sin féerie, sin un poco de fantasía?». La película La invención de Hugo (2011), con la que Martin Scorsese le rendía un merecido homenaje, ha vuelto a situar en primer plano la vida y la obra de Méliès.

Hijo de un empresario del calzado, Georges Méliès (1861-1938) fue dibujante, mago, constructor de artefactos, director de teatro, actor, decorador y técnico, así como productor, realizador y distribuidor de más de 500 películas entre 1896 y 1912. Reinó en el mundo del género fantástico y del trucaje cinematográfico durante casi veinte años, resultando fundamental su contribución al séptimo arte: introdujo el sueño, la magia y la ficción en el cine cuando este daba sus primeros pasos y era solo documental.

Frente al cine de carácter documental de los hermanos Lumière, el acto fundacional de Méliès consistió en combinar el universo de Jean-Eugène Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, con la cinematografía de Marey, así como en un decidido impulso al cine como espectáculo.

Frente al cine de carácter documental de los hermanos Lumière, el acto fundacional de Méliès consistió en combinar el universo de Jean-Eugène Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, con la cinematografía de Marey, así como en un decidido impulso al cine como espectáculo.

Como genio de los efectos especiales, Méliès aplicó en el cine trucos de magia y la técnica de la linterna mágica: pirotecnia, efectos ópticos, desplegables horizontales y verticales, paradas de cámara, fundidos encadenados, sobreimpresiones, efectos de montaje y de color… Es como si este virtuoso de la técnica lo hubiera inventado y usado todo.

Méliès vivió unos años dorados, de extraordinaria popularidad, que culminaron con el estreno, en 1902, de Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna), filme que vieron millones de espectadores. Desgraciadamente, la expansión de la industria cinematográfica y la aparición de grandes empresas como Pathé y Gaumont llevaron a Méliès a la ruina y el olvido. En 1923, totalmente arruinado, destruyó los negativos de todas sus películas. Acabó vendiendo juguetes en la parisina estación de Montparnasse y más adelante se refugió en un asilo de Orly. El periodista Léon Druhot le reconoció en la estación, y a partir de aquel momento su obra empezó a ser valorada y recuperada de nuevo.


Más de 400 piezas para revivir la magia del cine de Méliès ¿De dónde proviene Méliès? ¿Cómo forjó su extraordinario universo? ¿Cuáles fueron sus fuentes de inspiración? Esta muestra da respuesta a todas estas cuestiones y demuestra que la génesis del mundo meliesiano se encuentra en los propios orígenes del cine: sombras animadas, linterna mágica, fantasmagoría, cronofotografía, magia y fantasía.

La exposición permite profundizar en las raíces culturales, estéticas y técnicas de Méliès. La muestra está dividida en tres grandes ámbitos. El primero de ellos vincula su forma de entender el cine con sus antecedentes históricos (teatro de sombras, fantasmagorías y linterna mágica), introduciéndonos en su universo creativo.

Méliès entendía el cine como una obra total, por lo que el segundo ámbito de la muestra nos explica cómo convierte el cine en un medio de expresión personal: diseñaba los decorados y el vestuario, y escribía los guiones de sus filmes, en los que también hacía de actor, cámara, montador, productor, distribuidor y empresario. Uno de los principales atractivos de la exposición es poder conocer cómo se gestaron algunas de sus películas más conocidas, contemplar todo el material de trabajo conservado —como el vestuario original de Le voyage a la Lune (Viaje a la Luna)— y revivir la sensación de las primeras proyecciones mediante aparatos de la época y objetos únicos, entre ellos la primera cámara de Méliès.

La exposición ofrece un último ámbito que incide en cómo Méliès es olvidado por la industria y cómo resucita años más tarde. Así, destaca su papel primordial en la evolución de la historia del cine, un valor que llega hasta nuestros días gracias al filme de Scorsese Hugo, que cierra la exposición. Georges Méliès. La magia del cine ha sido posible gracias a la colaboración de La Cinémathèque Française. Fundada en 1936, cuenta con la colección más importante a escala mundial de dibujos, películas, aparatos, vestuario y objetos de Georges Méliès, así como con un extenso y valioso fondo de imágenes y objetos relacionados con los inicios del cine.

En total, la muestra presenta 418 piezas, entre ellas 21 filmes originales del cineasta francés, algunos de los cuales han sido restaurados y digitalizados expresamente para su exhibición. La exposición se completa con 67 fotografías (entre originales y copias modernas), así como dibujos, grabados y pósteres. También podrá contemplarse una selección de aparatos originales (linternas mágicas, praxinoscopios el cinematógrafo de los Lumière y una cámara cronofotográfica), y también copias manipulables que permitirán a los visitantes descubrir los efectos que crean dichos ingenios. Por último, cabe destacar distintas piezas entre vestuario original de la época, maquetas, documentación y correspondencia.

Georges Méliès. La magia del cine se completa con la publicación del catálogo de la muestra, una monografía en profundidad que permite llenar el vacío existente en la bibliografía sobre Georges Méliès en nuestro país. Como viene siendo habitual, la Obra Social ”la Caixa” ha preparado un completo y variado programa de actividades relacionadas con Georges Méliès.

La magia del cine. Además de la tradicional conferencia inaugural, a cargo del comisario Laurent Mannoni, y de un ciclo de conferencias sobre la figura del creador, se han programado dos sesiones de proyecciones de películas de Méliès acompañadas de música en directo: por un lado, la música electrónica de Logical Disorder y de Adyo, y por otro, la música contemporánea de Mamut Cinema. La programación se completa con un ciclo de cine, un nuevo espectáculo de producción propia para el público familiar, actividades para personas mayores y la oferta usual de visitas comentadas y dinamizadas.

Con el objetivo de fomentar la participación activa del público, también se ha creado el concurso Participa Méliès, una actividad abierta a todas aquellas personas que cuenten con dispositivos de grabación, para que creen sus propios vídeos basados en algunos de los trucajes típicos de la cinematografía de Méliès.

Ámbitos de la Exposición

1. Las Raíces del Cine de Georges Méliès: El Arte del Engaño
Sombras chinescas, linterna mágica, fantasmagoría, ilusiones ópticas, discos estroboscópicos, fotografía animada: «la escritura del movimiento», nacida en las cavernas prehistóricas, se convierte en tema central a partir del siglo XVII. La iconografía móvil del «arte del engaño», repleta de diablos y monstruos inquietos, de vistas diurnas y nocturnas, produjo una extraña cosmogonía que impregnó profundamente la obra del mago Méliès.

En cuanto al cinematógrafo —en realidad una fusión de procedimientos inventados por otros (Étienne Jules Marey, Thomas Edison, Émile Reynaud)—, Méliès se apropió de él al instante para crear una nueva fantasmagoría, más dinámica, gracias a la invención del trucaje, lo que hoy denominamos efectos especiales. Fue así como Méliès creó al mismo tiempo el espectáculo cinematográfico, la película de efectos especiales y el cine de ficción.

Las sombras chinescas
Georges Méliès era gran amante de las sombras animadas y frecuentó varios cabarés parisinos que ofrecían este tipo de espectáculo a finales del siglo XIX. La idea de crear sombras animadas con las manos, o de recortar y articular figuras para después situarlas entre una fuente luminosa y una tela blanca y así poder observar la proyección de sus siluetas, constituye una de las primeras conexiones directas entre movimiento, luz y puesta en escena teatral. En Francia, el teatro de sombras chinescas de Dominique Séraphin había atraído a miles de espectadores desde 1784. El momento culminante de este arte se alcanzó en 1886 con los espectáculos de Caran d’Ache y de Henri Rivière en el cabaré Le Chat Noir, donde se respiraba una atmósfera al mismo tiempo poética y estrafalaria que influyó de forma notable en Méliès.

La perspectiva
El descubrimiento de la perspectiva se sitúa en el Renacimiento, aunque fue en el siglo XVIII cuando aparecieron los instrumentos que permitían apreciar sus efectos: cajas de óptica, cámaras oscuras, etc. La sensación del paso del tiempo, típicamente cinematográfica, era transmitida mediante vistas ópticas diurnas y nocturnas; la realidad se deformaba con anamorfosis que debían ser interpretadas a través de espejos, y en la segunda mitad del siglo XVIII Martin Engelbrecht ofrecía los primeros efectos de relieve con sus maravillosos teatros de perspectiva. Georges Méliès encuadró sus películas como Engelbrecht, con decorados sucesivos y en ocasiones móviles.

La linterna mágica
Este instrumento óptico, que el astrónomo holandés Christiaan Huygens dio a conocer a mediados del siglo XVII, permitía proyectar en una pantalla, en una sala a oscuras, imágenes fijas o animadas. Eran imágenes pintadas sobre cristal que podían ser animadas mediante ingeniosos mecanismos. La linterna mágica gozó de gran popularidad hasta la aparición del cine. Dividida entre dos tendencias —como más adelante también el cine (por una parte, recreaba la vida, y por otra, proyectaba las vistas más insólitas)—, generó una iconografía específica, a menudo bastante rara, y en este sentido constituyó una de las principales fuentes de inspiración de Méliès, que también fue «linternista». Méliès rindió homenaje a estas proyecciones luminosas en 1903 en su película La lanterne magique (La linterna mágica), en la que unas diminutas bailarinas se escapan del citado aparato óptico.

La fantasmagoría
Durante la década de 1790, inspirados por el «romanticismo negro», que causaba furor en pintura (Goya, Heinrich Füssli y William Blake) y literatura (Mary Shelley, Goethe y Matthew Lewis), algunos físicos y magos idearon un nuevo género de espectáculo luminoso: la fantasmagoría. A partir de 1792 se organizaron en Francia, Alemania, Inglaterra y España grandes sesiones de imágenes luminosas, animadas, en color y sonoras. A partir de aquel momento, los mecanismos fueron elaborándose cada vez más: proyecciones tras la pantalla o sobre humo, imágenes animadas y con volumen que se hacían más grandes o más pequeñas al deslizar la linterna sobre unos raíles, como en un travelín, etc. Personajes luminosos animados atravesaban la pantalla en todas direcciones, o aparecían en el fondo de la sala, se acercaban a los espectadores a sorprendente velocidad y de repente desaparecían. Eran visiones asombrosas que solían ir acompañadas de música, ilusiones acústicas, efectos pirotécnicos y trucos de magia. La fantasmagoría, precursora de las películas de terror, se convirtió en una de las grandes fuentes de inspiración del estilo meliesiano. Así, la muerte fue un tema recurrente en la obra de Méliès, aunque, siendo como fue el cineasta jovial de naturaleza, acabó transformando con gran ingenio este género negro fantástico en «alegre fantasmagoría».

La estroboscopia
El fenaquistiscopio o disco estroboscópico, desarrollado en 1832 por dos investigadores al mismo tiempo, el belga Joseph Plateau y el austríaco Simon Stampfer, permitía ilustrar el fenómeno de la persistencia de las impresiones luminosas en el ojo y en el cerebro. Resultó ser la base de la técnica cinematográfica. La iconografía producida por los discos estroboscópicos era muy dinámica, divertida y moderna. Por su carga estrafalaria y absurda, algunas de aquellas imágenes animadas anunciaban ya el universo de Méliès. Por su parte, el praxinoscopio, inventado por Émile Reynaud en 1876 y patentado en 1877, ofrecía la posibilidad de crear la ilusión del movimiento a partir de imágenes fijas. Con un praxinoscopio mejorado convertido en «teatro óptico», Reynaud fue el artífice de la primera proyección pública y de pago de imágenes animadas.

La estereoscopia
El principio de la estereoscopia fue descubierto por el inglés Charles Wheatstone antes incluso de la aparición del daguerrotipo. En un principio, dos dibujos parecidos, aunque ligeramente desplazados uno respecto de otro, eran observados a través de dos lentes; más adelante este sistema se aplicó a la imagen fotográfica, con lo que pudo mostrarse todo un mundo nuevo de muy marcado relieve. Este mismo principio es el que nos permite hoy en día disfrutar del cine en 3D.

La fotografía del movimiento
La fotografía del movimiento, junto con la estereoscopia, fue una de las grandes obsesiones de la segunda mitad del siglo XIX. Un fotógrafo inglés, Eadweard Muybridge, logró obtener series de fotografías instantáneas sucesivas que mostraban el galope de un caballo. Por su parte, el médico francés Étienne Jules Marey, tras explorar el movimiento a través del método gráfico, utilizó en 1882 una primera cámara cronofotográfica, muy moderna, para grabar una serie de imágenes secuenciales en una sola placa de cristal sensible. En 1889, Marey obtuvo las primeras series de imágenes en cintas de celuloide. Esta fue la innovación decisiva que permitió el nacimiento del cine como arte, técnica e industria. Marey fue también el primero en grabar los movimientos de los magos y en «trucar» las fotografías animadas, como posteriormente hizo Méliès.

El kinetoscopio de Thomas Edison, concebido junto con su asistente Dickson, era una máquina que funcionaba con monedas y permitía ver una película cinematográfica de 35 milímetros. Pese a carecer de proyección, ya que simplemente la película se miraba dentro del aparato, supuso un gran adelanto. La primera sala de kinetoscopios abierta al público, el Kinetoscope Parlor, fue inaugurada en Broadway el 14 de abril de 1894. En 1895, William Heise rodó The Execution of Mary, Queen of Scots (La ejecución de María Estuardo, reina de Escocia), película en la que empleó por primera vez el trucaje de la parada de cámara, más adelante utilizado por Méliès.

2. Méliès, Cineasta y Mago
Georges Méliès se adentró en el mundo de la fotografía animada a partir de 1890, aunque no se decidió a usar esta técnica hasta la primavera de 1896, cuando triunfó la proyección cinematográfica. Se compró entonces su primera cámara en Londres, realizó sus primeras películas, que proyectaba en su teatro Robert-Houdin o vendía a feriantes, e inició su abundante producción. Muy pronto hizo construir el primer estudio cinematográfico acristalado en Montreuil, un «teatro de poses» inteligentemente concebido, donde rodó la mayor parte de sus películas.

El genio de Méliès se desbordó a principios de la década de 1900 con cintas tan hábilmente trucadas que sus rivales toparon con muchas dificultades para imitarle. En 1902, Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna) se convirtió en todo un éxito internacional.

Méliès no fue únicamente un cineasta extremamente inventivo, sino también un dibujante muy hábil. Gracias a sus numerosos esbozos conservados, podemos entender cómo se originaron y crearon sus películas.

La magia y la féerie
Antes de convertirse en uno de los cineastas más importantes de los inicios del cine, Georges Méliès fue un genio de la magia, faceta que cultivó a lo largo de toda su vida. Fascinado desde su infancia por los títeres, se inició en la prestidigitación durante una estancia en Londres, en la década de 1880, con dos grandes maestros: John Maskelyne y David Devant. En julio de 1888, ya en París y gracias a la fortuna de su padre, compró el pequeño teatro de su gran maestro, el mago Robert-Houdin, donde presentó sainetes ilusionistas llenos de fantasía y sorpresas. Allí desplegó inicialmente su portentosa imaginación, por ejemplo en L’armoire du décapité récalcitrant (El armario del decapitado recalcitrante, 1890), un sainete que incluía uno de los trucos más delirantes de todos los números de magia que llegó a presentar. Sobre aquel escenario, Méliès ejercitó toda su imaginación, plasmó todo su temperamento e ideó todo tipo de trucajes mágicos, mecánicos, ópticos y catóptricos, de los que posteriormente se sirvió en sus películas. Méliès fue también un ferviente admirador de la féerie, un género de teatro basado en fábulas e historias fantásticas muy de moda en la segunda mitad del siglo XIX. Tanto la magia como la féerie fueron dos fuentes de inspiración fundamentales para el conjunto de su obra.

El cinematógrafo
La aparición del cinematógrafo Lumière supuso un momento importante en la vida de Georges Méliès. En 1895, el industrial de la fotografía Louis Lumière, aprovechando los adelantos tecnológicos de la época, perfeccionó los aparatos inventados por Marey, Reynaud y Edison, logrando combinar de forma satisfactoria la proyección (la vieja linterna mágica de Huygens) y la obtención de imágenes sucesivas del movimiento (la cronofotografía de Marey). La patente del cinematógrafo fue registrada el 13 de febrero de 1895, y la primera película, La sortie des usines Lumière (La salida de la fábrica Lumière), fue rodada en el mes de marzo de aquel mismo año en Lyon.

La primera proyección cinematográfica pública se organizó en el Salon Indien del Grand Café del Boulevard des Capucines de París, el 28 de diciembre de 1895, causando sensación: «Todos nos quedamos boquiabiertos, estupefactos», declaró Méliès. La proyección cronofotográfica o cinematográfica dio rápidamente la vuelta al mundo, como en el siglo XVII lo hiciera la linterna mágica.

Méliès cineasta
Acostumbrado a los escenarios y a la psicología de la prestidigitación, Méliès muy pronto se dio cuenta de las espectaculares y maravillosas posibilidades que ofrecía el cinematógrafo Lumière, aparecido en 1895. Sin embargo, los Lumière se negaron a venderle un ejemplar de su aparato arguyendo lo siguiente: «Esta invención no tiene futuro…». Por suerte, Méliès halló un artefacto equivalente en Londres creado por el óptico Robert William Paul. Su primera película no fue sino un plagio de los Lumière, pero poco después rodó Escamotage d’une dame chez Robert-Houdin (Desaparición de una dama en el Robert-Houdin, 1896), filme de trucajes que consagró la fusión, precoz y decisiva, de magia y cine. Fue una brillante idea, ya que, mientras la mayoría de los pioneros del cine se contentaban con filmar «llegadas de trenes a una estación», Méliès trasladó a sus películas la extraordinaria cosmogonía que había puesto en escena en el teatro Robert-Houdin: la magia de épocas remotas, la fantasmagoría de Robertson, etc. Su diabólico universo, de una velocidad extrema, donde se combinaban el terror y la risa, estaba repleto de diablos, esqueletos, fantasmas y demonios que evolucionaban frente a unos decorados de perspectivas forzadas: el cine se reencontró con sus orígenes ancestrales, los de la linterna mágica.

El estudio de Montreuil
A principios de 1897, Méliès hizo construir en su propiedad de Montreuil-sous-Bois un estudio acristalado exactamente del mismo tamaño que el teatro Robert-Houdin (13,50 × 6,60 metros), con una altura de 4,50 metros y coronado por un techo de cristal a dos aguas que alcanzaba los 6,20 metros en su punto más alto. En 1900 lo equipó con camerinos para artistas, almacenes para decorados y trampas, y postigos para tamizar la luz, y lo utilizó hasta el final de su carrera cinematográfica. Desgraciadamente, no ha quedado nada de aquel estudio acristalado, el primero concebido exclusivamente para la cinematografía: fue destruido al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Henri Langlois, el fundador de La Cinémathèque Française, pudo visitarlo antes de que fuera derruido, y afirmó: «En Montreuil es donde podía comprenderse y descifrarse mejor el universo de Méliès. Pero ha sido todo arrasado, pese a nuestras advertencias. Todo en aquel lugar le evocaba: en la planta baja, en el camerino de los figurantes, cabezas de autómatas y vigas oxidadas procedentes del taller paterno. En el estudio pudimos caminar por el foso empleado para tantas películas de trucajes. Estaba repleto de decorados, y también había muebles con trampantojo. Y en aquella jaula de cristal, en parte reducida a pedazos, en medio de las hiedras, nos vimos inmersos en la luz que le había permitido rodar sus películas, pero también en el misterio de un mundo encantado».

Los «trucos» de Méliès
Sobreimpresión, fundidos encadenados, montaje, fondos negros, primeros planos con diferencia de escala, efectos teatrales y pirotécnicos, ilusionismo… Gracias al cine de trucajes, Méliès podía llevar a la pantalla aquello que no siempre era posible en el escenario de un teatro, ni siquiera en el Robert-Houdin: cuerpos cortados, chafados, explotados; cabezas y extremidades separadas del cuerpo pero con vida; multiplicación, permutación, transformación y levitación de personajes y objetos, etc. Según afirmaba: «Un truco lleva a otro. Frente al éxito del nuevo género, me las ingenié para hallar nuevos procedimientos e imaginaba sucesivamente cambios de decorados fundidos, obtenidos mediante un dispositivo especial del aparato cinematográfico; apariciones, desapariciones y metamorfosis obtenidas por superposición de fondos negros o partes negras reservadas a los decorados; así como superposiciones sobre fondos blancos ya impresionados […].

Más adelante vinieron trucos de cabezas cortadas, desdoblamientos de personajes, escenas interpretadas por un solo actor que, desdoblándose, acababa interpretando él solo hasta diez personajes parecidos que representaban la acción unos junto a otros. Y, por último, empleando mis conocimientos especiales de ilusionismo reunidos a lo largo de veinticinco años de práctica en el teatro Robert-Houdin, fui introduciendo en el cinematógrafo trucos de tramoya, de mecánica, de óptica, de prestidigitación, etc.».

En cierto modo, los trucajes de Méliès anticipaban los actuales efectos especiales digitales. Los grandes directores de Hollywood, como por ejemplo George Lucas, Steven Spielberg y Martin Scorsese, se inspiran a menudo en el maestro y consideran que fue «el mago de Montreuil» quien abrió la caja de Pandora.

Una nueva fantasmagoría
En la obra de Méliès, gran amante de la figura de Mefistófeles, siempre aparecen fantasmas, diablos, gnomos, brujas, demonios, monstruos, espectros y esqueletos que hacen de las suyas a lo grande para alterar el orden establecido, pero también se observan hadas, genios y crucifijos varios que usan todas sus argucias para mantenerlos a raya. Méliès recurre muy a menudo a la iconografía de la linterna mágica, de la féerie y de la fantasmagoría para construir su arte. De todos modos, transforma la fantasmagoría macabra que practicaba Robertson (Étienne-Gaspard Robert) en un espectáculo cómico, donde la muerte es trágica pero a la vez ridícula. Todas sus películas están repletas de vida, movimiento y detalles. De hecho, Méliès sentía horror al vacío y a la lentitud, así como a la muerte, aunque, paradójicamente, fuese un tema recurrente en su obra. En manos del mago Méliès, el rey de los trucajes, el cine se convirtió en un poder chamánico.

Le voyage dans la Lune
La película más conocida de Méliès es Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna), rodada en el estudio de Montreuil en 1902. Está inspirada en varias fuentes, entre otras Julio Verne, H. G. Wells, atracciones de feria y una opereta que Offenbach presentó en 1875 en el Théâtre de la Gaîté. La producción se alargó durante meses, exigiendo una importante inversión. La cinta, de 260 metros (es decir, unos 13 minutos de proyección), incluye 30 cuadros o escenas. Abundan sorprendentes trucajes como por ejemplo la famosa secuencia en que la Luna recibe el impacto del obús en el ojo, o el cuadro donde los astrónomos sueñan con la Osa Mayor, cuyas siete estrellas son rostros femeninos. Le voyage dans la Lune dejó al mundo fascinado. Se hicieron tantas copias ilegales del filme, especialmente en Estados Unidos, que Méliès tuvo que abrir una sucursal en aquel país para proteger sus derechos.

Otros viajes fantásticos
La «lógica del absurdo» de Méliès se prestaba en particular al tema de los viajes. En 1904 adaptó la obra de teatro Le voyage à travers l’impossible (Viaje a través de lo imposible), con el subtítulo «Una inverosímil aventura de un grupo de sabios de la Sociedad de Geografía Incoherente». En el caso de À la conquête du Pôle (A la conquista del Polo, 1911), el profesor Maboul viaja al Polo Norte en su «aerobús» a pesar del peligro de ser devorado por el Gigante de las Nieves.

Maquinaria teatral, desplegables panorámicos horizontales y verticales, maquetas, sobreimpresiones, fundidos encadenados, paradas de cámara, efectos pirotécnicos: en la obra de Méliès los viajes nunca son tranquilos. Sí coloreados y exóticos, como en el caso de Les aventures de Robinson Crusoé (Las aventuras de Robinson Crusoe, 1902), un filme basado casi en el mismo principio narrativo que Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna): llegada a una tierra hostil, peripecias con los indígenas, huida, regreso al país, charanga y desfile, apoteosis… Méliès satisface así el gusto del público por los países lejanos y la fantasía. Con sus películas ofrece la posibilidad de dar la vuelta al mundo en unos cuantos minutos oníricos.

Méliès y las mujeres
Georges Méliès, que muy pronto se convirtió en la atracción de los actores y actrices del Théâtre du Châtelet, el Folies-Bergère y la Ópera de París, se rodeó a lo largo de toda su carrera como cineasta de jóvenes actrices y bailarinas que veían una oportunidad de mejorar presentándose en el teatro Robert-Houdin o en el estudio de Montreuil. Y se enamoró de una de ellas, Jehanne d’Alcy, que se convirtió en la vedette de la Star Film y, mucho más tarde, en su segunda esposa. Fue precisamente ella quien interpretó una de las pocas películas «licenciosas» de Méliès, Après le bal (le tub) [Tras el baile (el cubo), 1897].

En sus películas, las mujeres son descuartizadas, desmembradas e incineradas, o bien se convierten en mariposas, abejas, brujas o diablesas; son también sus cómplices, visiones mágicas, diosas, hadas, princesas, y a menudo las que poseen la llave para acceder a un mundo onírico y fantástico.

Méliès se sentía especialmente orgulloso de haber sido el primero en llevar a la pantalla al personaje de Juana de Arco (Jeanne d’Arc, 1900): «Evidentemente, para mí, “el hombre de los trucos”, lo que de verdad era tentador de la historia era la parte fantástica: visiones, apariciones, la quema de una mujer ¡en vivo! y, por descontado, la ascensión al cielo. En conjunto, acciones muy delicadas de representar sin caer en el ridículo». Y añadía: «Es la obra más grande realizada hasta la fecha en fotografía animada».

3. Muerte y Resurrección de Méliès
En 1912, por encargo de la poderosa empresa Pathé, Georges Méliès rodó sus tres últimas películas, que fueron todas ellas grandes fracasos financieros. No eran buenos momentos para fantasías y películas de trucajes: el realismo poético de Feuillade triunfaba en las pantallas, David W. Griffith imponía un nuevo ritmo en el cine mundial desde Estados Unidos, se acercaba la Primera Guerra Mundial… Las compañías cinematográficas francesas Pathé, Gaumont y Éclair se convirtieron en importantes monopolios con sólidas bases financieras, mientras que Méliès se negaba a transformar su pequeña empresa artesanal en «sociedad anónima».

En 1923, incapaz de devolver sus préstamos a Pathé, Méliès tuvo que vender su propiedad de Montreuil. Para ganarse la vida, empezó a trabajar en una pequeña tienda de juguetes en el vestíbulo de la estación de Montparnasse, donde le reconoció un periodista en 1926. En 1929 se organizó una gala en su honor, y al cabo de tres años se retiró con Jehanne d’Alcy (su esposa desde 1925) y su nieta al glacial castillo de Orly, por aquel entonces propiedad de la Mutua del Cine. Murió en París el 21 de enero de 1938. El homenaje más reciente y espectacular a la figura de Georges Méliès ha sido la película Hugo (2011), de Martin Scorsese.

La Vida de Méliès
Georges Méliès nació el 8 de diciembre de 1861 en París. A los 23 años, durante una estancia en Londres, quedó fascinado por la prestidigitación, y en 1888, al retirarse su padre del negocio familiar de calzado de lujo, recibió una considerable fortuna con la que pudo adquirir el teatro del mago Robert-Houdin. En aquel pequeño teatro creó sainetes mágicos con complejos trucajes que, posteriormente, le sirvieron para el cine.

A finales de 1895 descubrió el cinematógrafo de los hermanos Lumière, que le cautivó. Cuando ellos se negaron a venderle su aparato, Méliès recorrió a un óptico londinense, Robert William Paul, que había inventado una cámara. A su regreso a París rodó sus primeras cintas, y en mayo de 1896 empezó a realizar sus primeras películas trucadas, como Le manoir du diable (La mansión del diablo) y Escamotage d’une dame chez Robert-Houdin (Desaparición de una dama en el Robert-Houdin).

El público, fascinado, quería más. Para dar respuesta a aquel gran éxito, Méliès hizo construir en la propiedad familiar de Montreuil-sous-Bois, sin reparar en gastos, un estudio de cine completamente acristalado. En 1902, con Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna), se convirtió en uno de los más solicitados. Pero la duplicación ilegal de este filme alcanzó tales proporciones en Estados Unidos que Méliès tuvo que enviar a Nueva York a su hermano Gaston para abrir una sucursal en representación de la marca Méliès Star Film.

El año 1908 fue el de su máximo esplendor: en el estudio de Montreuil se filmaron más de 50 películas. Pero también supuso el inicio del declive de Méliès, que se vio superado por la producción masiva de Pathé y Gaumont y por la llegada de cineastas extraordinariamente dotados, como por ejemplo Ferdinand Zecca, Louis Feuillade, el español Segundo de Chomón (especializado como él en películas de trucajes) y David W. Griffith en Estados Unidos. Pathé produjo en 1911 y 1912 las últimas cintas de Méliès, que fueron un absoluto fracaso pese a la magnífica À la conquête du Pôle (A la conquista del Polo). En 1917, intentó la reconversión al teatro sin éxito, y en 1922 tuvo que vender la propiedad de Montreuil. En 1925, la sala Robert-Houdin fue derribada. Desesperado y totalmente olvidado por el público y la profesión, Méliès destruyó todos los negativos de sus películas.

Tras casarse en segundas nupcias con una de sus primeras actrices, Jehanne d’Alcy, encontró trabajo como vendedor de juguetes en el vestíbulo de la estación de Montparnasse, en París, donde un periodista le reconoció por casualidad en 1926. Aquel encuentro casual supuso su redescubrimiento, que se produjo especialmente a raíz de la Gala Méliès, celebrada en 1929 en la sala Pleyel, donde pudieron proyectarse ocho de sus películas, milagrosamente recuperadas. Murió el 21 de enero de 1938.


Actividades Relacionadas con la Exposición

 

Concurso «Participa Méliès»
Del 26 de julio al 27 de octubre de 2013
Entrega de premios: viernes 15 de noviembre a las 20 horas
www.participamelies.com

La Obra Social ”la Caixa” pone en marcha una nueva actividad participativa coincidiendo con la exposición Georges Méliès. La magia del cine. Se trata de la posibilidad de que los visitantes realicen su propio vídeo inspirándose en los fantásticos trucos del inventor de los efectos especiales. Únicamente se necesita un dispositivo que pueda grabar (cámara, vídeo, móvil o tableta). El objetivo es realizar un vídeo de un máximo de 3 minutos usando al menos uno de los siguientes trucajes:

  • Sustitución: Consiste en hacer aparecer y desaparecer objetos y personas.
  • Sobreimpresión: Entre otros trucajes, permite duplicar al mismo personaje en la pantalla y consigue que los objetos vuelen como si tuviesen vida propia.
  • Juegos de escala: Permiten que objetos en miniatura parezcan de tamaño real. También pueden realizarse juegos de escala para convertirse uno mismo en un gigante o un enano.

El vídeo deberá ser inédito y mudo, y la música, libre de derechos. Los vídeos podrán inscribirse en Participa Méliès del 26 de julio al 27 de octubre. Se entregarán tres premios: premi al mejor proyecto, premio Imaginación al Poder y premio de votación del público. El 15 de noviembre se dará a conocer a los ganadores en una gala de entrega de premios en CaixaForum Madrid.

Mamut Cinema
Cine-concierto
Un personaje y unas proyecciones muy especiales nos explicarán quién era Méliès y su época, en la que el cine era maravilla y magia.

Sábados, 9, 23 y 30 de noviembre, a las 17.30 h
Domingos, 10, 24 de noviembre y 1 de diciembre, a las 12 h.
Precio por persona: 6 € (50 % de descuento para clientes ”la Caixa”).

Arte en Familia
A partir de septiembre
Imágenes en movimiento + 4
Un taller que invita a utilizar técnicas y juegos parecidos a lso que se usaben en los inicios del cine.
Sábados, de 11 a 14 horas y de 16 a 20 horas.
Domingos y festivos, de 11 a 14 horas.
Precio por persona: 2 € (50 % de descuento para clientes ”la Caixa”)

Visita-taller en familia Participa Méliès
Esta visita-taller y el concurso de vídeos a través de la web www.participamelies.com es una iniciativa a la que están invitadas todas las personas que deseen hacer magia con su cámara, móvil o tablet.

Sábado, a las 18 horas.
Domingos y festivos, a las 17.30 horas.
Precio por persona: 2 € (50 % de descuento para clientes ”la Caixa”) Aforo limitado.

Visitas Comentadas a la Exposición
Visitas comentadas para el público general
Miércoles, a las 18 h
Sábados, a las 12 h
Domingos y festivos, a las 11 h

Precio por persona: 3 € (50 % de descuento para clientes ”la Caixa”)
Aforo limitado.
Visita dinamizada para grupos escolares
www.eduCaixa.com

Sábados, 9, 23 y 30 de noviembre, a las 17.30 h
Domingos, 10, 24 de noviembre y 1 de diciembre, a las 12 h.
Precio por persona: 6 € (50 % de descuento para clientes ”la Caixa”).
Georges Méliès
La Magia del Cine
Del 26 de julio al 8 de diciembre de 2013

CaixaForum Madrid
Paseo del Prado, 36
28014 Madrid

Horario:
De lunes a domingo, de 10 a 20 h
Noches de verano, hasta las 21 h

Servicio de Información
Obra Social ”la Caixa”
Tel. 902 223 040

De lunes a domingo, de 9 a 20 h
www.lacaixa.es/obrasocial
Precio: 4 €
Entrada gratuita clientes ”la
Caixa”
El precio incluye el acceso a todas
las exposiciones
Menores de 16 años: entrada
gratuita

Venta de entradas:
www.CaixaForum.com/agenda
Entradas también disponibles en CaixaForum en horario de atención al público

Fuente: Departamento de Comunicación Obra Social "la Caixa"