El eje central de esta exposición radica en las distintas representaciones del concepto de diversidad sexual en el terreno del arte. Bajo esa denominación incluyente se contemplan principalmente las imágenes sobre la homosexualidad, el lesbianismo y las sexualidades e identificaciones agrupadas habitualmente bajo el acrónimo LGBTQ (lesbiana, gay, bisexual, transexual o transgénero y queer), que se puede completar con la I referida a las personas intersexuadas.
El objetivo es adentrarse en la producción de ideas en torno a este tema surgidas en las prácticas artísticas, principalmente desde 1969, y desarrolladas hasta hoy.
¿Por qué 1969? En este año se organiza el movimiento de liberación gay a raíz de las protestas acaecidas en la ciudad de Nueva York, en particular a finales de junio, en el bar Stonewall Inn, sometido a hostigamiento y represión por parte de la policía.
Esta revuelta contó desde el principio con la participación de lesbianas, transexuales y travestidos, amén de homosexuales. Huelga decir que ese año se toma aquí como referencia simbólica, pues antes de esa fecha ya había habido actividades y culturas disconformes con las normas.
En todas partes es un proyecto vertebrado mediante la aparición de distintas representaciones del deseo y de las diversas subjetividades que se enfrentan a la norma y al poder patriarcal y heterosexista y que han dado valiosos ejemplos en la fotografía, la pintura, el dibujo, el vídeo, la instalación y otras disciplinas. Supone también una indagación conceptual en las formas de vida heterodoxas y en el concepto de comunidad, en lo que ello conlleva de constitución de una cultura identitaria en un medio social hostil, particularmente en los años sesenta y setenta. Una identidad que quedaría cuestionada por los postulados queer, al menos desde inicios de la década de los noventa.
Dicho esto, y para comprender el alcance de las representaciones y las producciones artísticas, individuales y colectivas, se necesita del conocimiento del aporte de otras manifestaciones culturales, igualmente en clave política. Esto nos ayudará entender las distintas percepciones existentes sobre la homosexualidad y la transexualidad, por ejemplo. En ese sentido, sería preciso tener en cuenta el influjo en el arte y en la cultura visual de los discursos de la medicina y la ciencia, además de explorar cómo la ley, en distintos países, estableció normas y reglamentos que castigaban los actos homosexuales, ignorando, a menudo, en su penalización, a las lesbianas. Un castigo que todavía se aplica en muchos lugares.
Asimismo, es de suma importancia ser conscientes del entramado de visiones y construcciones culturales procedentes del cine, de la literatura, de la música, de los medios de comunicación. Tenerlos en consideración es primordial dado el peso que tienen en la formación de un imaginario colectivo plagado de persistentes prejuicios y estereotipos y apoyado a menudo en el uso de la injuria y de la vergüenza. Frente a todo este conjunto de visiones sesgadas e interesadas se rebelaron los movimientos de gays y lesbianas y los colectivos de transexuales, siguiendo el ejemplo de las feministas y de los grupos a favor de los derechos civiles.
La aparición del sida y su instrumentalización por parte de los sectores sociales retrógrados sirvió para culpabilizar a la comunidad gay, entre otras poblaciones demonizadas. Las distintas revueltas ante la estigmatización revitalizaron el surgimiento de varios tipos de activismo político. El arte puso cara e imagen a muchas de las cuestiones debatidas en torno a la pandemia del sida.
En todas partes indaga en la evolución contingente de la representación de la diversidad sexual desde los tiempos de mayor represión y homofobia hasta la actualidad. Esto incluye la consideración de las sucesivas propuestas sobre equiparación de derechos y el estimulante envite del pensamiento queer, con su consabida crítica a las identidades fijas y a la respetabilidad asociada al concepto de normalidad.
El peso del arte nacido en Occidente (Estados Unidos, Alemania, España, Gran Bretaña, Francia...) es sin duda significativo, pero también se atenderá a la incorporación de propuestas artísticas relativas a países en donde las leyes criminalizan, en distintos grados, la diferencia y la libertad sexual (Irán, Turquía, India, Palestina, Líbano...).
Esta exposición está orquestada alrededor de distintas secciones que no se plantean de modo rígido:
1
¿Un paraíso sexual? Mito y realidad en los sesenta y setenta.
Desde incluso antes de la aparición del movimiento gay en 1969, las grandes ciudades estadounidenses, y en particular Nueva York, San Francisco y Los Ángeles, son los escenarios que nutren un imaginario de permisividad, e incluso libertad, al que no es ajena la emergencia de determinadas subculturas: cuero, S/M, porno, como así lo indican las fotografías de Robert Mapplethorpe. Básicamente predominan dos tipos de cultura gay: los que intentan remasculinizar y virilizar la homosexualidad mediante el culto al cuerpo y a las prácticas extremas, y aquellos que optan por perspectivas más flexibles, amaneradas (camp) y andróginas (véase la obra de Luciano Castelli, Jack Smith, Andy Warhol). Asimismo, son años de surgimiento de un magma de identidades en formación y de inicios del espíritu identitario y comunitario, también en el ámbito lésbico (Tee Corinne, Barbara Hammer).
2
El estigma del sida y el nacimiento de una nueva conciencia.
La aparición del VIH es utilizada por los sectores ultramontanos y religiosos en Estados Unidos, y en otras partes del planeta (Gran Bretaña, Francia, la Unión Soviética…) para condenar a la población homosexual por el sexo desenfrenado y el desorden moral causado. Son años extremadamente duros, sobre todo desde 1982, fecha en que se nombra al sida. A partir de 1987 surge un activismo orquestado en torno a colectivos como ACT-UP que sirve de respuesta al oprobio y la humillación. Muchos artistas se agrupan y participan de ese activismo (Gran Fury, David Wojnarowicz, Keith Haring, Pepe Espaliú...). Otros creadores, como el brasileño Leonilson, trabajaban a título individual, aportando también luz y esperanza a años de sombras en que la sexualidad es demonizada.
Una nueva conciencia y un deseo de visibilidad brotan ( por ejemplo en el colectivo lésbico fierce pussy).
3
Entre el pensamiento queer y las políticas de normalización. Desde los años noventa hasta hoy.
En este bloque se plasmaría el impacto y la influencia de las teorías des-identitarias de Judith Butler y de Eve Kosofsky Sedgwick, entre otros/as en lo que respecta a la valoración de las parodias performativas que carecen de un original falsamente considerado como modelo (hombre o mujer: estricto binomio de género). Emergen muchas imágenes, antes invisibles, de mujeres que juegan a posar como hombres o de varones que cuestionan la feminidad estereotipada. Son años también en que la comunidad transgénero adquiere fuerza al tiempo que algunos sectores de los movimientos LGBT asimilacionistas se centran en la consecución de los derechos civiles. Por otro lado, la excesiva comercialización de la llamada escena gay fomenta cierta despolitización y suscita críticas. La imagen de la pareja homo respetable provoca respuestas contrapuestas: aceptación en algunos países y segmentos sociales y ataques furibundos por parte de las jerarquías eclesiásticas y de la derecha.
Son tiempos contradictorios en los que se da una creciente ocupación del espacio público (calle, parques, urinarios…) por quienes, tras años de miedo al sida, todavía son considerados perversos por practicar sexo al aire libre, y a la vez se aprueban leyes igualitarias que equiparan a homo y heterosexuales (Holanda, Suecia, España, Bélgica, Canadá...) y que promueven el matrimonio y la vida en familia.
3.1
El atractivo (y la necesidad) de la transformación.
La posibilidad del cambio es clave para entender las realidades de quienes han sido tachados de indeseables a lo largo de la historia. Esto en sí mismo ya venía sucediendo en épocas anteriores pero es a partir de los noventa cuando la cultura visual artística incide en ello con particular énfasis. Lo demuestra la obra de Catherine Opie y de Del LaGrace Volcano, próxima a las comunidades transexuales.
El impacto de la teoría queer se palpa en el uso de la performatividad y de la mascarada: mujeres que hacen de hombres (drag kings) y hombres que hacen de mujeres (drag queens). Las actividades humanas son fruto de las construcciones sociales, incluso de lo que se piensa como natural sin serlo (Marcel Odenbach, Cabello/Carceller...).
Los discursos sobre la intersexualidad se abren paso paulatinamente (Ins A Kromminga).
3.2
La sexualidad heterodoxa en la ocupación del espacio público.
El mundo es muy amplio y está lleno de realidades, de luchas y de anhelos. Los avances legales en pos de la igualdad para homosexuales y lesbianas no impiden que las prácticas sexuales hayan de pasar exclusivamente a través de la relación monógama de pareja. Los parques (Jesús Martínez Oliva, Tom Burr), los urinarios (Zoe Leonard) son espacios ocupados en algunos momentos del día y de la noche para practicar sexo y para vehicular también deseos, afectos y emociones.
3.3
Comunidades, familias, parejas, amistades, relaciones.
La idea de comunidad ha sido importante en tanto que forma de resistencia ante las normas heterosexistas que negaban la diferencia sexual. La existencia de dichas comunidades (provisionales, duraderas) no es incompatible con la formación de parejas (Sunil Gupta). La realidad de la familia se ha transformado en parte desde que gays, lesbianas y transexuales pueden acceder en algunos países (muy pocos) a la igualdad legal. Las relaciones entre padres, madres e hijos pasan todavía por la dificultosa salida del armario (Mark Raidpere). El matrimonio y la pervivencia de situaciones paralelas no regularizadas son estructuras sociales que conviven en distintos países.
3.4
La permanencia transgresora del deseo.
La mayor visibilidad que han alcanzado las expresiones de la homosexualidad y la transexualidad en países occidentales tanto en la calle como en los medios de comunicación no supone que no haya interdictos, prohibiciones y rechazo. Las fantasías sexuales siguen presentes (Monica Majoli) tanto en hombres como en mujeres (Nicole Eisenman, LSD). El deseo promiscuo se canaliza hacia todo tipo de vías, entre ellas también la prostitución (Dias & Riedweg), vista sin moralismos.
3.5
Luces y sombras de la cultura de masas desde un prisma disconforme.
Durante años en un régimen de normas y leyes sexófobas la expresión de la diversidad buscaba caminos en distintas subculturas musicales (Leigh Bowery, Azucena Vieites) y en el ámbito de la noche (Jack Pierson), asociado con la diversión y la libertad.
El impacto de lo diferente en la cultura popular y comercial (música, moda, diseño, televisión, publicidad…) fomentó una acomodación al consumo que algunos sectores queer han criticado (Cabello/Carceller).
3.6
Relecturas de la Historia y de la Memoria con ojos queer.
La historia de la cultura ha sido masculina, heterosexual, blanca y misógina. Algunos artistas tratan de destapar imágenes generadas por las poblaciones excluidas del poder (Renate Lorenz & Pauline Boudry). La memoria del pasado y su recuperación crítica es imprescindible para alcanzar la dignidad y el conocimiento (Henrik Olesen). El arte es también la plataforma para desmitificar determinadas imágenes que el arte mismo ha generado (Yeguas del Apocalipsis, Juan Dávila).
4
La diversidad sexual en un mundo global.
Salvo alguna excepción, desde mediados de los noventa y sobre todo a partir del siglo veintiuno, la estricta vinculación de la cultura LGBTQ con Occidente se pone en tela de juicio. El planeta parece haberse ensanchado y las realidades cotidianas de la pluralidad sexual de países como Irán (Tariq Alvi), India (Tejal Shah) y el mundo árabe, entre otros, se hacen un hueco –todavía escaso– en los medios de comunicación. Pero la discriminación brutal y la penalización de la homosexualidad subsiste en ochenta y cinco países.
Vivir en libertad para homosexuales, lesbianas y transexuales es hoy un empeño casi imposible (Akram Zaatari, Ahlam Shibli).
Del 14 de mayo al 20 de septiembre de 2009
Centro Galego de Arte Contemporánea
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