Jueves, 23 de Mayo de 2013

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EL MNAC expone La conversión de san Pablo, de Juan Bautista Maíno, luego de su restauración

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La obra fue restaurada gracias al patrocinio de BNP Paribas y su Fundación

Tras un largo proceso de restauración que se ha podido llevar a cabo gracias al patrocinio de BNP Paribas y su Fundación, La conversión de san Pablo, de Juan Bautista Maíno (Pastrana, 1581 – Madrid, 1649), se expone en las salas de la colección permanente del MNAC a partir del 5 de julio y hasta finales de septiembre de 2012.

Los expertos del museo han podido identificar La conversión de san Pablo como una de las pocas producciones que se conservan de Maíno, uno de los introductores en España de la cultura figurativa de Caravaggio y del círculo de pintores activos en Roma a principios del siglo XVII.

La tela, que se encontraba gravemente dañada a causa de un incendio ocurrido en 1985 en las dependencias municipales en las que estaba depositada, forma parte de los fondos del museo desde 1952, aunque estaba atribuida al pintor valenciano José Vergara (1726 – 1799). Esta nueva atribución supone una aportación importante al catálogo de un artista clave para entender la pintura española del siglo XVII y del que se conservan muy pocas obras, tan sólo 44. Además de La conversión de san Pablo, el MNAC cuenta también en sus colecciones con el Retrato de Fray Alonso de Santo Tomás (1648-1649), una de las últimas producciones del pintor dominico.

Con objeto de aportar luz sobre la génesis de la obra, su atribución y explicar el profundo y delicado proceso de restauración al que ha sido sometida, La conversión de San Pablo se expone temporalmente en una sala propia, junto a una pintura preparatoria procedente de una colección particular, una radiografía que muestra su estado antes de la intervención así como también con un video que explica el proceso de restauración de la tela.

Durante más de 6 meses, los técnicos del MNAC, restauradores y conservadores, han trabajado conjuntamente para poder recuperar esta obra, documentarla y ahora exponerla al público.

La restauración de La conversión de san Pablo, que se ha podido llevar a cabo gracias al patrocinio de BNP Paribas y su Fundación, forma parte del programa BNP Paribas for Arts, que comenzó la Fundación BNP Paribas en 1994. Este programa ha permitido la restauración de más de 200 obras de arte conservadas en museos de todo el mundo.

La conversión de san Pablo. Una nueva atribución
La pintura de La conversión de san Pablo, que ingresó en el antiguo Museo de Arte de Catalunya tras ser adquirida en el año 1952, despertó desde un principio el interés de Joan Ainaud de Lasarte (1919-1995), en aquel momento director general de los museos de arte de Barcelona. Ainaud contempló en un principio la posibilidad de que la autoría de la obra fuera italiana. Desde entonces el perfil del artífice de esta pintura se ha ido dibujando con mayor nitidez, lo que ha permitido realizar su atribución a Juan Bautista Maíno.

La conversión de san Pablo es una obra muy representativa de la producción de Maíno. Recuerda al Retablo Mayor de las Cuatro Pascuas (1612-1614), pintado para la iglesia de San Pedro Mártir de Toledo, que se conserva en el Museo del Prado y que está considerada una de las producciones más relevantes de la pintura española del siglo XVII.

Dadas las evidentes similitudes estilísticas, compositivas y figurativas entre la obra del MNAC y las citadas telas, parece lógico establecer una cronología posterior a 1614, año que corresponde al de finalización del citado retablo.

En esta obra se aprecian los principales y más representativos aspectos que definen el repertorio gráfico del pintor y su lenguaje, caracterizado por un dibujo vigoroso, de trazo minucioso en los contornos, la monumentalidad escultórica de las figuras, creadas mediante una iluminación contrastada, y un colorido intenso. La conversión de san Pablo muestra la deuda contraída por Maíno con la pintura italiana, particularmente, con el estimulante ambiente romano, en cuya ciudad aparece documentada la presencia del artista entre 1605 y 1610.

El lenguaje de Maíno acusa también la influencia de Caravaggio (1571-1610), especialmente visible en La conversión de san Pablo en el modelado del cabello de los ángeles y en el aspecto severo del rostro de Jesús, que muestra grandes coincidencias estilísticas con el representado en la tela de La Trinidad (1612-1620), perteneciente al retablo que sobre el mismo tema Maíno realizó para el convento de Nuestra Señora de la Concepción, de Pastrana, su villa natal.

La exigua cantidad de producciones de Maíno acrecienta la importancia de una obra que, situada en el contexto de la colección de arte barroco del MNAC, contribuye además a diversificar los diferentes itinerarios de penetración del denominado naturalismo seiscentista en la península ibérica.

A las dos corrientes naturalistas ya presentes en el Museo, la sevillana, representada por una obra de juventud de Diego Velázquez (1599-1660) -una imagen de San Pablo, realizada hacia 1618-1620- y la valenciana, ejemplarizada por dos composiciones de la familia Ribalta - por un lado, el Retrato de Ramón Llull, composición fechada hacia 1619, obra de Francesc Ribalta (1565-1628) y, por el otro, un San Jerónimo (1618), producción del hijo, Juan Ribalta (1596/ 1597-1628)-, Maíno significa una tercera vía: la de la pintura castellana del primer tercio del siglo XVII, que hasta ahora no tenía visibilidad en la colección y que viene a completar el paisaje del arte español de la época.

A diferencia de las otras dos corrientes, la obra de Maíno presenta un aspecto singular y novedoso, resultado de sus años de residencia en Roma. Una vez regresa, Maíno no se limita a realizar una trasposición mimética de los modelos figurativos que ha podido ver allí, sino que es capaz de reinterpretar estas fuentes con ímpetu renovador. Este fenómeno de importación de las novedades por la vía del viaje artístico es lo que diferencia el estilo de Maíno del de sus contemporáneos.

El proceso de restauración
La conversión de san Pablo presentaba un grave estado de degradación, consecuencia de un incendio que se produjo el 1 de abril de 1985 en la dependencia municipal de Barcelona en la que se encontraba depositada, decorando una de sus paredes. Durante el siniestro, la obra estuvo expuesta a altas temperaturas y resultó gravemente dañada. Presentaba ampollas, cráteres y pérdidas importantes, además de diversos retoques y repintes poco afortunados anteriores al incendio. Además, la pintura estaba cubierta por una capa oscura que hacía difícil apreciar su calidad. Las técnicas de análisis se impusieron como una necesidad para poder entender la composición, el dibujo y los colores; y para poder plantear un diagnóstico riguroso de su estado.

El examen radiográfico fue determinante para redescubrir la pintura antes de intervenirla, y permitió distinguir un dibujo vigoroso y marcados contrastes de luces y sombras. También permitió apreciar los arrepentimientos del pintor durante el proceso de creación y localizar las zonas de desgaste de la policromía.

Además, la pintura había sufrido una modificación de formato importante: fue cortada en su lado derecho, de arriba abajo, y en la base de la composición mostraba el añadido de una tira de 7,5 centímetros de tela pintada. Este fragmento en realidad correspondía originalmente a la parte superior de la tela, de donde había sido recortado. Esta operación debió ser realizada durante su reentelado, que se pudo datar gracias a un papel de periódico que apareció al desclavar el bastidor. En él no figura el nombre de la publicación ni la fecha, pero, tras una investigación en la hemeroteca, pudo ser identificado como una página del diario La Prensa del 15 de mayo de 1945.

En todo caso, esa última restauración a la que había sido sometida la obra era forzosamente anterior a su ingreso en el museo en el año 1952 porque en las fotos antiguas de las que disponemos ya aparecía con esas intervenciones.

Atendiendo a la fragilidad de la tela original, se decidió no desentelar la obra, cambiar el bastidor roto por uno de tensión perimetral homogénea y respetar los retoques antiguos siempre que no taparan la pintura original, con el objetivo de violentar lo mínimo posible una pintura ya considerablemente mutilada.

La intervención de restauración ha brindado también la oportunidad de analizar los materiales de la obra y poder caracterizar la técnica utilizada por el pintor. Los pigmentos y la manera de aplicarlos para obtener los tonos más adecuados y los efectos de luz perseguidos, así como la composición química de la preparación parda, que sirve de base para aplicar la pintura, coinciden con los que se han identificado en otras obras de Maíno analizadas por el laboratorio del Museo del Prado en ocasión de la exposición Maíno (2009-2010).

Juan Bautista Maíno
Juan Bautista Maíno (1581–1649) fue uno de los introductores en España de la cultura figurativa de Caravaggio y del círculo de pintores activos en Roma a principios del s. XVII.

Nace en la villa de Pastrana (Guadalajara) en 1581, hijo del matrimonio formado por un comerciante des sedas de origen milanés y de una noble lisboeta al servicio de la controvertida Princesa de Éboli. Su adolescencia transcurre en Madrid hasta que decide marcharse a Roma, para hacerse cargo de los negocios familiares y continuar con su formación pictórica. En esta ciudad su presencia está documentada entre 1605 y 1610.

Cuando regresa a Pastrana pinta una Anunciación para el altar lateral del Monasterio de las Concepcionistas Franciscanas de la villa. La siguiente etapa de su vida transcurre en Toledo, donde se establece en 1611. Allí un encargo del Prior del convento dominico de San Pedro Mártir supone un giro en su vida y su carrera. Se trata del retablo mayor de la nueva iglesia, conocido como el Retablo de las Cuatro Pascuas que constaba de diez pinturas. De este mismo encargo también son especialmente relevantes los lienzos de La Adoración de los Reyes Magos y La Adoración de los Pastores. En 1614, terminada su mejor obra así como sus estudios en teología y filosofía, se marcha a Madrid de la mano de fray Antonio Sotomayor, confesor de los reyes, y se introduce en la corte como maestro de dibujo del príncipe, el futuro Felipe IV, en 1620. Allí también actúa como asesor de materias de pintura y traba amistad con Diego de Velázquez, a quién elige en un concurso público para pintar La expulsión de los moriscos, un cuadro que no se conserva en la actualidad y que sirvió al joven pintor sevillano para afianzarse en la corte madrileña.

En esta etapa y, aunque nunca deja de pintar, su obra se ve subordinada a su vocación religiosa y relegada a un segundo plano, y es por ello que su producción queda reducida a unas cuarenta obras, motivo por el que quizás no ha tenido la relevancia que merecería por sus logros artísticos.

Maíno muere en el convento de Santo Tomás de Madrid, en 1649, donde es enterrado en la capilla del rosario bajo el cuadro de Santo Domingo que él mismo había pintado.

Sobre el programa BNP Paribas for Arts
Patrocinador fiel y muy apreciado por los museos, la Fundación BNP Paribas pone su empeño en preservar y dar a conocer su patrimonio. Por eso apoya desde 1994 la restauración de obras maestras a través del programa « BNP Paribas for Art ».

Durante ya dieciocho años, el programa ha facilitado la restauración de más de doscientas obras que abarcan todas las épocas de la historia del arte y que se conservan en los más prestigiosos museos y monumentos franceses como el Palacio de Versalles, el Centro Georges Pompidou o el Museo d’Orsay. El programa también apoya a museos en regiones francesas como por ejemplo el Museo des Augustins de Toulouse, el Museo de Arte Moderno, Arte Contemporáneo y Art Brut de Villeneuve d’Ascq, el Museo de Artes Decorativas de Bourges, el Museo de Bellas Artes de Lyon, o también el Museo de Bellas Artes de Quimper. Para acompañar el desarrollo internacional del grupo BNP Paribas, la Fundación BNP Paribas ha multiplicado, desde 2004, sus actuaciones en grandes muesos internacionales entre los que se encuentran el Museo Städel de Frankfurt y la Neue Pinakothek de Munich en Alemania, el Art Gallery New South Wales de Sydney y la National Gallery of Victoria de Melbourne en Australia, el Art Gallery of Ontario en Canada, el Museo Bizantino y Cretense de Atenas en Grecia, el Museo Van Loon de Amsterdam en los Países Bajos, la Galería Estatal Tretyakov de Moscú en Rusia, el National Palace Museum de Taipei en Taiwan, el futuro museo del mosaico de Alejandría en Egipto, el Museo Peranakan de Singapur y se amplía ahora con el Museu Nacional d´Art de Catalunya en Barcelona.

Sobre BNP Paribas Corporate Philanthropy
La política de filantropía corporativa de BNP Paribas (BNP Paribas Corporate Philanthropy) se gestiona por la Fundación BNP Paribas, piedra angular de sus iniciativas filantrópicas durante los últimos 25 años. Esta política se centra en 5 áreas de actividad: cultura, integración social, educación, salud y medioambiente.
Hoy en día, BNP Paribas Corporate Filanthropy lleva a cabo más de 550 programas en todo el mundo gestionados mediante la red de 12 fundaciones o la iniciativa de los países y negocios.
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Calificado AA- por Standard & Poor’s, BNP Paribas es uno de los bancos con mejor rating del mundo.
BNP Paribas: www.bnpparibas.com

Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC)
Palau Nacional
Parc de Montjuïc. 08038 Barcelona 
www.mnac.cat

Fuente: Prensa MNAC