Domingo, 12 de Febrero de 2012

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‘Carlos Cruz-Diez: El Color Sucede’, en Cuenca

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La exposición, con una veintena obras realizadas en los últimos cincuenta años, muestra por vez primera en España las investigaciones sobre el color, llevadas a cabo por este artista venezolano, afincado en París, y considerado como una figura muy relevante dentro y fuera del movimiento cinético

A partir del viernes 17 de julio, y hasta el 15 de noviembre, puede verse en el Museo de Arte Abstracto Español, de Cuenca, la exposición Carlos Cruz-Diez: El Color Sucede, que muestra las investigaciones sobre el color que durante los últimos cincuenta años ha realizado el pintor venezolano Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923) y que le convierten en uno de los artistas más relevantes dentro y fuera del movimiento cinético.

La exposición cuenta con unas 20 obras, fechadas entre 1954 y nuestros días. Entre las primeras obras se incluyen las realizadas durante la temporada que pasó en España, en el pueblo catalán de Masnou, antes de trasladarse a París, ciudad en la que vive desde hace muchas décadas. Se ofrece también una parte documental con catálogos, fotografías y algunos ejemplos sobre sus procesos de trabajo, así como muestras de su labor como diseñador gráfico. Las obras proceden del Atelier Cruz-Diez, de la Fundación privada Allegro, del Musée national d´Art Moderne, Centre Georges Pompidou de París y del MUBAG (Diputación de Alicante).

El propio Carlos Cruz-Diez asistirá a la inauguración de la que es la primera muestra de sus trabajos que se realiza en España. Sus obras han estado presentes en las grandes exposiciones europeas que desde los años sesenta se han dedicado al cinetismo, al arte latinoamericano o a las corrientes cinéticas, pero nunca en una individual como ésta que ha presentado previamente, entre febrero y junio del presente año, en Palma, en el Museu d´Art Espanyol Contemporani, y ahora, desde el próximo 17 de julio, en Cuenca-

El catálogo –una edición en español y otra en inglés- incluye un ensayo (La razón del color) del comisario invitado de la exposición Osbel Suárez, así como una amplia entrevista de Gloria Carnevali con el artista, una cronología detallada y un listado de exposiciones individuales y colectivas y de su filmografía. Como publicación complementaria se ha realizado una nueva edición, corregida y aumentada, del libro del propio Carlos Cruz-Diez, Reflexión sobre el color (Caracas, 1989); y a su vez la primera edición en inglés, Reflection on Color (Fundación Juan March, 2009).
Las experimentaciones de Carlos Cruz-Diez han ampliado considerablemente las nociones sobre el color, hasta el punto de que hoy podemos entender que las percepciones de los fenómenos cromáticos no tienen porqué estar asociadas necesariamente a la forma, sino que puede conformar una realidad totalmente autónoma. Sus “Fisicromías”, “Cromosaturaciones” “Transcromías” e “Inducciones cromáticas”, todas ellas presentes en este proyecto, asumen el color como cuerpo propio, como conducta, como realidad física y sensitiva: como permanente mutación.

 

Carlos Cruz-Diez
Afección por el Color

Desde que inicié mi aventura de pintor en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas he tenido y desarrollado una profunda afección por el color. Creía que cada mancha del pincel aplicada sobre la tela era un mensaje afectivo de primer orden y un testimonio inaplazable a comunicar. He insistido en hacer del color una vivencia, con un impacto afectivo que se sobrepusiese a cualquier otro artificio del acto de pintar. Para lograrlo, emprendí una larga reflexión nutrida de lecturas encaminadas a entender el por qué de muchas cosas y tratar de adquirir una noción universal del arte y de mi tiempo.

De niño quería ser pintor y mi formación fue de pintor. A los 17 años inicié los estudios de pintura en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas y, a medida que avanzaban mis conocimientos, me afianzaba en la convicción de que la profesión de artista no era un simple placer personal o una manera de evadir esponsabilidades, un encierro en un mundo ajeno a la realidad, sino más bien un compromiso espiritual ante uno mismo y ante la sociedad.

No soy poeta, ni escritor, ni historiador, ni filósofo. Sólo soy pintor. Por eso pensé que investigando un mundo eminentemente “pictórico y perceptivo”, como lo es el del color, podría encontrar una vertiente que fuera expresión de mi tiempo y no hubiese constituido motivo de reflexión para otros artistas.

El color se me reveló como un importante medio de estímulo a la percepción de la “realidad”. La “realidad” de hoy, nuestra noción de realidad, que no es la misma que tenía el hombre del siglo XII, para quien la vida era el tránsito a la eternidad. Nosotros, por el contrario, creemos en lo efímero, sin pasado ni futuro; todo se modifica y se transforma en el instante. La percepción del color nos revela esas nociones. Pone en evidencia el espacio, la ambigüedad, lo efímero, lo inestable, siendo además un soporte de mitos y afectos.

Un fragmento de su libro Reflexión sobre el color (1989)

Museo de Arte Abstracto Español
17 de julio-15 de noviembre 2009
Cuenca

Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March