La Galería Del Sol St. presenta el proyecto Ciudad Interior del fotógrafo Carlos Cid (Madrid, 1965).
Este trabajo se puede definir como la representación visual (más intuitiva que cognitiva pero no por ello menos válida como modo de aprendizaje) del proceso por el que el individuo adquiere el conocimiento vital, el que es resultado de la experiencia diaria, acontecimiento invisible para aquél que es externo a él, pero frenético para el individuo que lo vive.

Para dar forma estética a este mecanismo de aprendizaje, que es el tema central del trabajo, Cid elige el vídeo e imágenes tomados en el Monumento a Holocausto inaugurado en Berlín en mayo de 2005, junto a la Puerta de Branderburgo.
La imagen fotográfica y en movimiento tomada de los monolitos de hormigón, que forman un laberinto representa el caos mental que es el proceso cognitivo. Una vez dentro del mismo (que simboliza el supuesto orden artificial que el ser humano pretende construir) las imágenes, los razonamientos, las conclusiones y finalmente las ideas fluyen de forma caótica.

El paseo de Carlos Cid por el laberinto se puede identificar como una metáfora del viaje mediante el cual el individuo aprende. En su paseo Cid se pregunta ¿Hay que olvidar lo que uno ha aprendido? ¿Son las estructuras mentales de la civilización en realidad limitaciones para el verdadero aprendizaje? Avanzando, perdiéndonos caminando atrás sobre nuestros propios pasos aprendemos, y nos conocemos.
Paloma Rayon
Pensando en ciudad interior. Texto de Mónica Núñez (2007)
Me cuento el cuento de mi vida. Camino por el laberinto hablando solo. Todo me parece igual, monótono, indiferente a la piedad, a la ira, al cansancio, al entusiasmo, impasible ante el desprecio, el orgullo, el respeto... quisiera que fuera de otra forma, pero es inútil. Esquinas cortantes, luz dura sombra negra, pasillos estrechos, ¿repetitivo? No. Quiero ver curvas, mírale, está harto de blanco, negro, sólido, cuadrado, masculino, deja de clamar por la suavidad. ¿Quiero salir de aquí, como será otra parte del mundo?... imposible saberlo, contraste, vertical, cielo blanco, me choco, otra vez aquí? me ahogo en mis pensamientos, océano gris de pasillos llenos de palabras, discurso agotador. Grito. Me sorprende el sonido de mi grito, pensado era potentísimo, desgarrador, de superhéroe y lo que oigo es agudo, dramático, casi estúpido. Deja de criticarte. Deja de maltratarte... la culpa, cuanto tiempo con ella? ya basta. Me siento. Descanso. Cierro los ojos. Me acaricio la cabeza con el pensamiento. En el laberinto susurro tranquilo, tranquilo.... me sobra todo lo que aprendí? consiste en olvidar? no puedo contestarme, camino y camino entre las palabras y los silencios, luces y sombras de mi ciudad interior, en la repetición encuentro tranquilidad, seguridad, estas estructuras me resultan acogedoras, mi encierro es atractivo, corro de un lado a otro, me escondo, juego en mi encierro y sueño con la libertad sin darme cuenta de que ya soy libre. Porque juego.

Laberinto de espacio lleno de voces. El lenguaje aquí no tiene sentido, los pensamientos se forman desdibujados en un amasijo y ya no sé lo que dicen. Cantan. Siento. Cierro los ojos y me siento. Mi conciencia se expande y atraviesa muros. Y vuelo. ¿Vuelo?... mira, mira la tierra, lo que ves es lo que eres, eres materia... y este silencio fuera. Eso soy. Soy lo que hay. Soy silencio excepto mis pasos, mi respiración. no. luchas de la ciudad interior. Soy también lo que quiero ser. Donde quiero llegar, ese lugar también soy yo. Soy lo que siento, lo que pienso, la paz que busco...
Soy el único ser aquí. Me estoy buscando. Me pierdo aquí. ¿Hasta cuando? ¿Cuántos soy? ¿Cuántos entre los que fui, soy y seré... y que también son otros? ¿Estoy donde estuve antes? ¿He recorrido ya este pasadizo? me resulta tan familiar, y a la vez... dudo. Probablemente pasé, pero era otro, otro yo, un personaje, una idea hecha personaje, una edad. Me descubro mirando la existencia de otros seres, verdad o sueño es lo mismo, para mi son reales aquí dentro conmigo, les oigo, siento su calor. Veo pasar al niño que fui. Los niños que fui. Me quedo mirando extasiado. Recorren bosques encantados llenos de gnomos y hadas y niebla y verde y humedad bajo el sol frío del otoño. Cogen palos, están blandos y mojados. Los lanzan lejos al agua. Más lejos. Mucho más lejos hasta la cima de la montaña de más allá del lago. Los lanzan hacia arriba, tocan el cielo con ellos, voy a dar a esa nube. Trepan por las inmensas piedras y sueñan que son gigantes muy fuertes, saltan desde arriba y sueñan que vuelan. Y se me hace un nudo en la garganta mientras sonrío feliz. Aquí está contenida toda la belleza y la magia del ser humano. La duda ya no existe en él. Se borró. Es, sin justificar y sin obligación. El es la causa de su vida, no la consecuencia y se ha topado inesperadamente con la belleza y quedó empapado en ella como si acabara de salir vestido del mar.
Yo. El. Porque la vida no es este laberinto, este laberinto es la mente. La vida es entrega, la vida es lo que transformo en mí, el cedro que formo de esta semilla. Y estos pasillos no son el mundo. El mundo es el milagro de la creación dentro de mi atadura.
Del 20 de febrero al 28 de marzo de 2009
Del Sol St. Art Gallery
Calle Del Sol, 47, bajo
39003 Santander
Horario: tardes, de 6,30 a 9,30, excepto domingos y festivos.
www.delsolst.com
Fuente: Prensa Del Sol St. Art Gallery
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