Sábado, 25 de Mayo de 2013

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Visita guiada a la singular arquitectura subterránea de ARTIUM

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Una ocasión única para conocer los secretos que encierra la singular arquitectura subterránea de ARTIUM, de la mano de su arquitecto, Jose Luis Catón Santaren

  • 13000 m2 construidos y casi el 75% se hallan por debajo del nivel de la calle.
  • Enterrado en su mayor parte, ARTIUM, el museo-bodega del País Vasco, alberga en sus profundidades su más preciado tesoro: una de las mejores colecciones de arte contemporáneo del estado.

Fechas de las visitas
Julio:
Miércoles, 18 de julio, 18:00h
Agosto: Miércoles, 22 de agosto, 18:00h
Aforo limitado. Acceso gratuito con la entrada.

Una Colección, una necesidad y varios proyectos
Para hablar de la arquitectura de ARTIUM hay que hablar de su Colección. Y es que el centro-museo, inaugurado el 26 de abril de 2002, es el resultado de un largo proceso que comenzó cuando la Diputación Foral de Álava a mediados de los años 70, inició una política sistemática y sostenida de adquisiciones de obras de arte contemporáneo.

Una colección año tras año más amplia y rica, que al tiempo que crecía demandaba espacio para ser albergada, conservada, estudiada, y por supuesto, expuesta y disfrutada por la sociedad. Un patrimonio de todos los alaveses que necesitaba de un hogar. Un edificio que, desde un principio, estaba decidido que sería desarrollado por el Servicio de Arquitectura de la propia Diputación alavesa.

Y es así como fueron sucediéndose los diferentes proyectos. El primer encargo oficial de proyecto de nuevo museo se le hizo al Servicio de Arquitectura de la Diputación Foral de Álava en 1985. El siguiente encargo se produjo en 1991, y a este le sucedió el encargo datado en 1995.

Cuando este último proyecto fue presentado se planteó la objeción de que el emplazamiento entonces seleccionado tal vez no era el más adecuado, proponiéndose en su lugar el solar de la antigua Estación de Autobuses. 

Un par de apuntes sobre las condiciones sumamente estrictas del emplazamiento seleccionado
Y de esta manera es que ARTIUM se alza en el solar de una obra que en su momento fue abandonada, de una empresa que había quebrado.

El proyecto abandonado, para el que previamente se procedió a demoler la antigua Estación de autobuses, consistía en la construcción de un complejo formado por un aparcamiento subterráneo, una estación de autobuses también subterránea, y un centro comercial, de oficinas y de ocio en la superficie.

Se vació y excavó el solar hasta una profundidad de 15 metros, se construyeron las tres plantas inferiores destinadas a albergar el aparcamiento de 1000 plazas de coche y cuando ya se estaba terminando de encofrar el techo de la tercera planta, la empresa promotora quebró.

La obra por tanto, comenzó y se paralizo; y como vestigio de su existencia dejó un hueco de 7200 m2 de superficie con un agujero de 15 metros de profundidad, ocupado su fondo por tres pisos (7,5 metros).

Un hueco que acabó anegado por millones de litros de agua, ya que a causa de la quiebra y abandono de la obra, se habían desconectado las bombas de achique.

Tres de las variables, una filosofía, un proyecto.
Un emplazamiento con unas condiciones de partida sumamente estrictas, unas necesidades a cubrir complejas derivadas de la actividad para la que estaba destinado el edificio y una voluntad por lograr espacio libre dentro del apretado tejido urbano; tres variables sobre las que se iba a construir el centro-museo.

Con ellas, una filosofía: “hacer de la necesidad virtud”

Y con todo el conjunto una reflexión que se convirtió en la idea fundamental sobre la que se erigiría ARTIUM: estructurar el espacio disponible bajo la cota cero hasta crear un espacio subterráneo, un museo-bodega.

Un museo-bodega del que sólo son visibles dos volúmenes: el primero, en hormigón blanco, despojado de vestiduras arquitectónicas para reducirlo a mera naturaleza bruta y que da la bienvenida al visitante; y el segundo volumen, en granito gris, que emerge de la superficie para delimitar la plaza interna con su imponente frontalidad de 79 metros de anchura y tan sólo 14,3 metros de profundidad.

Una experiencia museística bajo tierra
Y es así, continuando con su singularidad, que al acceder por primera vez a ARTIUM la agudeza del visitante ya puede percibir una sensación extraña. Esta es la primera de muchas de las sensaciones derivadas de la especial arquitectura subterránea del museo que el visitante disfrutará durante su experiencia museística.

Al colocarse frente a las escaleras, da la impresión de que algo está fuera de lugar, desplazado de donde le correspondería estar, pero muy pocos descubren el porqué. Porque es complicado a simple vista percibir que el eje de las escaleras está desviado respecto al eje de perpendicular de la fachada. Y de nuevo un invisible porqué.

Porque las escaleras, superan la ortogonalidad arquitectónica para seguir el dictado del eje del cantón que, situado al otro lado de la calle, atraviesa el caso medieval y desciende desde su cumbre. Porque….

Así comienza la visita a ARTIUM, en la que el visitante primerizo muy probablemente acabe desorientado, algo habitual cuando estamos bajo tierra y perdemos de vista las referencias que nos ofrecen el cielo, la luz exterior, la vista desde una ventana,…

Pero evidentemente, todo está preparado para disfrutar con una experiencia que, eso sí, es diferente a la que habremos vivido en anteriores museos que hayamos visitado.

Basado en la publicación El Edificio ARTIUM Eraikina

Artium. Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo
Francia 24, 01002 Vitoria-Gasteiz
www.artium.org

Departamento de Comunicación Artium