Sábado, 18 de Mayo de 2013

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Los Orígenes Medievales de la Novela Europea en la Fundación Juan March

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Entre el jueves 3 y el martes 22 de mayo, a las 19,30 horas, tiene lugar en la Fundación Juan March (www.march.es, también en Facebook y Twitter: @fundacionmarch), el ciclo “Los Orígenes Medievales de la Novela Europea”. En este ciclo se analiza cómo surgió la novela en la Europa de la Alta Edad Media, entre los siglos XII y XIII, en una atmósfera refinada y cortés, que reelabora leyendas antiguas del mundo clásico y rescribe mitos y cuentos fantásticos de tradición céltica. En la Francia de los trovadores y del "amor cortés", se componen en lengua vulgar unas primeras y audaces ficciones de amor y aventura de un temprano romanticismo, que servirán de modelos a una prolífica tradición novelesca.

A los romans de Alejandro y Eneas suceden los que evocan el fabuloso mundo artúrico con sus héroes errantes y sus damas seductoras, en novelas que fascinarán a un público ávido de apasionadas aventuras y arduos amoríos. En esa literatura novelesca - que inaugura genialmente Chrétien de Troyes- brillan las figuras inolvidables de Arturo, Ginebra, Lanzarote, Tristán e Isolda, y los buscadores del misterioso y sagrado Grial. Son los comienzos de un mundo utópico y un género literario que se prolonga, ya un tanto desbordado, en los desaforados libros de caballería que parodiará Cervantes y que deja ecos muy perdurables en el imaginario y la cortesía europea de muchos siglos.

Jueves 3 de mayo: Carlos García Gual: "El renacer cultural del siglo XII. Caballeros errantes y damas lectoras".
Martes 8 de mayo: Isabel de Riquer: “Tristán”.
Jueves 10 de mayo: Carlos Alvar: “El rey Arturo”
Jueves 17 de mayo: Victoria Cirlot: “El mito del Grial en la literatura y en el arte”.
Martes 22 de mayo: Carlos García Gual: “Volviendo a Camelot. El mito artúrico y el romanticismo de la época victoriana”.

Sobre su primera conferencia comenta Carlos García Gual: “En el siglo XII la literatura, que se escribe ya no en el docto latín clerical, sino en las jóvenes lenguas vulgares, y celebra en ellas el amor pasional (es decir, l´amour, ‘ese invento del siglo XII’) y la cortesía y la aventura caballerescas, cobra en la Europa medieval un espléndido impulso hacia nuevos horizontes (las modas literarias tienen su centro cultural en la Francia feudal, pero se difunden muy pronto en otros países). A las épicas canciones de gesta sucede la lírica trovadoresca que canta el erotismo más o menos cortés, y las ficciones novelescas de aventuras fantásticas que protagonizan los audaces caballeros errantes. Resuenan apasionados relatos de amor trágico, como los de Tristán e Isolda y Lanzarote y Ginebra, y se despliegan las gestas de héroes solitarios que parten de la corte utópica e ideal del mítico rey Arturo en pos de alguna noble dama raptada o del Santo Grial, claras muestras de la fantasía fervorosa de una época de incontenible empeño poético, la época del primer arte gótico y del llamado ‘primer Renacimiento europeo’. A los romans de Alexandre, de Troya, de Eneas y de Tebas suceden las trepidantes novelas de Chrétien de Troyes, el primer gran novelista europeo, con su trasfondo céltico y feérico, y en lugar del antiguo Alejandro brilla el rey Arturo. El erotismo sutil y la refinada cortesía revelan los gustos literarios del nuevo público cortesano, en el que dan el tono las gentiles damas y doncellas que leen y estimulan esas fantasías de un temprano romanticismo. Los ecos de esos relatos quiméricos y de sus ideales refinados y sus pasiones ejemplares resonarán largamente, con nostalgia acaso e ironía, en incontables novelas y lectores en la literatura novelesca posterior.”

Y sobre su segunda conferencia comenta: "¿Quién habría podido pronosticar la resurrección del culto del Rey Arturo y sus caballeros en la prosaica clase media mercantil de Kensington en la época victoriana? ¿Quién habría podido imaginar que la Reina Viuda escucharía con arrebato la voz lastimera del poeta oficial de la corte cantando las hazañas de Lanzarote y sus amores con Ginebra? Como escribía J. H. Plumb (en su libro La muerte del pasado), el anhelo de la Inglaterra victoriana por recobrar el mundo mítico y medieval del Camelot cortés y caballeresco, fue un fenómeno histórico en extremo sorprendente. Castillos medievales, torneos, armaduras, emblemas y modales caballerescos, se pusieron entonces de moda en notorio contraste con la tendencia burguesa dominante y la modernidad acelerada y arrolladora de aquella Inglaterra decimonónica, la nación más próspera por su progreso industrial y comercial. ¡Qué extraña nostalgia hacia ese pasado fantástico y medieval, que con éxito impresionante suscitaban los más famosos escritores y artistas! Walter Scott, con sus novelas, L. A. Tennyson, con sus melancólicos Idilios del Rey, y los pintores prerrafaelitas, y la arquitectura neogótica de moda, evocaban el esplendor del antiguo Camelot, y los elegantes cortesanos simulaban ser chivalrous gentlemen de un nuevo imperio caballeresco. La muerte de Arturo de Thomas Malory seguía siendo una lectura emotiva y popular. En su tumba el príncipe Alberto yacía revestido de una armadura medieval digna del Príncipe Negro. Recordar esa fantasmal evocación, tan británica y en plena modernidad, del fabuloso universo caballeresco, en nostálgico y crepuscular homenaje, puede invitar, creo, a algunas reflexiones sobre las extrañas fascinaciones de la tradición literaria”.

Para Isabel de Riquer, “la historia de Tristán e Iseo lleva casi 900 años causando escándalo, desde que a mediados del siglo XII se redactó en francés una leyenda, que hacía tiempo circulaba por Europa en boca de juglares y de bardos, sobre unos jóvenes que se convertían en amantes por medio de un filtro y que morían el mismo día. Si este final condenaba los amores adúlteros, también los glorificaba al hacer que un amor tan grande se recordara para siempre, erigiéndoles un monumento literario. La naturaleza del filtro y el comportamiento no ejemplar de sus protagonistas recibieron condenas y duras críticas, pero también entusiastas elogios, alusiones, imitaciones y reescrituras por parte de los más relevantes poetas, novelistas, cronistas o compositores de todos los tiempos. Las escenas más destacadas de su historia fueron representadas en objetos personales, cerámicas, tapices, frescos, miniaturas, óleos y dibujos. Se han hecho decenas de versiones en todas las épocas y en todas las lenguas de esta historia, siempre la misma y siempre distinta: filosófica, simbólica, trágica o críptica; y aún sigue siendo objeto de investigaciones por parte de los más rigurosos filólogos. Un cuento de amor que nunca ha dejado indiferente a nadie y se ha convertido en un mito porque el Tristán no es un relato anclado en las aventuras de los caballeros de la Tabla Redonda que armonizaban el amor y las caballerías sino que Tristán es un nuevo modelo de héroe en la incipiente literatura medieval: el héroe ingenioso, el que emplea no la espada y la lanza sino mil argucias y mil disfraces para encontrarse con la reina Iseo. A pesar de las influencias de otras culturas que el argumento original pudo tener, el Tristán es una historia francesa y cortés, escrita e integrada en la época más fecunda y excepcional de la literatura europea medieval. Su estructura episódica así como su entorno social, su ética profana del amor y el conflicto entre la libertad individual y las instituciones corresponden a una coherente estética literaria de un momento determinado y van dirigidos a un público concreto. Pero el arte extraordinario de estos primeros escritores, de los que no sabemos nada, ha conseguido que su atractivo se haya mantenido hasta nuestros días porque se trata tan sólo de una historia de amor y de muerte, intemporal, universal y en absoluto modélica. Y porque en el relato de la historia se combinan con exquisito arte aventuras y reflexiones, alegrías y penas, violento realismo, disfraces, erotismo y delicada ternura”.

Explica Carlos Alvar que su “conferencia presentará la formación y el desarrollo del mito del rey Arturo, tomando como punto de partida la historiografía, la espiritualidad de finales del siglo XI y comienzos del siglo XII, y la tradición literaria sobre la que se construyen los textos. A partir de estos tres ejes, se traza un breve bosquejo de las principales aportaciones de diferentes textos a la leyenda artúrica. Temas, personajes, elementos constitutivos de uno de los mitos más duraderos del Occidente europeo serán analizados en el contexto que les corresponde, y con una perspectiva diacrónica que permite comprender rasgos aparentemente irrelevantes o decorativos”.

Señala Victoria Cirlot que “desde la Edad Media hasta nuestros días el mito del Grial ha sido creado y recreado en imágenes y textos. Su primera aparición se sitúa hacia el año 1180 en la novela de Chrétien de Troyes, El Cuento del Grial, una obra inacabada que generó continuaciones, traducciones, y nuevas elaboraciones. Entre 1180 y 1230 se sitúa la etapa constructora y creadora del mito por parte de escritores franceses y alemanes. La potencia significativa del mito indujo a una incesante búsqueda de significados hasta el drama litúrgico de Richard Wagner, Parsifal, obra mediadora entre la Edad Media y el siglo XX en que el mito ha sobrevivido tanto en la literatura, como en el cine. Esta conferencia tratará de responder a la pregunta de cuáles son las causas por las que este mito encontró tal resonancia en la cultura europea a lo largo de los siglos.”

Carlos García Gual es catedrático de Filología Griega. Es autor de numerosos libros sobre la Antigüedad y los orígenes de la novela. Isabel de Riquer es catedrática de Literatura románica medieval de la Universidad de Barcelona. Carlos Alvar, catedrático de Filología Románica, es actualmente profesor en la Universidad de Ginebra. Victoria Cirlot es catedrática de Filología románica en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Una vez celebrado el acto, puede escucharse el audio de las conferencias en el archivo sonoro de la página web de la Fundación, donde están recogidas más de dos mil conferencias pronunciadas desde 1975 en la sede de la Fundación Juan March en Madrid.

Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
www.march.es

Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March