por Rigoberto Rodríguez
Acaba de publicar el diario El Nacional en la serie Los clásicos de la ópera, una de esas acertadas iniciativas a las que nos tiene acostumbrados, el volumen correspondiente a la opera “Carmen” de Bizet. Carmen es el típico ejemplo de la “mujer fatal”, un arquetipo que goza de una larga tradición en la literatura debido a su utilización por parte de los escritores para exponer la vulnerabilidad del “sexo fuerte”, con el cual este tipo de fémina mantiene una estrecha relación de amor-odio. En este sentido son también notables los casos de: Helena de Troya, quien provocó una espantosa guerra con tan sólo su belleza, y el de Salomé, cuya danza lasciva excitó tanto a Herodes que aceptó cortarle la cabeza a Juan el Bautista.
Carmen, el personaje de la opera de Bizet, está basado en una creación del escritor e historiador Prosper Merimeé. Vio su origen en una época (1830) en la que los temas españoles incursionaban con fuerza en la cultura francesa, causando alboroto y encendiendo la ira de muchos moralistas (sobre todo en España) preocupados por el impacto que esto tendría en la imagen y comportamiento de la mujer (de sus mujeres, claro está).
“Carmen” es la típica historia de una pasión tormentosa que conduce a la muerte. Llevada a prisión, luego de una riña con otra mujer a la que ha herido gravemente, Carmen es puesta en libertad por un oficial de caballería (Don José) que se enamora de ella y recibe a cambio sus favores sexuales. Pero una vez que este favor ha sido saldado Carmen no duda en abandonarlo. En adelante, desquiciado por los celos, Don José va a matar a todos y cada uno de los amantes de Carmen, e inclusive a ella misma cuando ésta le confiese que no lo ama. Lo hace de un navajazo para luego entregarse a las autoridades. La trama está basada en el contraste que existe entre la rigidez de la institución militar y el espíritu libre de los gitanos, lo cual, por supuesto, sólo puede acabar en tragedia.
Algunas películas han explotado de manera brillante el tema de la mujer fatal. Entre ellas son de destacar: “El ángel azul”, de Josef von Sternberg (1930), basada en la novela “El profesor Unrat”, de Heinrich Mann (hermano de Tomas Mann), con la despampanante Marlene Dietrich en el papel protagónico, y “Niágara” (Henry Hathaway, 1952), película cautivante que convirtió a Marilyn Monroe en un arrasador símbolo sexual a escala planetaria (un título muy bien ganado, por cierto).
Rigoberto Rodríguez




