Miércoles, 16 de Agosto de 2017

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Sandor Marai: Las Razones de un Escritor

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Para mis amigos húngaros los hermanos Arany,
por aquella adolescencia feliz en Mérida y Caracas.
Por todos los Gulash que nos
comimos en el edificio Contrueses de La Florida.

Para Raul Betancourt(1926-2007),
el gran librero amigo,
quien puso en nuestras manos,
la tarde del 9 de mayo de 2002,
los libros de Sandor Marai,
diciéndome
“no puedes irte sin llevarte este libro”
al entregarme
El último encuentro.

En este Sitio
Debemos comenzar por dar las gracias por la invitación a tomar la palabra en este acto, organizado para recordar a Sandor Marai a los veinte años de su deceso, al Consulado de Hungría, al señor Cónsul Janos Fenjves y en especial a la vicecónsul profesora Judit Kristofy, quienes han estado tras la realización de este acto.

No puede haber para nosotros mayor alegría que encontrarnos aquí en la Biblioteca Nacional para hablar sobre los libros de una figura inmensa y rotunda de la literatura universal de nuestros días: el húngaro Sandor Marai.
Y además de encontrarnos entre libros estar aquí en medio de los del doctor Pedro Manuel Arcaya(1874-1958), alto venezolano de notables realizaciones personales tanto como jurista, como historiador y como ciudadano ético. Pero sobre todo para recordarlo como bibliófilo, como uno de los hombres que reunió una de las mejores bibliotecas privadas venezolanas, la otra fue la del farmaceuta Víctor Manuel Ovalles(1872-1955) y la tercera sin duda la de nuestro bibliógrafo don Pedro Grases(1909-2004), las tres por la riqueza y variedad de sus fondos. Arcaya logró coleccionar en la suya, una biblioteca para el trabajo de un erudito, casi quinientas mil obras, tomos y volúmenes que están hoy al lado de nosotros, se considera con precisión que son 147.119 ejemplares. Y como de libros vamos a hablar como no recordar que la biblioteca del doctor Arcaya se inició un día, en su Coro natal, cuando le cambió a un vecino un gallo, que este deseaba, por un diccionario que el joven Arcaya necesitaba para adelantar en sus estudios. Décadas después la colección, como recordaran aun algunos, estuvo largo tiempo en un pequeño edificio en El Paraíso. Al morir Arcaya sus hijos la legaron a la nación. Hay libros que si no hubieran estado en las estanterías del doctor Arcaya no los poseería hoy nuestra Biblioteca Nacional. Tal su pasión por los libros. Don Pedro Manuel, al preguntársele un día, como la había reunido, contestó que gastando en libros todo lo que había ganado con su trabajo como jurisprudente. Sus libros fueron considerados como un patrimonio afectivo para él, así lo indica el historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) en su estudio sobre este gran venezolano (Venezuela y sus personajes. Caracas: Italgráfica, 1997,p.211-234).

Momentos de Lectura

Pero acerquemos a nuestro asunto. En muchos momentos de las últimas décadas hemos tenido los lectores instantes de descubrimiento de grandes autores. Tal sucedió cuando tuvimos en nuestras manos las traducciones de los cuentos de la baronesa danesa Karen Blixen(1885-1962), quien firmó toda su obra con el seudónimo de Izak Dinesen, las obras de la belga Marguerrite Yourcenar(1903-1987) o los muy singulares del checo Milan Kundera(1929).

Hoy en día debemos subrayar que las letras universales viven un gran momento. Tan decisivo como el que viven las letras venezolanas: la larga crisis nacional ha acuciado la imaginación de nuestros creadores. Y dentro de ese momento internacional nada es más singular que la obra de Sandor Marai, el gran rescate de nuestros días, aunque lo esencial de su obra ya estaba impreso en 1948, cuando abandonó su país huyendo del comunismo. El régimen marxista inmediatamente prohibió sus libros los cuales fueron recogidos de las librerías, sacados de los estantes de la Biblioteca Nacional de Budapest y enviados a un sótano como obras nocivas. Su nombre desapareció entonces de la historia literaria y de las antologías. Por eso esta permaneció, lo cual es inexplicable, casi desconocida. Pese a todo, como siempre sucede, tuvo sus lectores secretos en la propia Hungría durante la autocracia socialista como alguna vez nos lo hizo saber un diplomático venezolano quien nos representó allá, Leonardo Azparren Jiménez. Asi chita callando, como decimos aquí, en el solaz de la tertulia de escritores se hablaba de él. ¡Nadie puede prohibir los libros! Esos tienen su propio sendero, y terminan llegando a las manos de los que lo aman, como dijo nuestro Santiago Key Ayala(1874-1959), maestro de la prosa y del pensamiento.

Escritores de Hoy

Por ello debemos anotar, antes de proseguir, que es numerosa, repetimos, la gran literatura que se está publicando hoy. Aquellos que leen tendrán mucho placer al degustarla. A algunas de ellas, centrales, queremos referirnos. Sobra decir que cada obra de las que citaremos la recomendamos.

Hemos elegido, además de Marai, el gran descubrimiento actual, ya sea por su perfecta nouvelle El último encuentro, el singular diálogo que sostiene el inquietante Divorcio en Buda o las dos mejores historias de amor que hallamos leído en mucho tiempo, ambas suyas: La amante de Bolzano y La mujer justa. Debemos mencionar al búlgaro Elías Canetti(1905-1994): los tres tomos de su entrañable autobiografía: La lengua absuelta, La antorcha al oído y El juego de los ojos; sus 50 caracteres (o El testigo oidor) o sus ensayos de La conciencia de las palabras. Y estando hablando aquí en la Biblioteca Nacional cómo no volver a pensar en “El bibliófago”(El testigo oidor. Barcelona: Delbolsillo,2005. 223 p.) en donde aparece aquellos que leen todos los libros: ”sin distinción, siempre que sean difíciles…han de ser raros y olvidados, difíciles de encontrar”(p.174).

Es imposible soslayar el portugués José Saramago(1922), es un clásico, tal en El año de la muerte de Ricardo Reis, El evangelio según Jesucristo, La balsa de piedra o Todos los nombres, esta considerada la mejor historia de amor de la literatura de su país.

Igual al checo Milan Kundera(1929): La broma, La insoportable levedad del ser o El libro de la risa y del olvido por su gran crítica al autoritarismo de la sociedad socialista y por sus penetrantes visiones del amor erótico.

Al sudafricano John Maxwell Coetzee(1940) porque nos hacen mirar la tragedia del “apartheid” de su tierra en Desgracia o La edad de hierro, o su gusto por rescribir antiguas obras creadores como sucede en Foe o un momento de la vida de un escritor de excepción como en El maestro de Petesburgo.

También nombraremos al turco Orhan Pamuk(1952) por la mirada a un mundo lejano en Estambul: ciudad y recuerdos, o sus novelas La casa del silencio, El libro negro o Nieve

E incluso el serbio Danilo Kis(1935-1989) por sus perfectísimos y hermosísimos cuentos de Penas precoces o las narraciones cortas de Una tumba para Boris Davidovich, tan examinada por Pascale Casanova en La república de la letras(Barcelona: Anagrama,2001,p.239-240), una obra que hay que leer para entender la literatura de las “pequeñas naciones” porque todos estos escritores, y es una característica de esta etapa literaria, vienen de esos reducidos países pequeños que se expresan en lenguas que sólo hablan ellos. Casi ninguno escribe en inglés, la cual es la gran lengua internacional de nuestra época, en la cual están concebidas las Coetzee nacido en una ex colonia británica; Kis por escribir en francés o Canetti, un sefardita búlgaro, quien redactó las suyas en alemán.

Ya hemos indicado que hay una tendencia actual a reescribir, desde la imaginación las mejores obras literarias. Esta es toda un sendero de la novela actual, entre la última generación literaria, la cual nos ha dado obras tan singulares como las dos de Coetzee que hemos citado antes, Las horas(1998) de Michael Cunningham(1955) o El paciente inglés(1992) de Michael Ondaatje(1943), novelas magníficas estas dos que han dado nacimiento a inmejorables películas. En cada uno subyace tras de si una obra, tal los casos de La señora Dalloway(1925) de Virginia Woolf(1882-1941) en Las horas, Los siete libros de la historia de Herodoto(480-420 aC) en la de Obdaatje o Robinson Crusoe(1719) de Daniel Defoe(1660-1731) en Foe, la reescritura de Coetzee.
Es dentro de este panorama que hay que situar a Marai, es dentro de este contexto que hoy los estamos leyendo hoy.

El Gran Suceso

Pero el gran suceso es Sandor Marai quien desde los años treinta fue considerado uno de los grandes creadores centroeuropeos. Sobre todo por la obra creada a partir de 1928, ese año volvió a Hungría de su largo vagabundeo europeo. Los años pasados en el exilio, huyendo primero del intento de instauración de un régimen comunista en su país, capitaneado por Bela Kun(1886-1938) que duró apenas cuatro meses y luego del régimen autoritario de Miklós Horthy(1868-1957), están narrados en su primer libro autobiográfico Confesiones de un burgués(1934). Por cierto, sabemos hoy, gracias a Judit Gerendas, que la palabra burgués tiene una doble significación en húngaro, también quiere decir ciudadano, así este libro de Marai podría publicarse también como Confesiones de un ciudadano.

En 1928 inició Marai el gran período creador de su vida, su novela Los rebeldes(1930) fue el comienzo, esta forma parte de una trilogía junto con Los celosos y Los ofendidos.

Como los libros de Marai los hemos leído dentro del proceso de sus versiones castellanas, a partir del perfecto y entrañable El último encuentro, debemos decir que el orden de sus publicaciones fue este, dentro del período esencial de su escribir, que va de 1928 al momento, en 1948, que salió al destierro. En estas dos décadas encontramos lo esencial de su obra creadora. Esta partió, en su orden cronológico, de la novela Los rebeldes(1930), hace pocas semanas impresa en castellano. La siguieron las memorias Confesiones de un burgués(1934). Y de allí en adelante sus grandes novelas La extraña(1934), Divorcio en Buda(1935), La herencia de Eszter(1939), La amante de Bolzano(1940), La mujer justa(1941), El último encuentro(1942) y La hermana(1946). Ya en la proscripción, veinte y cuatro años después de haber cruzado adolorido la frontera de su tierra, vino segunda autobiografía ¡Tierra, Tierra!(1972), libro sobrecogedor, testimonio de aquellas naciones europeas que para su pesar pasaron de una dictadura a otra porque cuando los Nazis abandonaron Hungría se instaló un régimen comunista, títere de Moscú. Todo ese doble proceso lo podemos seguir en este libro de Marai. Eso sucedió también en Polonia como en Checoeslovaquia, naciones también centroeuropeas.

El Lector Ideal

Había que iniciar esta parte consignado unas noticias que quizá serán una revelación para los lectores de Marai en castellano. En verdad, fuera de lo bien conocido que fue desde los años treinta en el Viejo Mundo, debemos señalar que también lo fue nuestra lengua. En España ya en 1931, a los pocos meses de su primera edición húngara, Los rebeldes fue impresa en Madrid por las ediciones Zevs; y en 1951 su Música en Florencia(¿es la primera versión castellana de La hermana, que sucede en esa ciudad y es la historia de un músico?). También se imprimió ese mismo año nada más, ni nada menos, por ediciones Destino, El último encuentro bajo el título A luz de los candelabros, que es su verdadero nombre(en Húngaro se titula Arden las velas). Sin bien El último encuentro es válido como título también A la luz de los candelabros o Arden las velas porque ante esa casi penumbra dialogan los dos protagonistas, la tercera, la mujer de la que ambos se han enamorado, esposa de uno de ellos, ya no está viva pero está hondamente presente. Ediciones Destino reeditó esta novela impar otra vez en 1967, sin duda fue una anticipación del descubrimiento de Sandor Marai hecho en los años noventa. Estas ediciones de 1951 y 1967 debieron ser leídas pero al parecer no dejaron mayor huella en la crítica, aunque sin duda tuvieron su impronta en sus lectores. Pero el silencio siguió rodeando, inexplicablemente, al gran creador de Kassa, su ciudad natal, húngara cuando nació el 11 de abril de 1900, hoy parte de Eslovaquia.

Por ello si alguna interrogante merodea hoy a todo lector de Marai es la pregunta de por qué un escritor de su talla fue prácticamente un desconocido para el tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial(1939-1945) y prácticamente hasta su deceso. De allí que se impongan estas meditaciones ante él.

El hallazgo de Sandor Marai ha sido de tal calibre que es el gran descubrimiento literario de la última década, al menos desde que tras la publicación de sus libros en Hungría, caído el socialismo, en 1990 e inmediatamente su lanzamiento internacional promovido por Roberto Calasso desde la editorial italiana Adelphi y para nuestro mundo que habla, siente y ama en español desde 1999 cuando se publicó su inolvidable El último encuentro, por la editorial barcelonesa Salamandra, libro del cual habían aparecido hasta el año pasado treinta y seis ediciones sucesivas solo en lengua castellana. Tanto que Alfonso Guerra, el cultísimo político andaluz, considerado el primer lector de España, declaró “vale la pena haber vivido tanto para poder leer a Marai”.

Pero no solo El último encuentro. De la fascinante La mujer justa se han impreso ya diez y seis ediciones en nuestra lengua; nueve de Confesiones de un burgués, seis de Divorcio en Buda, cuatro de La herencia de Eszter, cuatro de La amante de Bolzano o dos de ¡Tierra, Tierra!. No puede pedirse más de la aceptación de los lectores, para quienes todo libro seguido es un espejo en donde mirarse porque las obras recrean, nos hacen entrar por mil laberintos pero también nos enseñan a vivir y responden a los más graves interrogantes del existir.

Las obras de Sandor Marai son únicas, maestras, de gran esplendor. Pero dentro de su vida encontramos una gran tragedia personal a la que deseamos referirnos, asunto muy triste como su gran grandeza como creador literario.

Marai fue húngaro, el de aquel país su idioma y los húngaros sus lectores ideales tanto que en 1948 al huir del comunismo y cruzar la frontera, con destino a Suiza, si bien no dejó de escribir solo lo hizo en húngaro y a través de una editorial canadiense que editaba en ese idioma. Para la escena literaria mundial Marai pareció no existir. De ese período es su angustiosa memoria ¡Tierra¡ ¡Tierra¡ concebida en el exilio. Su prólogo está firmado en la ciudad italiana de Salerno, en 1972. Es, incluso, un libro fundamental para comprender, desde la carne y la sangre de los hombres y mujeres que la vivieron, la última gran hecatombe mundial.

Y viene la gran interrogante: por qué un escritor tan bien dotado si bien no dejó de escribir fue casi un desconocido durante cuarenta y un años y murió por voluntad propia en San Diego, California(Febrero 22,1989), si bien profundamente enfermo también “abrumado por la soledad y el exilio”. Falleció en un momento depresivo, la muerte de su esposa Ilona, su compañera por seis décadas, prácticamente acabó con él como lo podemos ver en su afligido último Diario,1984-1989(Barcelona: Salamandra,2008. 219 p.). Aquellos graves instantes no le permitieron darse cuenta, pese a lo que sucedía en la escena internacional cada día(las Huelgas a Polonia en 1980, el anunció de la Peresroika en 1985) que casi ocho meses después de su deceso terminaría el régimen socialista en Hungría y volvería la democracia(octubre 6) y treinta y cuatro días después caería El muro de Berlín(noviembre 10) con lo cual concluyó el socialismo autoritario y la guerra fría. Inmediatamente, ya la cenizas de Marai había sido cremadas y dispersadas en el mar cumpliendo su voluntad, se inició en Budapest la reedición de sus obras(1990) las cuales lo harían inmediatamente famoso en el mundo entero gracias a las traducciones. Desde ese momento ya no se hablaría de él en voz baja entre sus compatriotas que siempre supieron el valor de lo que había escrito. Ya no habría nadie que impidiera que aquel escritor mayor fuera editado en su patria, que sus textos volvieran a las bibliotecas y sus mejores trozos fueran compilados en las antologías. Era aquel un nuevo tiempo, lejano al autoritarismo, para aquel creador indiscutible.

Y poder ser editado en su amada Hungría tiene singularidad en Marai. Es por ello que creemos que si el tema del “lector ideal” es fundamental para todo creador. Y es un tema literario al cual ha que prestarle muchísima atención. Marai sin los suyos a quienes siempre se dirigió y sin su idioma, que es la patria de todo creador, prácticamente calló, la escena literaria internacional no supo de su existencia. No pudo ser correctamente conocido y comprendido por los ojos de la crítica literaria aquel hombre singular que nos había dado obras magistrales como La amante de Bolzano o Divorcio en Buda. Sin sus “lectores ideales” no pudo volver a redactar sus ficciones aquel que había sido considerado uno de los grandes escritores centro europeos durante las dos décadas(1928-1948) que se dedicó plenamente a la literatura como se puede comprobar en sus Confesiones de un burgués. Marai fue tan conocido que en España aparecieron tres obras suyas. Después lo que vino fue el silencio. Grave asunto todo este que hemos descrito.

El lector ideal, aquel a quien se dirigen los escritores en primer término, es esencial para ellos. Nuestro Rómulo Gallegos(1884-1969) también dejó de escribir cuando su esposa Teotiste Arocha murió(septiembre 7,1950). Ella, su Teota como la llamaba en la intimidad, había sido siempre su “lectora ideal”. Y además en aquel momento del año cincuenta su otro lector ideal, su entreñable amigo el crítico Julio Planchart(1885-1948) también había desaparecido.

El Escritor

Cuando leemos a Marai nos vamos encontrando en medio de las fascinantes anécdotas y sucesos de sus novelas, que nos mantienen pegados a nuestra butaca de leer, hallamos también constantes reflexiones sobre el oficio de escribir y sobre los creadores mismos. En La mujer justa(16.ed.Barcelona: Salamandra, 2008. 415 p.) leemos “las palabras tienen un poder creador y catártico”(p.29)

En Confesiones de un burgués.(9ª.ed.Barcelona: Salamandra, 2007. 478 p.) “El trabajo invadió poco a poco toda mi vida, como una enfermedad. La escritura no es una tarea para una persona ‘sana’, una persona sana es una persona que trabaja para acercarse a la vida, mientras que un escritor trabaja para acercarse a las profundidades de su obra, donde lo esperan peligros, terremotos, abismos, incendios…Acabé por comprender que no tenía escapatoria, que nadie era responsable de mi destino, que debía entregar mi vida a mi obra por entero y sin condiciones, que debía vivir así, bajo la presión de esa idea fija, de esa manía, atravesando desesperadas épocas de huida y volviendo siempre a la otra vida, a la del papel. La escritura es, ante todo…el mejor entendedor y analista del tema, una manera de vivir. El escritor debe vivir una vida de escritor o, por lo menos, una vida digna de un escritor”(p.461-462).

Y sobre por qué escribía indica, también en sus Confesiones de un burgués,”Escribía porque quería contar algo, porque esa ‘manera de vivir’ era la que mejor encajaba con mi carácter y mi voluntad espiritual; escribía porque la expresión literaria me aseguraba una sensación de vivir la vida en toda su intensidad, en un grado supremo, algo que la existencia es incapaz de brindar por si sola pues tampoco esa sensación de vivir debe ser el objetivo de un escritor, que tiene que rechazarla y trasladarlo todo a una forma determinada donde la obra vivirá por sí misma sin tener que alimentarse del mundo exterior, sin parientes ni admiradores, sin éxitos ni ecos”(p.462). Y añade: “Yo deseaba expresar el mismo mensaje con cada frase que escribía, a través de varios libros de distintos géneros; todo fluía hacia una misma desembocadura en la que yo era el único que debía estar presente, debía estar presente con mi vida entera”(p.462).

Y ello porque como se lee en La amante de Bolzano(4ª.ed.Barcelona: Salamandra, 2005 ,281 p.), “La escritura es la fuerza más poderosa que existe; la palabra escrita tiene mas poder que el papa, más que el rey, más que dux”(p.65), solo “con la pluma entre sus dedos…era capaz de mantener el mundo a raya”(p.67) o “el poder fatal de la palabra: el único poder…el único poder verdadero, más afilado y cruel incluso que una espada o una lanza”(p.186). O como señala uno de los protagonistas de La mujer justa “las palabras verdaderas tienen un poder creador y catártico”(p.29). Como lee en La hermana(Barcelona: Salamandra, 2007. 253 p.) una novela en que todo lo creativo está relacionado con la música pero que es válido para toda creación, la literaria incluso, “No podía permitirme ser débil, negligente, superficial o cobarde en el momento de comprender y expresar la música: para eso estaba en mundo”(p.99), “El arte siempre el arte del detalle”(p.102). Y ello porque arte y vida deben fundirse(p.194).

Y una acotación aquí: La hermana, fue la última novela que Marai publicó en su Hungría natal, podría titularse La enfermedad porque ese su tema, pero es imposible en Marai pese a seguir el periplo de pianista doliente, su protagonista, no meditar sobre el amor, y, especialmente, sobre el amor que este hombre siente por una especial mujer para él, pese a estar casada y saber el marido que la ama el músico. Y si esto es así en La hermana, de la enfermedad deriva hacia otros ámbitos igualmente esenciales para él, parecido es lo que debemos decir de La herencia de Eszter: es una anticipación, magnifica, de lo que sería tres años más tarde El último encuentro. Esto es así, no al revés, como lo han supuesto algunos lectores quienes no han leído las ficciones de Marai atentos a la cronología de sus primeras ediciones.

Se ha dicho con razón que para poder ser escritor hay que tener un dominio completo del idioma en que se escribe y conocer bien, hasta en sus detalles más nimios la literatura, toda la literatura, desde nuestros tatarabuelos los griegos hasta los días que corren.

Y la lengua tiene tal importancia, nuestra Teresa de la Parra(1889-1936) decía(Marzo 1,1926), que era “esta pobre lengua viva con que pedimos y comemos nuestra pan de cada día”(Obra. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1982,p.608). O “una especie de lámpara maravillosa capaz de de iluminar la vida del hombre y su alma” que dijo al maestro Ángel Rosenblat(Sentido mágico de la palabra y otros estudios. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1977,p.6). De allí las reflexiones de Marai sobre ella. De allí que Marai insistiera en La extraña(Barcelona: Salamandra. 2008.151 p.) en la necesidad de conocer “las palabras hasta sus raíces más profundas y era capaz de seguir el rastro de las etimologías más oscuras…trabajaba con las palabras como un albañil con los ladrillos”(p.72)

El Amor

Hemos tocado esta mañana las razones del escritor Marai, los por qué escribió, cuales fueron sus modos de hacerlo. Pero queda la extensa parcela, que habrá que tratarla otro día: la presencia en sus libros del tema decisivo del vivir: el amor.

Los asuntos de Sandor Marai son tan extensos e intensos que es difícil delimitarlos. Pero hay uno que brilla que sobre todos: el amor y, desde luego la mujer y su especial psicología, las diversas formas del amor y la amistad, asunto central de El último encuentro. La amistad es también una forma de amor. Un día habrá que explorar la forma como Marai trata al amor, a sus protagonistas y a sus derivaciones, como y por qué ha escrito las más hondas palabras que sobre él se han escrito en nuestro tiempo, anteriores en su caso a las que se leen en El cuarteto de Alejandría (1957-1960) de Lawrence Durrell(1912-1990) donde la sexualidad fue liberada de toda culpa o las que nos ha llegado desde muy atrás, desde que en el siglo X de nuestra era, en la España islámica, Ibn Hazm de Córdova(994-1063), el autor de El collar de la paloma escribió las suyas, que son inmortales, tanto como los sonetos de William Shakespeare (1564-1616). El poeta musulmán compuso las suyas en el año 1022 de nuestra era en el pueblo de Játiva situado en el levante hispano; o siglos más tarde las de Stendhal(1783-1842) en Del amor(1822), y desde luego en Rojo y negro(1830) y La cartuja de Parma(1839) y hace poco nuestro Octavio Paz(1914-1998) en su ensayo La llama doble(1993), también penetrante en su descripción del sentimiento amoroso y el acodo erótico. De allí, aunque trazar este puente no es fácil porque el tema del amor es casi, como la muerte, el asunto de la literatura. Pero Marai escribió, en aquellas dos décadas de afiebrado escribir en Budapest, las más densas, hondas y más delicadas palabras que se hayan dedicado al amor.¿Es que acaso se posible superar el último gran diálogo entre los enamorados que hallamos en los pasajes finales de La amante de Bolzano(cuando el marido de ella les da permiso para pasar una noche juntos, en la cual no llegan a hacer el amor sino a conversar); o el desarrollo de un amor entre las dos mujeres y un hombre que lo vivieron, es lo que sostiene esa grandísima obra que La mujer justa o las gravedades, también del amor, con las que nos topamos en Divorcio en Buda. O la intensa recreación de la amistad que nos ofrece Marai en El último encuentro, novelín que sus lectores han consagrado como su obra mayor. Y esto solo como ejemplos, otros podríamos tomarlos de La extraña o de La hermana o de los mil pasajes del escribir de Marai en donde esto aparece. Pero eso será tema para otro día. Tema acuciante, sin duda, para los lectores de Marai.

Los Recuerdos

Y también en ese futuro acercamiento a los libros de Marai habrá que tocar lo que podemos denominar en sus letras el arte del recuerdo, tanta veces apelado por él. En La mujer justa hallamos esta línea: “Pero los recuerdos eran más fuertes. Los recuerdos siempre son más fuertes”(p.245). Y todo el memorable El último encuentro(36ed.Barcelona: Salamandra, 2008. 188 p.) está escrito desde allí, porque como se lee en ella:”Las cosas así no se suelen recordar hasta que han pasado muchos años”(p.33)

Libertad

Sandor Marai tomó la decisión de cruzar la frontera en el verano del cuarenta y ocho porque comprendió que bajo el autoritarismo de la dictadura comunista no podría ni escribir ni vivir. Adolorido, con miedo grande, pasó a Suiza. Inmediatamente sus libros fueron prohibidos en Hungría. Pese a la extrema aflicción que le acompañó de por vida, hasta el 21 de Febrero de 1989, lo hizo en busca de la libertad, solo bajo ella pueden vivir los seres humanos, lo hemos visto al ver derrumbarse como un castillo de naipes el opresor mundo comunista. De hecho el gran testimonio autobiográfico que supone ¡Tierra, tierra!(2ª.ed.Barcelona: Salamdra,2006. 446 p.) es un alegato a favor de la libertad, que como él lo dice “La libertad es el sentido más profundo de la historia de la humanidad: un afán constante, una lucha y un esfuerzo contra el despotismo, una marcha obstinada a través de la historia hacia la libertad…Eso es la libertad: la intención permanente de ser libres…tantos los individuos como los pueblos sólo son felices cuando pueden vivir libremente acordes con su propia naturaleza”(p.401). Y ello porque como se lee en La amante de Bolzano, “alguien había demostrado que un ser humano puede ser más fuerte que la tiranía”(p.17). Todo esto fue escrito bajo el ala de Voltaire(1694-1778), enemigo todo autoritarismo, patrón de los tolerantes, de los que piensan distinto. Por ello para mejor elogiar a Sandor Marai cerremos con Paul Eluard(1895-1952) cuando en su innumerable poema “Libertad” cantó en sus últimos versos: “Y por el poder una palabra/Reinició mi vida/Nací para conocerte, para nombrarte, Libertad”.

(Conferencia dictada, por invitación del Consulado de Hungría, en la sala “Pedro Manuel Arcaya” de Biblioteca Nacional, Caracas, la mañana del martes 17 de Noviembre de 2009. En este acto participaron también la profesora Judit Kristofy y la narradora Judit Gerendas. Hemos utilizado en la preparación de este trabajo nuestros artículos: “Escritores de hoy”, El Mundo, Caracas: Agosto 23,2007 y “El lector ideal”, El Mundo, Caracas: Septiembre 1,2007).