Sábado, 19 de Agosto de 2017

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Mujeres que Escriben Aquí

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Por: R.J.Lovera De-Sola

“Es la mujer quien colora y define el sentido de las sociedades humanas. Las sociedades son tan alegres, tan tristes, tan inteligentes, tan valerosas, tan frívolas, como lo sean sus mujeres”.

Arturo Uslar Pietri:
Letras y hombres de Venezuela,
ed.1958,p.271-271

Aunque hay que enfatizar de la presencia de las mujeres en la vida venezolana, ha sido siempre “oculta y feliz” para Teresa de la Parra(1889-1936), hay una serie de noticias que deben tenerse en cuenta aunque solo sea para señalar hitos que merecen más cuidadosa investigación. Hoy sabemos que la primera carta pública de una mujer conocida fue la escribió(Septiembre 18,1765) Jacinta Fernández denunciando al obispo de Caracas, monseñor Diego Antonio Diez Madroñero(c1715-1769), los actos de acoso sexual de que era objeto por parte de un rico mantuano de San Mateo, don Juan Vicente Bolívar y Ponte(1726-1786), quien sería años más tarde el padre de Simón Bolívar(1783-1830).

Del 26 de Agosto de 1785 data la expresión del concepto de la mujer que tenía don Francisco de Miranda(1750-1816), en esto y en todo siempre un adelantado. En su Diario escribió aquel día:”Cierta atención y aparente interés en nuestros asuntos han aparecido en varias personalidades femeninas y eleva, si fuera posible, la favorable opinión que siempre he tenido respecto al sexo, bueno, y ahora estoy más que nunca dispuesto a creer en la rectitud original y la bondad de sus corazones y que no se desvían nunca de esa línea si no es por la influencia de nuestro sexo, mas vicioso”(Colombeia. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1978,t.III,p.469). No nos debe llamar la atención la observación de un hombre que tan profundo trato tuvo con las mujeres, incluso en lo erótico más allá de ello, con mujeres intelectuales, artistas y revolucionarias. Y no nos debe llamar tampoco la atención que el Precursor pensara esto porque estaba imbuido en una atmósfera proclive a la mujer y a lo femenino que fue propia de su tiempo. Fue en sus días en que gracias a la inglesa Mary Wollstonecraft(1759-1792) quien con su Vindicación de los derechos de la mujer(1792) dio nacimiento al feminismo, al movimiento de las mujeres. No sabemos si Miranda llegó a leer este libro, no está de hecho registrado en los catálogos de su biblioteca, sin embargo ese mismo año fue la primera persona de aquel mundo en proponer se otorgaran los derechos políticos a la mujer, que esta fuera considerada igual al hombre. Lo hizo al escribir(Octubre 26,1792), el mismo año de la publicación de La vindicación de los derechos a la mujer de la gran Wollstonecraft, cuando él era un alto y prominente oficial de la Revolución Francesa, y en el momento de escribir aquello andaba en campaña, “Le recomiendo una cosa de mi parte, sabio legislador, ¡y son las mujeres! ¿Por qué, en un gobierno democrático, la mitad de los individuos no está directa o indirectamente representada, mientras que ellas están igualmente sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres han hecho a su voluntad? ¿Por qué al menos, no se les consulta sobre las leyes que les atañen más directamente como son las del matrimonio, divorcio, educación de los hijos?...Confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones irritantes y muy dignas de ser tomadas en consideración por nuestros sabios legisladores. Si yo tuviera aquí mis papeles encontraría algunas observaciones que he hecho sobre este mismo tema, hablando de ellos con algunos legisladores de América y Europa, habiendo convenido en su mayoría en su injusticia”(Colombeia,t.X,p.275-276).

Ya en aquel momento en que Miranda hizo su proposición Jacinta Fernández había escrito su protesta. Y un lustro después de la proposición de Miranda en Caracas doña Josefa Joaquina Sánchez(1765-c1811) participó en la Conspiración de Picornell, Gual y España(1797) y fue seguramente la primera mujer detenida política entre nosotros, presa de conciencia como se dice hoy. Es el período en que ya Sor María de los Ángeles(1765-c1818) en la celda de su convento caraqueño, en la esquina de Carmelitas escribía sus poemas místicos. Ella fue nuestra primera escritora. El 24 de Octubre de 1808, en el primer editorial de la recién fundada Gaceta de Caracas, su redactor don Andrés Bello(1781-1865) llamó a las mujeres a colaborar en ella, señal que conocía su preparación. En los sucesos de 1810 actuó una mujer, Juana Antonia Díaz Padrón. En 1819 en su proyecto de Constitución presentado en Angostura el Libertador presentó sus ideas sobre la educación de las mujeres. Y tras la guerra fueron varias su iniciativas al respecto.

Y en todo el tejido de la revolución las mujeres estuvieron presentes, entre otras cosas, empujando a maridos, hermanos, esposos o novios a incorporarse al combate por nuestra libertad. Y en la hora aciaga de 1828 fue una mujer la que salvó la vida del Héroe en la noche septembrina, Manuelita Saenz(1797-1856).

De 1839 data el primer escrito impreso de una mujer venezolana, fue exhumado gracias a la paciencia de María Eugenia Diaz(Escritoras venezolanas del siglo XIX. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2009,p.89-94). Apareció en la importante revista caraqueña La Guirnalda(Agosto 18,1839), la que dirigía nuestro humanista José Luis Ramos(c1790-1949), fue impresa bajo el seudónimo de A.M.O.R. Y tiene un especial valor, doble diríamos nosotros, porque es evidente la necesidad que tuvo su autora de escribirlo pero a la vez nos muestra su honda comprensión de la social: pide mejor educación para las mujeres, deja claro la conciencia social de nuestras mujeres, un hecho permanente en nuestras mujeres porque nuestros primeros escritos femeninos lo son: Jacinta Fernández primero y Josefa Gedler después protestan contra los abusos. Y A.M.O.R. pide mejor educación para la mujer. Y una honda conciencia por el perímetro en que vive es evidente en el pasaje de Ifigenia(1924) de Teresa de la Parra en donde se funda a nuestro entender nuestra novela social: cuando María Eugenia le pide al inolvidable tío Pancho. “Llévame por las calles más viejas tío Pancho, llévame por las más pobres, por las más feas, por las más sucias, por las más tristes que quiero conocerlas todas ¡todas!”(Obra escogida. Caracas: Monte Ávila Editores, 1992,t.I,p.86). Siempre la conciencia acompaña a la mujer venezolana cuando andas por los senderos del vivir en sus ciudades.

Pasaron los años hasta que otra mujer, Josefa Gedler, de la que sabemos muy poco, publicó el primer libro que una mujer imprimió en Venezuela, defendió allí sus bienes. Tal su folleto, el primero de tres pero que forman una unidad, La opinión pública juzga siempre a los hombres por sus propios hechos.(Caracas: Imp. de Tomás Antero,1840. 52 p.). Pasaron los años, muchos, hasta que Zulima, Lina López Aramburu, publicó el primer libro literario, su pieza María o el despotismo(Caracas: Imprenta Nacional, 1885. 62 p.), obra coetánea con su novela El medallón(Caracas: Imprenta Nacional, 1883. 164 p.). María o el despotismo pudo imprimirse gracias al apoyo que dio a su autora el presidente Antonio Guzmán Blanco(1829-1899).

A Zulima le siguió todo el trabajo de la guayanesa de Utapa Concepción Acevedo de Taylhardat(1858-1953), poeta, la primera mujer en dirigir un periódico en Venezuela.

Y como siempre los hombres va a estar inmersos en proceso de lo mujeril, porque todo lo femenino atañe también al hombre, por ser hombres y mujeres concavo y convexo, nos encontramos en 1878 con los juicios de don Cecilio Acosta(1818-1881), los propios de un hombre cuya relación con las mujeres era diáfana, juicios tan distintos como pocos explorados en sus escritos, distintos a varios que cita, criticando a don Cecilio, Elías Pino Iturrieta en su libro sobre la mujer(Ventaneras y castas, diabólicas y hermosas. Caracas: Alfa,2009.158 p.). Tal lo que expresó don Cecilio: “Algún día, cuando la civilización haya derramado todos sus dones adquiridos, y nosotros la hayamos enriquecido a ella con sus dones naturales, la belleza venezolana, ora en los salones, ora en el hogar, será el modelo de las bellezas, y Venezuela la gran galería de las bellezas del mundo”(“Una morena” en Obras completas. Caracas: La Casa de Bello, 1982, t.II, p.445). Universalidad que se hizo verdad el día 20 de Octubre de 1956 en que Susana Dujim, de veinte años, fue electa “Miss Mundo” en Londres, hecho que se hizo patente en la hora del 20 de Julio de 1981 en que Irene Saez, de veinte años, fue electa “Miss Universo” en Nueva York. Se demostró así que la belleza siempre tiene sus fueros y que ser bella es un valor que sólo algunas mujeres poseen, la cual las define y las privilegia. Por cierto que el humanista que escribió aquellas páginas, en especial “Una morena” nunca puede ser tratado, como se ha hecho, de haber sido misógino sino un hombre de hondo y sensual trato con las mujeres. Porque como escribió Teresa de la Parra en su primera novela, Ifigenia(1924),”sin duda ninguna, que la presencia de una mujer bonita, basta y sobra para transformar los mas horribles sufrimientos en raudales de alegría y de felicidad”(Obra escogida. Caracas: Monte Avila Editores, 1992, t.I,p.156). Y esto porque como lo dijo la misma Teresa, también en Ifigenia ,a través del inolvidable tío Pancho, partidario de las mujeres, ”la fortuna mas preponderante que haya tomado hasta ahora sobre la tierra autocracia, o despotismo humano es ésa: el gobierno de una mujer bonita. ¡Ah! ¡qué poder sin límites¡ ¡qué sabiduría de mando¡ !qué genial dictadura, a cuya sombra han florecido siempre todas las artes, y aquella ciencia humilde y bellísima, que consiste en descubrir a los ojos de nosotros los hombres, nuestro innato servilismo de perro, siempre dispuesto a lamer la mano que los castiga”(Obra escogida,t.I,p.96).

¿No sería nuestro gran pensador Luis López Méndez(1863-1891) el primero en hablar aquí del voto femenino, en 1890 en su Mosaico de política y literatura(Bruselas: Alfred Vromant & Cia.,¿1890?. XII, 388 p.)?

Después vino el grupo femenino de escritoras de Coro que nunca antes tuvo Venezuela. Su lideresa fue Polita de Lima(1869-1944). Pero entre ellas estuvo también Virginia Gil de Hermoso(1856-1913), la primera mujer novelista en tener largo eco con sus novelas en el país y quien escribió nuestra primera novela social que no llegó a publicar, se imprimió muchas décadas después. Nos referimos a El recluta.

De los años siguientes al grupo de Coro fueron Mercedes Pérez Freites(1885-1921), en verdad Mercedes Guevara Rojas de Pérez Freites, la aparición de nuestra figura mayor: Teresa de la Parra, quien con su Influencia de las mujeres en la formación del alma americana escribió nuestro primer libro feminista, este fue originalmente publicado bajo el título de Tres conferencias inéditas(1961) y más tarde, desde 1965, impreso con su verdadero título.
Las mujeres estuvieron presentes en el movimiento de la Semana del Estudiante en 1928 y activas en los siguientes siete años. Estos han sido unos años que apenas han sido explorados, en él se abrió el primer bachillerato femenino y los primeros cursos de formación de las mujeres. Por ello no estaban nuestras féminas faltas de palabras cuando a los trece días de la muerte del general Juan Vicente Gómez(1857-1935) enviaron su célebre Mensaje al general López Contreras(Diciembre 30,1935), que es el primer documento feminista de la historia de Venezuela.

Allí se inició la gran lucha: obtención de los derechos civiles(1942), de los políticos(1947) y del derecho al voto(1946). Allí todas estas mujeres se desdoblaron porque fueron seres de actividad cívica, luchadoras a favor de la mujer y del niño, activistas culturales y literarias.

Un estudio del asunto cuenta hoy con significativas obras, escritas la mayoría por mujeres. Algunas las enumera Pino Iturrieta en la primera edición de sus Ventaneras y castas, diabólicas y honestas(Caracas: Planeta,1993. 145 p.), continúa el registro en la segunda aparición de su obra(Caracas: Alfa,2009.158 p.).

No hay que dejar de lado los tres singulares textos de don Cecilio Acosta: “la mujer”, “Ella es”, “La mujer venezolana”, el sustancialísimo “Una morena”(Obras completas,t.II,p.298-301,436-447), fijarnos más en el de Teresa de la Parra, Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, poco conocida aun pese a sus varias ediciones(1961,1965,1982,1991,1992), los escritos históricos sobre la mujer en el pasado y sus luchas en el presente que debemos a Carmen Clemente Travieso(Luisa Cáceres de Arismendi. Caracas: Tipografía La Nación, 1942. 50 p.;Mujeres venezolanas y otros reportajes. Caracas: Ávila Gráfica,1951. 183 p.; Las luchas de la mujer venezolana. Caracas: Agrupación Cultural Femenina, 1962. 36 p.; Mujeres de la Independencia. México: Talleres Gráficos México, 1964. 364 p.; Teresa Carreño. Caracas: Editorial Universitaria, 1970. 169 p.), Trinita Casado(Medallones venezolanos. Caracas: Tipografía Vargas, 1951. 135 p.), Antonio Reyes: “Influencia de la belleza femenina en la historia y la excomía venezolana” y “Las presidentas de Venezuela” ambos en sus Obras completas. Madrid: Afrodisio Aguado, 1959, p.681-698, volumen en donde están también sus muchos estudios sobre mujeres universales; Irma De Sola Ricardo(Las mujeres tenemos vocación de servicio. Caracas: Italgráfica,1973. 19 p.; María Antonia Bolívar. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1973. 19 p.), quien reescribió para nuestra historia el nombre de doña Juana Antonia Díaz Padrón; Lyll Barceló(1947-2008) el Catálogo de la exposición La mujer en letras venezolanas(Caracas: Congreso de la República, 1976.176 p.), preparado junto con Irma De Sola Ricardo, primera muestra en donde se pudo evidenciar el talento y el trabajo intelectual de la mujer venezolana; la antología de Oscar Sambrano Urdaneta: Por mano de mujer(Barquisimeto: Ateneo de Boconó,1980.207 p.), la primera muestra de nuestra poesía escrita por mujeres; El mito de Orestes(Caracas: Editorial Médica Venezolana,1975. 134 p.) de Fernando Valarino, hondo acercamiento a los que plantea a la sociedad venezolana la figura de la madre, lo que no es hace “matria” como lo demuestran ahora el estudio del padre Alejandro Moreno(“Solo la madre basta” en Varios Autores: Venezuela siglo XX: visiones y testimonios. Caracas: Fundación Polar,2003,t.I,p.65-97); los cojos libros de Rafael Ernesto López: Dios es mujer(Caracas: Planera, 1986. 197 p.) seguido por Y… el diablo también es una mujer(Caracas: Planeta, 1990.212 p.) y el también el gran galimatías, lleno de confusiones que es el de Fernando Risquez: Aproximación a la feminidad(Caracas: Monte Ávila Editores,1983. 301 p.); el artículo de Francisco Herrera Luque “La fabula del poder y de la mujer en Venezuela”, redactado a pedido de las dirigentes del grupo feminista La mala vida, Giovanna Mérola(1947-2003) y María Teresa Obligastri, quienes lo publicaron en su revista(La mala vida, Caracas, n/ 5,1984,p.6-7); La mujer en la vida nacional y en la prensa(Caracas: Editorial Arte,1985. 129 p.) de Yolanda Ramón Vaello; las historias mujeriles de Roberto Lovera De-Sola en Lo masculino y lo femenino entrelazado(Caracas: Pomaire/Fuentes, 1992.262 p.); El discurso de la otredad(Caracas: Universidad Central de Venezuela,1992) de Luz Marina Rivas; el libro sobre lo femenino compilado por Silda Cordolini: Diosas, musas y mujeres(Caracas: Monte Ávila Editores,1993.134 p.) y las biografías de nuestras mujeres, desde 1499, con Isabel Ojeda nuestra Malinche a la cabeza, hasta el siglo XXI, obra de Cristina Guzmán y Silda Cordoliani: Cien mujeres y más(Caracas: Banco del Caribe, 2007. 151 p.). Y el vastísimo proceso del escribir femenino en la literatura venezolana. Todo es historia viva del presente.

Novelas Escritas por Mujeres
A la hora de hablar de la presencia de la mujer en la literatura venezolana no creemos que podamos dejar de detenernos ante lo hecho por ella en el campo de la novela.

Son las de ellas, es obvio, novelas escritas por mujeres, mirada la realidad a través de los delicados ojos de una fémina, asunto sin duda puesto a andar desde que se publicó la primera escrita por una mujer en Venezuela, en la octava década del siglo XIX, nos referimos a El medallón.(Caracas: Imprenta Nacional, 1885. 164 p.) de Lina López de Aramburu, quien firmó toda su obra con el seudónimo de Zulima, ella fue también fue autora de dos novelas más y de la pieza teatral María o el despotismo(Caracas: Imprenta Nacional, 1885. 62 p.), que fue el primer libro literario de una mujer editado en el país. La otra novela concebida por una mujer del siglo antepasado fue Castigo o redención. (Maracaibo: Tipografía de Los Ecos del Zulia,1894. 74 p.) de María Navarrete, quien perteneció al importante grupo de escritoras de Coro, que lideró Polita De Lima(1869-1944), estas, “las muchachas corianas”(revista Cosmopolis, Caracas, n/ 8,1894,p.109-113) como fueron llamadas por Manuel Vicente Romerogarcía(1965-1917), el autor de Peonía(1890), fue la primera peña literaria formada por mujeres que registran nuestros anales literarios, nació en Coro 1890 con la publicación de la revista Armonía literaria.

Y hacemos esta referencia entre otras cosas porque como lo hemos observado en algunos de nuestros apuntes de lector si se ponen una al lado de la otra las novelas escritas por escritoras venezolanas en el siglo XX, cuando ya el género se vertebró en las manos de nuestros escritores hombres y mujeres, si se organizan las escritas por mujeres no en el orden en que fueron publicadas sino de acuerdo a los pasos de nuestro vivir de ayer y de hoy tendríamos una historia de la mujer venezolana. Esto lo observamos desde cuando nos damos cuenta de las cuitas románticas de sus protagonistas que pintó tan bien Virginia Gil de Hermoso(1857-1913) en sus románticas y lacrimosas novelas, fue ella además la primera novelista venezolana, a principios del siglo XX, en lograr amplio eco con sus narraciones Incurables(Barcelona: Toribio Taberner, 1915. 313 p.) y Sacrificios(Barcelona: Toribio Taberner,1911. 313 p. p.), novelas en cuya lectura lloraron en su tiempo nuestras abuelas, las bisabuelas de nuestras hijas. Pero ya había en Virginia Gil de Hermoso, otra de las mujeres del grupo mujeril de intelectuales de Coro, lo cual no es casual, un hecho fundamental en el desarrollo de las letras nuestras escritas por mujeres: sentir lo grave de nuestra realidad social, evidente en su novela El recluta(Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Falconianos, 1978. 191 p.;2ª.ed.Prólogo:Velia Bosch. Caracas: Seleven, 1980. 250 p.), que de haberse publicado en sus días, y no sesenta y cinco años después del deceso de su autora, hubiera sido la iniciadora el la novela social venezolana escrita por mujeres en la cual se trata un gravísimo problema social de los días de las guerras civiles. Por ello nuestra novela social escrita por una mujer se inició en un pasaje de Ifigenia de Teresa de la Parra cuando María Eugenia, caminando por La Pastora, le pide al entrañable tío Pancho le enseñe Caracas tal cual es, incluso sus lugares más pobres, “Llévame por las calles más viejas, tío Pancho, llévame por las más pobres, por las más feas, por las más sucias, por las más tristes, que quiero conocerlas todas ¡todas!”(Obra escogida,t.I,p.86). Incluso fue Teresa, seis años más tarde, la que escribió en su Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, redactado en 1929, leído como conferencias en Bogotá en 1930, sólo impreso en 1961, es nuestro primer libro feminista.

Y se seguimos a vuelo de pájaro fue Teresa de la Parra quien escribió en Ifigenia la primera historia de amor de nuestra literatura, recuento de un amor frustrado. Pero nuestra gran Teresa a la vez nos mostró la sociedad caraqueña bajo el gomecismo, y el lugar que ocupaba la mujer en ella. Y en Las memorias de mamá Blanca(1929) pintó nuestros ámbitos del siglo XIX, tiempo desaparecido ya para entonces por lo que esta novela impar es una elegía en prosa. Esas mismas memorias, hechas con saudade, no las brindaría también Antonia Palacios(1904-2001) en Ana Isabel, una niña decente(1949) para nuestro gusto la mejor novela venezolana de los años cuarenta, hija legítima, otra vez, el ficcionalizar de Teresa de la Parra, con quien empezó todo en nuestras letras escritas por mujeres.

Y fue Teresa de la Parra la inspiradora de lo que vino después. Le siguieron Ada Pérez Guevara(1905-1997) mostrando en Tierra talada(1937) los ideales y proyecto de nuestra primera generación de mujeres activistas, la que apareció el 30 de Diciembre de 1935, a trece días de la muerte del tirano, con su célebre Mensaje enviado al presidente Eleazar López Contreras(1883-1973), este papel es el primer documento femenino de la historia de Venezuela.

Y tras Ada Pérez Guevara vimos aparecer la realidad vista con ojos críticos y mirando el interior de sus criaturas y sus conflictos en Guataro(1938) de Trina Larralde(1909-1937); la protesta de aquella que no quería ser solo ama de casa, en Tres palabras y una mujer de Lucila Palacios(1902-1994) en donde se desarrolla una honda conciencia social, de hecho fue la primera vez que un aborto apareció en nuestra ficción. Y vino más tarde la tragedia de la incomprensión matrimonial ya en los cincuenta en Amargo el fondo(1957) de Gloria Stolk(1912-1979). Y estos son apenas algunos ejemplos antes que la brújula creadora cambiara y entrara en los nuevos senderos en que hallamos ya en 1971 como la primera novela de Laura Antillano La muerte del mounstru-come-piedra, en 1975 No es tiempo para rosas rojas de Antonieta Madrid, desde 1989 en los universos de un estupenda novelista hasta ahora poco atendida como lo es Milagros Mata Gil(1951) o la extensa parábola que significan los ámbitos imaginarios de Ana Teresa Torres(1945), nuestra mayor novelista hoy. Todo el proceso descrito nos muestra como nuestras escritoras desde 1937, cuando se publica Tierra talada de Ada Pérez Guevara, pasaron de un vivir represivo al mundo liberado, engendrado sin duda por las vivencias libertarias de los años sesenta..

Una Cadena de Novelas
Ya hemos señalado que si se ponen una al lado de la otra las novelas escritas por las mujeres venezolanas, organizadas no en el orden en que fueron publicadas sino de acuerdo a las décadas del vivir venezolano tendríamos una historia de nuestra mujer.

Siempre se ha dicho, por la pluma de la siempre aguda de Elisa Lerner(1932), que la mayor parte de nuestros grandes libros mujeriles eran bellas historias de niñez y adolescencia no habiendo logrado, según ella, las mujeres escribir los recuentos de su vida adulta(“Ausencia de la mujer novelista” en Yo amo a Columbo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1979,p.69). La razón de esto, en donde caben nuestras novelas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, sin duda duró hasta la publicación de la primera novela de Laura Antillano en la cual apareció una nueva sensibilidad.
Todo lo que se podía leer en lo escrito por nuestras novelistas ante de los años setenta, lo explicó Elisa Lerner, y es la única de nuestras ensayistas en advertirlo, lo hizo precisamente en 1971 también, al anotar:

“La novela es el arte de la vinculación. Florece en los países donde hay una intensa y veraz vinculación, sea triunfal o no, entre hombres y mujeres. En Venezuela ese nexo es hipotético, muy irreal. En realidad, no hay. Lo que existe es una relación entre machos y hembras. No hay la sutileza con la que habrá de trabajar el novelista. El amor es un brusco chubasco tropical. De modo que, durante el período democrático, con pánico, hemos descubierto que el silencio en que vivió sumido el país no se ha debido solo a los años del despotismo: la vida sexual del venezolano, también, contribuye al crecimiento de ese silencio. Donde no hay vinculación entre hombres y mujeres es inexistente se hace, pues, difícil que abunden las mujeres que escriben novelas. El fracaso emotivo del hombre venezolano señala la ausencia de nuestras mujeres, dentro del campo de la novela. Es así que, hasta ahora, algunas escritores nacionales, autoras de novelas, solo hayan podido dar un brillante testimonio acerca de su infancia…Pero lo triste para nosotros, venezolanos, es que existiendo, mayoritariamente, entre nuestros hombres y mujeres, solo una oscura posesión, no aclarada por diálogo alguno, configuramos, todavía, un país donde las mujeres no son novelistas”(“Ausencia de la mujer novelista” en Yo amo a Columbo,p.68-69).

Fue por esto, dice la Lerner, que lo que tuvimos fueron novelistas conyugales, una “narrativa ginecológica” como ella dice, refiriéndose precisamente al caso de Tres palabras y una mujer de Lucila Palacios, aunque para Elisa Lerner también nuestras narradoras conyugales, como las llama con su sin par ironía, “parecieron querer ser las primeras escritoras en afrontar…el análisis urbano, la narrativa del pavimento. Pero su obsesión matrimonial, el solo querer ver en sus libros distantes maridos e hipotéticos amantes, encerró su expresión en una recámara. El enclaustramiento marital no les permitió captar la ciudad que crecía más allá de sus dormitorios”(“Muerte de la novelista de recámara” en Yo amo a Columbo,p.151).

Pero “el tiempo de la libertad”, presentido por Elisa Lerner, llegó, se hizo presente en los años setenta, por ello, cosa que no es fácil en la historia literaria, casi que podemos señalar la fecha de nuestro gran logro libertario. Lo deseado llegó con las últimas generaciones de nuestras escritoras, y no sólo en la novela, también en los diversos géneros de nuestras letras. Estas escritoras son mujeres conscientes de si mismas quienes penetran en sus experiencias, en todos los ámbitos, desde la intimidad a las alternativas de la vida social y política, a veces ambos hechos se entrelazan. E incluso se hacen presentes en sus obras las nuevas cuitas de estos tiempos contemporáneos en los cuales la mujer alcanzó la madurez en todos los ámbitos, llegó a ser independiente, económica y profesionalmente, a ser una protagonista en la vida del país, incluso hasta llegar, parece paradójico, al hombre solo para amarlo porque hoy, después de la inseminación artificial, no los necesita ni siquiera para embarazarse. Y esos universos son los que aparecen hoy en las obras de ficción de nuestras mujeres.
Todas estas que hemos hecho hasta aquí son reflexiones que nos parecen obligatorias al rozar el tema que hemos abordado en los párrafos anteriores.

Insistencia y Reiteración
Y una sugerencia más: hay que hacer en estos tiempos, por diversas vías, lo que se le ha presentado a nuestra sociedad intelectual: la posibilidad de hacer un más amplio estudio sobre la mujer en la historia y en las letras del país. Sobre todo a aquellas de importante actuación, a aquellas que pese a ser seres de “palabra ignorada” como dice Inés Quintero ejercieron siempre la “influencia oculta y feliz” en la vida del país la cual se refirió Teresa de la Parra(1889-1936) en sus célebres conferencias bogotanas de 1930, Influencia de las mujeres en la formación del alma americana.(Caracas: Fundarte,1991. 126 p.), el primer libro del feminismo venezolano. Por ello hay que buscar aquellas que dejaron huella. Aunque parezca lo contrario existieron, estuvieron situadas dentro del testimonio libertario en lo que aquí en La palabra ignorada(Caracas: Fundación Polar, 2007.270 p.) de Inés Quintero encontramos en el caso de Anna María en el siglo XVIII y más allá del que no se las nombrara por su nombre y apellido, como un caso que encontramos en las columnas de La Opinión Nacional(mayo 6,1881).

Su presencia fue grande. Y más una sociedad matricentrista como lo es la nuestra. Y no sólo en el siglo XX. Hay que explorar mucho los archivos, sobre todos los privados, en búsqueda de esos testimonios. Piénsese que la primera mujer que ejerció poder político entre nosotros, doña Aldonza de Villalobos(1520-1575), lo hizo en Margarita en el siglo XVI, que sería interesante buscar más datos sobre nuestra primera poeta y escritora, nacida en el siglo XVIII, Sor María de los Ángeles(1765-c1818), continuar las búsquedas de la actividad durante la emancipación, incluso más allá de las sólo Heroínas, descubrir con precisión el significado de la primera huelga que hubo en Venezuela, que fue femenina, la de las lavanderas de los hospitales de Valencia en 1818, en pleno régimen realista.

Y en el siglo XIX no sólo fue Teresa Carreño(1853-1917) la primera y universal mujer del país, el sexto gran personaje de nuestra historia, atrás sólo están Miranda, Bolívar, Bello, Antonio José de Sucre(1795-1830) y Simón Rodríguez(1769-1854). Mirar con interés el desarrollo de la literatura escrita por mujeres en el siglo XIX de la que conocemos su testimonio, el significado del gran grupo cultural mujeril de Coro que capitaneo Polita de Lima(1869-1944), fue precisamente una de ellas, Virginia Gil de Hermoso, la primera novelista venezolana en lograr gran eco con sus novelas románticas, nuestras abuelas lloraron al leerlas. Y pudo ser, el libro no se publicó sino medio siglo después, la autora de la primera novela social venezolana en la cual se ve una gran tragedia nacional con ojos de mujer, El recluta es su título. Fue el mismo tema que dio vida Gonzalo Picón Febres(1860-1918) en El sargento Felipe(1899). A ellas siguió nuestra mayor creadora de ayer y de hoy: Teresa de la Parra, cuyo vivir y escribir seguimos rondando como nos los muestra un reciente estudio, clarificador de su condición humana y de su elección sexual, que debemos a Ana Teresa Torres(La mutilación de la memoria: los papeles privados de Teresa de la Parra en Varios Autores: La ansiedad autorial. Caracas: Universidad Simón Bolívar,2006,p.253-273). Y de allí el entrelace será amplio y es más conocido pero no suficientemente estudiado: la presencia de las mujeres el año 1928, todo lo hecho por ellas durante los siguientes siete años(1928-1935), en que cuajó el movimiento mujeril, fue en esos años en que se estableció el primer bachillerato femenino dirigido por Lola Gondelles y se inicio el “Curso Libre de Cultura Femenina”, del cual hay noticias en la Gaceta de América(Caracas, n/ 1, 1935,p.3) fueron estas iniciativas las que hicieron posible la reunión casa de Ada Pérez Guevara, de Veroes a Jesuítas número 20, para la preparación colectiva del Mensaje al presidente López Contreras (diciembre 30,1935) que es el primer gran documento del feminismo venezolano, aunque sus autoras no se denominaran así, en el cual la mujer tomó la palabra y pidió por ella y por los niños. Es importante ver en su texto la serie de agrupaciones de mujeres que se unieron a la forma de su firma.

Como se verá el espacio para todo esto es muy amplio. Y lo que puede ser encontrado de suma importancia e interés y de trascendencia dentro de nuestra historia contemporánea, tanto por sus logros a favor de la mujer y los infantes, la incorporación de la mujer a la vida del país, sin ser ya más “testigo oculto”, el logro de los derechos civiles(1942) y políticos(1947), el desarrollo de la literatura escrita por mujeres que llevo a la creación de la “Biblioteca femenina venezolana”, el significado de la novela y el cuento escrito por mujeres y la implantación de la educación mixta(1944) por el ministro Rafael Vegas (1908-1973), hombre profundamente relacionado con el movimiento de nuestras mujeres, lo cual permitió la presencia femenina plena en el país de la cual hoy gozamos.

Y hay que añadir también a ese examen lo que nosotros hemos denominado la “cultura familiar”, la casera, la recibida por las mujeres tras las puertas de los hogares, que es la que explica la preparación que exhibieron nuestras féminas a lo largo del tiempo, la formación intelectual que subyace tras Sor María de los Ángeles, nuestras escritoras del siglo XIX y XX, en las damas del grupo de Coro, en nuestras escritoras hasta los años cincuenta del siglo XX y también en nuestras feministas, hay que ver lo que sabían de la mujer y el niño, casi sin salir de sus hogares, con el acceso a los libros que estaban en las casas, con las obras con las cuales se habían formado los varones para llenar la escena pública de la manera que lo hicieron desde el 30 de diciembre de 1935 con su célebre Manifiesto. ¿Cómo se explica ello cuando a las mujeres no se les permitía ni siquiera estudiar el bachillerato?, las excepciones fueron Lya Imber(1914-1981), nuestra primera médico y Panchita Soublette Saluzzo(1909-1987), nuestra primera abogada. Panchita iba cada día a la universidad escondida de su familia, mintiéndoles, para poder estudiar su carrera como jurisprudente. Ello nos obliga a estudiar lo que denominamos la “cultura familiar” para poder estimar la preparación de la mujer venezolana, máxime cuando las mujeres como conjunto comenzaron a graduarse en la universidad en los años finales de la década del cuarenta y desde los años cincuenta, esto último gracias a la decisión del ministro Vegas quien sabía, había estudiado en Europa, que era imposible concebir un país contemporáneo sin la presencia activa de la mujer. He aquí, en todo esto que decimos, un interesante y decisivo tópico para ser examinado con atención, quizá en una tesis de licenciatura, maestría o doctorado para alguna de nuestras investigadoras actuales. Sin esta indagación no puede ser entendida el proceso femenino venezolano.

Como se verá es casi inédito lo que se ofrece a nuestra consideración y a la tarea de los investigadores.