Sábado, 24 de Junio de 2017

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Los Libros Más Amados

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Hace poco una muy culta estudiante de literatura de la Universidad Metropolitana, Andrea Mibelli, nos preguntaba qué libro nos llevaríamos si debiéramos irnos a vivir a una isla desierta. De entrada le dijimos que uno sólo no, nos iríamos al menos con diez o más. Fuimos señalándole nuestra selección añadiéndole dos cosas: que a un crítico literario no le vasta con un libro sino que necesita varios. Y que además tememos al hombre de un solo libro porque esos seres son siempre los intolerantes. Y nada más opuesto a la cultura, a la lectura, que un fanático, una especie de esos ayatolas que andan por allí.

Así que nos iríamos con nuestros libros más amados que son: la Biblia; el Quijote de Miguel de Cervantes; los Sonetos de William Shakespeare; Rojo y negro y La cartuja de Parma de Stendhal; El primo Pons de Honorato de Balzac; La educación sentimental de Gustave Falubert; La guerra y la paz de Leon Tolstoi; Crimen y castigo, Los hermanos Karavazov y El eterno marido de Fedor Dostoieski; con todos los cuentos y piezas teatrales, en especial La gaviota, El tío Vania y El jardín de los cerezos de Antón Chejov, nuestro modelo de escritor; con todos libros de ensayos, desde Contra la interpretación hasta Al mismo tiempo, de Susan Sontag; con todos los libros de cuentos y las Memorias de Africa de Isaak Dinesen sin que se nos olvide el volumen en donde está La fiesta de Babette(Anécdotas del destino); de Octavio Paz: todos sus libros de ensayos desde El laberinto de la soledad hasta La llama doble; de Jorge Luis Borges: Ficciones y El Aleph e incluso el Ficcionario, la gran antología de su obra que preparó Emir Rodríguez Monegal; La balada del café triste de Carson McCullers; los siete tomos de su Diario de Anais Nin; el volumen de ensayos y artículos de Truman Capote: Música para camaleones; el Ancho mar de los sargazos de Jean Rhys; de Gabriel García Márquez Cien años de soledad. Tenemos una devoción muy personal también por su primera novela La Hojarasca, libro predilecto para nosotros y por su cuento Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, el mejor de los suyos. Quizá a última hora pondríamos en nuestro maletín sus Memorias de mis putas tristes, que es magistral; Jean Paul Sartre: La nausea, su mejor novela, todos los tomos de sus ensayos literarios y sus estudios biográficos sobre Baudelaire, Jean Genet y Flaubert; Guillermo Cabrera Infante: La Habana para un infante difunto, que más allá de la nostalgia y a la elegía, que lo es, es la mejor ficción sobre una ciudad latinoamericana que se ha escrito; de Milan Kundera: todas sus novelas desde La Broma pero especialmente La insoportable levedad del ser, El mundo está en otra parte y El libro de la risa y del olvido; de Simone de Bauvoir: los diversos tomos de sus memorias que creemos que son mejores que sus novelas, son el gran testimonio de toda una época, desde 1929, en que conoció a Sartre, hasta 1980, muerte del escritor, con La ceremonia del adiós, su último libro. Y claro El segundo sexo: no sólo la “biblia” del feminismo sino la precisión de por qué, más allá de Freud, el siglo XX es la centuria del sexo. No sabemos si se ha reparado en el gran paralelismo que hay entre el estudio del amor que Sartre expuso en El ser y la nada y el capítulo de El segundo sexo “La mujer enamorada”; de Sandor Marai aquellos en donde toca con aquella mano tan sabia suya todos los sentimientos del amor y del afecto como lo son La amante de Bolzano y La mujer justa y esto sin dejar El último encuentro y dos venezolanos: Hernando Track quien llega al alma siempre que uno abra su pequeño libro: Tiempo de callar y la novela Alacranes de Rodolfo Izaguirre, casi desconocido pese a su belleza y el significado que tiene para los que nacimos y amammos a Caracas.

Nuestras propias predilecciones se podrían ampliar copiado los nombres y los autores de las obras que Mario Vargas Llosa consideró tan perfectas, casi todos son cuentos, que con ellas armó su espectáculo de lectura de textos, junto con la actriz española Aitana Sánchez Gijón, “La verdad de las mentiras”. Los textos elegidos fueron: del Quijote, encuentro, en la Segunda Parte, de don Quijote, cerca de Barcelona, con el bandido Roque Guinart; El mono, Isak Dinesen(de Seis cuentos góticos); Una rosa para Emily, William Faulkner(de Estos trece); El infierno tan temido, Juan Carlos Onetti(de El infierno tan temido); El Aleph, Jorge Luis Borges(del El Aleph); Carta a una señorita en París, Julio Cortazar(de Bestiario); Diles que no me maten de Juan Rulfo(de El verano en llamas); Diálogo entre el amor y un viejo, de Francisco Ayala(de El jardín de las delicias) y La muerte de los Arango de José María Arguedas, “todas obras maestras absolutas”(Mario Vargas Llosa: La verdad de las mentiras, El Nacional, Caracas: octubre 16,2005; ver su pieza: Odisea y Penélope, ed. 2007,p.140-146).

Octubre 14, 2008