Sábado, 26 de Mayo de 2012

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La Refiguración de Enay Ferrer

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“…en el fondo, la perfección corporal, tanto en el arte como en la vida, no es más que una vanidad humana…” Félix Suazo

La denominada década prodigiosa -en palabras de Federica Palomero-, se desarrolló en nuestro país bajo la égida de una sociedad convulsa y violenta, donde el talento y la creatividad de los artistas venezolanos de inicios de la segunda mitad del siglo XX, desembocaron en dos vertientes: por una parte el Informalismo expresionista…para enfrentar la ciudad, su opresión, su hacinamiento y cuestionado vacio1 por la otra, la Neo Figuración o…Figuración nueva, crítica, para tomar partido por el hombre y sus gestos, sus luchas, para denunciar su dolor y sus mutilaciones2. En ambos casos resultaba evidente el compromiso por un profundo cambio de vida, que pasaba por la transformación de la sociedad, donde el cuestionamiento y el desprecio al poder y sus instituciones, se convirtieron en el símbolo de rebelión de una generación. Todo ello se tradujo en una estética particular inmersa en el rechazo visceral de un arte venezolano tradicional, a la vez que enriquecida por la intensa vida intelectual que producía información, crítica y reflexión del hecho artístico.

Medio siglo nos separa de aquella década prodigiosa, los tiempos históricos han variado. El artista de comienzos del s. XXI en nuestro país no tiene el nivel de compromiso ideológico de entonces, sin embargo el rompimiento con los modelos clásicos de representación, el abandono de la belleza canónica, la anamorfosis mostrada, todo ello aunado a una fuerza expresiva y gestual del hecho pictórico, son producto de una época y un entorno al cual no escapan nuestros creadores. Las injusticias sociales, las desigualdades y la falta de oportunidades, siguen estando allí.

No obstante, esta manera de ver el mundo creando esquemas propios de representación, vinculados a la vivencia del artista -sus angustias y necesidades-, presenta antecedentes tan importantes que se podrían situar desde el dramatismo de Goya a casi doscientos años, pasando por la violencia del movimiento expresionista alemán, o la fuerza colorística del fauvismo francés de principios del s. XX, o del arte crítico del grupo Cobra, a fines de la primera mitad de la pasada centuria. El espíritu expresionista que se apoderó de la representación pictórica de entonces, sigue vigente; aunque las motivaciones hayan variado y la expresividad de los artistas contemporáneos, se manifieste en lenguajes y técnicas diversas.

Al acercarnos al trabajo de Enay Ferrer (Caracas, 1974), resulta difícil dejar de vincularlo a la generación de jóvenes artistas venezolanos herederos del movimiento neo-figurativo de los años 60 en el país, -con una dictadura que recién terminaba y un proceso democrático que emergía; época de cambios y convulsión política- y que parece no concluir aun. Pero la analogía de su obra con respecto a aquella firme y controversial tendencia de la segunda mitad del recién culminado siglo, se circunscribe más al aspecto formal, al planteamiento plástico. Es posible sin embargo, tender puentes de correspondencia con el trabajo de artistas más cercanos en el tiempo a Ferrer, como Ernesto Zalez y Blanca Haddad, quienes al igual que el primero indagan en el aspecto autorreferencial, haciendo de éste su fuente inagotable de expresión. O quizás en su homónimo generacional Starsky Brines. Todos ellos, al igual que Enay Ferrer, coinciden, como lo comenta Félix Suazo…con la reciente evolución de la figuración expresiva en el país.3 Gesto, fragmentación y distorsión, son vocablos que se circunscriben en una y otra época.

La obra de Ferrer se torna profundamente reflexiva al incluir su propio yo, en una suerte de mirada interior, que remite a la autorreferencialidad, expresada en el autorretrato (Fig. 1, 1a, 1b).

A través de inquietantes y apagados personajes de cetrinos y ojerosos rostros alargados, pareciera esconderse la misma faz del artista. Son seres de mirada fija, pasiva pero inquisidora e inquietante, que emergen de un fondo inacabado, como ellos mismos, y donde el conflicto figura-fondo no existe. El artista comentaba recientemente en una entrevista, durante la inauguración de su muestra Habitantes del Cielo: “El autorretrato me permite auto revisarme, auto reivindicarme, auto reinventarme…me interesa, me cuestiona, es un aprendizaje después del cual ya no eres el mismo”.

Pero es también a partir del uso de la iconografía religiosa de la imagen del Dr. José Gregorio Hernández, que Enay Ferrer hace referencia a su historia personal -desde la vivencia de devociones religiosas inculcadas en el ámbito familiar- (Fig. 2a, 2b). Al respecto, comenta: “Mi relación no es con José Gregorio sino con una imagen de José Gregorio que ha estado toda la vida en mi casa. Mi mamá y mi papá son muy católicos y yo aprendí a conocer a José Gregorio a través de la devoción familiar”.

De igual manera, la serie de animales domésticos, alude al entorno personal del artista, siempre nutriéndose de un rico mundo interior que se apoya en un ambiente más cercano, el de mascotas, familiares y amigos allegados del Maturín de su infancia (Fig. 4); así como las circunstancias de una vida no exenta de dificultades y pérdidas afectivas. Es así, como conjuga lo individual con lo biográfico. Una vez más, el cuerpo, al igual que en décadas pasadas, se convierte…en objeto y referencia del discurso visual4 pero a diferencia de aquellas, priva solamente en esta oportunidad el tono introspectivo e intimista del artista. No parece haber un compromiso, más que consigo mismo (Fig. 5, 5a).

La fuerza del caos y el desafío, imperan una vez más en la obra de este creador del s. XXI. Atrás quedaron las sociedades retorcidas y los seres corruptos -no porque no existan, que allí están- plasmados en aquella década gloriosa del 60, donde el compromiso ideológico y político de sus protagonistas dio pie a una capacidad expresiva que evidenciaba…las relaciones entre el entorno y la obra5, y la transformación de los valores artísticos. Sin embargo, en el trabajo plástico de Ferrer persiste la distorsión anatómica expresada en los cuerpos contrahechos, contorsionados, incompletos, la deformación de rostros -muchos de ellos con ojos vaciados, evidenciando la idea de la muerte- , y la acentuación del dramatismo a través del color en variedad de grises y negros, así como de las texturas del papel, pegado al soporte de un trabajo exento de tecnicismos formales, donde el trazo fuerte y deforme del dibujo queda evidenciado en toda una corte de personajes extraños, en los que prevalece la estética de la precariedad y el deterioro.

La incorporación de máscaras a algunos de sus personajes, tiene que ver según su propio relato “con la identidad cambiante que oculta y devela, poniendo en evidencia esa identidad que puede variar según el contexto que la rodea”. La adición de rasgos zoomorfos a sus extrañas criaturas como orejas alargadas, alas, hocicos y patas (Fig. 6), así como una grafía -casi infantil en su trazo- que a menudo es tachada como a manera de enmienda (Fig. 7), conforman un tenso equilibrio en la composición donde se percibe una preocupación expresiva y lírica, más allá de la mera descripción realista.

A casi medio siglo de distancia y sin la exigencia de una militancia radical en el campo de lo social, los artistas contemporáneos parecen apostar por el no compromiso, entendido éste desde la lucha política y social. Pero el verdadero compromiso sigue existiendo, individualizado, dentro de ese espacio interior, desde cada una de sus propias trincheras, con ellos mismos y apostando por un país lleno de oportunidades y esperanzas. Son los dignos herederos de un movimiento caracterizado por la autorreferencialidad y la preeminencia de la subjetividad, el deslinde de la complacencia y el esteticismo, rasgos que cobran vigencia en los nuevos discursos plásticos. Persiste lo oscuro, lo doloroso y lo sombrío en el alma del ser humano, pero al ser trasladado al soporte de una obra bien estructurada y formalmente lograda, tiene la belleza propia del arte que trasciende.

Lieska Husband de Hernández

1RAMOS, María Elena: “Venezuela en los 60, expresionismos calientes” en catálogo de exposición La década prodigiosa. El arte venezolano en los años 60, p. 9
2 Idem
3 SUAZO, Félix: “Enay Ferrer: otro cielo” en tríptico de exposición Habitantes del Cielo
4 SUAZO, Félix: “Re-figuraciones” en catálogo de exposición Re-figuraciones, p. 33
5 PALOMERO, Federica: “La década prodigiosa. El arte venezolano en los años 60” en catálogo homónimo, p. 37.

Bibliografía y hemerografía consultada:
VV.AA.: 20 nuevas miradas. Jóvenes pintores venezolanos, Soledad Mendoza editora, Caracas, 2003.
MBA: La década prodigiosa. El arte venezolano en los años 60, catálogo de exposición homónima en el Museo de Bellas Artes, Editorial Arte, Caracas julio de 1995.
GAN: Re-figuraciones, catálogo de exposición homónima en la Galería de Arte Nacional, Fundación Galería de Arte Nacional, Caracas, mayo-agosto de 1998.
LA CARNICERÍA ARTE ACTUAL: Habitantes del cielo, tríptico de exposición homónima en los espacios de la galería, Editorial Artis, Caracas, mayo de 2009
Página electrónica consultada:
MEFEEDIA: Enay Ferrer/La Carnicería video, [en línea]: Video entrevista.[Fecha de consulta: 6 de junio de 2009]. Disponible en:
www.mefeedia.com/entry/enay-ferrer-la-carniceria/18873581