Viernes, 20 de Octubre de 2017

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La Huella del Bisonte

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Héctor Torres(1968), una persona tan señalada por su intensa actividad como promotor cultural, difusor de las letras y como cuentista publica ahora su primera novela: La huella del bisonte.(Caracas: Norma, 2008. 247 p.).

La huella del bisonte significa un triple hecho literario: es una novela erótica, es una recreación, más bien una transformación ficcional, de la deslumbrante Lolita (1955) del ruso-norteamericano Vladimir Nobokov (1899-1977) y de alguna manera, al menos para Gabriela, un personaje sustancial en la trama, sin la cual esta novela no puede ser contada, una suerte de “bildungsroman”, una novela de formación, porque a través de los sucesos con los cuales se topa el lector vemos a Gabi creciendo, haciéndose mujer, comprendiendo a su papá, que es el protagonista junto a Karla, la amiga liceísta de Gabi, “recién bañada y descalza, inédita, desconocida, flaca”(p.122), a la que seduce aquel cuarentón, a quien sacude aquella niña hasta el punto de enamorarla, ayuntarse con ella y seguirla deseando, quizá olvidando que ya es imposible proseguir, quizá comenzando a sentir, en los pasajes finales de la novela, que “El desamor es tan duro como el hambre”(p.75).

Uno de los logros, que son varios, de La huella del bisonte no es sólo la forma como Torres nos cuenta el suceso sino la delicadeza y finura con que lo hace, lejana a toda vulgaridad, con la cual nos narra aquel suceder porque sutiles son los sucesos del erotismo, sus vivencias tienen que ser exquisitas para llegar hondo porque al atraerse un hombre y una mujer, como es aquí el caso, aunque Karla sea una adolescente, están no sólo tocando sus cuerpos sino también a través del cuerpo lo que está más allá de la piel, sus almas. Y esto Torres nos lo comunica con fuerza y primoroso estilo. No hay que olvidar que cuando un hombre y una mujer hacen el amor se miran cada uno en el rostro del otro como si se vieran en un espejo. Y esto lo podemos ver en La huella del bisonte, así aquí la larga seducción predomine, porque “La verdadera belleza de la mujer está en lo que promete”(p.150).

Pero esta es también una novela caraqueña de los noventa(p.172), la historia de un padre divorciado y de su hija Gabi, el apartamento del papá es un lugar de libertad para la hija, la que se siente a sus anchas junto a él. Esto es otro hecho que todo lector de La huella del bisonte debe comprender, más allá de la sola historia de Karla, para entrar en la raíz de este bello libro, el cual constituye todo un logro dentro de nuestra narrativa reciente, dentro de esa nueva promoción de escritores que nosotros hemos denominado de 1998, seguimos en ello una tradición oral de nuestra literatura según la cual en el año ocho de cada década emerge una nueva generación literaria. En la casa de Mario, el padre, no hay prohibiciones, ni censuras, en ella Gabi puede hacer todo lo que su madre, al ex mujer de Mario, le prohíbe o no ve con buenos ojos. En el hogar de Mario ella puede ser por sí misma y por ello termina comprendiendo al papá en su imposible amor por Karla, aquella que siempre actúa con todos los mismos melindres que la Lolita gringa, apenas una púber de doce años, tuvo con su inefable profesor Humbert, de lo cual Karla no está lejos.

(Leído en la sesión de “El círculo de lectura” de la Fundación “Francisco Herrera Luque” la tarde del martes 4 de noviembre de 2008).