Jueves, 21 de Septiembre de 2017

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Interrogantes Literarias

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Por: R.J.Lovera De-Sola

“La verdad es que donde hay vivencias, habrá siempre autenticidad”.
Luis Harrs: Los nuestros,ed.1966,p.38
“La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio”.
Mario Vargas Llosa: Carta a un joven novelista,ed.1997,p.21

Trataremos de responder aquí diversas preguntas que hemos recibido por los canales del correo electrónico como consecuencia de algunos de nuestros ejercicios de crítica literaria aparecidos en la página virtual Arte en la red. Son sobre asuntos relativos a las formas de la novela, a la literatura y el presente, a las letras latinoamericanas y a su proceso contemporáneo y en algún momento al escribir poético. En cada una de las partes en que se divide este escrito respondemos a una pregunta.

La Novela

Ante la novela no hay que olvidar que toda la novela puede ser perfeccionada una y otra vez. Ello porque la novela, como dice Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura(1982), es como un matrimonio: “se le puede ir arreglando todos los días”. A diferencia del cuento, dice también el gran colombiano, que es como el amor, “sino sirvió, no se puede arreglar”(citado por Gerald Martin: Gabriel García Márquez: una biografía. Bogotá: Mondadori,2009,p.455).

También en válida la definición de la novela, perfecta para nuestro gusto, dada por Mario Vargas Llosa al anotar: “definiré…la novela como aquella rama de la ficción que intenta construir con la fantasía y las palabras una realidad ficticia, un mundo aparte, que, aunque inspirados en la realidad y el mundo reales, no los reflejan, más bien los suplantan y niegan. La originalidad de toda ficción consiste, aunque esto parezca una tautología, en ser ficticia, es decir, en no parecerse a la realidad en la que vivimos, en emanciparse de ella y mostrar aquella que no existe y que, por no existir, soñamos y deseamos”(La verdad de las mentiras.2ª.ed.aum. Madrid: Alfaguara,2002,p.105-106).

¿Novela-Ensayo?

La novela-ensayo es válida dentro de la literatura pero como ahora veremos, para que sea plenamente certera, alta creación, la novela así planteada no debe dejar de ser lo que en esencia es. Una novela, leemos en el Diccionario de la literatura mundial(Barcelona: Destino,1962. 559 p.) de Joseph Shipley es “la más proteica de las formas literarias, es la más difícil de definir. En varias etapas de su desenvolvimiento, ha asimilado las características de otros géneros literarios: ensayos y cartas, memorias, libros religiosos, manifiestos revolucionarios, relatos de viaje y hasta libros de etiqueta…todas las variedades populares de la prosa”(p.391). Esto nos sirve para comprender que la novela-ensayo es válida dentro del género. Y ello porque si bien una novela es la narración de una serie de hechos dentro de los cuales pueden ir insertas ideas o pasajes, largos o cortos, ensayísticos, como encontramos en la novela desde el siglo XIX: en clásicos como Moby Dick(1851) de Hernán Melville(1819-1891) donde hallamos todo un tratado sobre las ballenas, hecho pocas veces anotado. Y en nuestro tiempo en la sobrecogedora La decisión de Sofía(1979) de William Styron(1925-2006) que contiene además, dentro de su dramática trama, la historia del campo de concentración nazi de Auschwitz, pero colocado allí sin que estorbe el lógico desarrollo de aquello que se cuenta en la novela. Esto lo vemos también, entre nosotros, en la bella novela de Elisa Lerner De muerte lenta(2006), que apela a lo ético ciudadano, con largos pasajes que son meditaciones ensayísticas sobre nuestro ser nacional y sobre la democracia.

La Novela de Formación

Por su esencia, por sus jóvenes personajes, porque sin duda tiene elementos autobiográficos, ciertas novelas se nos presentan como un “bildungsroman”, como se dice en la teoría literaria, como una novela de formación, obra que como nos indica el profesor español Mariano Baquero Goyanes, es la propia de un “joven que pretende descubrir su propia naturaleza y la del mundo…frecuente ha de ir en busca de su nombre, de su padre, de algún tesoro. Tal búsqueda se configura como una serie de obstáculos y dificultades, capaces de probar las virtudes del héroe”(Estructuras de la novela actual. Barcelona: Planeta,1970,p.32). No hay que olvidar que siempre la “novela de formación” debe ser tenida como una ficción del aprendizaje del vivir, de la primera mirada al mundo, pero no es una novela pedagógica. Siempre se ha considerado como paradigmáticas de este tipo de ficciones tanto el Pip de Grandes esperanzas(1861) de Charles Dickens(1812-1870), al Lucien Rubempré de Las ilusiones perdidas(1843) de Horarato de Balzac(1799-1850) o al protagonista de La educación sentimental(1869) de Gustave Flaubert(1821-1880). A ellas había que unir en nuestro tiempo El retrato del artista adolescente(1914) de James Joyce(1882-1941), El Gran Meaulnes(1913) de Alain Fourrier(1886-1914), Las tribulaciones del estudiante Torles(1906) de Robert Musil(1880-1942) o El viaje que fue(1943) de Denton Welch(1915-1948). En las letras latinoamericanas La ciudad y los perros(1962) de Mario Vargas Llosa y entre las venezolanas El falso cuaderno de Narciso Espejo(1952) de Guillermo Meneses(1911-1978) e incluso Los alegres desahuciados(1948) de Andrés Mariño Palacio(1927-1965) e incluso su novela Batalla hacia la aurora(1958), ambas indicativas de un adolescente que descubría y describía el mundo. Todos estos son muy destacados ejemplos.

Los Sucesos Exteriores
Lo hechos de la sociedad, sus graves momentos, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial(1939-1945) llenan con todo su dolor la novela contemporánea. Tal lo que uno de los grandes novelistas de nuestro tiempo, el norteamericano Paúl Bowles(1910-1999), cuando indica, en el frontis de La casa de la araña(Barcelona: Seix Barral, 2008. 501 p.),”No todos los estragos causados por nuestra despiadada época son tangibles. Las formas más sutiles de la destrucción, aquellas que solo atañen al espíritu humano, son las más temibles”(p.9). Así la pregunta ¿qué sucede en nuestro tiempo? se hace rápidamente presente en la mayoría de las novelas. ¿Cuál será el futuro de la humanidad? es pregunta constante. Interpelación lógica especialmente en las novelas concebidas tras la crisis final del socialismo y caída del Muro de Berlín(Noviembre 10,1989), cuya consecuencia fue el imperio universal de la sociedad democrática y la reacción terrorismo musulmán contra ella, los árabes viven en el mundo de la intolerancia, de solo el Corán, falsamente interpretado por los Yadistas de los años sesenta del siglo XX, asunto hondamente estudiado por ellos como es el caso del periodista pakistaní Ahmed Rashid en Los Talibán(Barcelona: Península, 2001. 375 p.) como hoy en Occidente, como lo hizo el profesor galo Gilles Kepel en La Yihad(Barcelona: Península, 2001. 605 p.). Tales investigaciones y análisis nos enseñan como debe temer el mundo Occidental, cristiano y democrático, al Musulmán y ello porque el hombre de un solo libro siempre es un intolerante. Ello se hizo más acuciante especialmente desde los ataques de Al-Quiada a las Torres Gemelas de Nueva York(Septiembre 11, 2001).

América Latina
Pero la reflexión pasa a otros lugares en la novela de nuestros días. De allí que en nuestro horizonte aparezca siempre la meditación sobre nuestra América Latina que vive en estos tiempos la crisis de la democracia que ha examinado con tanta precisión el venezolano Rafael Osío Cabrices en El horizonte encendido. (Caracas: Mondadori,2006. 601 p.), incluso por los tres analistas autores de El manual del perfecto idiota latinoamericano(Barcelona: Plaza y Janés, 1996. 318 p.), Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, en su secuela El regreso del idiota(Bogotá: Mondadori, 2007.342 p.). Crisis política honda en la cual, como nos lo he hecho ver el azteca Jorge Volpi en El insomnio de Bolívar. (Bogotá: Mondadori,2009. 259 p.) también aparecen los signos de los nuevos tiempos: desaparición de las dictaduras, del gobierno de los exguerrilleros, se posesiona el imperio de la democracia plena que deberá superar lo que él denomina las “democracias imaginarias”(p.89), con la presencia de partidos y el libre mercado. Esas “crisis” que dice Osío Cabrices la sintetizó el mexicano Carlos Fuentes en las “cuatro D”: deuda, drogas, desarrollo y democracia”. Y añadió: “nos dimos cuenta de que solo podíamos dar contestación a estas preguntas a partir de nosotros mismos”(El espejo enterrado. México: Fondo de Cultura Económica, 1993,p.355).

América Latina: Ambito de la Cultura

Pero en medio de esto América Latina sigue siendo el ámbito de la cultura, sobre todo de la humanística, nuestra gran contribución al planeta, que hace a la vez que el arte en todas sus manifestaciones, sea lo mejor que tenemos y producimos, elevándose aun más cada día. De hecho la mejor novela que se escribe en lengua castellana hoy en día es la de nuestra América Latina no la de España, esta padece honda crisis, este no es sitio para discutir este hecho. Se cumple así el vaticinio hecho en 1990 por el propio Fuentes cuando consignó: “si algo ha revelado la crisis actual, es que mientras los modelos políticos y socioeconómicos se han derrumbado uno tras otro, solo ha permanecido de pie lo que hemos hecho con mayor seriedad, con mayor libertad y también con mayor alegría: nuestros productos culturales, la novela, el poema, la pintura, la obra cinematográfica, la pieza de teatro, la composición musical, el ensayo, pero también el mueble, la cocina, el amor y la memoria, pues todo esto es cultura, hasta integrar lo que José Ortega y Gasset(1883-1955) llama ‘un conjunto de actitudes ante la vida’”(Valiente nuevo mundo. México: Fondo de Cultura Económica, 1990,p.12-13). Así los “hijos de don Quijote nos convertimos, realmente, en hijos de La Mancha, vástagos de un mundo impuro, sincrético, barroco, excrescente”(p.286), el “pequeño género humano” que dijo el Libertador en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815), mundo mestizo en la más extensa forma que se puede ser dicha, más que en la colonia y en el siglo XIX, y ello gracias a las oleadas de inmigrantes que han llegado, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.

Poco a poco va invadiendo el suceder de la novela que se escribe hoy la preocupación por los sucesos sociales y políticos de nuestro tiempo: hechos, violencia, terrorismo, mesianismos, todo lo que sucede en la sociedad y lo que acaece en las personas llenan nuestros libros con todas las observaciones, preguntas y cavilaciones que nuestro tiempo suscita a quien se pregunte por su devenir, de allí nuestras preguntas, donde refugiarnos ante las tempestades y huracanes, de las grandes incertidumbres de nuestros días. Todas estas cogitaciones están en el núcleo de nuestras fantagorías imaginativas, libros como Delirio(2004) de la colombiana Laura Restrepo o Abril rojo(2006) del peruano Santiago Roncagliolo lo plantean, incluso la vasta trilogía de nuestra tiempo que debemos a Jorge Volpi en donde el mundo internacional, desde la llegada de los aliados a Alemania en 1945(En busca de Klingsor,1999), los hechos parisinos de 1968(El fin de la locura,2003) o la forma como el Fondo Monetario Internacional destruyó la perestroika(No será la tierra,2006) aparecen en estas espléndidas novelas, uno de los grandes conjuntos narrativos en América Latina de los albores del siglo XXI.

Letras Latinoamericanas

Esto nos lleva de nuevo a comprender un asunto relativo a la novela latinoamericana contemporánea. Uno de los críticos que mejor ha calado este asunto es el norteamericano Luis Harss en su obra Los nuestros.(Buenos Aires: Sudamericana, 1966. 462 p.), obra que es ya un clásico por su gran comprensión de un movimiento que comenzaba a andar en aquellos días de los sesenta, lo que no pudo comprender Guillermo de Torre(1900-1971) al leer los originales de La hojarasca(1955) de Gabriel García Márquez, este agudo gringo lo vio claro. Suerte de García Márquez, entre las mil que siempre le han acompañado, fue que de Torre estaba vivo cuando se publicó Cien años de soledad(1967) y pudo ver su triunfo inmediato y rotundo, su equivocación fue muy grande porque también La hojarasca es obra impar, solo que estaba, en los años cincuenta, abriendo un nuevo sendero que él no puedo vislumbrar, de hecho se publicó el mismo año que Pedro Páramo de Juan Rulfo(1918-1986), nada menos. Harss escribió su libro, aun de lectura obligatoria pese a que hace mucho tiempo no se ha vuelto a reeditar, comprendiendo el suceso, a los ocho años de la publicación de La región mas transparente(1958) de Carlos Fuentes y a cuatro años de La ciudad y los perros(1962) de Vargas Llosa, considerada siempre, aunque aquello no es totalmente cierto, como la del inicio del “boom” de nuestra novela, aunque promocionalmente y comercialmente lo fue. Atrás quedaban, antes del Fuentes de su primera novela, era su segundo libro de hecho, pues atrás quedaban los cuentos de Los días enmascarados(1954), cuyo título ya era toda una definición de un sendero. También publicó su libro Harss meses antes de la edición príncipe de Cien años de soledad de García Márquez, suceso cumbre de la literatura latinoamericana, novela clave ayer, hoy y mañana, el libro imaginario más importante publicado en el mundo que habla español, a los dos lados del océano Atlántico, a lo largo del siglo XX. No es casual que su autor haya sido comparado numerosas veces con don Miguel Cervantes y Saavedra(1547-1616) y Cien años de soledad con El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha(1605), conocido en todas partes como el Quijote o don Quijote.

Los Pioneros

Antes de Carlos Fuentes, para nosotros verdadero iniciador del “boom”, estaban el magisterio de Jorge Luis Borges(1899-1986), auténtico maestro, casi absoluto, diseñado su fabular desde su Historia universal de la infamia(1935) pero ya clarísimo en Ficciones(1944) y en El Aleph(1949) la influencia del maestro porteño ha sido esencial en lo que se dado denominar las nueva literatura latinoameriacana y ello pese a no haber escrito nunca novelas. Al mismo tiempo que Borges diseñaba sus artificios el uruguayo Juan Carlos Onetti(1909-1994), quien debe ser considerado más bien como un rioplatense, inventó todo el universo ficticio de Santa María creado en sus novelas, mundo ya diestramente diseñado en La vida breve(1950), escrita con grande maestría, plenamente evidente ya en su libro inicial, su memorable novelín El pozo(1939).

También en los años cuarenta, cuando Onetti afiebradamente componía sus ficciones en Montevideo y Buenos Aires, que reflejarían las dos ciudades, aparecieron dos narradores fundamentales: el guatemalteco Miguel Ángel Asturias(1899-1974) con El señor presidente(1946) y el cubano, nacido en Suiza, Alejo Carpentier(1904-1980) cuyo libro angular fue El reino de este mundo(1949). Asturias, Carpentier y el venezolano Arturo Uslar Pietri(1906-2001) deben ser considerados como los introductores del realismo mágico en la ficción hispanoamericana, Uslar Petri antes que sus dos amigos y compañeros de sus ensueños en el París de la primera postguerra, con su magistral cuento “La lluvia”(revista Elite, Caracas: Enero 26,1935,p.16) inserto el año siguiente en su libro Red, impreso en 1936, en Caracas, volumen que el crítico maracucho Victor Bravo considera esencial del cuento latinoamericano junto a las Ficciones de Jorge Luis Borges, a Nadie encendía las lámparas(1957) del uruguayo Felisberto Hérnandez(1902-1964) y a El verano en llamas(1953) del mexicano Juan Rulfo(1918-1986), volúmenes únicos los tres, a esto se ha referido Rafael Arraiz Lucca(Arturo Uslar Pietri o la hipérbole del equilibrio. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2005,p.40).

La Novela del Dictador
Aunque Hombres de maíz(1949) de Asturias está considerado su obra principal en verdad El Señor Presidente, obra tan fundamental como la otra, inauguró el tratamiento del tema del dictador en nuestras letras que nos ha dado tantos volúmenes singulares como Yo, el Supremo(1974) de Augusto Roa Bastos(1917-2005), El otoño del patriarca(1975) de García Márquez, El recurso del método(1974) de Carpentier, En la casa del pez que escupe el agua(1975) de Francisco Herrera Luque(1927-1991), Oficio de Difuntos(1976) de Uslar Pietri y La fiesta del chivo(2000) de Vargas Llosa, sin duda esta es una tendencia de nuestra prosa de ficción la cual por su maestría en el tratamiento del tema, la ficción pura en El otoño del patriarca, la invención hondamente documentada en La fiesta del chivo, nuestros narradores lograron superar a Tirano de Banderas(1926) del gallego don Ramón Valle Inclán(1866-1836), libro salido de afuera, invención de un testigo, los nuestros han sido los propios de los que han padecido a los tiranos, todos tuvieron sus raíces en el caudillismo del siglo XIX. Queda aun por escribir la novela sobre el más grande de todos los tiranos: el cubano Fidel Castro, con más de medio siglo en el poder.

Y a las “dictaduras elegidas”, como las denomina el analista chileno Fernando Mires, como la de Hugo Chávez en Venezuela, requerirán de otros puntos de mira para los creadores que deberán situar el imposible neo-cadullismo, el mirar para atrás, los anacronismos históricos, dentro de otros parámetros para penetrarlos. Así deberá pasar cuando se trate de indagar en esos personajillos, fieles al autócrata de La Habana y la chequera petrolera de Chávez, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en el Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, o la corrupta pareja de los Kirchner, Nestor y Cristiana, en la Argentina. El otro que iba formar parte del “grupito” Manuel Zelaya fue vencido en Honduras por el parlamento, ejército y pueblo unidos. Y nada pudo el hegemonía de Venezuela, desde Caracas se planeó todo pero más pudo la vocación democrática de los hondureños. Todo esto será objeto sin duda de la novela del “dictador elegido” por venir en las letras latinoamericanas. Será la otra cara de la novela del dictador.

En nuestras novelas del dictador del siglo XIX, aunque algunos hayan fallecido en el siglo XX, se concretó el proyecto que tuvieron varios novelistas del continente de escribir cada uno una novela sobre un tirano de cada uno de sus países. No todos lo cumplieron, como Roa Bastos, García Márquez, Carpentier, Uslar Pietri, Herrera Luque, Vargas Llosa, porque tanto el venezolano Miguel Otero Silva(1908-1985) pensó que al haber sido un opositor y un perseguido de nuestro Juan Vicente Gómez(1857-1935) no tendría la serenidad para poder hacerlo; Carlos Fuentes rechazó la idea de que escribiera un libro sobre uno de los tiranos más particulares y risibles de aquella época, su compatriota Antonio López de Santa Anna(1794-1876), que incluso organizó un gran entierro para sepultar una pierna suya perdida en un combate.

Y Brasil ¿Qué?

Dentro de estos escritores maestros es imposible dejar de lado al brasileño Joao Gimares Rosa(1908-1967) por su grade novela el Gran Serton: veredas(1956), por la grandeza de su creación, por su impulso y porque, además, Brasil forma parte de América Latina, cosa que los hispanohablantes de nuestras tierras parecen no haber descubierto, pese a que ahora gracias a Internet podemos leer la prensa carioca o paulista cada día.

Y con el Gran Serton: veredas, cuya versión castellana de Ángel Crespo es una obra maestra de nuestra lengua, también sucedió otro hecho: que durante el proceso de inmersión en la ciudad y en lo urbano, propia de la novela hispanoamericana desde los años treinta, Borges quizá fue el primer escritor urbano de nuestro continente, en los años sesenta, cuando pudimos leer el Gran Serton: veredas en castellano, las dos obras fundamentales de todo ese proceso fueron dos obras rurales: Cien años de soledad y el Gran Serton: veredas. Y porque no es casual que en el mismo sertón brasileño transcurra una de nuestras grandes novelas, quizá la mayor de su autor, La guerra del fin del mundo(1981) de Vargas Llosa.

Otros Hitos

A nuestra literatura le siguieron otros hitos como el Adán Buenos Aires(1948), de Leopoldo Marechal(1900-1970), un libro aun escasamente leído pero tuvo sus lectores entusiastas al aparecer en el notable crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal(1921-985) y en el narrador Julio Cortazar(1914-1984), figura clave del “boom”, especialmente por Rayuela(1963) y sus memorables cuentos, tanto que un día confesó, a Joaquín Soler Serrano por la TVE, que él todo lo pensaba para escribir un relato. En ese camino que se consolidaría a fines de los años cincuenta con La región más trasparente, aunque en ese momento ya se había impreso La hojarasca de García Márquez la cual para nada puede ser considerada ni solo como un libro de iniciación y menos como una obra menor, y se soldaría con La ciudad y los perros, tuvo otras de sus obras pivotales a mediados de los años cincuenta con el Pedro Páramo(1955) de Juan Rulfo.
El “boom” que es un proceso esencial, constituyó la verdadera madurez de la literatura latinoamericana, nunca desligada de nuestro hondo proceso poético en el cual hay figuras claves como Borges, Vicente Huidobro(1893-1948), César Vallejo(1892-1930), Pablo Neruda(1904-1973) y Octavio Paz(1914-1998), destacadísimo, esencial, pensador también. Fue Paz hombre de ideas que mucho influyeron en la marcha de nuestro continente especialmente por haber sido la persona que nos mostró como había otra posibilidad política para nosotros los latinoamericanos, más allá del marxismo que era en lo que creía mucha gente sin darse cuenta que la alternativa democrática era la propia para nuestro mundo. Esas observaciones las tejió en varios de sus libros como El ogro filantrópico(1979) o Tiempo nublado(1983). Fue Paz también comprendedor de la esencia de la mexicanidad en El laberinto de la soledad(1950) y Postdata(1970), diestrísimo crítico literario en El arco y la lira(1956), Los hijos del limo(1984) o Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe(1982). Esencial fue su meditación sobre el amor, que él expresó en su poesía y ensayos y a la que dedicó el último gran libro que editó en vida La llama doble(1993), cuya significación a la revelación de su asunto es esencial, tiene tanta importancia como El collar de la paloma(1022) de Ibn Hazm de Córdova(994-1963), allá por el siglo X en la España musulmana de la Edad Media o Del amor(1822) de Sthendal(1783-1842), ya en el siglo XIX y decirlo no es poco. No es casual que a Paz se le haya otorgado el premio Nóbel de Literatura(1990).

El “post boom” se inició a nuestro entender con Un mundo para Julius(1970) del peruano Alfredo Bryce Echenique, un libro destacado que él no ha logrado superar en el decorrer de su obra. Bryce es un narrador de los grandes pero se repite mucho, hay novelas suyas que son las mismas, tal la divertida de La vida exagerada de Martín Romaña( 1981) o El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz(1985), son la misma novela dos veces escrita. Es prolífico el magnífico Bryce pero no ha logrado superar Un mundo para Julius y Dos señoras conversan(1990), con todo su sentido, son obra menor. Quizá en los últimos tiempos se puedan anotar como leves logros su Guía triste de París(1999) o La amigdalitis de Tarzán(1999), está última una sabrosa novela epistolar.

A todo lo largo del movimiento que tomó su impulso grande en los años sesenta, tiempo de La muerte de Artemio Cruz(1962) de Fuentes por cuya publicación su autor fue expulsado por su papá, alto funcionario del PRI, de la casa familiar, Rayuela(1963) de Julio Cortazar, La casa verde(1965), Conversación en la Catedral(1969) o la inmensa La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa, todo el espléndido barroquismo y la saudade por días ya idos de Paradiso(1966) del habanero José Lezama Lima, Tres tristes tigres(1967) y La Habana para un infante difunto(1979), la mejor novela sobre una ciudad latinoamericana que se ha escrito, de Guillermo Cabrera Infante(1929-2005), El obsceno pájaro de la noche(1970) de José Donoso(1924-1996) o el Manuel Puig(1932-1990) de Boquitas pintadas(1969) y sobre todo El beso de la mujer araña(1976), cuya significación política es altísima pues su publicación significó el “réquiem” final a la izquierda latinoamericana a la que el narrador acusó en la trama de no tener alma, espíritu, sensibilidad, piel(ver nuestro “El segundo libro de Ángela Zago”, El Nacional, Caracas:Abril 2,1990). Con el tiempo la izquierda latinoamericana demostró su incapacidad para gobernar, evidente en la Cuba castrista donde al pueblo se le robó la libertad y la posibilidad de desarrollarse; en la inmensa corrupción del sandinismo en Nicaragua y en el suceder de Venezuela, un país que ha sido destruido por Chávez y su pandilla de delincuentes: su desarrollo está en el suelo, su institucionalidad perdida, su economía en caos, porque este hombre se ha robado todo el dinero del pueblo de Venezuela para establecer un régimen continental en donde él solo impera, lo que hemos denominado el neo-imperialismo.

La Novela Completa

El sendero hacia la novela completa o total fue esencial en estas búsquedas de nuestros novelistas. Escribió Luis Harrs “La tendencia…es hacia la novela completa, que puede definirse de dos maneras distintas. O bien, desde el punto de vista tradicional, es completa en su visión panorámica…o es completa en su gama interior…Nuestra novela exteriorizante es colectivista. Continúa la tradición del naturalismo. La interiorizante, en cambo, es individualista…La novela completa podría ser aquella que reconcilia todas las experiencias, las exteriores y las interiores”(Los nuestros,p.33-35).

Y todo esto porque, continua anotando Harss, “A medida que van caducando las viejas polémicas y el escritor se va sintiendo cada vez menos obligado a definir de antemano su posición artística o política, va surgiendo una literatura más intuitiva, más dueña de si misma, más fuerte en sus entrañas, mas íntegra y veraz. Si, en general, nuestro escritor no es todavía capaz introspectivo, es capaz ya de la concentración y el esfuerzo sostenido que requiere el parto creador. Ha comenzado…a ir más allá de la observación y el testimonio a la revelación y al descubrimiento. No solo registra lo que ya está presente, sino que agrega algo nuevo. Sabe que cosecha de la realidad lo que ha sembrado en ella”(Los nuestros,p.39).

El Elemento Añadido

Y es que además de la búsqueda de la novela total, aquella que reconcilie lo externo y lo interno en su trama, la literatura nos ofrece, para ser cierta, aquello sobre lo cual tanto ha meditado Vargas Llosa, el “elemento añadido”, que es, como dice en La orgía imaginaria(Barcelona: Seix Barral, 1985. 277 p.), “la originalidad de su obra, lo que da autonomía a la realidad ficticia, lo que la distingue de la real”(p.147). Y añade, en nota a pie de página, que el “elemento añadido, o manipulación de lo real, no es gratuito: expresa siempre el conflicto que es origen de la vocación y puede ser poco o nada consciente por parte del escritor”(p.147, nota 1). Esta noción la desarrolló Vargas Llosa a partir en su lectura de las novelas de caballería del siglo XV, particularmente del Tirant lo Blanc(1490) de Joanot Martorell(c1413-1468), la desarrolló en su Carta de batalla por Tirant lo Blanc(Barcelona: Seix Barral, 1992. 106 p.).

Esta es la contribución personal de Vargas Llosa a la teoría de la novela, aparece constantemente en sus diversos estudios críticos, los cuales no son de menor importancia que sus novelas las cuales constituyen el territorio que él requiere para el desarrollo de lo que imagina lo cual no cabe para él dentro de los límites del cuento, de hecho sólo ha publicado un volumen de narraciones cortas en sus inicios, Los Jefes(1958), y solo dos nouvelles Los cachorros(1967) y Elogio de la madrasta(1988), esta última requirió del amplio desarrollo que luego le dio en Los cuadernos de don Rigoberto(1997).

Elogio de la Madrasta formó parte de un proyecto fraguado por varios escritores latinoamericanos de escribir cada uno una novela erótica, solo lo cumplieron Vargas Llosa y Donoso, este último en la deliciosa La misteriosa desaparición de la marquesita de Loira(1981). No creemos que Memoria de mis putas tristes(2004) el perfectísimo novelín de García Márquez pertenezca a ese ciclo, con su hipérbaton que nos hace comprender que su título es “Triste, recuerdo a mis putas”, putas y no prostitutas por la fuerza de esa palabra y porque siempre todo escritor entre una palabra larga y otra corta siempre escoge siempre la breve, y sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que el título no indica el hondo contenido humano de tan hermoso libro.

La disertación de Vargas Llosa sobre el “elemento añadido” lo hallamos en libros suyos tan fundamentales como García Márquez, historia de un deicidio.(Caracas: Monte Ávila Editores/Barral Editores, 1971. 667 p.) en donde ya discurre sobre el punto: “Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios, que es la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia…este hombre, esta mujer, en un momento dado se encontraron incapacitados para admitir la vida tal como la entendían su tiempo, su sociedad, su clase o su familia, y se descubrieron en discrepancia con el mundo. Su reacción fue suprimir la realidad, desintegrándola para rehacerla convertirla en otra, hecha de palabras, que se reflejaría y negaría a su vez…Su obra es dos cosas a la vez: una reedificación de la realidad y un testimonio de su desacuerdo con el mundo…Toda novela es un testimonio cifrado: constituye una representación del mundo, pero de un mundo al que el novelista ha “añadido” algo: es lo que hace que una novela sea una obra de creación y no de información, lo que llamamos con justicia la originalidad de un novelista”(p.85-86. El entrecomillado es de Vargas Llosa). Todas estas observaciones las trazó Vargas Llosa con relación a Cien años de soledad pero son válidas para la novela en general.

Esta clarificante idea se va repitiendo en las otras obras críticas de Vargas Llosa como La orgía perpetua, sobre Madame Bovary, en sus como siempre clarificadores ensayos La verdad de las mentiras(Bogotá:Seix Barral, 1997. 261 p.) sobre las más singulares novelas del siglo XX, fue más tarde aumentado en la segunda edición de tan especial obra(2ª.ed.Madrid: Alfaguara, 2002. 413 p.) que es la que seguimos aquí. En este caso especialmente el estimulante trabajo que dedica a Nadja(1928) de André Breton(1896-1966), aquí como “la realidad otra”(p.109) o en su merodeo por los reinos de la ficción(p.110) e incluso en su magnífica definición de lo que es una novela(p.105-106) que ya hemos citado más arriba. Ello mismo aparece en su Carta a un joven novelista(Barcelona: Ariel, 1997. 157 p.) sobre todo en el capítulo “El poder de persuasión” o cuando anota “La ficción no es la vida, sino otra vida, fantaseada con los materiales que aquella suministra y sin la cual la vida verdadera sería más sórdida y pobre de lo que es”(p.125). Siguió en el asunto en su certera La tentación de lo imposible(Bogotá: Alfaguara, 2004. 223 p.), su grande exploración de Los Miserables(1862) de Victor Hugo(1802-1885) y en estos días en El viaje a la ficción(Madrid: Alfaguara, 2008. 248 p.) sobre las narraciones del gran Onetti. Todo estas obras de crítica de practicante, como la llamó T.S.Eliot(1888-1965), son fundamentales para comprender el ciertamente oscuro proceso de creación visto desde el ángulo de uno de sus grandes protagonistas contemporáneos.

En los últimos tiempos estos asunto se han ampliado en libros tan interesantes para comprender la aventura de escribe una novela como La loca de la casa(Madrid: Alfaguara, 2003. 275 p.) de la madrileña Rosa Montero, Barthleby y compañía(Barcelona: Anagrama, 2000. 179 p.) del catalán Enrique Vila Matas o La maleta de mi padre(Barcelona: Delsosillo, 2007. 97 p.) del turco Orhan Pamuk.

Algunos Consejos

Creemos que para cerrar se imponen algunos consejos a aquellos que nos han hecho las preguntas que nos han dado pie para redactar esta exploración crítica de algunos tópicos literarios, casi siempre relativos a la novela y a nuestros días expresados en ellas.

Escribir Poesia

Así le recomendamos mucho a nuestros jóvenes lectores, a quienes deseen escribir poesía, parece un boutade, empaparse de los grandes autores de la poesía universal, única manera de saber que terreno se pisa. No se puede escribir sino no se lee previamente, aquel escritor que nos dijo un día que “prefería escribir a leer” estaba completamente equivocado. Todo libro viene de otro, u otros libros. Así de sencillo.

No hay que olvidar que la literatura es una serie de vasos comunicantes y cada generación tiene como fundamento de su acción el pasado, el escribir anterior, para de allí partir. Así se niegue la tradición literaria siempre está allí y por ello cada generación busca en el pasado sus grandes maestros, sus libros de cabecera, rescatando a veces autores olvidados del pasado que convierte en sus maestros, caso ejemplar fue lo sucedido entre nosotros con nuestro gran, torturado, insomne y suicida poeta José Antonio Ramos Sucre(1890-1930).

Imaginar Novelas
En el caso de la novela, es necesario estudiar en los libros de teoría literaria el arte de la novela: para conocer sus diversas maneras, sus técnicas, sus modos, una de las cuales la novela-ensayo a la que nos hemos referido más arriba respondiendo una interrogante que se nos formuló.

Leer y estudiar para ello las grandes novelas, partiendo siempre del Quijote(que incluye su crítica dentro de sus propias páginas), sin dejar de lado Gargantua y Pantagruel de Rabelais, la primera novela europea. Y luego todas las grandes del siglo XIX, cuando realmente se conformó el género y las esenciales del XX, leerlas a menos dos veces. Lecturas demoradas: la primera para conocer las obras con detalle y gozar de su belleza y excelencia. La segunda para explorar la forma como fueron construidas. Esas indagaciones serán la que permitirán a quien, por ejemplo, cultive la novela-ensayo autor que sus meditaciones no penetren de tal forma en sus obras que disuelvan la acción, que es la esencia de toda novela. Debe ser al revés: dentro de la trama debe insertarse lo que podríamos llamar ensayos, meditaciones, reflexiones. No hay que olvidar que la novela (del italiano novella, noticia) es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o en lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Hemos dado algunos ejemplos dignos de cuidadosa lectura.

Nunca escribir de una sentada, ni con apuro, la novela exige tiempo, dedicación, mucha paciencia, mucho tiempo, a veces décadas como fue el caso de Paradiso del cubano José Lezama Lima o Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, ambos invirtieron decenios en su trabajo. García Márquez ha declarado que en 1947, dos décadas antes de la publicación de Cien años de soledad(cuando la novela se titulaba La casa), ya tenía escritas sus primeras fundamentales líneas, que todo el mundo recuerda de memoria:”Muchas años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Tan inolvidable como los últimos dos renglones:”porque la estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Igual podría decirse de Paradiso del habanero Lezama: era imposible improvisar nada. Como tampoco lo hizo Marcel Proust(1871-1922) al concebir su novela impar, río de obras, En busca del tiempo perdido. Llegar a la excelencia, escribir una obra destacada es lo que desea hacer todo escritor verdadero.

Y corregir, corregir mucho, corregir siempre, añadir, pulir, volver una y otra vez sobre lo redactado, no puede existir ningún escritor sino corrige. El escritor que no corrige es medio escritor o menos.

Marzo 15, 2010