Miércoles, 23 de Agosto de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos Encuentro con Helena Arellano

Encuentro con Helena Arellano

Correo electrónico Imprimir

Por: R.J. Lovera De-Sola

De Helena Arellano Mayz, caraqueña nacida en 1963, siempre nos llegó la noticia, a través de la profesora Yajaira Rauseo, de que era un joven talento que había que tomar en cuenta. Es así. Es por ello que conocedor de su escribir, una vez supimos que pasaría unas semanas en Caracas, ya que ella vive en París, la invitamos a estar con nosotros en una de nuestras sesiones, porque ella también ocupa un lugar destacado dentro de la última generación de escritores venezolanos, muchos de los cuales ya han venido a dialogar sobre sus obras con nosotros.

Debemos decir, aunque solo sea de paso, pues así lo desea Helena Arellano, que ella es una economista que te tenido importante rol en las actividades relativas a su profesión pero que siendo predominante en ella su vocación literaria solo desea hacer mención a su trabajo creadora. Ella piensa, como dijo don Cecilio Acosta(1818-1881), que “la vida es obra”, por lo cual es por los testimonios impresos de su hacer que desea ser conocida. Por ello a eso es a lo que nos vamos a referir esta tarde.

La Generacion Actual

La última generación literaria venezolana, la que aquellos que bordean los cuarenta años, lo más común entre muchos de ellos y ellas, entre los mejores, porque es la edad de la sazón: han podido formarse, leer y vivir lo cual es sustancial parta escribir. Una de ellas es Helena Arellano Mayz quien es autora del libro de cuentos Arandelas de humo(Caracas: F & L Editores,2006. 115 p.) y de las nouvelles ¿Murciélago o mariposa?(Caracas: F & L Editores, 2005. 97 p.) y A dos manos(Caracas: F& L Editores, 2008. 136 p.), obras a través de las cuales nos ofrece su mundo imaginario.

Ella es también artista plástica cuyos collages Diario de P(Caracas: F & L Editores, 2007) se pueden ver en un video que exhibe Google.com. Pese a ello aquí nos referiremos más adelante al singular texto con que se inicia el Diario de P, el Diario de Penélope, la que siempre espera como lo sabemos desde hace centurias gracias a las páginas de la Odisea de Homero.

En su Entraña

Su libro de cuentos Arandelas de humo, precioso como todo lo que Helena Arellano escribe, fuera de subrayar temas y asuntos que luego aparecen en sus dos novelas cortas, no interesa especialmente, es una de sus lecturas posibles, todo lo que en estos siete relatos hallamos sobre su ser de escritora, sobre los vericuetos de su vocación por la palabra.
Lo primero que hay que decir que Helena Arellano tiene, al menos hasta ahora, una inclinación por el cultivo del texto corto, breve, que siempre requiere un cuidoso tratamiento. A veces tal manera nos ha dado obras maestras como son por ejemplo los cuentos del ruso Anton Chejov(1860-1904), para solo tocar un caso paradigmático. Pero ello Helena Arellano nos confiesa en el pórtico de Arandelas de Humo, “con pocas palabras, cuando nacen de una fuente honda, se logra rozar las vibraciones del alma. Resuena o retumba la casa que llevamos dentro”(p.5).

Y aquí en Arandelas de humo aparecen en algunos de sus pasajes la esencia de su escritura: el por qué escribir y su tema fundamental: los sortilegios del amor.

De allí que leamos en “Un encuentro en desencuentro”, “Ella escribía por escribir. Sus anécdotas surgían por asociaciones libres como trazos no necesariamente concatenados pero que, aun en un aparente desorden, conservaban la dirección de un devenir”(p.64). O en “El autobús # 63”, “escribo, te escribo en un intento de darle forma a aquello que en nosotros se perderá, antes de que se pierda”(p.104). Y se es escritor, seguramente, como se lee en la misma narración, “Leer gestos no es mi fuerte, más si un entretenimiento de observadora silente. Disfruto el colocarme entre los pliegues y repliegues de la vida”(p.105): ¿es que esta no es precisamente la labor del escritor, de aquel que solo tiene palabras para expresarse?. Y ello porque como ese mismo relato se lee la escritura es como la fijación del instante, se le registra para que no se pierda, para que no reine el olvido(p.108). Y porque ella concibe el acto de invención como una confesión(p.112). Y ello, porque como leemos en “Un encuentro en desencuentro”, “El compartir verdades, une. El reconocer y dar a conocer el alma a otro, une”(p.53), aquello que va, como botella tirada al mar, al desconocido lector, a que muchas veces todo escritor termina seduciendo con el encanto de su recreación.

Y ya lo hemos anotado, el amor es el tema central en los libros de Helena Arellano. Una buena pista de lo que es este sentimiento lo hallamos cuando, en “Un encuentro en desencuentro”, que el amor es “Aquello que nos convulsiona el alma, nos sacude fuertemente…Son quiebres, terremotos, que vienen a recomponernos, a enseñarnos a reconocernos porque la fuerza del amor es la única capaz de enfrentarnos a nuestra verdad desnuda”(p.67. Subrayado nuestro). Y esto insistiendo en que la protagonista de estas ficciones es una mujer que siempre está esperando al amado, por ello no es casual la presencia de Penélope en su escribir, Penélope, la que siempre esperaba a Ulises en Itaca.

¿Muerciélago o Mariposa?

Se ha señalado que los temas focales de la literatura son el amor, la muerte y las recreaciones fantásticas. El amor es constante porque es el tema de la vida, sin duda alguna. En ello penetra Helena Arellano en su novela corta ¿Murciélago o mariposa? en la cual merodea del tema desde un ángulo muy propio de nuestros días: como puede el amor salvar la autonomía de cada persona, la libertad del hombre y de la mujer en la pareja, todo ello contado en la forma bella de una llamativa trama, a la vez sencilla y profunda. Y la cual llena de interrogantes a quien la lea porque “al alma no se le hace ecosonograma, ella solo se escucha en el silencio”(p.39), lo cual nos pone ante el momento psicológico en que la protagonista se coloca ante aquello que le sucede: ¿es por ello que llama a su narración “una historia de añoranza”(p.83)?. O dice “Esta oda al amor nace de la necesidad de encontrarle salida a un sentimiento que respete la voluntad del otro, no a manera de resignación”(p.95-96).

Pero antes de entrar reiteramos, como también los hacemos ante su novelín A dos manos, la certera escritura de esta narradora, su cuidado en el uso del lenguaje, su poder fabulador, la delicadeza con la que presenta el suceder de su ficción.

En este libro nos metemos por los senderos de una relación amorosa entre un hombre y una mujer. Pero el libro nos presenta por una parte la historia de ese acontecer, narración que a veces se interrumpe con capítulos epistolares bellamente concebidos como las dos cartas de ella “Muy señor mío, Marcelo” o la de él “Muy recordada señora mía”.

En ¿Murciélago o mariposa? la mujer recuerda, rememora, añora, está triste por que él se ha ido y lo espera: ”en mi desnuda realidad, a solas conmigo misma, desvestida de argumentos razonables, sencillamente soñaba con la oportunidad de volverlo a ver”(p.69). Pero enamorada como está vive ”Sorda a los mandatos de la sensatez, salí violentada en busca de una sonrisa”(p.69).

Pero para meditar en lo que le sucede escribe su recuento, da vueltas a su agonía(p.70). Y es por medio de la escritura que llega al meollo de todo ser humano, que es siempre luz y sombra. Y ante la pregunta, que es la del título, expone que Marcelo, el protagonista podría ser un murciélago, “tan vampiro, tan oscuro”(p.76). O “Podría ser, también, Mariposa. Ligera, de espíritu viajero, renovado, renacido, poseedor del secreto para hilar palabras con seda liviana multicolor”(p.76): porque solo siendo a la vez brillo y penumbra puede ser considerado ser de carne hueso, con sangre corriendo por las venas. Y como siempre en esta autora parecen estar siempre presentes los modos de la literatura autobiográfica(así es en A dos manos) la protagonista consigna en su cuaderno: “concluyo que si persiste un Marcelo-murciélago-mariposa en poseerme y animarme, cautiva de su revoloteo alborotado, ufanando su parentesco con lo impercedero inmortal, perseveraré en vencer el temor al recorrido de una cancha llena de obstáculos que dura infinitamente poco ante la eternidad. La vida es breve para no intentar amar, así sea solo con palabras extraviadas, descarriadas, delirantes”(p.76-77). Pero al ver a aquel Marcelo “ubicuo, vago, confuso, desdibujado errabundo de mi vida”(p.78) también por asociación, como en un espejo, se está dejando ver ella: ser lleno de contradicciones como todo aquel que con su piel deambula por el mundo. “He ahí al hombre/he allí su contradicción” escribió el inigualable Miguel Hernández(1910-1942).

Escribir es decisivo en el modo de mirar el mundo que tiene esta escritora, es tema recurrente en ella. Por ello podemos leer aquí: “Pero seguiré abierta, como alguna vez leí debe estar siempre la escritura, a un fortuito encuentro, a la más repentina imagen, a esa sola palabra que al hallarla nos ahogará de alegría si no la pronunciamos”(p.41) o “al eco de mis palabras resonando en mi añoranza al escribir”(p.44): no se olvide aquí que ¿Murciélago o mariposa? es todo un canto de nostalgia por un amor ido(¿o perdido?). Y es escribiendo que logramos retenerlo, que no se vaya, que permanezca, porque el amor, como se lee en el epígrafe de la gran Maria Zambrano(1904-1991), “engendra siempre”(p.9).

Pero todo esto lo hace la protagonista de esta nivola consignado con sus letras en las hojas que redacta “Escribir, Anhelando… es también un atrevimiento audaz de reinventar la vida, escribiendo”(p.80), ¿por ello sueña con tener “una casa con vista al mar”(p.80)?

Y el deseo de vivir frente al mar, donde la vida se renueva en cada ola, no deja de ser un motivo constante en esta recreación: son numerosas las veces que nuestro Caribe, inmenso, azul, pleno de sol, aparece en ellas, es el punto de certeza de su protagonista, ser de alma caribeña(p.14) quien desea que este piélago la “arrulle con sus cuentos, con pasión y exuberancia, como todo lo que crece en esa caótica tierra mía”(p.73).

A Dos Manos
Nos ocupamos ahora de A dos manos, el primer libro de Helena Arellano que recorrimos, gracias a Katina Henrríquez y su gente de la loibrería El Buscón, en donde está presente no solo una escritora sino un creadora con palabra propia, dominio del lenguaje, el que trabaja con belleza, con honda entonación poética en ciertos momentos.

En A dos manos usa el arte de la noveleta que requiere, para que salga con exactitud, de una especial destreza en su elaboración. No hay que olvidar las grandes obras que se han escrito dentro de este género en las letras universales. Bastaría para ello citar El viejo y el mar de Ernest Hemingway(1898-1961), tan perfecto que William Faulkner(1897-1962) pensó que la había podido escribir para haberlo visitado Dios. Le dio el Premio Nóbel de Literatura. Anotaríamos otros magistrales dentro de este género: El pabellón número seis de Antón Chejov, La Sonata a Kreutzer(1889) y La muerte de Ivan Ilich(1884) e incluso su Hadyi Murad(1912) de Leon Tolstoi(1828-1910), Los papeles de Aspern de Henry James(1843-1916), El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad(1875-1924), “Los muertos”(de sus Dublinenses) de James Joyce(1882-1941), La muerte en Venecia(1912) de Tomás Mann(1875-1955), El baile de Irene Nemirovsky(1903-1942), La balada del café triste de Carson MacCullers(1917-1967), La perla de John Steinbeck(1902-1968), El día de acción de gracias y Un recuerdo de Navidad de Truman Capote(1924-1984) y Seda(1996) de Alejandro Baricco(1958). Pero las hay destacadísimos en las letras latinoamericanas y en las venezolanas. En las letras hispanoamericanas hay incluso un escritor, el chileno José Donoso(1924-1996), que se dedicó a ella como mucha preferencia. En las nuestras quien más las ha cultivado, con especial suerte, es Eduardo Liendo(1941).

En A dos manos Helena Arellano al utilizar las estructuras de la literatura autobiográfica le da una carnadura especial a esta especie de comunicación entre dos soledades. Fíjese el lector que nos referimos a los modos de la escritura autobiográfica(diarios, memorias, epistolarios) y que no afirmamos que se trata de obras autobiográficas estas de Helena Arellano, aunque tampoco se nos escapa que son las vivencias propias las que nutren aquello que se recrea en los textos de ficción.

Lo que hemos afirmado lo decimos porque al Armando comentar en A dos manos, o crear un texto paralelo, sobre la escritura de una mujer, Carlota, se establece un diálogo, ya no están solos sino juntos gracias al poder de la escritura. Así nace “esta historia de cartas postales”(p.95). Es por ello que no sea casual la referencia(p.11) a la película Perdidos en Tokio de Sofía Coppola que nos ofrece también el encuentro de dos solitarios como los de la noveleta que comentamos, ellos hablan entre sí. Armando y Carlota lo hacen gracias a los textos escritos por ella.

Todo funciona así en A dos manos: a Carlota se le pierde su diario en una calle de París, “un cuaderno pequeño de tapa verde”(p.15), en donde está la confesión de su amor y de sus vivencias y desencuentros de una relación con un hombre. Armando lo encuentra, lo lee y lo va glosando en un texto creado en forma de tarjetas postales dirigidas a ella(p.15). Los dos textos nos permiten comprender lo que es la aventura del amor en pareja vivido por un hombre y una mujer. En ese sentido A dos manos es una larga confesión sobre el amor y sobre su periplo, el más importante sin duda por todo hombre y toda mujer. Es por ello que no se puede escribir sobre el amor sino se escribe sobre los que sienten los hombres y las mujeres enamorados, sobre el vivir de hombres y mujeres. Hacerlo, de la forma bella que nos lo ofrece Helena Arellano, es uno de los logros de este precioso novelín.

Para que el lector comprenda claramente el sentido de A dos manos: lo que escribió Carlota lo encabezan los nombres de los días, mientras que la glosa de Armando, creemos que esta es la palabra precisa, están identificadas por las fechas, quizá por aquello que escribió el colombiano Germán Arcineigas(1900-1999) que la mujer vive cada minuto, cada hora y los hombres los días. De la interrelación entre ambas escrituras surge A dos manos.

A dos manos es también novela de textos, en este caso el cuento “La carta robada” de Edgar Allan Poe(1809-1849) o La carta postal de Jacques Derrida(1930-2004). Pero es también obra de intertextos como lo son novelas contemporáneas tan actuales como El paciente inglés de Michael Ondaatje(1943) o Las horas de Michael Cunnigham(1952). Lo son también El maestro de San Petesburgo y Foe del sudafricano John Maxwell Coetzee(1952), citamos sus fechas de nacimiento para que pueda ver como este modo de trabajar la ficción es prácticamente un propósito generacional. Son estas las novelas de los fragmentos, de la intercalación de textos, como el “Libro negro” que lleva a todas partes el protagonista de la novela de Ondaatje o la presencia de la novela La señora Dalloway de Virginia Wolf(1882-1941) en Las horas, en esta misma obra un texto se explaya y reelabora a través de tres historias fascinantes en las cuales nunca es fácil para el lector escoger cuál es la mejor, las más significativa. No es casual que El paciente inglés y Las horas hayan dado lugar a tan conmovedoras películas.

Hay en A dos manos también citas intertextuales como una a García Márquez(p.41), una de Sandor Marai(p.83), otra a aquel escritor ruso, Vladimir Nabokov(1899-1977), quien prefería las mariposas.

Es por esto también que escribir, el acto de hacerlo, el momento de sentarse ante la página en blanco o ante la ventana vacía del computador, sea el tema de A dos manos.

El hecho de escribir permite al lector encontrar en A dos manos una larga meditación sobre este oficio, este de alguna forma también la crítica, la interpretación del texto desde si mismo.

Hay también observaciones sobre el modo de escribir ficciones. Tal cuando leemos: “Dicen que la ficción es falsedad, pero he sentido que puede tener más verdad que todas las mentiras juntas con las que nos sostenemos para no caer en el fondo de nuestras realidades”(p.25).

Pero también, al unísono, en A dos manos se mira y se trata sobre el amor, este es otro de sus asuntos focales. Amor pero en contrapunteo con el acto de crear, de escribir en un momento alto del ser hombre y del ser mujer: escribir sobre el amor. Así las experiencias de un hombre y una mujer se entrelazan aquí, bellamente, turbulentamente, llenas de desasosiego en algunos de sus pasajes.

A dos manos es además una meditación sobre lo más hondo de la condición humana que no es otra cosa que “El reconocer y dar a conocer el alma al otro, une. Une fuertemente, sin lazos ni compromisos, sin intercambio de promesas ni juramentos eternos”(p.72). Es por ello que leemos que Armando intenta:”hurgar el humus humedecido de tu humanidad”(p.123). Aquí no es casual que subraye cada una de las “haches” de esta línea.

Y es por ello que vivir, ese que sale de las entrañas, ya que no puede ser cerebral sino pasional porque “el sueño de la razón produce monstruos”(Goya), este asunto también palpitante en A dos manos. Tanto porque “dibujar es como vivir, no se hacen borradores. Cada acto es como cada trazo” (p.79), “No huyas de aquello que te persigue como una sombra, date la cara, sino las llevarás por donde quiera que vayas. Al intentar contradecir al viento, evadirlo, caminarás al margen de los latidos, relegarás de ti, y ése será su destino, uno alienado…Agárrate de mi. Sujétate, daremos vueltas”(p.80). Y de allí las interrogantes como consigna Armando en las dos últimas citas. O ella cuando testa: “¿De qué sirve vivir, solamente, bajo el principio de realidad si este tránsito es tan breve… para algunos tan brevísimo. Gracias por estar ahí, pero tan lejos, no importa, yo me ocupo de halarte cerca, aunque sea sólo en mi imaginación me acompañas cada vez que escribo. Ésta es la mejor novela que leerás en tu vida sentencio, según el principio de ficción”(p.105. Subrayados de la autora). Aquí otra vez se juntan el escribir con el sentir lo que nos junta a quien amamos. Y no podemos hacerlo sino como ella dice:”No puede exudar lo que no palpita estremecido, encrespado, amarrando, estrujando el alma con el cuerpo”(p.50).

Ella vivía la agonía de un amor perdido por ello escribía sus cartas a aquel que la había dejado o se había ido. Estaba desasosegada por ello vendía ropa interior “para sublimar sus deseos”(p.14). Y el escribir es tan significativo para ella, prácticamente un acto terapéutico para sanar, por ello no le pudo suceder nada peor que haber extraviado lo que diariamente consignaba en las hojas de su Cuaderno verde porque al sucederle esto “Había perdido las cartas, las líneas que le escribía a él como escribiéndose a sí misma”(p.16), porque aquí, como en toda la literatura autobiográfica, la presencia del yo es lo esencial.

Por ello en el Cuaderno verde escribe: “Como ahora a ti. Aquí, al escribirnos. Sabes que lo hago por los dos, para compartir un espacio que no existe. Lo levanto ladrillo a ladrillo con cada palabra. Un castillo de naipes, de cartas, suntuoso y frágil, de papel, inflamable”(p.21-22). Y anota: “Quisiera dirigirme en línea recta, directa, sin correo, a ti, pero no lo logro…¿Una tragedia de la destinación, del designio, del destino”(p.22), “Quisiera llegarte, llegar hasta ti, y corro, corro y caigo todo el tiempo, de zancada en zancada…”(p.22) y ello porque el amor es con una sola persona por ello leemos: “Solo estas tú en mi mundo. Te espero”(p.25), “Te lo repito: para ti. Escribo para ti y solo a ti te hablo”(p.27).

Y por ello redactando su testimonio busca un interlocutor: “Doy risa…Dibujo cartas sin destinatario. Arabescos de palabra sin respuesta. Si alguien ha leído hasta aquí es porque en algún lugar del mundo debe haber oto/otra como yo”(p.42). La búsqueda de un interlocutor, como nos enseñó la española Carmen Martín Gaite(1925-2000), en un ensayo así titulado, es lo que se propone todo escritor. Pero, además, no hay amor sin diálogo y sin encuentro. De allí todo lo que la autora del Cuaderno verde nos indica sobre el erotismo, que se produce al darse el encuentro entre el hombre y la mujer. De allí la cita de Marai que Armando hace en unos de sus comentarios:”Allí donde Eros no se manifiesta, la gente se vuelve sorda e inerte”(p.83) porque la sexualidad es el motor de la vida. Y ella busca el erotismo con alma porque lo que desea es practicar un rito, una liturgia, en un templo(p.127). Es la única forma de recuperar el “susto del amor”, García Márquez acusó al siglo XX de haberlo perdido, consideró que era uno de sus grandes pecados. Y ello en la presencia, así lo registra Carlota, de un hombre viril, gentil, capaz de llorar. La única forma es que sea uno de esos “hombres sensibles”, sensitivos, que pedía Anais Nin(1903-1977) o los “hombres afectivos” que dice Shere Hite. Y todo ello, como dice Armando, “El amor no se elige; te envuelve desde atrás como una sombra que te alcanza cuando tienes a ese ‘otro’ al frente, encontrándose contigo”(p.128-129).

Y es por lo que sufre, para evitar escuchar los melancólicos Fados lisboetas, como lo hace Armando(p.121), que prefiere escribir. Por ello redacta: “Hay quien novela su vida para aliviarse, yo la saturo con cartas”(p.52), “entonces me quedo ligada a ti escribiéndote…ese recinto sagrado en el que guardaremos plegarias, secretos y amores”(p.64) que es la escritura, la cual permite reconocernos “y dar a conocer el alma al otro, une. Une fuertemente, sin lazos ni compromisos, sin intercambio de promesas ni juramentos eternos”(p.72).

A todo ello Armando responde en sus comentarios: “Quien quiera que seas, a ti no te puedo mentir, te has convertido en mi sombra, en aquella que sostiene mi espejo, mi sosia como llamaban los griegos a su otro yo”(p.36), “Me reconforta leerte. No dejaré de hacerlo. Enlazaremos nuestras líneas, te llevaré de la mano a conocer mi ciudad, la de afuera y la de adentro…ya te quiero como eres, obsesiva, necesitada y sincera”(p.43).

Armando llama Ana a la desconocida destinataria, cuyo nombre no conocemos sino en la línea final de esta narración(p.136). Por ello le dice: “he atravesado el océano para sentarme a contestar cartas sin destinatario, fabulándote Ana, a partir de tus líneas”(p.48-49) porque: “El halo poético de tus líneas envuelve y desespera, me atrapa y me disgusta”(p.73). La vida, apunta en su respuesta a Ana: “La vida está en la emoción o estas vivo porque sientes.¿O será que el diálogo de nuestros cuadernos permite a dos seres heridos ayudarse mutuamente a cerrar un círculo?”(p.91). Y están tan cerca, casi brotando el amor, que él escribe: “prefiero ceñirme a la cintura poética de tu prosa, meter la nariz en tu ombligo”(p.110-111).

Penélope la que Siempre Espera

Hemos mencionado aquí la figura de Penélope, la que sentimos presente en la escritura de Helena Arellano, tanto que ella, artista plástica también, es autora de una obra de collages titulada El Diario de P. (Caracas: F & L Editores, 2007) la que se inicia con el sorprendente escrito(p.V-IX) que ahora vamos a leerles. Sentimos que los universos imaginarios de esta escritora están allí. Tal el Diario de Penélope, el arquetipo universal, ya lo hemos dicho, de la mujer que espera al hombre que ama. Debemos indicar también que el Diario de P. es todo un alto ejercicio literario, porque para nada es texto escrito como una tarea de un taller de escritores, en el cual se utiliza con preferencia la letra “p” y todas las palabras que con esa letra se escriben. Y además tiene una honda carnadura humana, es también la confesión de un creasdor. En lo escrito por Helena Arellano leemos:

“Este es el Diario de P.

P de Penélope; de palabras ausentes;
de pujo constante; de puerta abierta; de posibilidad única;
de peregrinaje largo; de placer infinito; de puerto para atracar; de paciencia de filigrana; de pecado perdonado;
de pendencia (mejor que pendejera);
de perla preciosa; de pluma seca; de pura alma de poeta;
de ¿por qué no?; de postular libertad; de pivote que busca; de planos en otras dimensiones;
de pilote anclado; de presencia que se anhela, de puerco espín lejano y cercano;
de púrpura sagrado; de punto y seguido, puntilla, punta de lanza y puntillero;
de proyección en pantalla; de puesta en escena de ensueño; de potestad individual; de pesimismo abolido;
de permiso para sentir; de parnasianos versos;
de popelina blanca; de popa y proa de embarcación;
de pompas de jabón; de placenta que alimenta; de pinceles pintando un potpurrí de recuerdos;
de paleta empecinada; de pasteles que se esfuman; de pestaña que coqueta parpadea;
de perfil inclinado a contraluz; de piedra a la orilla del camino;
de pecho que amamanta; de pasión que se desborda;
de pasodoble bailado con él; de palma que se mece con el viento; de pavoneo cobarde; de papagayo enredado;
de pecera de paz; de pez en el mar; de paréntesis en largo abrazo;
de piragua que navega; de pira que llamea al cielo;
de pensamientos podados;
de péndulo oscilante; de palpitos rebeldes; de pelea sin sentido; de pelota que rebota;
de papelón con limón; de pedo policromado; de pellizco en una nalga; de polea que levanta;
de pelvis dislocada; de pelos ensortijados; de procurar alegría; de profano, vital y humano;
de palpar sin escudo al descubierto;
de peluche infantil; de pintoneo cuarentón; de piel erizada en candor; de prolongada ilusión;
de pregunta sin respuesta; de peroné engarrotado; de pólvora sin explotar; de prurito insatisfecho;
de pudor inusitado;
de pena hecha pega; de pulgar que deja huella;
de pequeño círculo íntimo; de perro perdido sin amo; de primavera sin flor;
de penitente personaje redimido; de porcelana alborada;
de perpetua perplejidad; de platónica bruma invernal; de pulsera atávica; de proeza acometida;
de perforar una coraza;
de purgatorio de Paolo; de primo lejano;
de príncipe con cetro de plata; de pase ceñido de buen torero;
de prejuicios enquistados; de promesas por cumplir; de prisiones y palacios;
de párrafos sin historia; de partitura silente; .
de prófuga furtiva lágrima;
de perseguidora sin saxo; de prostituta monacal; de pito sin hierba encendida; de perseverante aprendiz;
de Psique y Phryné (aunque no suene la p); de perspicaz pericia; de panache con mucha luz;
de pifia torpe y muy tonta; de propulsar un mensaje; de peor equivocación -pésimo error- escribir;
de proporciones sin medida; de pañuelo planchado en llanto;
de perorata excomulgada; de perturbación inconclusa;
de poltrona de lectura; de pitonisa bizqueante y ciega; de perspectiva oblicua; de prepucio que se oculta;
de paisajista pintor de patios; de perspicuo escritor; de pierna suelta;
de paloma despalomada; de pleno penetrar de risa;
de payaso fetiche y triste; de pesadumbre ligera;
de profeta sin moraleja; de páginas contagiosas; de pereza deliciosa; de pijama compartida;
de potaje nutritivo; de pergamino, papiro y papel, pan nuestro de cada día;
de pantera dionisíaca; de postigo que abre parajes pretéritos fantasmales;
de presente en un respiro; de piar de pajarito; de piano brillante en sonido;
de picardía, pimienta y pimiento rojo; de pomarrosas y puerros; de papas con perejil;
de paila para freír ajo y pimientos de piquillo;
de pandemónium o panal de abejas; de picadura de insecto; de pavor petrificado;
de peaje superado; de palidez de suave seda;
de paja tejida en sombrero; de pantufla o zapatilla;
de pervertido orden; de parece tierna emoción; de poco a poco una estrella;
de pieza de rompe-cabeza; de pupila dilatada; de píldora para dormir; de penumbra que aclarece;
de pared medianera; de palco para asomarse; de petunias perfumadas; de pesadilla o folia;
de puñal que hiere a muerte; de puchero de ojos tristes; de plomero muy siniestro o peluquero muy diestro;
de pillería de pimpollo; de patricio o de plebeyo; de peluca de disfraz; de parasol y paraguas;
de partida con retorno; de pabilo, cabos y nudos;
de puentes como el Pont Neuf o el Ponte Vecchio; de Pérgamo, Pompeya y Praga;
de pitillo en jugo de piña; de piñata sin romper;
de pespuntes invencibles e invisibles; de puntada zurcida y puntal que sutura;
de plazos sin vencimiento; de precipicio sin fondo; de proverbios olvidados;
de periódico de ayer con noticias de mañana; de patraña de pueblo cóncavo; de prudencia sin mesura;
de pastar con la mirada perdida; de plegaria piadosa; de pirámide con vista a Orión;
de pentagrama de ópera; de poseso por conjuro; de párvulo prosaico Pablito;
de pordiosero abandonado a su suerte; de patitieso partero;
de pánico a desistir abdicando; de precio alto el peligro de perfidia;
de plomizas nubes grises; de pretendientes tal Polybo y Pisandro;
de plaga y plagio enojosos; de pululan rimas y notas;
de pizzicato ostinato; de prólogo, preludio o principio; de primicia de alborozo;
de potro cerrero tascando freno; de pirueta de un caballo;
de pérgola de trinitarias; de paseo por verdes parques; de praderas de lavanda;
de patinar en París; de pirata en alta mar; de pepitas en vestido iridiscente; de polen en alas de mariposa;
de pétalo de una rosa; de pipistrello o papillon; de prisma que es un espejo;
de presea: preso de amor en besos;
de plácida brisa serena; de pastiche o de paella; de pasta al dente y de dientes;
de piñones y pistachos en arroz; de parrilla, pernil y parranda;
de planta que crece erguida; de palo de bambú pandeado; de plátano verde o maduro;
de plática con café; de piscina azul cobalto; de platillo elaborado y playa salada en ternura;
de polvorosas de azúcar; de plaza de un transeúnte; de piecesitos traviesos y citadinos;
de punta de bailarina; de panza de chaguaramo; de pliegues, arrugas y remolinos;
de paisaje de rostro lejano; de pomposo caballero; de pacifista paje pachón;
de precavido y cauto escucha; de paciente soledad;
de pasadizo secreto; de puya que hiende futuro;
de punzón que descorcha; de poema polifónico; de pulso de jadeante corazón;
de pulmón con resuello y resonancia; de pila bautismal y pozo de manantial;
de poro henchido en deseo; de prensa prendida en llamas;
de pretextos infinitos; de primera y última vez; de pronunciar todas las letras;
de plumaje de cisne blanco; de penacho de pelícano; de peñero en Pampatar;
de pulga y piojo enamorados; de par y no dos impares;
de península de refugio; de pensión para el descanso;
de pocillo para beber; de premonición efímera; de porvenir y destino -proceso de un devenir-;
de prueba humilde de entrega; de prisa y lenta premura; de profuso sentimiento; de pianissimo adagietto;
de perecedera razón; de pezón -convexo ombligo-;
de pacto con la verdad; de prístino propósito; de progresiones sucesivas de algún soneto de amor;
de pudo -puede- haber Vita Nuova; de providencial encuentro; de Pandora con su caja;
de prodigio milagroso; de profunda aflicción; de permanecer callada per saeculum saeculorum;
de pesar mío; de pues ni modo: así es;
de paraíso perdido;
de pusilánime realidad; de putrefacción trasmutada; de presumida mujer pizpireta;
de polvo que es lo que soy.

(Leído en el Circulo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque en su sesión de la tarde del martes 1 de septiembre de 2009).