Sábado, 19 de Agosto de 2017

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En Lugar del Corazón

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Silda Cordoliani(1953) somete a sus escrituras creativas a largo tiempo de elaboración, por ello años de demorado trabajo separan a cada uno de sus tres libros de cuentos: Babilonia.(Caracas: Fundarte, 1993. 85 p.), La mujer por la ventana(Caracas: Editorial Troya, 1999. 77 p.) aparecido seis años después y ahora el prodigioso volumen En lugar del corazón. (Prólogo: José Balza. Caracas: Bid & Co. Editor, 2008. 153 p.) publicado nueve años más tarde. Este es el promontorio de sueños, la heredad, que ella ha formado a través del cuento. Aunque de ella habría que esperar también la novela que sus especiales dotes nos hacen presentir. La esperamos.

El volumen En lugar del corazón lo preside un epígrafe de Djuna Barnes(1892-1982), de El bosque de la noche,”El recuerdo del pasado es todo el futuro que nos queda”(p.13). A la rememoración, a la memoria a través de la escritura, algo vuelve a aludirse en el relato “Del corazón todavía”(p.83-84): porque es posible el recuerdo, lo único que tenemos, lo que no perdemos, lo que podemos evocar siempre que lo deseemos.

A En lugar del corazón lo domina el tema del amor, las parejas, la amistad y los invade, en singular momento, la inundación política de estos días, en la subrayable narración “Del corazón todavía”.

Pero está también presente, no podía faltar, la meditación propia del creador quien reflexiona sobre su oficio. De allí una línea de su “Cuento en blanco”:“El tiempo es el mejor escritor”(p.50). O es lo se ha llamado entre nosotros “lo mejor de la tradición bellista”. Es decir escribir, guardar, volver a reescribir, pensar siempre que aquellas páginas no están terminadas. Tanto que don Andrés en vida no llegó a publicar ningún poemario, apenas un folleto con un poema. Fue un lustro después de su deceso que sus amigos caraqueños, los hermanos Rojas, Arístides(1826-1894) y José María(1828-1907), publicaron la primera recolección de su poesía en Caracas(1870).

Claro, pensamos, que eso es distinto de “escribir para la gaveta” tiene otros significados: porque es también el oficio del que escribe pero que como está perseguido por el poder que no le permite publicar, caso de El maestro y Margarita de Mijail Bulgavov(1841-1940) o del Doctor Jivago(1957) de Boris Pasternak(1890-1960) quienes escribieron sus novelas escondidos. O la gran Anna Ajmatova(1889-1966) cuya persecución llegó a ser tan intensa que cada mañana escribía un poema, se lo aprendía de memoria y luego lo tiraba en el fuego de la chimenea. Fue después que los transcribió. Todo esto sucedió en el llamado paraíso socialista en todavía hay quien lo desee ver establecido.

Y ese cavilar sobre el escribir es el que encamina al creador, quien logra “conducir su mano para adiestrarla en el trazo perfecto”(p.130) que es donde sale la obra acaba, como se lee en “La calígrafa”, otro de los bellos cuentos del libro de Silda Cordoliani que nos reúne esta tarde.

Sobre sus búsquedas con la pluma en la mano, o con lo dedos sobre el procesador, leemos: “Mis divertidos y díscolos relatos han adquirido tanta soltura y precisión de detalles que por momentos llegan a producir brillos de admiración en los ojos del agonizante; otras, hasta consigo una breve y sonora risa de Tilde…yo me veo tomando su lugar, dictando mis aventuras a Tilde para hacerlas perdurar sobre el papel”(p.135-136) como se lee también en “La calígrafa”, relato sintomático de todo este volumen.

Pero la reflexión sigue cuando leemos, otra vez en “La calígrafa”(que se pudo titular La escritora):“sin embargo todo el conocimiento que posee parece pequeño ante su gran imaginación, de donde surgen hechos y seres que excitan la mía cuando puedo alcanzar a discernir los sonidos de su voz ronca para sumergirme, en la atmósfera de extraordinarias composiciones que Tilde se esmera en trasladar al papel”(p.132). Y lo hace, como en “Sueño de Epifanía” “en la cálida habitación, lejos, muy lejos del yermo e infeliz paisaje”(p.148), sola, como debe estar todo escritor, porque no hay oficio más solitario que escribir, según Isaac Chocrón.

Sabe Silda Cordoliani también que escribir es un hecho casi onírico, “Lo soñado no puede ocupar nunca un lugar en la realidad”(p.29). Es el momento “de ese sueño-despierto dentro del cual, con mucho de inconciente, los escritores crean su obra” como anota Arturo Uslar Pietri(1906-2001), quien añade, en cogitaciones comprensivas, “De esa hora turbia…quedan los manuscritos…Están allí marcadas las reveladoras huellas del delirante minuto, la angustiada trama que tejió una frase eterna o la perpetua visión de un rostro humano, y al verlos le parece a uno que se asoma a la hora secreta de la creación, que logra sorprender subrepticiamente al escritor…Acaso hasta se podría adivinar el secreto ritual del escritor”(Las nubes. Caracas: Monte Ávila Editores, 1997,p.214). Por eso mismo en “La calígrafa” leemos: “para hablarle y hablarle sin parar refiriendo alguno de mis desordenados y múltiples relatos(medio inventados, medio verídicos) de onírico aventurero o de iniciado en un arte que defino transformador de basta materia en refinada civilización”(p.131).

El acto de escribir, tal y como lo encontramos En lugar del corazón está hecho con tal finura, tal delicadeza, en cuidadoso y bello escribir, intensa atmósfera de sensualidad, de sexualidad sin culpa, en estas ficciones cuyos sus protagonistas son casi siempre mujeres, y hay una mirada femenina a todo lo largo, los hombres aquí son casi siempre evocados. Todo esto coloca a este libro entre los más logrado del cuento venezolano, y no solo del de estos días.

Cuando tratamos de penetrar en la entraña de En lugar del corazón hallamos lo que define, a nuestro entender, que es el de un solo lector, el querer atrapar las palabras de otro, tal cuando leemos “Así terminó su largo cuento la vieja tía, aunque más largo fue tal vez el silencio que le siguió”(p.77) como se lee en “El don” o cuando escuchamos el tenso y adolorido relato de Begoña en “Verdades, mentiras y silencios”.

También lo que se comunica a uno de estos seres es tan intenso, que como se lee en “El don”: “se tuvo que tomar la pastilla para poder conciliar el sueño luego de tanta intensidad. No era fácil aceptar el desmoronamiento de aquella historia que había tramado durante años con dedicación y cariño, una historia de pasión absurda y arrebatada, la única que le podía dar coherencia y sentido al origen de su vida”(p.77).

Y ello porque nunca nada está claro, tal en ”El sueño de Annabella”, “Pero ni esta probable certeza me sirve para nada, no me ayuda a precisar, en este momento de absoluta confusión y ensueño, si toda esta historia sucedió en verdad; ni siquiera soy capaz de encontrarme, de saber si me llamo Anabella, o más bien Liz, o si acaso soy la espléndida Zoe, que culpable y recelosa atisbó el desenlace por una puerta entreabierta”(p.126).

Porque no sabemos donde estamos, ¿en la vigilia o en el sueño?, “De ser así, de no ser yo ninguna de las tres, me digo –aun sin despertar por completo-, tendré la prueba de que todo ha sido un sueño, y entonces estaré obligada a preguntarme en qué me corresponden esas tres mujeres y sus vidas imaginadas, de dónde surgen, en qué extraño lugar habitan dentro, muy dentro de mi, sobre todo, qué diablos intentan decirme”(p.126), trozo de “El sueño de Annabella”.

Los universos de estos relatos, ya lo hemos anotado, son la amistad, el amor y ciertos sucederes de nuestra escena pública.

La amistad, creo que no hay que repetirlo, se trata siempre de una honda experiencia vital, tanto que no se puede concebir a ningún hombre ni a ninguna mujer sin amigos. Y la amistad llega ser tan hondo suceso, en el cual se busca un alma gemela, que como lo leemos en “Cuento en blanco”: ”tras la primera conversación de trabajo presentí, en medio de un gran desconcierto, que la relación iba a durar para siempre: aquella mujer era justo mi revés, la otra cara de Jano que desde niña me he dedicado a mantener adormecida y oculta”(p.54). Jano es dios bifronte, de dos caras.

Y es la amistad la que nos lleva a encontrar seres en los que nos podemos mirar, sin que dejen, como todo lo humano, de ser misteriosos(p.55), como en “Cuento en blanco”. Tal amigos tan queridos como lo son Aitor y Mikel, Edurne y Begoña de cuento tan precioso como “Verdades, mentiras y silencios”.

Es el amor el que hace a las mujeres de estas fábulas pensar, por ejemplo una de ellas de Aitor, “era el príncipe que toda mujer ha soñado”(p.29); seres quienes tras hacer el amor, para que no deje de repetirse la experiencia de la intimidad, de toda intimidad: ”Ambos elevamos al cielo la misma oración. Como todos los amantes pletóricos, suplicamos que ese instante se hiciera infinito, suplicamos que ese instante se hiciera infinito”(p.65) como en “Océano”.

Pero también penetra en las crisis: dicen algunos(algunas) que toda infidelidad es muestra de un fracaso. Pero aquí leemos, en “Océano”, que es mucho más:”El momento más doloroso de una relación no está en la constatación de las infidelidades del otro. Lo realmente insoportables la certeza de que hemos sido incapaces de cumplir el juramento implícito en cualquier relación amorosa: la felicidad del otro”(p.67).
Lo que hemos denominado la inundación política de nuestros días, es tan grande y tan distorcionadora que no pareciera existir nada más. Ello llevó a Silda Cordoliani a concebir su estremecedor cuento ”Del corazón todavía”, el mejor relato que del acontecer del chavismo se ha escrito entre nosotros, aunque el suceder esta época trágica está apareciendo aquí y ella en nuestras letras, tal la singular noveleta de José Balza Un hombre de aceite(Caracas: Bid & Co.Editor, 2008. 127 p.). En “Del corazón todavía” su protagonista vive junto a “callados, sumisos, anodinos personajes de una trama incomprensible y ajena”(p.95), ve como los ideales de justicia social, de un vivir mejor para nuestra sociedad se perdieron en medio de “los atroces desatinos políticos”(p.93). Y se pregunta, vulnerada, “por qué ese sueño era ahora pesadilla”(p.93) porque su casa ha sido allanada, su compañero ha sido asesinado, solo le han entregado su cadáver y un pasaje para que se vaya a vivir a otro país, pese a que ella siente, como muchos entre nosotros, que “Aquí está mi vida, mi sangre, mi único espacio posible”(p.92).

“Verdades, mentiras y silencios” también roza lo político, el terrorismo, la ETA, aunque su esencia es la búsqueda de cómo murió, fue asesinado, se suicidio o simplemente está vivo, aquel amigo impar que fue Aitor.

Nuestra época, nuestro medio, nuestro país, nuestra ciudad, también se hacen presentes en estas narraciones, incluso la búsqueda de indentidad, que es siempre tema tan nuestro.

La Venezuela de hoy está aquí. Leemos en “Verdades, mentiras y silencios”: “Este país en que vivo, de constantes zozobras y horrores, te imaginarás”(p.42); los personajes se saben habitantes “de una de las ciudades más peligrosas del planeta…¿estaré habituada al horror”(p.24); sobre el tiempo caraqueño donde todo cambia y se altera a cada paso: “En esta ciudad el tiempo pasa no sólo para la gente, pasa también de manera inexorable para todo cuanto en ella existe”(p.31), cosa que escribe en medio de “la luz del cielo deslumbrante de Caracas en Diciembre”(p.37). Y porque de Noviembre a Febrero es cuando se dan las jornadas más bellas, de cielo azul, días también que a veces nos llenan de melancolía, con un Ávila tan verde.

Cerramos con la interrogante habitual:¿cuál o cuáles son los mejores cuentos de este libro, lleno de belleza, de hondo logro, de bellísima escritura. Nuestra respuesta es que creemos que no es nada fácil saber cuál son los mejores textos de En lugar del corazón porque hay una gran unidad estilística y temática a todo lo largo de sus páginas. De tal manera que estas elecciones que citaremos no nos deben alejar del conjunto, son casi escogencias personales, gustos, porque tratan de asuntos que tocan a mucho a nuestro espíritu. Ponemos por delante todos aquellos que tocan al amor.

En segundo lugar, que muy bien podría ser el primero,“Babilonia”, el relato que nos reveló a su autora como escritora de narrativa. En “Babilonia” de forma tensa miramos la iniciación sexual de una muchacha en la los días de la antigüedad, es casi perfecto en sus apenas cinco páginas y nueve renglones. Y sólo por su especial temática y pálpitos solo pudo ser escrito por una mujer.

“Verdades, mentiras y silencios”, por unirse en él lo afectivo junto con una insólita desaparición de un ser querido, “Del corazón todavía” por su sesgo político-humano y “La calígrafa” por su incursión en el desarrollo de toda invención literaria.

(Leído en “Círculo de Lectura” de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión del martes 19 de Enero de 2010).