Sábado, 19 de Agosto de 2017

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Elisa Arraiz Lucca entre la imagen y la escritura

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Por: R.J.Lovera De-Sola

El Perfil
La caraqueña Elisa Arraiz Lucca(1947) se presenta ante nosotros gracias a sus dos primeras novelas: Te pienso en el puerto.(Caracas: Ala de Cuervo, 2004. 195 p.), la cual, lo que es todo un logro para una escritora que comienza su carrera en las letras, ha tenido tres ediciones sucesivas y está siendo traducida al francés. A esta siguió Viernes a la sombra.(Caracas: Alfa,2007. 244 p.).

Tiene ella ya una tercera novela terminada Las siluetas del fuego, está en proceso de edición. Es relativa a la vida de la destacada española Zenobia Camprubí(1887-1956), esposa, desde 1916, y víctima, no se le puede llamar de otra manera, del poeta Juan Ramón Jiménez(1881-1958), aquella unión significó para ella la renuncia así misma, ya nunca más escribió. Todo esto lo conocemos hoy bien sobre todo después del retrato suyo que trazó la española Rosa Montero, dentro de los moldes de su feminismo radical, en sus Historias de mujeres(Madrid: Alfaguara, 1995,p.59-71).

Elisa Arraiaz Lucca es Comunicadora Social graduada en la UCAB habiendo egresado también por sus estudios en Dirección de Televisión de la Academia de las Artes del Cine y TV de Caracas, como especialista en el mundo audiovisual como guionista y directora de cine. Es también traductora intérprete de las lenguas inglesa-castellana, de la Academia Berlitz.

Su experiencia laboral siempre ha estado relacionada con la comunicación oral, escrita y audiovisual. Esta experiencia ha sido adquirida a través de proyectos relacionados con instituciones, entes gubernamentales, comunidades, grupos de opinión y medios de comunicación. Su labor ha dado énfasis a la producción de publicaciones, televisión, guión, doblajes, mercadeo, publicidad, análisis de tendencias y financiamientos. Elisa Arraiz Lucca ha sido Productora Asociada para la BBC-TV Londres para las series “Made in Latinoamérica” y “Music of the World”, guionista tradutora y directora de doblaje para estudios LAIN de programas de televisión y largometrajes; guionista del programa “Susanita y Morrocoy”; productora y directora del piloto de televisión: Europa en América.

Pero la vocación literaria tan sólida, aparecida en su plena madurez, estaba implantada ya en ella desde muy atrás, esta que le llegó la hora impostergable en que era ineludible sentarse a escribir. De allí ha brotado su obra tan celebrada por tantos lectores.

Te Pienso en el Puerto

No es casual que la primera novela de Elisa Arraiz Lucca, Te pienso en el puerto, suscite no sólo la atención sino la pasión en sus lectores porque a través de ella nos descubre un territorio, Carúpano y sus aledaños, apenas visitado por nuestra ficción. Quizá el hecho de que la narradora se desplace de la trepidante Caracas en donde se sitúa casi siempre nuestra novela, sobre todo desde los año cincuenta cuando esta se hizo plenamente urbana gracias a Salvador Garmendia(1928-2001), a otro espacio, hacia el interior, también le añade especial particularidad a Te pienso en el puerto porque con ella estamos ante lo que hemos denominado, en otros de nuestros apuntes de lectores, el neo-regionalismo, la inmersión de nuestros narradores en los territorios que la narrativa urbana olvidó, los cuales deben ser vistos hoy desde otras perspectivas, prácticamente desde la nostalgia y la melancolía por lo yo ido. Y en esto estriba, entre otros valores que esta bella novela posee, que tantos lectores haya suscitado Te pienso en el puerto.

El Neo Regionalismo

El camino del neo-regionalismo ya lo han venido marcado obras singulares de nuestra narrativa como El osario de Dios(1969) de Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990) que aunque pocos se hayan dado cuenta es una novela, con su mirada llena de saudade a la tierra cercana a Clarines y a Píritu; Compañero de viaje(1970) de Orlando Araujo(1928-1987), por los sucesos del piedemonte andino situado en Barinas, algunas novelas de Eduardo Casanova(1939) como Los caballos de la cólera(1972) o La agonía del macho Luna(1974) o una buena región, la mejor, de la escritura cuentística de Ednodio Quintero(1947) que puede ser bien seguida en su libro Cabeza de cabra y otros relatos(1993), en sus cuentos que suceden en pueblos de la montaña trujillana como Las Mesitas, lar nativo de este escritor, e incluso la Margarita, tan aclamda en estos años, de La otra isla(2004) de Francisco Suniaga, con su seis adiciones sucesivas acuesta. Parecen consolarse los lectores con estos territorios, aquellos recuerdos, esas otras instancias a las cuales también nos ha llevado, y bellamente, Elisa Arraiz Lucca, en Te pienso en el puerto.

Y para cerrar hay que decir que El osario de Dios del maestro Armas Alfonso tiene un significado tan grande para nosotros, tanto que constituyen nuestros Cien años de soledad, ¡nada menos!. El propio don Alfredo reconoció que para él leer a García Marquez había sido como mirarse en un espejo. Y otra observación sobre el neo-regionalismo: no deja de llamar la atención que en las letras latinoamericanas, volcadas a la ciudad en los grandes libros del “boom” de los sesenta se encuentren entre sus obras más significativas dos tomos interioranos: Cien años de soledad y el no menos magnífico, Grande Sertao: veredas(1956) del brasileño Joao Guimaraes Rosa(1908-1967). La observación que recogemos fue hecha por la agudeza de nuestro inolvidable Baica Dávalos(1919-1983) cuando escribió: “La década del sesenta vio surgir en América Latina un tipo de novela escenificada en su mayor parte en el ambiente de nuestras grandes ciudades: Lima(Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa), La Habana(Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante), Ciudad de México(La región mas transparente de Carlos Fuentes), Bogotá(Delirio de Laura Restrepo), Buenos Aires(Adán Buenosaires de Lopoldo Marechal), Río de Janeiro(El gran arte de Rubem Fonseca), son hoy los teatros en que se desarrolla una nueva novelística…Pero es curioso observar, que dos excepciones a esta regla que parece cumplirse cada vez con más precisión, sean dos libros tan excepcionales como Cien años de soledad…y Gran Sertao: veredas del brasileño Joao Guimares Rosa. Esta observación nos tienta…a plantearnos una pregunta cuyo objeto no sería otro que el de servir de punto de arranque…¿vivimos en grandes ciudades, en pueblos semicoloniales del interior, en medio de una vasta naturaleza aun misteriosamente salvaje y oscura?”(“Gran Serton: la última gesta de caballería”, en Ruido de nueces. Valencia: Universidad de Carabobo, 1974,p.100).

Pasando las Hojas

Entrando en Te pienso en el puerto debemos decir que estamos ante una novela histórica, de hecho su suceder va desde los años cuarenta del siglo XIX hasta comenzado el XX en 1902, es por ello novela de la memoria y del recuerdo. Y que sea una reconstrucción de otros días no obliga a responder otra vez el por qué del constante cultivo de la narración histórica entre nosotros: consideramos que ello se debe a las grandes y graves preguntas que sobre su devenir se hacen los venezolanos hoy ante este presente caótico y anárquico. Debemos responder que somos y hacia donde vamos y ello sólo lo puede responder la historia y en el campo de la literatura fabulada la novela y el cuento histórico. La historia es tan esencial en la vida de los pueblos, tanto en un país como la Venezuela de estos días que vive lo que hemos denominado la gran introspección nacional. Tanto es así que bien vale la pena recordar lo que un clásico de nuestra lengua, el jesuita Baltasar Gracián(1601-1658), escribió en el siglo XVII, en pleno barroco, sobre la historia: “gran madre de la vida, esposa del entendimiento e hija de la experiencia…la que más deleita y la que más enseña”(El palacio sin puertas. Caracas: Monte Ávila Editores, 1991,p.48). La historia, dijo el mismo pensador, nos hace avisados. De allí su cultivo a través de documentos o su reinvención a través de la imaginación y a la fantasía. Así a la vez que hace la memoria, en forma apacible y armoniosa(p.31) como ella misma lo escribe con esas dos palabras, de unos años en el oriente de nuestra costa caribeña, Elisa Arraiz Lucca nos lleva un lugar en donde estamos ante el deslumbrante trópico(¿se puede cambiar por algo ver un amanecer el golfo de Paria? Quizá sólo por el deslumbramiento que ha poseído a este crítico al atravesar La Gran Sabana o subir, desde Barinas o desde Valera, al páramo merideño). Por ello una de las mujeres de la novela expresa: “Contemplar desde un banquito la puesta de sol en la bahía de Carúpano es lo que más adoro”(p.105).

Vemos allí llegar a los inmigrantes corsos llegando al puerto de Carúpano. La gente de la isla mediterránea de Córcega, donde nació el Gran Corso, Napoleón Bonaparte(1786-1821), son los que han dejado su impronta en nosotros, los Pietri(de don viene don Arturo Uslar Pietri), los Velutini(de donde viene Juan Liscano), Francheschi, Raffali, Massiani(de donde vienen los dos escritores de ese apellido, Felipe y Pancho), Prosperi y otros. Y con ellos, mirándolos en los afanes constructivos a lo que se dedican de su llegada podemos mirar, gracias a la pluma de Elisa Arraiz Lucca, aquella Venezuela de la guerras civiles, el país, mirado desde aquella rada desde los años cuarenta del siglo XIX hasta el paso del Benemérito por allá en 1902, tiempo durante el cual en medio de aquellas contiendas que no se detenían Carúpano y sus cercanías parecía ser, pese a todo, un oasis de paz y trabajo. Aquellos trasterrados quienes comprendieron con amargura, se lee en Te pienso en el puerto, “que jamás llega una ayuda de los gobernantes para el extranjero que viene, como nosotros, a abrir esta región hacia los comercios europeos”(p.39).

Un lugar de donde comprender la esencia de Venezuela: “Este es un país privilegiado que va bien a pesar de estar en manos de unos insensatos”(p.57) dice un personaje. Otro comprende algo que sucede cada día, de allí que la novela histórica sirva para trazar paralelismos, “Es casi imposible aislarse de la política en Venezuela. Nosotros, aquí en Carúpano, sabemos todo lo que pasa en Caracas porque contamos con el telégrafo y sabemos todo lo que pasa en Francia gracias al cable con El Havre. Estamos completamente conectados con el mundo”(p.150).

Incluso hay quien comprende que “este es un país de contrabandistas” (p.125), cosa que hemos sido siempre, desde la colonia, por lo cual siempre “la corrupción es lo antiguo, la democracia lo nuevo”, según el apotegma del maestro Ramón J. Velásquez.

Desde cierto momento aparece en la narración la figura imperiosa del general Antonio Guzmán Blanco(1829-1899) en su intento dramático de poner orden y dar marcha y desarrollar al país modernamente a través de la paz, de la tierra yerma y arrazada crear un vergel. Intento frustrado tanto que el principal biógrafo del Autócrata Civilizador, Tomás Polanco Alcántara (1927-2002), señala que lo que encontramos cuando examinamos a aquel presidente es una tragedia, la del que intentó poner las bases de la modernidad, que el había visto en los Estados Unidos y en Europa, y luego los caudillos rompieron aquellos fundamentos. Fallidos han sido siempre lo intentos de los magistrados que han llegado a gobernarnos preparados y con un programa de acción y nunca lo ha podido realizar. El único que lo pudo hacer, sin especial cultura, fue el general Juan Vicente Gómez(1857-1935): y ello a cuerazos, con un látigo en las manos, obligándonos.

Viernes a la Sombra

En la segunda bellísima novela de Elisa Arraiz Lucca: Viernes a la sombra se lee “Somos únicos ante el mar Caribe”(p.187) porque toda ella se espiga desde una playa de nuestro litoral en donde se siente el sonido de las olas, está su cielo azulísimo, alumbra su cálido sol, se ve el verde mar y se siente su olor. La presencia del piélago hermana a Te pienso en el puerto con Viernes a la sombra. Y desde esa costa se explayan los sucesos que en esta ficción se suceden: todo aquello que acaece a dos primos a los cuales la abuela les regala una casa cercana a ese piélago nuestro, dos parientes que se aman intensa y dulcemente, desde niños, con ese afecto tranquilo que no hay quien pueda contra él porque es tan sólido como El coloso de Rodas.

Pero su autora muestra en ella una historia entrañablemente nuestra, sólidamente caraqueña porque los nacidos en esta urbe nunca nos hemos podido divorciar de nuestro mar, jamás. Y desde esa doble vivencia, la de la ciudad de Caracas y su ponto cercano, tan amado por nosotros como el Ávila entrañable, acaece todo lo les sucede a estas criaturas, seres que recuerdan vivamente todos los sucesos sobrevenidos en el país desde la resistencia contra Pérez Jiménez, el pacto de Punto Fijo, las guerrillas, la pacificación hasta el “viernes negro”. Pero también el mayo parisino de 1968, el San Francisco con los hippies y la Miami del “tabaratismo”.

Pero lo que nos hace no soltar este libro es que por primera vez tenemos la visión “socialcristiana” de nuestro acaecer, una historia que así como ella lo hace no había sido contada y la requerimos para completar el cuadro de esa época. Obra iniciadora la podemos llamar porque por largo tiempo nuestra novela ha estado en manos de la izquierda marxista como con Otero Silva o en los dedos de los liberales(Uslar, Meneses, Herrera Luque) pero nunca antes hemos visto todas estas vivencias y las historias de sus propias personas con los ojos del humanismo cristiano y a través de aquellos inolvidables como el librero Julio González, quien hizo leer aquí a Jacques Maritain(1882-1973), Ignace Lepp(1908-1966) o Emanuel Mounier(1905-1950). Julio González murió en el terremoto de 1967(ver nuestro “Julio González, energía vitalizadora”, El Universal: octubre 10,1967). A su memoria escribió Aquiles Valero(1943-2007) su sentida elegía Catorce estaciones en la ruta de los cipreses(Caracas: Tipografía Vargas, 1968. Páginas sin numerar; en su Signo de estaciones. Caracas: Fundarte, 1982,p.99-105). González desde su librería “Nuevo Orden” divulgó las ideas que hicieron plena la vida de los que siempre vivenciaron tales concepciones, las que los llenaron la vida así las concepciones social-cristianas se hayan perdido en la política venezolana por la corrupción y el parricidio y los idealistas se hallan alejado del partido cuando su líder Rafael Caldera fue “excluido” de entre ellos.

Mayo 7,2009