Domingo, 25 de Junio de 2017

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'El Ultimo Fantasma': El Gran Ajuste de Cuentas

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Por: R.J.Lovera De-Sola

La nueva novela de Eduardo Liendo(1941): El último fantasma.(Caracas: Alfaguara, 2008. 198 p.) es una fascinante invención, deliciosa y por largos pasajes divertida. Era también una pieza que nos faltaba en el proceso de la novela venezolana de la violencia de los años sesenta, aunque ella es más bien un necesario ajuste de cuentas con el marxismo-leninismo que había que hacer. Su protagonista no puede ser más claro: un ex guerrillero venezolano de los años sesenta quien es también escritor, el propio Liendo es ambas cosas, por la cual la novela no escapa a lo autobiográfico y a la propia memoria personal. Es El último fantasma obra también de quien ya ha hecho la necesaria autocrítica de aquello en lo cual participó y ha comprendido los verdaderos signos de nuestro tiempo, de hecho esto está en su también veraz novela El round del olvido(Caracas: Monte Avila Editores, 2002. 506 p.) a punto de ser reeditada por Alfaguara.

Los Guerrilleros
Hoy en día la generación de guerrilleros de los sesenta debe ser bien comprendida. El por qué de lo hecho y su renuncia posterior tanto a la violencia como método de lucha como al marxismo como idea están presentes y deben ser comprendidas. Ya lo hizo Liendo en El round del olvido pero lo han hecho también otros escritores venezolanos. Pero debemos decir hoy también que si se quiere comprender lo que hicieron estos muchachos y muchachas, quienes rayaban los veinte años en 1962, el momento de la decisión del levantamiento, aunque ya en 1961 se habían llevado a cabo algunos hechos, los presenta el único historiador que hasta ahora ha tenido aquel movimiento: el italiano Luigi Valsalice, seudónimo de un alto funcionario de los organismos internacionales, en su Guerrilla y política: curso de su acción en Venezuela,1962-1969(Buenos Aires: Pleamar, 1975. 213 p.), libro seriamente imparcial, ampliamente documentado. Al margen sea dicho hoy que se han publicado todos los documentos de la guerrilla que cayeron en manos del gobierno. Están en un libro compilado por Luis Vera Gómez(1918): La subversión armada,1964-1967 en sus documentos.(Prólogo: Simón Alberto Consalvi. Caracas: Fundación Rómulo Betancourt, 2006. 703 p.)

Volviendo a nuestro asunto debemos anotar que todos aquellos seres eran un grupo de jóvenes llenos de ideales, el de justicia social unida en todo espíritu siempre, en todo hombre y en toda mujer, marxista o cristiano, en todo ser humano. Pero estos jóvenes, que fracasada la guerrilla fueron nuestros compañeros en la universidad, “los vencidos”, como lo hemos denominado en otro trabajo, eran un puñado de gente bella que quiso alumbrar, equivocadamente otro tiempo, y se entregaron a la acción. Una generación, que como lo declaró el mismo Liendo, hace más de dos décadas a la periodista Lenelina Delgado, que “se equivocó soñando, el error estuvo en que nosotros no supimos interpretar las claves de la realidad, pero no soy un renegado del sueño, tampoco soy un obsecado que no haya sacado por lo menos reflexivamente las lecciones del fracaso político”(El Universal, Caracas: septiembre 19,1982). Casi todos aquellos jóvenes los que nosotros tratamos, fueron nuestros compañeros en la universidad, de cuyas confidencias se nutre este testimonio no de otras vivencias, sentía que habían sido utilizados por los políticos de mayor edad, que sólo aspiraban al poder, enviándolos a la acción y a la muerte porque no es lo mismo morir por una causa en que se cree, como lo hizo Ernesto Guevara de La Serna(1928-1967), que mandar a morir a otros. Este, el de la vivencia personal, de lo escuchado en confidencia, es a lo que nos referimos. Eso escuchamos. Y con este testimonio no queremos ni polemizar ni herir a Eduardo Liendo que tiene sus ángulos de expectación propios, distintos al nuestro. Pero eso que decimos fue lo que escuchamos estremecidos. Y entre todo lo que nos comunicaron no podemos olvidar el relato de lo que le sucedió a un joven guerrillero de veinte años, hoy nuestro notable poeta Reynaldo Pérez So. Un amanecer se despertó en su campamento guerrillero y descubrió que estaba solo, los demás guerrilleros habían huido, lo habían abandonado. Además no estaba muy claro del lugar en donde se encontraba. Comenzó a andar por aquellos sitios, lo hizo durante semanas, no murió de hambre por haber logrado conocer cuáles eran los frutos de los árboles que se podían comer. Caminó durante semanas. No podía salir a la carretera porque al estar vestido con su uniforme verde oliva sería inmediatamente capturado por el ejército. Por ello anduvo durante días hasta que una jornada se acercó hambriento a un ranchito. Allí quienes vivían le dieron de comer y la ofrecieron ropa civil. Estas buenas gentes no los delataron. Pudo así salir, siguiendo las indicaciones que el campesino del dio, a la vía pública y seguir hasta su casa. ¿Es posible olvidar un relato como? En ello, y estos recuerdos que escuchamos en aquellos meses finales de 1968 y principios de 1969 nos basamos para afirmar que los muchachos habían sido abandonados. Habían sido empujados antes a la insurgencia y luego olvidados. Desde luego hubo, como señaló Eduardo Liendo, la primera vez que nos escuchó leer estas páginas, dirigentes que apoyaron a los muchachos. Pero la mayoría no. Es verdad, por ejemplo, que Teodoro Petkoff subió un tiempo en la montaña y que Pompeyo Márquez fue fiel a la palabra empeñada. Pero lo que pervivió fue el abandono y el olvido. No hay que olvidar aquello que relata Angela Zago en Aquí no ha pasado nada sobre un día en que las guerrilleras en su campamento del estado Lara, el que dirigió Argimiro Gabaldón(1919-1964), un hombre honorable, un hombre decente como nos dijo un día Angela Zago, campamento en el cual estuvo también Liendo, recibieron una serie de cajas con objetos que les enviaban desde Caracas. ¿Y qué habían en ellas?: ropas con las cuales sólo se podía asistir a una fiesta, incluso varios pares de zapatos de tacón. Algo que parece inverosímil pero sucedió. Y todo esto sin olvidar los inicuos fusilamientos en Falcón dentro de la propia guerrillera, ordenados por los propios guerrilleros, hoy muy bien documentados tanto en el libro de Vasalicce como en Los farsantes de Clarita Posan. Fueron estos los que dieron vida sin duda al gran canto en defensa de la vida que está en la novela No es tiempo para rosas rojas de Antonieta Madrid. Pero así fue. Solo damos testimonio de lo escuchado. En los años en que escuchamos esto Eduardo Liendo, fiel a su ideario de aquellas horas, había sido preso político, de lo cual da cuenta en su novela Los Topos(1975),y vivía entonces exilado(1967-1969) en la Unión Soviética. Nuestros compañeros sentían que no los habían secundado, que los habían olvidado después y más tarde, como nos tocó ver a nosotros, se molestaron aquellos dirigentes por los libros que ellos escribieron en que se enjuiciaba a quienes mandaron a otros a dar la vida por la construcción de una supuesta revolución imposible y cuando se les reclamó dijeron que se habían equivocado, que ya no les pasaran más la factura. Pero lo exguerrilleros debían hacerlo porque sucedía que los que los rodeaban eran los cuerpos inertes a aquella bella y limpia generación que aquellos dirigentes habían mandado a morir sin acompañarlos con el propio testimonio de vida. Todo esto lo pudimos ver cuando dos valerosas mujeres, ligadas a la lucha armada, en la que habían actuado por convicción, escribieron sus hondos libros autobiográficos en donde estaban las acusaciones. Nos referimos Angela Zago en Aquí no ha pasado nada(1972) y a Clara Posani en Los farsantes(1976). Y al margen: no se si los lectores se han dado cuenta que Aquí no ha pasado nada es uno de los libros más hondamente femeninos que se han escrito entre nosotros.
De todo esto podemos dar testimonio esta tarde no por haber sido ni guerrillero, ni marxista, nosotros somos un humanista cristiano, pero si por ser uno más de la misma generación de los sesenta en quienes todo aquel suceder dejó su huella. Pero en la universidad nos encontramos con aquellos compañeros que habían bajado de la montaña. Intentaban rehacer sus vidas. Algunos lo lograron. Otros eran apenas desechos humanos, enfermos físicos y psicológicos, llenos de temores, de miedos, con el camino perdido. Otros cayeron en la delincuencia, tal y como lo podemos leer en el cuento “Altagracia y otras cosas”(El Nacional: agosto 3,1969) de Carlos Noguera(1943), después incorporado, como uno de sus fragmentos, a su novela Historias de la calle Lincoln(1971). Todo esto que decimos, situado entre la crítica literaria, la historia y el testimonio personal hay que tenerlo en cuenta para comprender a fondo a Felisberto, el ex guerrillero y ex comunista protagonista de El último fantasma.

Los Libros de la Violencia
Y los escritores que habían entre los insurgentes produjeron las obras literarias que nos dan cuenta de aquella rebeldía, las cuales no son para nada deleznables dentro de nuestras letras. Hemos escrito: los creadores que había entre los guerrilleros porque los que no eran gente de letras, quienes también escribieron, no lograron hacer obras de valor literario alguno, esos libros quedaron de lado, perteneciendo a la serie de los que denominamos los libros que primero se leen y después se olvidan. Los libros de los no-escritores fueron obras de emergencia, aquellas que todo militante se siente en la necesidad de escribir para dejar constancia de su acción. Incluso porque cuando un militante no está actuando, porque está preso o viviendo en la clandestinidad, siempre termina escribiendo un libro con el cual dejar constancia de lo vivido. Pero insistimos: la mayoría de esas obras tenían escaso valor literario, a sus autores les bastó publicarlos, luego desertaron de la literatura porque no eran escritores, se alejaron de las letras incluso aquellos en quienes se sentía al leerlos la posibilidad de que vertebraran una obra literaria válida, como podrían ser los casos de Héctor D’Lima, Julio Jáuregui u Octavio Beaumont, cuyos Tiempos difíciles(1972) no dejan de ser todo un logro literario, pero no reinició como tampoco lo hicieron ni D’Lima y Jáuregui, este últimos quien en algunos relatos de su Final de otro sombrío(1973) y en varios pasajes de su novela Bracamonte(1977) nos hacía ver la presencia de un escritor. Pero ninguno reincidió porque no eran un hombres de letras, era sólo activistas necesitados en dejar constancia de sus vivencias, dolorosas todas para estas generación porque fueron el testimonio de sucesos frustrados. Y lo fueron porque la realidad ofrecía otros datos que no fueron examinados, tal como lo indica Liendo en la declaración suya que hemos citado antes: era imposible imponer una revolución, que iba a terminar en una terrible dictadura, como lo ha sido en todos los países llamados socialistas, en un país que luchó por derribar la autocracia de Pérez Jiménez, hecho sucedido tres años antes de la insurrección de la izquierda contra la democracia. Y no tuvieron eco, la gente no los siguió. Basta recordar un hecho: en las elecciones de 1963 la izquierda llamó a la abstención y la gente votó para elegir a Raúl Leoni presidente. Y además era imposible también implantar unas guerrillas rurales en un país en franco proceso de urbanización como es el nuestro cuyos grandes sucesos contemporáneos han acaecido en sus urbes. Y que los marxistas nunca ha sabido interpretar nuestra realidad está claramente expresado en varios parlamentos de la obra El día que me quieras(1979) de José Ignacio Cabrujas(1937-1995), tanto que el propio Gustavo Machado(1898-1983) le confesó al dramaturgo lo verdadero que era su planteamiento: “nosotros éramos así” le dijo uno de los primeros marxistas venezolanos, conocedor de esas doctrinas antes de que apareciera Pío Tamayo(1898-1935) en la Caracas de 1926 a divulgarlas, lo cual no le quita nada a lo hecho por Pío Tamayo porque en aquellos años tanto Machado como el doctor Salvador de la Plaza(1896-1970), otro de los pioneros del marxismo entre nosotros vivían en el exilio impuesto por don Juan Bisonte, por lo cual ni siquiera estuvieron aquí cuando en 1931 se fundó el partido Comunista. Y ninguno de los dos, ni Machado ni de la Plaza, actuó en política dentro del país sino después de la muerte del tirano, época en la cual Gustavo Machado, en un acto en el Teatro Municipal, se confesó públicamente marxista, siendo el primer venezolano en hacerlo. Nuestros comunistas eran unos soñadores, unos Pío Miranda, como se llama el protagonista de El día que quieras, en cuyo nombre y apellidos evocó Cabrujas a dos de nuestros grandes utopistas: Francisco de Miranda(1750-1816) y Pío Tamayo. Pío Miranda pensaba más en lo que podía hacer en una granja de la URSS stalinista y no en la Venezuela de Gómez que eran la que tenían ante si. Y esto de estudiar e interpretar la realidad es principio marxista, que entre nosotros lo hallamos inculcado en papeles del archivo personal del doctor Salvador de la Plaza, otro de nuestros primeros comunistas, hombre de convicciones e ideales a quien tuvimos la suerte de conocer, tratar e interrogar en los meses finales de su vida gracias a su compañera de toda la vida, con la que nunca se casó, la periodista Carmen Clemente Travieso, en cuya casa de San José se llevaron a cabo nuestros coloquios con el viejo De la Plaza(ver El archivo de Salvador de la Plaza. Caracas: Ediciones Centauro, 1992,t.I,p.136-140,249,251).

Aquel Proceso en Letras de Molde

Pero tenemos como obras claves de este proceso: Entre las breñas(1964) de Argenis Rodríguez(1935-2000), País portátil(1969) de Adriano González León(1931-2008), No es tiempo para rosas rojas(1975) de Antonieta Madrid(1939), las Historias de la calle Lincoln y La flor escrita(2003) de Carlos Noguera, esta última obra la mejor de todo su escribir, El diario íntimo de Francisca Malabar de Milagros Mata Gil(2002) o Los últimos espectadores del Acorazo de Pontemkin(1999) de Ana Teresa Torres(1945). O la magnífica pieza de Ugo Ulive(1937): Prueba de fuego(1981), donde todo el proceso de aquella insurrección está concentrado en sus memorables diálogos. Ante la sala en que se escenificaba vimos un día al guerrillero Douglas Bravo haciendo cola para verla. Otra día estuvimos sentados al lado del líder comunista don Gustavo Macchado. Y después, esto no se han tenido bien en cuenta esto todavía, las historias de los hijos de los guerrilleros, los vástagos abandonados por las padres quienes se fueron tras sus quimeras, tal Juana la roja y Octavio el Sabrio(1991) de Ricardo Aguaje(1959), del que tuvimos la suerte de ser su editor cuando en Monte Avila Editores lo rechazaron, y que es singular, igual largos pasajes de Azul petróleo(1998) de Boris Izaguirre(1965), que es la novela que le da un lugar propio dentro de nuestra ficción, reafirmado más tarde con varias obras dignas de todo elogio como es su Villa diamante(2007). Tan complejo es todo este proceso literario que ha dado lugar al denso análisis que nos ofreció, hace pocos meses, Gisela Kozak en Venezuela, el país que siempre nace(Caracas: Alfa, 2007).

Los Humanistas Cristianos
Debemos decir también, para que se nos entienda, que para la generación de social cristianos a la que pertenezco sino buscábamos el marxismo para practicarlo si lo estudiamos a conciencia. Y al unísono surgió en aquellos años, 1965 es la fecha, la Teología de la liberación, propuesta por el jesuita peruano Gustavo Gutiérrez, quien aun vive, para dar testimonio de sus ideas, en un barrio marginal de Lima. Marxismo y cristianismo se unieron entonces, la Iglesia se acercó gracias a ella al mundo de la pobreza. Fue aquella también la década del Concilio Ecuménico Vaticano II(1962-1965) y del “aggionamiento” eclesial. Y esto lo decimos porque para comprender bien todo lo que Eduardo Liendo nos cuenta tan bien en El último fantasma, no hay que perder esto de vista, hay que conocer las mil fluctuaciones del marxismo desde que el viejo barbudo gruñón la expuso en Londres hasta que transformada por Lenin, sobre todo en El estado y la revolución, llegó al poder en el otoño de 1917 cuando fue asaltado el Palacio de Invierno en San Petesburgo.

Socialismo
Y hay un hecho más: en la Venezuela de Chávez, quien aparece como el “locato Papa Upa”(p.43,83) varias veces en la novela de Liendo, se ha vuelto a hablar de socialismo y de marxismo, y, sobre todo de algo que no existe en la teoría política, “el socialismo del siglo XXI”. Esto sería asunto largo e interesante de analizar pero no es nuestro tema esta tarde. Sólo queremos recomendar una cosa: el socialismo fue vencido, cayó, es historia. No puede ser revivido. Sólo los dinosaurios marxistas, esos viejitos de pelo blanco, personas derrotadas, tanto que ni siquiera logaron llegar nunca ni a ser diputados en lo que ellos denominan la “cuarta república”, esos que siguen a Chávez y aparecen en el Canal Sur o en Venezolana de Televisión o en Vive TV, son los que esperan que la noticia de la caída del Muro de Berlin sea rectificada. Nada de ello es posible. La historia no es hacia atrás sino hacia adelante. Pero pese a ello la única forma de rebatir a estos matusalenes es volviendo a estudiar, lo que nosotros recomendamos, todo el movimiento socialista, que se inició en Francia en los años cuarenta del siglo XIX, que hecha sus raíces en las ideas de Gracchus Babeuf(1706-1797), eso que se denominó el socialismo utópico, el nombre se lo puso Federico Engels(1820-1895) para diferenciarlo del socialismo científico que cultivaban Carlos Marx(1818-1883) y él. El socialismo utópico que fue una de las grandes corrientes humanísticas del siglo XIX, tanto que a través de una de sus más bellas figuras, Flora Tristán(1803-1844), dio materia a Mario Varga Llosa, siempre apasionado de estos asuntos, para escribir su gran novela El paraíso en la otra esquina(2003). Recomendamos por ello para poder realizar una polémica intelectual serena y sensata un buen conocimiento del socialismo y del marxismo.

Pero además hay que estudiar y explorar ahora, está engolfado dentro de una errónea exposición del socialismo a la que asistimos, aquello que es lo que define al chavismo: el fascismo, como lo puede comprobar bien que siga sus pasos y conozca el desarrollo del fascismo que aquí nos ha llagado por la vida: Mussolini-Hitler-Stalin-Castro. Los mejores argumentos sobre este punto los desarrollo a tiempo, en 1998, Manuel Caballero en Contra el golpe, la dictadura militar y la guerra civil(1998) y hace poco el mexicano Enrique Krause en El poder y el delirio(2008). Y cerramos: la única forma de enfrentar este debate, que como verán mucho tiene que ver con la novela de Liendo, es esgrimiendo argumentos históricos bien comprobados. No políticos, no podemos utilizar los personajes históricos, seres de un lugar y un tiempo, como un arma porque así no pueden ser entendidos. Las falacias históricas del chavismo(y de la oposición porque ahora existe también el bolivarianismo escuálido, pernicioso también porque es anti-histórico también) sólo pueden ser respondidas con argumentos de la historia pero utilizados desde el punto de vista histórico. Esta para rebatir la falsa interpretación del socialismo, colocar nuestra historia en su cauce, rebatir la especie de que el Libertador fue socialista, tendencia que no existía en su tiempo. Y termino con una bautade: el único contacto que Simón Bolívar tuvo con el socialismo fue cuando conoció a la bebe Flora Tristan en el París de 1804, cuyas papás eran queridos amigos suyos.

Dentro del Libro

Y como se verá es mucho lo que podemos decir de lo que nos plantea Eduardo Liendo en El último fantasma. Pero entrando en su sabroso libro debemos señalar que la aparición de Lenin(1870-1924) ante el novelista en esta Caracas en donde vivimos hace a buena parte de esta novela un sabroso ejercicio de ciencia-ficción si por ello entendemos, y es una de sus zonas, cualquier comentario satírico o alegórico sobre el presente. Y esta novela lo es.

Por ello el narrador-protagonista, Felisberto, dice: “No tuve duda en reconocerlo…exclamé en mi interior, ¿qué hará aquí en mi apartamento a estas horas el camarada Vladimir Ilich Ulianov? O sea, el mismísimo Lenin”(p.19). Y prevenido le dice:“La advierto que no haré ningún caso a su pretensión de utilizarme. Se qué desde hace algún tiempo me ronda. Sé bien que es usted el último fantasma, señor Lenin”(p.24), y eso porque para los antiguos marxistas: “Lenin, un viejo fantasma de la memoria”(p.40).
Y por eso junto al líder repasa el pasado, lo recibido por un joven(¿incauto?) de los sesenta del comunismo, de su encuentro con los ideales que para los latinoamericanos de aquella época, significaban el radicalismo en su época, aunque ya se habían petrificado en la URSS, desde muy atrás, de hecho la generación que llevó a los bolcheviques al poder murió desengañada, también ello sucedió al norteamericano John Reed(1887-1920), el autor de los Diez días que conmovieron al mundo(1919), quien, sin embargo, está enterrado en el muro de Kremlin, ante la tumba de este libertario nos detuvimos un día.

Por ello le dice Felisberto a Lenin: “Lo cierto es que aquel joven vehemente y fantasioso creía haberse topado entonces con una contundente verdad…Sólo ignoraba que como verdad revelada, era una puerta de entrada al fanatismo. Una verdad encaramada sobre las alas de la revolución social, con la poderosa cabeza desgregañada de Karl Marx y las manos temerarias de Vladimir Lenin. Aunque ese fin revolucionario tuviera que imponerse mediante la violencia, y para mantener el poder se requiriera de más sangre y más violencia. No sé por que carajo pensaba que en el fondo era un asunto humanístico.¡qué bolas!”(p.44).

Y Felisberto se recuerda en Moscú: “Fue un bello espectáculo el de aquella noche, señor Lenin; solo que entonces yo no era consciente de que mucha gente sufría en las prisiones la represión política por cualquier disidencia”(p.49) porque era entonces: “Creyente de su descomunal leyenda, de su agudeza visionaria, de la sabiduría de sus escritos, de su supuesta grandeza de alma, señor Lenin”(p.61) porque como también lo dice en su fantástico palique con el líder: “la verdad es que la honestidad es lo único que nos ha quedado de aquellas románticas aventuras revolucionarias juveniles, ya somos otro”(p.65), es decir otro hombre, más humano, un excomunista.
Pero en toda la izquierda mundial y por lo tanto la venezolana: “Se acostumbraron tanto, que no vieron el descalabro de los mitos y de las tesis derrotadas por la realidad. Se negaron a considerar que el objeto de su amor ya no era el mismo”(p.83), quisieron lo que aun hacen hoy los derrotados de la izquierda, incluso entre nosotros, tratar de revivir lo que ya sólo es historia, lo que pertenece al “basurero de la historia”, lo que solo es el “socialismo mortuorio”(p.149) como lo leemos en esta obra, lo que ya no será más, lo que no puede volver a ser porque fue derrotado por la propia realidad, incluso por la potencia creadora del capitalismo, no sólo sistema económico sino político, sistema democrático y sistema de vida, al menos desde la revolución inglesa del siglo XVII(1688), y la norteamericana(1776) y la francesa del siglo XVIII(1789), todavía odiadas por los derrotados comunistas. Y en verdad el devenir es hacia adelante. Nunca hacia atrás. Y por no interrogar la realidad, por no comprenderla, nada pudieron construir. Aquel paraíso socialista se convirtió en un infierno. En la URSS, como fue bien comprobado, la carestía era tal en sus últimos tiempos que las gentes preferían matar a los niños para no tener que compartir con ellos la poca comida que había. Es a esa anti-utopía a la enjuicia Felisberto, el alter ego de Liendo.

Y Lenin mismo, aunque no creía en la necesidad de la libertad para los pueblos, como confesó un día en su oficina en el Kremlin, no pudo percibir, murió muy temprano(o como creen algunos especialistas fue asesinado por orden de Stalin) sin poder percibir en aquello en se convertiría el gobierno instaurado tras la toma de la Palacio de Invierno. Por eso aquí leemos su lamento: “Yo quería el cielo para lo trabajadores, pero probablemente haya sido el portavoz del infierno”(p.117), dice Lenin.

Al comprender aquella realidad, a darse cuenta que el camino para la justicia social no era aquel, Felisberto se apartó. “Sólo dejé de ser comunista, algo importante para mi”(p.125) dice el protagonista porque sin duda los ideales de un vivir mejor, de una sociedad que dé felicidad a sus habitantes, están vivos en él.

Pero la compresión de aquella dura realidad no fue inmediata. Leemos: “los soviéticos fueron muy solidarios y hasta generosos en nuestro exilio…jamás supe, ni creí entonces, que paralelamente a ese mundo de fraternal solidaridad se mantenía un régimen represivo y perverso con numerosos presos de conciencia y perseguidor de toda disidencia”(p.127).
Pero “Lenin había sido el máximo guía de un grande y hermoso sueño inseparable de una ambición de poder. Un sueño que se fue transformando en una bestia monstruosa, cruel y despiadada. Una bestia que terminó devorando a sus propios hijos”(p.174). Lo que se dio vuelta un día, gracias al empuje del gran movimiento de los obreros polacos liderizados por Lech Walessa y a la clarividencia de un dirigente soviético, Mijail Gorbachov. Y eso porque ni los pueblos, ni los hombres, ni las mujeres pueden vivir sin libertad, un día u otro terminan recuperándola, los ejemplos de esto que hay a lo largo de la historia son numerosos. Este es el gran mensaje de esta estimulante novela de Eduardo Liendo, todo ello mirado a través de lo escrito porque, como leemos en El último fantasma, “La literatura es un maravilloso espejismo”(p.97), que nos permite siempre comprender y comprendernos.

Y para entender mejor el futuro destino del hombre, el anti-autoritarismo, es muy bueno leer los cuarenta y cinco títulos de “la lista de libros para resucitados”(p.89) de los males del socialismo autoritario, que recomienda Felisberto a Lenin dentro de la trama de esta novela. Sólo le añadiríamos uno, nos parece fundamental, El miedo a la libertad de Erich Fromm.
Y estas recomendaciones se la hace Felisberto a Lenin en un momento en que el dirigente que siente entonces tan feliz, en el apartamento caraqueño de su antiguo camarada, después de haber descubierto varias de los inventos del para él “odioso capitalismo”(p.74): la televisión, el celular, la computadora, Internet.

Para terminar sólo se nos ocurre, con el libro de Eduardo Liendo en las manos, los peligrosos que son “los soñadores temerarios”(p.39) porque terminan siendo de alta peligrosidad. Así el socialismo autoritario, porque el socialismo humanista del siglo XIX, el que nunca llegó al poder, es distinto y sus ideales perviven, sobre todo aquello que no puede haber socialismo sin libertad, los regímenes del socialismo democrático en Alemania, en Inglaterra, en España, en Chile así nos lo indican. Pero el socialismo autoritario fue sin duda la fábrica de sueños que destruyó vidas, miles, más que el nazismo. Y ello porque siempre, como lo escribió don Francisco de Goya y Lucientes(1746-1828), al pie de su cuadro suyo, “el sueño de la razón produce monstruos”. Y ello porque la sola racionalidad deja de lado lo que es definitorio para el hombre y para la mujer: su subjetividad, sus pasiones, sus emociones, sus amores, toda su intensidad visceral y sexual. Sin todo ello no se puede vivir. Solo con racionalidad se construyen infiernos.

(Leído en el Circulo de Lectura celebrado en la Asociación de Vecinos de La Lagunita, El Hatillo, la tarde del miércoles 15 de abril de 2009).