Domingo, 25 de Junio de 2017

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El Rapto de la Odalisca

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Los Bienes Culturales
Nos hemos reunido esta tarde para conversar sobre el libro de la periodista Marianela Balbi El rapto de la Odalisca.(Caracas: Aguilar, 2009. 138 p.) cuya esencia nos lleva especialmente al examen de lo que significa para una nación el cuidado de su patrimonio cultural cuyos testimonios son la esencia de su memoria como pueblo. Siempre que este sea vulnerado o espoliado hay que levantar una voz de protesta alertando a todos.

Que la preservación del patrimonio cultural ha sido preocupación de los aquí nacidos nos los dicen las acciones del primer conservacionista de la tradición aquí nacido, el general Francisco de Miranda(1750-1816). A Miranda siempre lo hemos visto como el militar y como el protagonista político que fue. Pero no lo hemos visto en sus otras facetas: lector, erudito, escritor de un diario, helenista consumado. Entre esas caras suyas está la del que tuvo una grande preocupación por la conservación de las grandes obras artísticas de la antigüedad: lo hizo al referirse en su Diario a los daños causados en el Partenón por los invasores Turcos. También lo hizo más tarde, sin miedo al hegemón del momento, Napoléon Bonaparte(1769-1821), quien robó y llevó a París numerosas obras artísticas de Italia, de esta preocupación surgieron las misivas que se cruzó con el arquitecto galo Antonio Quatremere de Quincy(1755-1849) impresas en francés en 1796, documentación en parte salvada por aquel en sus Cartas a Miranda(Caracas: Instituto de Patrimonio Cultural, 1998. 148 p.) por vez primera impresas en castellano hace poco. A ellas se había referido con mucha antelación nuestro bibliógrafo Manuel Segundo Sánchez(1868-1945) en su estudio “Miranda como filósofo y erudito” publicado en 1920(Obras. Caracas: Banco Central de Venezuela, 1964,t.II,p.23-33). Por ello nos parece casi obligatorio iniciar nuestra tertulia de esta tarde haciendo mención a don Francisco y sus preocupaciones en estos temas. El fue nuestro primer conservacionista de los bienes culturales.

El Libro
Una obra muy destacada dentro del periodismo de investigación venezolano es el libro de Marianela Balbi: El rapto de la odalisca en la cual indaga en el destino de la obra de Henri Matisse(1869-1954) “La odalisca con pantalón rojo”(1925), perteneciente a la nación, no al gobierno ni al Estado, la cual formaba parte del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Todo indica que el cuadro fue robado en 1999 y sustituido en la colección por una copia falsa(p.86).

La desaparición de la valiosa obra fue hecha pública el 2 de Diciembre 2002. La verdad del por qué se hizo aquello, y quien lo hizo, continúa oculta y perviven los “obstinados silencios”(p.11) que dice Marianela Balbi. Indica a la vez que esta es “una historia más de la impunidad”(p.13) en que vivimos los venezolanos, situados los auténticos, entre lo que dice la autora de El rapto de la odalisca, entre las ruinas sembradas en la última década o viviendo “del resplandor del pasado”(p.12), uno de esos resplandores de nuestra vida cultural fue precisamente el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas fundado por Sofía Imber en 1971, dirigido por ella, junto a su esposo el escritor Carlos Rangel(1929-1988) durante diez y siete años. “Visionario analista político”(p.33) llama Marianela Balbi a Rangel, tiene razón. Sofía Imber dirigió el Museo hasta el 2001. Esa institución llevó incluso su nombre durante diez y seis años(1990-2006). Conocemos a muchas personas que desde que Sofía Imber dejó la dirección del Museo nunca más lo volvieron a pisar porque saben que el MACC, bajo su dirección, fue considerado por los expertos modelo de pinacoteca en su tiempo, la propia de fines del siglo XX y ya no lo es en las manos en que está. Fue el mejor museo de arte contemporáneo de América Latina. Sofía Imber siempre se orientó en su acción: “por exigencia de miradas, falta de prejuicios y la convicción de que es posible cambiar al ser humano mediante la convivencia y apreciación del arte”(p.34).

Tres Palabras
Creemos que para entender en su esencia El rapto de la Odalisca y lo que ha perdido el pueblo de Venezuela con la desaparición de la pintura de Matisse debe tenerse en cuenta que “La odalisca con pantalón rojo” no pertenece ni al gobierno que solo es el órgano superior del poder ejecutivo de un Estado; ni al Estado que es el conjunto de los poderes y órganos de gobierno de un país, sino a la nación, que es el conjunto de habitantes de un país regido por un mismo gobierno. Así el Matisse robado nos pertenece a todos, es un patrimonio nacional, de todos los habitantes del país y no puede ser vendido. Las manos vandálicas que lo sacaron del MACC nunca lograron venderlo pese a todas sus idas y vueltas porque ello es imposible.

El Suceso
Este libro de Marianela Balbi intenta ofrecer “certezas, no pruebas” porque “el periodismo no es un brazo de la justicia, sino de la verdad”, según la cita que hace del periodista peruano Ricardo Uceda(p.11).

Esta, dice ella, “es una historia de silencios, de omisiones, de olvidos y sobretodo de una aguda impunidad que, esta vez, como en cualquiera de los ámbitos venezolanos, se encargó de arrebatarle a un país algo de enorme valor y le dejó en la boca el gusto amargo de la injusticia”(p.9).

Aunque pudiera pensarse que el escándalo es el tema de esta obra, al develar “la perdida de un patrimonio cultural valorado en casi cuatro millones de dólares”(p.9), en verdad, lo recalcamos, su esencia está en el expolio de un bien cultural, un hecho mucho más grave. La acción cultural es lo que da soberanía a un pueblo.

Pero fue aquel un acto de delincuencia cultural, rápidamente acallado por los que detentan el poder. Por ello, dice Marianela Balbi, “Solo cuando pensaban que el olvido había hecho su laborioso oficio de enterrador, algunas voces indispensables, y siempre confidenciales, accedieron a revelar hechos que pudieran acercar esta historia lo más posible a una verdad, la verdad que ha negado la justicia al mantener el caso en etapa sumarial y haber abortado su conclusión con sus investigaciones inconclusas”(p.11). Y ello fue un acto de justicia y valeroso proceder para evitar “el enorme riesgo de perder totalmente ese bien patrimonial de Venezuela”(p.130), una obra de arte, destacadísima, única en colecciones pictóricas venezolanas, que sigue desaparecida aun.

Una Investigación Precisa

El patrimonio del MACC lo forman 4630 obras, tienen un valor de treinta millones de dólares: buena tajada por los delincuentes del mundo del arte, y también por los que detentan el poder político y no comprenden el valor de las obras que guardan nuestros museos porque ante este hecho también la colección de nuestro Museo de Bellas Artes también está en peligro.

“La odalisca con pantalón rojo”(1925), fue adquirida por Sofía Imber y Carlos Rangel para el MACC, el 17 de Marzo de 1981, en la galería Marlborough de Nueva York por el valor 480 mil dólares, llevaba su marco original.

Las expoliaciones de bienes culturales venezolanos se iniciaron cuando, en un acto de grave incultura, un funcionario del gobierno del presidente Hugo Chávez, José Miguel Rodríguez Rodríguez, un miembro de la Fundación de los Museos Nacionales, propuso, en un acto “talibánico”, que se vendieran todas las colecciones de arte universales existentes en el país porque según él solo nos debía interesar la pintura venezolana(p.58), idea que Marianela Balbi atribuye al comandante Chávez. No es cierto, ha indicado el crítico Roldán Esteva Grillet, pero encaja para nosotros perfectamente dentro de esas directivas seudo nacionalistas de auspiciar el arte popular, siempre hecho por autodidactas, y proscribir el arte culto producto de estudios, preparación, constancia y verdadera vocación creadora.

Esto que tratamos es asunto muy grave desde el punto de vista de toda formación cultural, artística, literaria e histórica, porque el hecho cultural constituye unos vasos comunicantes: las altas culturas, que a los latinoamericanos, y a los venezolanos, nos llegaron desde Grecia a través de Europa, desde España primordialmente, constituyen la primera referencia de toda nuestra cultura. Ellas son las ideas y concepciones madres, de allí nos viene a todos, de allí, por interacción se expresa lo hecho por los creadores venezolanos quienes con lo recibido del Viejo Mundo, a través de la cultura hispana, se han expresado a través del medio milenio cumplido en 1992, para Venezuela en 1998. No hay que olvidar que nuestra cultura escrita aparece en escena con la Carta(Agosto 31,1498) de Cristóbal Colón(c1451-1506) a los reyes de España, doña Isabel(1451-1504) y don Fernando(1452-1516), dándoles cuenta del descubrimiento de nuestro país(Agosto 3,1498), fue redactada veinte y siete días mas tarde en Santo Domingo. Así todo artista, todo escritor, necesita, requiere, lo que le viene de la cultura universal, desde la cual teje su cosmovisión por siempre, el hecho cultural es la interacción y el entrelazamiento de lo universal y lo nacional. Así para un artista venezolano, en formación o desarrollando su obra, tener las obras universales, como las que trajo Sofía Imber a Caracas, era una necesidad. A una cultura no se le podía suprimir su Matisse como tampoco se puede suprimir a un Arturo Michelena(1863-1898) o un Armando Reverón(1889-1954). Tanto es ello así que nuestro notable pintor Jesús Soto(1923-2005) creo el Museo de Ciudad Bolívar con su propia colección personal con la idea de que cualquier joven de Ciudad Bolívar, de Guayana, del Oriente venezolano, que deseara estudiar artes plásticas tuviera en su propia ciudad las grandes obras universales desde la cual partir. Para que no les sucediera, decía Jesús Soto, lo que a él, quien en la Ciudad Bolívar de su adolescencia no encontró los acicates para el desarrollo de su obra. Por ello mismo no puede haber idea más llena de incultura que decir que a nosotros solo nos debe interesar el arte venezolano, porque siendo bueno como es, es apenas una provincia del arte latinoamericano y una región de las grandes manifestaciones de la cultura universal de nuestro siglo. Bosquejamos aquí apenas un asunto cuya investigación es fascinante. No debemos olvidar nunca, lo que subyace como una idea esencial del pensamiento hispanoamericano: que los latinoamericanos debemos ser contemporáneos con todos los hombres, con todas las culturas. El cerrado mundo aislacionista de un arte nacionalista no ha sido nuestro y no debe ser nuestro, ni siquiera fue prohibido en nuestras largas dictaduras. Lo que sucede hoy forma parte de una tentativa absolutista que debemos condenar y no ejercer.

Y los creadores venezolanos no han estado lejanos en ningún momento al suceder internacional, incluso durante las autocracias que amurallaron el país. Y muy atrás, en el siglo XVIII, el Padre Sojo(1739-1799) trajo lo mejor, lo más avanzado de la música de aquellos días la cual tocaron sus discípulos en los conciertos de Chacao; la primera novela venezolana, escrita por don Fermín Toro(1806-1865), publicada en 1842, Los mártires, trataba sobre la problemática de los obreros en Londres y su magnífico autor lo hizo antes que Engels(1820-1895) y Marx(1818-1883) lo hicieran; fuimos puntales en los días del modernismo literario; lo más renovado del arte de comienzos del siglo XX les llegó a nuestros grandes pintores de la llamada Escuela de Caracas traído de sus viajes de estudio realizados en Europa; nuestra narrativa se renovó en los años cuarenta a la luz de la gran novela europea de la post guerra y nuestros grandes cinéticos fueron considerados siempre figuras mundiales. Así no hemos estado lejos de lo que nos viene artísticamente, desde Europa y desde los Estados Unidos, hemos hecho nuestras propias faenas, pero nunca lejos de lo universal que se ha integrado muy bien con nuestras visiones de hombres del trópico. Hay que protestar siempre contra estas ideas fascistas aislacionistas, recuerden lo que significó para la Alemania del nazismo aquello que se denominó “arte degenerado”: en verdad proscribieron lo mejor de las artes del siglo XX e incineraros los libros de Thomas Mann y Sigmund Freud.

Volvamos al Matisse

La cuidadosa investigación hecha por Marianela Balbi nos informa que la última vez que la obra salió del MACC fue en 1996-97 cuando fue enviada a Madrid. De allí regresó sana y salva. Por ello todo indica que desapareció en 1999, seguramente después del 15 de diciembre de ese año, aunque la fecha es aun imprecisa. Lo más seguro es que fue sacada del Laboratorio de restauración del MACC a la calle. Pero ello era “Imposible hacerlo sin la ayuda de un cómplice interno. Habrían tenido que abrir muchas puertas, pasar la pintura por el laboratorio de conservación, por seguridad y llevarla de nuevo a las salas de exhibición”(p.126), como le comentó un funcionario del MACC. El día del hurto “casualmente” las cámaras de seguridad estaban dañadas:¿fortuito o por complicidad?. Así fue robada. Fue entonces cuando “el imperioso deseo de poseerla acabó con su privilegiada permanencia en Venezuela. Un día, sencillamente, desapareció”(p.25).

El cuadro fue hurtado por gente inexperta: en general cuando se tima una obra se deja pasar mucho tiempo antes de ofrecerla en el mercado, cosa que no hicieron quienes, con ayuda interna dentro del Museo, como se comprueba leyendo en El rapto de la Odalisca, se llevaron la obra.

Una vez sustraído el cuadro fue sacado del país desde Maiquetía, sin marco y enrollado. Fue llevado a Miami sin ninguna autorización en un vuelo de Aeropostal, gracias al piloto Pedro Hernández. Valía entonces “La odalisca con pantalón rojo” tres y medio de millones de dólares: una fortuna para los pillos que se la llevaron.

Fue un personaje aun desconocido, parece que fue un oficial venezolano llamado Efrén o Efraín Castillo, quien se llevó la obra y contactó en Miami con la “dealer” de obras de arte Sylvia de Azevedo, una galerista de discutible ética(p.61), para lograr vender el cuadro en el mercado internacional.

Para el año 2000 se comenzaron a forjar en Caracas una serie de documentos apócrifos para justificar el intento de la venta.

Desde el comienzo se supo que era la obra original. Se la enviaron a Wanda de Guebriant en París, que es la única persona en el mundo que puede certificar que una obra de Matisse era en verdad una obra original. Eso sucedió en el 2001. La experta gala comprendió desde el primer momento que la obra no podía ser vendida, era propiedad del MACC. Y no quiso dar su certificación por escrito porque comprendió que estaba ante un hecho fraudulento. Pese a ello el 21 de Diciembre de 2001 la experta francesa examinó la obra que para ello fue traslada a París. Pero nunca llegó a otorgar ningún documento escrito porque sintió que si lo hacía se convertiría “en cómplice de una transacción ilegal”(p.77) En medio de todo esto el 1 de Febrero de 2001: Rita Salvestrini sucedió a Sofía Imber en la dirección de MACC, estuvo allí hasta el 2003. El 29 de Noviembre de 2002 el galerista Genaro Ambrosino hizo pública la denuncia. Había comprendido la gravedad de lo que estaba sucediendo, la desaparición del cuadro, patrimonio de MACC, la circulación de los documentos falsos, en uno de los cuales se autorizaba a Sofía Imber a vender el cuadro, cosa imposible, en una maniobra chavista por desprestigiar a nuestra gran animadora de las artes.
El 1 de Diciembre de 2002 se comprobó que la obra original no era la que estaba en la bóveda del MACC, según lo declaró su directora Rita Salvestrini; en el 2003: la Fiscalía General de la República señaló que los hechos “confirman un altísimo grado de complicidad interna y unas precarias condiciones de seguridad”(p.125).

Para realizar toda esta pesquisa que hemos resumido en sus principales hitos, Marianela Balbi buscó las mejores fuentes para sus indagaciones, entrevistó a protagonistas y testigos: con la excepción de Agueda Hernández y Teresa Zottola, alto personaje del chavismo, funcionaria del MACC en 1999, una auténtica “sembradora de cenizas” de aquellas a la cuales se refirió Augusto Mijares(1897-1979) al decir que son “los que se empeñan en regar esterilidad sobre el suelo de la patria”(Lo afirmativo venezolano. Caracas: Dimensiones,1980,p.29). Marianela Balbi habló con museógrafos, llegó hasta la especialista mundial en Matisse.

Desde el 2003 las huellas del cuadro desaparecieron y es por ello que allí se cierra El rapto de la Odalisca. Los rastros del cuadro han desaparecido pero sabemos que es imposible que sea vendido en el mercado internacional de la pintura. Ya los organismos policiales, FBI, la policía inglesa y la Sureté francesa siguen la pista de los delincuentes. Y la obra de Matisse ha sido registrada en la lista de las grandes obras de arte desaparecidas para alertar a quienes manejan el mercado del arte de que la obra no puede ser vendida: pertenece al patrimonio de la nación venezolana. Pero pervive la interrogante: ¿a dónde fue a parar?¿dónde está?. Esa es la pregunta que está viva y que justificó la redacción del impecable libro que es como investigación El rapto de la Odalisca.

Pero también el valor de la obra de Marianela Balbi tiene un significado mas profundo que la sola exposición de todas las trapisondas que ella ha pesquisado con certeza en su libro. La esencia de esta obra estriba necesidad de instrumentar políticas para la conservación del patrimonio cultural.

Pero también la historia narrada en El rapto de la Odalisca no puede más negra: gente de Venezuela, ligada al gobierno como todo parece indicarlo, sustrajo la obra e intentó venderla. Todo esto es de una grande perversidad. ¡En manos de qué delincuentes hemos caído! le expresamos a Marianela Balbi en un e-mail a las pocas horas de haber terminado la lectura de su libro. Como dice Shakespeare en Hamlet: “Algo huele mal en Dinamarca”, así algo huele pestífero entre nosotros, desgraciadamente.
(Leído en la sesión de “Los tertulieros se reúnen”, en la Fundación Francisco Herrera Luque la tarde el miércoles 27 de Enero de 2010. También intervino en esa conversación el crítico de arte Roldan Esteva Grillet).


Apéndice

23-11-2009
Querida Marianela:
Anoche terminé tu libro sobre el cuadro de Matisse. Quiero felicitarte muy cálidamente. Es una investigación ejemplar desde muchos puntos que se la vea. Y angustia, mucho, demasiado, ¿en manos de qué delincuentes ha caído Venezuela? Incluso creo que tu libro puede invitar a que se investigue si otros valiosos cuadros de otros pintores y escultores internacionales, que mucho costó tener a Venezuela, ha sido sacados de las colecciones de nuestros museos y vendidos por allí, quién sabe dónde. En fin es una contribución muy valiosa a la defensa del patrimonio cultural que no es ni del Estado ni del Gobierno sino de la Nación, de todos. Y es tu libro a la vez una pieza política muy destacada para entender todo este horror. En fin. Albricias por la labor tan bien hecha y tan bellamente cumplida. Saludos a tus muchachos y al poeta. Amigo: RJ

PD: A través de la "radio bemba" circula hace varios años la noticia del país, ciudad y lugar en donde supuestamente está la Odalisca. Algún día se sabrá con certeza: no hay nada escondido bajo el sol. Y los delincuentes siempre caen. Vale.

23-11-2009
Estimado Roberto, qué honor me hacen tus comentarios a mi libro. Mil gracias por tu generosidad y tu aguda lectura. Si, a veces creo que es el comienzo de otros temas que a veces, por ser de la cultura, no quieren tocarse mucho...y, al contrario, son tan esenciales para nuestra razón de ser. Un abrazo y ojala puedas acompañarme el domingo en la presentación. Marianela.