Lunes, 23 de Octubre de 2017

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El Pergamino de la Seducción de Gioconda Belli

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Por: R.J.Lovera De-Sola

La nicaragüense Gioconda Belli (1948) es, a sus sesenta y un años, una de las creadores significativas de esa gran generación de novelistas latinoamericanas que ahora nosotros leemos con tanta emoción: Isabel Allende(1942), Laura Esquivel(1950), Ángeles Mastretta(1949), Marcela Serrano(1951), Laura Restrepo(1950), y entre nosotros, cosa en la que poco se ha reparado, nuestra Ana Teresa Torres(1945).

Poeta de alto vuelo y ya narradora muy divulgada, por las numerosas traducciones de sus obras, desde la publicación de La mujer habitada(1988). Hace pocos meses obtuvo el destacado premio “Biblioteca Breve” con su novela El infinito en la palma de la mano(Barcelona: Seix Barral, 2008. 237 p.) en la cual revive la historia de Adán y Eva y sus cuatro hijos en el Paraíso Terrenal basándose sobre todo en los Evangelios Apócrifos y en los Manuscritos del Mar Muerto.

Fue Gioconda Belli militante sandinista, participó como guerrillera en la revolución de 1979. Terminó, como todos los militantes nicaragüenses de ideales, derrotadas por la inmensa corrupción que se introdujo dentro del sandinismo. Razones éticas le hicieron dejar la política. Como el también ex vicepresidente sandinista Sergio Ramírez(1942), se alejó de la política y se dedicó a la labor intelectual. Pero dejó un hondo testimonio de aquel revolución frustrada, que terminó cayendo en los más extremos delitos, en sus memorias El país bajo mi piel(Barcelona: Plaza y Janés, 2001. 431 p.). Este libro, y Adiós muchachos(Madrid: Aguilar,1999. 316 p.) de Sergio Ramírez son dos obras claves para entender lo sucedido en Nicaragua hace pocos años.

El pergamino de la seducción
(Nueva York: Harper Collins, 2006. 331 p.) es una novela histórica, es una reconstrucción cuidadosa de la tragedia de Juana de Castilla(1479-1555), conocida en la historia como Juana La Loca. Esta es la protagonista de la narración quien fue inmolada, sobre todo a los dioses de la política y a los caminos del poder. La historia de Juana de Castilla en El pergamino de la seducción está presentado en contrapunteo con una historia de amor contemporáneo: la que sostienen en Madrid una joven, Lucía, y un historiador, Manuel, inmerso en la escritura de una obra sobre aquella reina.

Así visto El pergamino de la seducción a la vez una narración histórica y una novela de amor, un libro en que se medita a través de los avatares del pasado y del presente sobre este asunto central de la vida humana, aquel que se escribe con cuatro letras decisivas: el amor.

Y todas las características que tiene una relación: amor, celos, la intimidad de toda pareja cuando es rota por las infidelidades, aparece aquí.

Así El pergamino de la seducción constituye un contrapunteo de épocas y de tiempos para mirar lo más alto de la vida humana que es el amor y las vivencias y goces de la sexualidad, tanto que este es un libro sobre eros y sus mil sortilegios porque ”El sexo es otro de esos continuos eternos”(p.252). La narración nos hace ver hasta que punto la sexualidad influye en el devenir humano.

Pero Gioconda Belli en El pergamino de la seducción nos muestra también un modo de vivir la historia o mas bien sentirla(p.12,28,75), su “color y perfume y gestos particulares”(p.52). Ese es el objeto esencial de esta novela, “puedo especular sobre lo que sentiría Juana; pero hay una gran distancia entre ella y yo. Siglos. Somos producto de dos tiempos distintos”(p.13), exclama Lucía.

Y Manuel, el memorialista, reflexiona: “¿Que hacen los novelistas…sino acumular información y luego situarse imaginariamente en el espíritu de quienes protagonizaron tal o cual hecho histórico? La literatura…no son más que intentos individuales de volver a capturar sensaciones y épocas perdidas?”(p.14).

Por ello para escribir la historia, indica Manuel, “es separar los datos falsos que el tiempo acumula sobre un personaje o un evento”(p.61), “Estudiar la realidad según la percibe alguien que la observa desde un determinado punto de vista es, para el historiador, lo que para un biólogo marino la exploración de la profundidad ignota de los océanos”(p.95).

Para lograrlo “se trasportaba y nos transportaba a la época con la vehemencia de sus gestos”(p.16). Porque sin duda: “Hay quienes fabrican complejas máquinas para viajar en el tiempo. Yo me propongo un viaje sin más artilugios”(p.25), y lo hace buscando “sombras y profundidades”(p.113), tratando de entender los “entuertos y sus pasiones”(p.211) del tiempo ido.

Pero podemos volver a penetrar, gracias a los ojos de mujer con los cuales Giocoanda Belli nos presenta estos sucesos, en el drama del Juana de Castilla: ni siquiera fue alimentada por la madre, por lo que “a mi su ausencia me mantenía vacía, disminuido el corazón. A medida que crecía, la carencia de afecto se me convertía en dolor físico. Soñaba con caricias, con arrumacos”(p.45).

O visto desde el presente: “El rostro de Juana me hace pensar en muchas mujeres modernas que se resisten a aceptar las limitaciones del entorno asfixiante en que la sociedad las obliga a existir”(p.75). Y era tan complejo que los coetáneos de Juana la descalificaron, porque ello “era más fácil que comprenderla”(p.208), algo más arduo, difícil y hasta doloroso.

Juan de Castilla fue victima de la familia real hispana en todo momento. Utilizada como pieza de ajedrez en la política trazada por sus padres los Reyes Católicos, doña Isabel(1451-1504) y don Fernando(1452-1516), ultrajada en el amor, separada de sus amados hijos. Y más aun en el sacrificio final que le impusieron al mandarla presa, no se puede llamar de otra manera, al castillo de Tordesillas en donde pasó los últimos cuarenta años de su vida.

Los pasajes finales de El pergamino de la seducción tienen sentido: estamos ante una novela, una ficción. Y además ya de todo aquello, de la historia de Juana de Castilla, nada queda, solo un montón de historias y las escorias del pasado. Ella es pretérito, suceso de otros días. ¿Acaso se puede creer que todo lo espoliado por los perversos Denia, sus carceleros, pudo sobrevivir?. Sabemos que lo que quedó de Juana de Castilla se lo llevaron sus propios hijos. Y han pasado los siglos solo enseñando sus lecciones. Entre ellas una muy importante: que sólo la rebeldía es salvadora. ¿Pero podía Juana protestar en su época de todo lo que padres, esposo, la propia política, le hicieron en un tiempo en que ser mujer era algo así como ser un objeto? La mujer fue sujeto en el siglo XX, en la gran revolución feminista, iniciada por las sufragistas a fines del siglo XIX.

Queremos añadir un escolio que nos parece importante: alguno de los lectores de El pergamino de la seducción ha considerado pornográfico el pasaje en donde Juana de Castilla recibe, en Flandes, los masajes, llenos de sensualidad, de un grupo de mujeres moras. No lo es, al menos no lo creemos porque pensamos que toda la sexualidad hispana tiene sus fundamentos en el erotismo musulmán inculcado por los árabes en las centurias de su dominio en España. Y del erotismo de la España islámica nos viene el nuestro, traído aquí por los conquistadores andaluces, que fueron los que nos conquistaron, modo de obtener placeres de los cuales tanto gustaron las indias, que descubrieron hombre europeo una sexualidad distinta a la de sus hombres de las tribus de entonces, por eso gustaron tanto de los varones españoles aquí llegados. Fue aquella la conquista sexual de América de la que casi nunca se habla. Claro, el erotismo es siempre consecuencia natural del amor. Y fue en la España Islámica donde se escribió, en el siglo X, el más bello libro sobre el amor de todos los tiempos, así lo pensamos nosotros. Es El collar de la paloma(1022) de Ibn Hazm de Córdova(994-1063). Es un libro sobre el amor, un tratado sobre el amor y los amantes, no es un manual de posiciones sexuales como el libro sánscrito Kamasutra, redactado entre los siglos IV al VII en la India. Todo el proceso de comprensión del amor, como en el libro árabe hispano, impregnado de sensualidad, no llegó a lograr un libro paralelo, es nuestra personal opinión, hasta que en 1822, nueve siglos más tarde, cuando el gran novelista francés Sthendal(1783-1842) escribió su obra Sobre el amor, sobre el amor romántico y su teoría de la cristalización de aquel sentimiento.

Es por ello, para la comprensión del punto, que copiamos aquí la entrada “Pornografía” del Diccionario del erotismo compilado por el gran escritor español, premio Nobel de Literatura(1989), Camilo José Cela(1916-2002). Allí se lee: “Pornografía. Del griego pornógrafos, de pórne, prostituta, y grafo, escribir. Academia, 1.a acepción: tratado acerca de la prostitución. Academia, 2.a acepción: carácter obsceno de obras literarias o artísticas. Academia, 3.a acepción: obra literaria o artística de este carácter. // Como vocablo culto y conservando su sentido etimológico nació, al parecer, en lengua francesa, en 1769, en el título de la obra de Restif de la Bretonne(1734-1806) El pornógrafo; en su acepción moderna y vinculando su noción a la obscenidad, no aparece hasta finales del siglo XIX. Quizá podamos decir, con D. H. Lawrence(1885-1930), que “la definición de pornografía depende no más que del individuo, ya que lo que para uno es pornografía, para otro no es sino la risa del genio”. La pornografía no existe más que en la mirada o en el espíritu del contemplador y, en la medida en que está prevista por la ley y el reglamento, lo es lo que así parece al legislador o al censor y, desde el ángulo del ciudadano, lo es lo que está prohibido y no lo es lo que está permitido. La referencia al buen o al mal gusto, o a lo artístico o no artístico, es tanto como jugar con valores subjetivos y, en última instancia, con la administrativa subjetividad del censor, que sabe que el exceso de celo le redime de culpa y que no ignora que el uso de la inteligencia puede dejarlo en la calle. A la vista de los principios de la libertad de pensamiento y expresión, pudiera expresarse una única pregunta: ¿puede alguien arrogarse el derecho a decidir por otro lo que es aceptable o inaceptable en esta materia? Las discusiones sobre el tema lo exceden para incidir en el más huidizo campo de los conceptos morales, refugio en el que se guarecen los defensores de la censura tras haber sido desmontados todos sus argumentos por los análisis más objetivos y rigurosos. De las experiencias y encuestas realizadas se deduce que no hay prueba alguna que permita atribuir a la pornografía un papel significativo en las conductas delictivas de jóvenes y adultos. La práctica contraria señala que en Dinamarca, por ejemplo, país que 1967 abolió toda restricción, el índice de determinados delitos sexuales disminuyó en no poca medida. (Diccionario del erotismo. Barcelona: Grijalbo, 1988,t.II,p.746-747).

Esperamos, para cerrar, haber logrado desarrollar una lectura crítica sobre El pergamino de la seducción, libro que discurre sobre uno de los grandes dramas de la historia, el de Juana de Castilla, gracias a la mirada femenina, a los ojos de mujer de Gioconda Belli.

Mayo 12,2009