Domingo, 25 de Junio de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos El Abanico de Seda de Lisa See

El Abanico de Seda de Lisa See

Correo electrónico Imprimir

Por: R.J.Lovera De-Sola

Aquel País Tan Lejano
Antes de leer y analizar la novela de Lisa See El abanico de seda (Barcelona: Salamandra,2006. 317 p.) cuyo estudio nos ha convocado esta tarde creemos que debemos mirar el país donde sucede, China, con ojos comprensivos porque si bien fue siempre el país más poblado del mundo y el de mejor situación económica, la cual acabó el régimen comunista instalado allí el 1 de octubre de 1949, hay que decir hoy que ese país interesa mucho por la gran revolución creadora, en el campo de la economía, que se lleva a cabo allí desde la transición del régimen marxista hasta hoy, especialmente desde 1978, cuando aquel moderado reformador, aquel viejito sabio y simpático, llamado Den Xioping(1904-1997) guió a su pueblo por el sendero del cambio.

Hay señalar que fue Pekín, la capital de ese país, la primera ciudad del mundo en haber arribado al primer millón de habitantes, eso sucedió en 1750, cuando no había en Europa aun ninguna ciudad con tal cantidad de habitantes. La primera en lograrlo fue Londres a principios del siglo XIX. La primacía la obtuvo Nueva York a partir de 1825.

Hoy en día China que posee el mayor número de habitantes en todo el mundo: 1300 millones de personas según estadísticas confiables, aunque algunos especialistas llevan esa cantidad a los 1500 millones de seres humanos, sumando así la gran población de emigrantes que hay en su seno y la población que podemos llamar flotante.

Hoy en día los cinco países más poblados del mundo son China, India, Estados Unidos, Indonesia y Brasil. Como se ve ninguna nación europea se cuenta entre ellas. Y si dos del continente americano. Una en América Latina, la gran nación carioca.

Y las doce ciudades de mayor número de habitantes del mundo, la mayoría, ocho, situadas en Asia son Tokio, la de mayor del universo, Seul, Ciudad de México, Delhi, Bombay, Nueva York, Sao Paulo, Manila, Los Ángeles, Shangai, Osaca y Calcuta.

China Descubierta por Occidente

Hay que recordar, para comenzar, que Europa descubrió a China en la Edad Media gracias a los dos viajes del veneciano de Marco Polo (1254-1324). El primero lo llevó a cabo en 1255, el segundo en 1271. En 1298, ya de regreso de China estuvo preso por su participación en una guerra, en la cárcel dictó a Rustichello de Pisa su libro sobre esas experiencias, que este redactó en Provenzal, se trata de Los viajes de Marco Polo o El libro de las maravillas del mundo, conocido popularmente como El millón, que era como en su ciudad natal llamaban a Marco Polo. La gente del tiempo de Marco Polo se quedó tan deslumbrada con su relato que en su lecho de muerte personas de su familia le preguntaron si había sido verdad todo lo que había contado a lo cual contestó Marco Polo “solo he narrado una parte de todo lo que ví”. El Millón está considerado como el más grande libro de viajes nunca escrito, su influencia sobre Cristóbal Colón(1451-1506), gran lector y escrutador del libro, fue singular. Siguiendo a Marco Polo buscó otra forma de llegar a China, sólo que se topó en su camino con otro continente. Era obvio que el camino hacia Cipango, no era por la ruta del Atlántico.

La China del Siglo XIX

Ahora los rápidos trazos en la historia de China que vamos a ofrecer, para situar el acontecer de El abanico de seda, debemos decir que fueron los propios de la época del colonialismo, iniciada alrededor de 1837, cuando Inglaterra comenzó su presencia en la India.

En China, la nación más poblada de la tierra entonces y ahora, ya para 1838 la gravedad del tráfico y consumo del opio preocupaba a la sociedad de ese país. Ese año el emperador Tao-kuang(1821-1850) recibió una carta pidiéndole que el contrabando del opio fuese declarado un crimen que debía ser castigado con la muerte. Y, como lo considera el historiador Carl Grimberg, “no fueron los chinos quienes inventaron la opiomanía; hasta el siglo XVIII solamente utilizaron el opio como medicamento, pero los ingleses, dueños de la India, donde la adormidera se cultivaba en abundancia buscaron mercados de exportación para la droga y lograron éxito al extender el vicio en China, donde innumerables fumaderos esparcidos por el país no tardaron en funcionar”(El siglo del liberalismo. Madrid: Ediciones Daimon, 1983,p.273).

El 28 de marzo de 1839, las autoridades de Cantón, obligaron al representante británico a entregar unas veinte mil cajas de opio y acto seguido todas ellas fueron arrojadas al mar. Inglaterra reclamó inmediatamente una indemnización, pretensión que evidentemente fue rechazada. Se desencadenó la llamada “Guerra del opio” e iniciadas las hostilidades en el río de Cantón, pronto se extendieron a otras comarcas y ocasionaron tres años después la derrota de China, eran horas aquellas en que las potencias coloniales eran militarmente más poderosas que el país entonces espoliado.

Así el 29 de abril de 1842, el tratado de Nankin abrió al comercio europeo cinco puertos chinos y obligó a China a ceder a Inglaterra el islote de Hong-Kong, que fue territorio británico hasta 1997. Hong-Kong domina la entrada del río Cantón. El Tratado de Nankin significó un cambio importante en la historia de las relaciones entre Europa y Asia oriental. A este le siguieron otros tratados, con Francia y con los Estados Unidos, los cuales aumentaron las posibilidades del comercio extranjero y la labor de los misioneros cristianos en aquellas tierras.

Una de las potencias coloniales, Portugal, en 1849, declaró a Macao puerto libre. En 1888 lograron el reconocimiento de su Independencia de China.

Fue así como la Guerra del opio, considerada como el “episodio más vergonzoso de toda la historia moderna”, según palabras del historiador Jacques Leclercq, no sólo humilló a China y le impuso un comercio que no deseaba de modo alguno, también afectó el prestigio de la dinastía Manchú.

En 1850 Hienfong sucedió a Tao-kuang pero no demostró habilidad en sus relaciones con los occidentales. Fue así como exaltados por un visionario, un santón diríamos nosotros, Hong Sieu-tsiuan, quien predicaba una religión que era una mezcla de las doctrinas de Confucio y las cristianas, empujó a todos a llevar a cabo, en 1851, una rebelión. Así los Taipings, es decir “los hombres del Celeste Imperio de la Gran Paz”, consiguieron ocupar la cuenca del río Yangtsé y apoderarse de Nankin pero fracasaron en su marcha hacia Pekín, ya que la insurrección así no logró consolidarse. Este movimiento es el que aparece en el fondo de El abanico de seda. Terminó en 1864. La rebelión de los Taipings emprendió la redistribución de las tierras en beneficio de las comunidades campesinas. Los disturbios de este levantamiento llevó al país al máximo desorden, crisis económica, tiempo en que francesas e ingleses conquistaron Pekín.
En 1856 al terminar en Europa la guerra de Crimen(1853-1856) que puso fin a la hegemonía austriaca, concluyó la política del Congreso de Viena y la dirigencia europea pasó a las manos de Francia, las invasiones europeas a China tendrán como consecuencia un enlace duradero de los intereses occidentales en ese país. La apertura del tráfico marítimo fue logrado con violencia.

En China se llevó a cabo entonces la llamada guerra de las “Lorchas” con Inglaterra, estos llegaron hasta tomar Pekín y Cantón. La familia real china huyó a Yehol. Durante ese período hubo dos invasiones europeas: en 1860 Francia e Inglaterra aniquilaron la caballería Manchú que se enfrentaba a la artillería europea. El fin de esta contienda fue la firma del tratado de Tientsin, gracias a la intervención rusa, lo que permitió entonces la obtención de otras nueve plazas comerciales, la apertura de relaciones diplomáticas entre la Gran Bretaña y China, con un representante chino en Londres y un inglés en Pekín. Con el tiempo se concertaron tratados comerciales con Alemania. Pero en 1860 el gobierno chino se vio obligado a firmar otros tratados para ampliar el comercio internacional a once de sus puertos y ampliar el territorio inglés de Hong-Kong(1841-1997). Confirmó también la libertad de las religiones, pese a que no hay que olvidar que los chinos son Budistas.

Dos años antes, en 1858, Rusia a la vez, aprovechando la situación de guerra que existía en China, obtuvo los territorios de la nación asiática en los cuales pudo fundar la ciudad de Vladivostok, sobre el océano Pacífico, un viejo deseo de esa potencia.

En ese período el rey Hien-fong y su único hijo, y sucesor, murieron muy pronto. Por ello el poder paso a manos(1862-1908) de una mujer: Ts’eu-hi, antigua concubina de Hien-fong: esta se enfrentó a una insurrección musulmana y con la rapacidad económica de los occidentales. Fueron aquellos los años en que se inició el gran auge que siempre ha conservado Shanghai, desde 1841, menos durante el período comunista que impuso muchas restricciones a aquella ciudad comercial y portuaria, hoy la ciudad más poblada de ese país y uno de los grandes polos económicos y financieros de la China post-comunista, la cual puede ser llamada así porque aunque gobierna el Partido Comunista una nación que legalizó de nuevo la Propiedad Privada(marzo 16,2007) no puede ser llamada marxista.

En 1898 bajo el joven emperador Kuand-siu se hicieron importantes reformas que chocaron contra la sociedad tradicional, aun presidida por la emperatriz viuda Ts’eu-hi quien los detuvo. Hay que indicar también que en aquel momento, lejos de China, aquel año 1898, estaba sucediendo un hecho singular: el inicio del imperialismo norteamericano, un imperio de otro cuño, democrático, sin colonias, cuando en la guerra Hispano-norteamericana de aquel año tomaron Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pronto también establecerían un gobierno títere en Panamá(1903) que les aseguró todas las facilidades para construir el Canal de Panamá, lugar estratégico que unían al Caribe con el océano Pacífico. Allí acabó también aquel año 1898 el imperio español, de allí el lamento por España hecho por los escritores hispanos de la generación bautizada con el nombre de ese año.

Todo este período de la historia de China que hemos visto en sus grandes rasgos, al menos hasta el fin de la rebelión Taiping, concluida en 1864, marco de El abanico de Seda, la podemos cerrar el año 1901 cuando finalizó la guerra de los Boxers, el Levantamiento de Yihetuan para los chinos, precisamente iniciada en 1898. Esta tuvo su sentido nacionalista: los chinos se enfrentaron a los desafueros que los de los colonialistas cometían en su país.

La Novela

La novela El abanico de seda de la escritora franco-norteamericana, de origen chino, Lisa See(febrero 18,1955) sucede durante un período de la historia china del siglo XIX. Según el calendario occidental la protagonista del libro nació en 1823. Tenía veinte y ocho años al iniciarse la rebelión Taiping en 1851, cuarenta y un años cuando esta acabó en 1864. Fueron aquellos los años del reinado del emperador Daoguang. Todas estas especificaciones previas nos permiten poder mirar el contexto de la historia de China en la cual se llevaron a cabo los sucesos que encontramos al leer la novela

El Por Qué del Titulo

La explicación de por qué el libro se titula El abanico de seda la hallamos cuando leemos: “Abrimos nuestro abanico y repasamos la vida que habíamos compartido. En sus pliegues habíamos registrado muchos momentos felices. Nuestra unión. Nuestras respectivas bodas. El nacimiento de nuestros hijos. El nacimiento de nuestras hijas. Su futura unión”(p.211).

En la Entraña de la Ficción

Viviendo el mundo desde hace décadas la recuperación de todo lo femenino no nos debe llamar que haya sido en la mujer, en dos mujeres de tiempos lejanos, en las cuales se haya apoyado Lisa See para escribir su bella novela.

A lo largo de la novela nos vamos a encontrar con el lenguaje denominado ‘nu shu’, un código secreto utilizado por las mujeres en la remota región del sur de la provincia china de Hunan, al parecer es “la única escritura del mundo creada y utilizada exclusivamente por mujeres”(p.7), según indica la autora.

Por ello la protagonista recuerda tiempos pasados(p.245): “Tengo ochenta años y soy lo que en nuestro pueblo se denomina ‘una que todavía no ha muerto’”(p.9), así empieza hablando Lirio Blanco, la protagonista de El abanico de seda. Y por ello “también a mi me invadía la melancolía en ocasiones”(p.201).

Y habla de esa lengua mujeril que Lisa See trata de revelarnos otras vez, y preservar a través de su escritura en este libro. “Mi tía me enseñó las normas del nu shu. Se puede utilizar para escribir cartas, canciones, autobiografías, lecciones de obligaciones femeninas, oraciones a la diosa y, por supuesto, cuentos populares. Se puede escribir con pincel y tinta sobre papel o un abanico; se puede bordar en un pañuelo o tejer en un trozo de tela. Se puede y debe cantar ante un público formado por otras mujeres y niñas, pero también se puede leer y atesorar en solitario. Pero las dos reglas más importantes son estas: los hombres no deben conocer su existencia tener relación con él”(p.34-35).

Una “laoong” lo veremos a lo largo del volumen es la amiga íntima de una mujer. Por ello leemos: “La audacia de mi ‘laotong’ me hizo comprender la verdadera función de nuestra escritura secreta: no había sido concebida para que nos escribiéramos cartas ingenuas ni para que nos presentáramos a las mujeres de la familia de nuestro esposo, sino para darnos voz. El nu shu era un medio por el que nuestros pies vendados podían acercarnos unas a otras”(p.198). Es una escritura que tenía más de mil años de existencia. Por ello se debe pensar como leemos aquí que “el mayor error que puede cometer una mujer que conoce el nu shu: no había tenido en cuenta su textura, el contextos ni los matices de significado”(p.298). Es aquel un idioma escrito en metros pentasílabos(versos de cinco sílabas) y heptasílabos(versos de siete sílabas), aunque Lisa See ha trascrito varias cartas en esta lengua en prosa, para facilitar su lectura actual.

Y es ese lenguaje el que fundamenta la historia de una gran amistad entre mujeres que es lo que sostiene este libro.

Pero El abanico de seda es la historia de mundo femenino ancestral, sostenido sobre el afecto entre mujeres, vivido en las constantes confidencias que ellas se hacen. En esta caso la relación entre Lirio Blanco y Flor de Nieve, dos mujeres de “idéntica estatura e igual belleza y, más importante aún, les vendarán los pies el mismo día”(p.56. Ver la carta de la p.62).

Y todo en El abanico de seda es hondamente femenino, “de lo más profundo del yin: lo negativo, lo oscuro y lo femenino”(p.102); “Estábamos a merced de poderosos elementos y no podíamos hacer nada para adivinar nuestro destino. Eso se explica mediante el yin y el yan: hay hombres y hay mujeres, oscuridad y luz, pena y felicidad; todas esas cosas crean un equilibrio”(p.123), “No hay vida sin muerte. Ése es el verdadero significado del yin y el yang”(p.123). El yin y el yang es lo masculino y lo femenino, de lo cual está hecho todo ser humano, son sus dos partes psicológicas, como nos lo han enseñado desde el siglo XX los trabajos del psiquiatra austríaco Carl Gustav Jung(1875-1961) sobre todo en la exposición de la esencia de su doctrina, sobre lo masculino y lo femenino, que hallamos en El hombre y sus símbolos(Barcelona: Caralt, 1981. 334 p.), echa en compañía de varios de sus mejores discípulos.

Hay que pensar en todo lo que vamos a citar ahora en Confucio(c552-479 aC), el moralista chino por excelencia, cuyos pensamientos no escribió, como Sócrates o Cristo, sino que lo recibimos a través de sus discípulos, como Platón en el primer caso, o Lucas, Mateo, Marcos y Juan, los autores de los Evangelios, en el segundo caso. Para Confucio para ser un hombre o una mujer perfecta hay que actuar armónicamente, quienes plasman esa armonía son para él la familia y el Estado, por lo cual sugerentes son sus consejos a los gobernantes y sus ideas de lo que debían ser para ser acatados por el pueblo. Pensaba que “El deber principal del gobernante es ser un modelo para su pueblo y fomentar su bienestar. Confucio estaba convencido de que la gente obedecería e imitaría a un gobernante recto, pero no a un déspota perverso. ‘Si se les conduce con virtud…tendrán un sentido de vergüenza y aumentaran sus expectativas” como indica el historiador norteamericano James Davis(La increíble historia de la humanidad. Caracas: Planeta,2008,p.93).

A la esfera femenina, como la denomina Lisa See, pertenece esta narración, ”También sabía que la diferencia entre ‘nei’, el reino interior del hogar, y ‘wai’, el reino exterior de los hombres, constituía el núcleo de la sociedad confuciana. Tanto si eres rico como si eres pobre, emperador o esclavo, la esfera doméstica pertenece a las mujeres y la esfera exterior a los hombres. Las mujeres no deben salir de sus cámaras interiores ni siquiera mediante la imaginación. Entendía asimismo los dos ideales confucianos que gobernaban nuestra vida. El primero lo formaban las Tres obediencias: ‘Cuando seas niña obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando sea viuda, obedece a tu hijo’. El segundo correspondía a las Cuatro virtudes, que definen el comportamiento, la forma de hablar, el porte y la ocupación de las mujeres: ‘Se sobria, comedida, sosegada y recta en tu actitud; se serena y agradable en tus palabras; sé contenida y exquisita en tus movimientos; se perfecta en la artesanía y el bordado’. Si las niñas no se apartan de esos principios, se convierten en mujeres virtuosas”(p.33).

Y en las relaciones entre mujeres que nos describe esta novela aparece las ‘laotong’, la amiga más cercana, la terrible y dolorosa, si las vemos desde hoy, ceremonia del vendaje de los pies, los matrimonios concertados(p.28), la preñez: “Mi tía me ha dicho cuál es el mejor momento para quedarse embarazada…Debe haber armonía en tu vida”(p.175), el por qué las mujeres de aquella cultura tradicional, centrada en el hombre preferían al hijo varón(p.188).

Sobre la “laotong”, de singular importancia en ese mundo femenino aquí descrito, leemos:”Yo conocía esa palabra y su significado. Un contrato de dos ‘laotong’ no tenía nada que ver con una hermandad. Implicaba la participación de dos niñas de poblaciones diferentes y duraba toda la vida, mientras que una hermandad la componían varias niñas y se disolvía en el momento de la boda. Yo nunca había conocido ninguna ‘laotong’ ni me había planteado que pudiera llegar a tenerla. Cuando eran pequeñas, mi madre y mi tía había tenido hermanas de juramento en sus pueblos natales”(p.31).

El horror de la guerra es parte de la carnadura de El abanico de seda, es visible en una de las cartas aquí insertas(p.227-228), en la observación: “cuando las verdaderas amenazas eran la escasez de alimentos y el frío implacable”(p.245), contienda de la que surge aquel lamento: “Y el rico suelo es inútil si no reina la armonía entre los hombres”(p.217). Y esta, la guerra, si la vemos a través de los texto universales, ha sido anatematizada desde los escritos bíblicos donde se condena a los que las provocaban. Esto dijo el profeta Isaías “Puedes multiplicar las plegarias/que yo no las escucho/ porque tus manos están tintas de sangre”, porque, como se lee en el libro de los Proverbios(VI,16-19): “Seis cosas hay que aborrece Dios,/y siete son abominación para su alma:/ ojos altaneros, lengua mentirosa,/manos que derraman sangre inocente /corazón que fragua planes perversos,/pies que ligeros corren hacia el mal,/testigo falso que respira calumnias,/y el que siembra pleitos entre los hermanos” porque como leemos en la gran novela de Herman Melville(1819-1891), Moby Dick, “la guerra es dolor, y el odio es sufrimiento”(ed.2000,p.550).

En la Entraña de la Amistad

Los dones del amor dominan El abanico de seda. “El cariño no dejará que cortemos nuestros lazos…Todavía sigo aprendiendo acerca del amor. Pensaba que entendía no solo el amor maternal, sino también el amor filial, el amor entre esposo y esposa y el amor entre dos laotong. He experimentado otras clases de amor: la compasión, el respeto y la gratitud. Sin embrago, cuando miro el abanico secreto donde están recogidos los mensajes que Flor de Nieve y yo nos escribimos durante años, comprendo que no valoraba el amor más importante: el que surge de lo más profundo del corazón”(p.11-12). Y este no es otro que la amistad en donde siempre la confidencia está a flor de piel. Y esta novela nos enseña que no es exactamente correcto, pese a estar sostenido en las páginas memorables de El ultimo encuentro del húngaro Sandor Marai(1900-1989) que la amistad sólo es posible entre hombres porque ella es también posible entre mujeres con sus particulares connotaciones. Todas las páginas bellísimas de El abanico de seda lo demuestra y como el pasado se evoca desde el presente no hay duda que Lisa See escogió este tema pensando en lo que es hoy la amistad entre mujeres, con todos sus sortilegios del presente.

Es aquella una amistad como la que leemos formaron Flor de Nieve, desde su pueblo de Tonghou, y Lirio Blanco, desde su casa de Puwei, “seremos sinceras la una con la otra. Nos consolaremos con palabras amables. Aliviáramos nuestros corazones. Susurraremos y bordaremos en la habitación de las mujeres. Practicaremos las Tres obediencias y las Cuatro Virtudes. Seguiremos los preceptos del confucianismo recogidas en las Enseñanzas para las mujeres y nos comportaremos como verdaderas damas…Hoy, nosotras…hemos sellado nuestro vínculo. Durante diez mil “li” seremos como dos arroyos que confluyen en un solo río. Durante diez mil años seremos como dos flores del mismo jardín. Nunca nos alejaremos, nunca habrá ni una sola palabra cruel entre nosotras. Seremos almas gemelas hasta el día de nuestra muerte. Nuestros corazones estarán contentos”(p.71): ¿no están aquí puestas las bases de toda verdadera amistad?. Por cierto, Lisa See, no lo dice pero el libro de máximas confucianas sobre las féminas que hemos citado las escribió una mujer china Pan Chao en sus Lecciones para mujeres. Hoy los movimientos feministas rescatan el nombre de Pan Chao en su búsqueda por hacer presente todo aquello que escribieron las mujeres a lo largo de las centurias. Fíjese que en esta caso no hablamos, eso será imposible, de un punto de vista feminista, sino de lo redactado por manos de mujer. Hoy se llama la atención sobre las Lecciones para mujeres pese a describirse en esta obra, lo que el norteamericano James Davis señala, era el humilde lugar que ocupaban las mujeres en la vida china(La increíble historia de la humanidad,p.94), manera de vivir que plenamente se desarrolla en las páginas de El abanico de seda.

La Amistad Entre Mujeres Hoy

Y más allá de aquella China tradicional del siglo XIX, es imposible al leer hoy El abanico de seda y no pensar en el significado que tiene hoy la amistad entre mujeres, que por demás siempre existió y siempre estuvo lleno de confidencias personales, tan profundas como la de aquella joven mujer del siglo XIX en los Estados Unidos, Mollie, no sabemos su apellido, quien describió en una carta para su mejor amiga, su prima Julia, como había sido su noche de bodas, como había descubierto lo dones del erotismo en los brazos de su esposo, la recoge Irving Wallace(1916-1990) en sus Vidas íntimas de gente famosa(Barcelona: Grijalbo,1982,p.590-592), como este singular documento de confidencia mujeril no es muy conocido lo copiamos en el apéndice de este trabajo porque sentimos que es revela el modo de ser personal de las mujeres.

Y Hoy

Para cerrar, caminando desde El abanico de seda hasta hoy es posible mirar la China actual y observar a través de su experiencia reciente la gran lección del fracaso económico de los países comunistas puede ser bien estudiado a través del caso chino, muy bien documentado ahora por Ted Fishman en su libro China S.A.(Caracas: Mondadori/Debate,2006. 460 p.). ¿Triunfó el capitalismo sobre el socialismo? Sin duda: pero sin hacer nada porque el capitalismo, es una reflexión que se nos ha presentado clara en tiempos recientes, no es sólo un sistema económico sino un sistema de vida, de existencia en libertad, por lo tanto debe haber siempre propiedad privada, hace poco también restaurada en China(marzo 16,2007), con lo cual ese país dejó de ser comunista, ahora es un país capitalista de economía de mercado, aun con un cierto barniz marxista, entre otras cosas por esa decisión.

Y nadie que no pueda progresar en los diversos sentidos de su vida no puede sentirse feliz, buscará otras trochas, como las encontradas por los hoy célebres diez y ocho campesinos chinos de Changxin quienes para salir de la pobreza y la hambruna debieron pasar por encima de las leyes y crear así un modo de vida satisfactorio. Eso también hicieron allá los agricultores de la provincia de Zhejiang pioneros de la industrialización allá. Porque incluso cuando los ordenamientos jurídicos atentan contra las personas no deben ser seguidos por las naciones. Lo hecho por aquellos diez y ocho agricultores fue de tal magnitud que al enterarse de lo que hacían el sagaz Deng Xioping, quien llevó a su país a lo que es hoy, desde las reformas que empujó desde 1978, los apoyó abiertamente pese a saber que estaban actuado de forma ilegal. Aquel mandatario renovador se dio cuenta del sentido de lo que hacían aquellos pisatarios, lo eran porque hasta la tierra que cultivaban era del Estado. Tal lo hecho por un hombre moderado como lo fue Deng Xioping, nunca fue un radical, sino una persona reflexiva que junto con sus equipos de trabajo buscó un nuevo tiempo para su país. Lección grande esa la que un hombre sereno y progresista, en el mejor sentido de la palabra, logró hacer pensado cada uno de los pasos que siguió. Fue de alguna manera Deng Xioping el libertador de su país, lo liberó de la esclavitud del comunismo, lo salvó de los numerosos errores cometidos por el régimen de Mao Tse-Tung(1893-1976). Hoy es Deng Xioping sin duda el mayor político del mundo del último medio siglo porque todo lo que empujó a hacer es creador. No perfecto porque ello es imposible. Pero buscó un sendero positivo, lleno de riesgos. Pero no hay que olviarlo: los que nada hacen nunca se equivocan. Pero los yerros de un político pueden ser corregidos, claro todo depende siempre de la capacidad de autocrítica de la clase política que gobierna. Y de la forma como escuchen a la gente, lo cual es su obligación porque ¿para que quieren poder sino escuchan?.

(Leído en Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en Caracas, la tarde del miércoles 5 de agosto de 2009).

Apéndice:

Carta de Mollie
Nos ha parecido oportuno añadir una posdata a capitulo XV “Y fueron felices”. Se refiere la posdata a los comienzos de la vida sexual matrimonial de la única persona de este libro que no es famosa. Es una carta particular escrita por una recién casada llamada Mollie, residente en algún lugar “del Este” (de los Estados Unidos), a su prima y confidente Julia, de Northern Mines, California. La carta fue escrita hacia el año 1882. Mollie existió en la realidad. La carta es real. La misiva sé encontró en un paquete de correspondencia de Julia. Posteriormente fue adquirida por un coleccionista y nosotros la publicamos con la autorización de George R. Kane, de Los Gatos, California. Es una de las mejores descripciones de la consumación sexual de un matrimonio que jamás hayamos visto. Y ahora, les presentamos a Mollie.

Mi querida prima Julia,
Cumplo ahora con placer la promesa que te hice de escribirte tras la consumación de mi matrimonio con Albert, de tal manera que puedas hacerte una idea de la cosa cuando tú y Harry os unáis, lo cual espero ocurra pronto. Te ruego que recuerdes que esto es estrictamente confidencial; si no gozáramos de tanta familiaridad, no escribiría con tanta franqueza, pero tú sabes que, cuando estábamos juntas, lo que una hacía lo sabía la otra, por lo que no te ocultaré nada. Albert y yo nos casamos anteayer. Ofició la ceremonia nuestro ministro E. Hodge, todos nuestros familiares estaban presentes, no ocurrió nada que empañara los placeres del día y todo se desarrolló tal como suelen desarrollarse las bodas, con mucho jolgorio, pasteles y vino, etc. Pero, oh, querida Juila, no puedes imaginar ni remotamente la felicidad que he experimentado desde aquella noche que siempre recordaré. Yo creía tener alguna idea de los goces de la vida matrimonial, pero era una novicia en los misterios de la vida matrimonial de los que ahora trataré de ofrecerte una vaga descripción. La primera noche en que me acosté con mi Albert, una emocionante sensación me recorrió todo el cuerpo con la rapidez de un relámpago. ¡Oh, la dicha de aquel momento tan sensiblemente vivo que superaba cualquier cosa que jamás hubiera experimentado! Fue superlativamente hermoso. Permanecimos tendidos unos instantes abrazados el uno al otro, con nuestros cuerpos desnudos en estrecho contacto ya que, por algún medio inexplicable, mis prendas de dormir se habían deslizado hasta más arriba de mi cintura; la sangre me hervía y me recorría el cuerpo como lava fundida, mi respiración cesaba por completo a intervalos y la cabeza estaba casi a punto de estallar en un aturdimiento que parecía casi un estupor. Me invadió una felicidad que no puede expresarse con palabras; parecía que el aliento abandonara mi cuerpo, me sentía paralizada y yacía inmóvil y tranquila como los Mares del Sur en una suave mañana estival. Cuando, como para poner a prueba la máxima tensión de mis nervios, Albert me tomó la mano y poco a poco (no me resistí porque sospechaba sus intenciones), en trémula excitación, la fue deslizando hacia abajo por su cuerpo hasta que entró en contacto con su... ¡Oh, cielos!... la emocionante sensación de aquel momento, ya sabes a qué me refiero. Estaba hinchado hasta un tamaño enorme, mi mano lo agarró inmediata y tenazmente, aunque declaro que fue todo lo que pude hacer para abarcarlo. La suave sensación aterciopelada de su punta infundió un impulso adicional a mis ya excitados sentimientos. Cuando, para rematar la culminación de mi felicidad, él se elevó suavemente sobre una rodilla y, colocando la otra entre mis muslos, me separó las piernas para que su cuerpo pudiera introducirse entre ellas y, al cabo de un momento, empezó a moverse suavemente hacia arriba y hacia abajo en una cadencia ondulatoria, cuando percibí que entraba en mi persona, cuando la punta penetró, tuve la impresión de experimentar un espasmo porque me elevé con súbita emoción mientras él me taladraba, y el hecho de seguir actuando mutuamente de este modo tuvo por efecto introducírmelo más profundamente en mi persona, lo que me hizo experimentar una repentina conmoción como la de una batería galvánica. Un aturdimiento se apoderó de mí, mis ojos se cerraron, mi pecho se agitó, mis brazos se aflojaron, mi respiración cesó y yo llegué a perder el conocimiento porque me desmayé. Cuando recuperé el conocimiento, Albert me estaba abrazando y besando, me estaba estrechando en sus brazos en el éxtasis del momento y yo me olvidé de todo el mundo menos de mi querido Albert. Permanecimos tendidos y agotados por espacio de unos veinte minutos y después él volvió a guiar mi mano hacia aquel querido miembro que tanto placer me había deparado. Su tamaño se había reducido un poco, pero, en cuanto advirtió la presión de mi mano, recuperó sus iniciales proporciones. Albert hizo otro intento de elevarse encima mío, pero yo le supliqué, más por delicadeza que por aversión, desistiera de hacerlo, cosa que el pobrecillo hizo efectivamente, aunque yo no pude resistirme porque lo introdujo entre mis muslos y me besó de tal forma que la resistencia fue imposible y una vez más cedí a su requerimiento. Ahora no me desmayé, si bien las placenteras sensaciones fueron más intensas que la primera vez. Antes hubiera preferido correr el riesgo de perder la salvación de mi alma que obligar a Albert a retirarse de su abrazo. Al día siguiente, mis partes estaban un poco rígidas y doloridas, pero ahora me encuentro tan animada como una ardilla. Creo que me ha hecho una buena faena y estoy embarazada. Bueno, querida Julia, el día está tocando a su fin y tengo que terminar esta carta porque Albert está al llegar y por nada del mundo quisiera que se enterara de lo que te he escrito. Por consiguiente, me despido por ahora y, en mi próxima carta, te contaré más cosas acerca de los placeres de la vida matrimonial. Dale recuerdos míos a Anna T, al tío y a los amigos que se interesen por mí.
Con todo el afecto de tu prima,Mollie.
(Esta carta la publicó Irving Wallace: Vidas íntimas de gente famosa. Barcelona: Grijalbo, 1982,p.590-592).

Fuentes

Para la elaboración de este trabajo hemos utilizado las siguientes obras: Jung Chang/Jon Hallyday: Mao: la historia desconocida. Bogotá: Taurus, 2006. 1029 p.; Ted Fishman: China S.A. Caracas: Mondadori/Debate,2006. 460 p.; John Fraser: Los chinos, semblanza de un pueblo. México: Lasser Press, 1980. 531 p.; Walter Gotees: Historia Universal. Madrid: Espasa Calpe, 1969. 12 vols. Aquí hemos tenido a la vista el volumen IX: Sistema de los Estados Mundiales, en especial el capítulo de F.E.A.Krause: “La evolución moderna de Asia Oriental”(p.499-608); Carl Grimberg: El siglo del liberalismo. Barcelona: Daimon, 1983. 432 p.; Alain Piyrefitte: Cuando China despierte el mundo temblará. Barcelona: Plaza y Janés, 1975. XXIII, 500 p.; Edgar Snow: Red China today. New York: Vitage Books, 1971.749 p.; Terrill Ross: Mao: una biografía. México: Lasser Press, 1980. 557 p.; Hugh Thomas: Una historia del mundo. Barcelona: Gribalbo, 1982. 881 p.; Edwin Wickert: China vista desde dentro. Barcelona: Planeta, 1983. 385 p.