Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Dos Centurias Después del 19 de Abril de 1810

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Al hablar hoy en este acto de la Fundación Francisco Herrera Luque, la casa en donde se estudia el alma de Venezuela, en un fecha como la que hoy recordamos, los dos siglos de la decisión libertaria de Caracas, del 19 de Abril de 1810, nos parece necesario, al lado de los numerosos estudios que se pueden hacer de este día y de los que le antecedieron, hacer algunas consideraciones que consideramos básicas.

Lo primero que deseamos indicar que el proceso de la emancipación iniciado en Caracas la mañana del 19 de Abril de 1810 fue un proyecto generacional, el cual a nuestro entender no sólo duró en Venezuela trece años, desde la declaración de Caracas el año diez hasta, tras la victoria de Carabobo(Junio 24,1821) y su definitiva consolidación el año veinte y tres, cosa que poco se recuerda, con la batalla naval del Lago de Maracaibo(Julio 24,1823) y la toma de Puerto Cabello ese mismo año(Noviembre 7-8,1823). En verdad nuestra opinión es que este proceso duró ochenta años, desde el día del nacimiento de Francisco de Miranda el 28 de Marzo 1750 hasta la muerte de Simón Bolívar en San Pedro Alejandrino el 17 de Diciembre de1830.

Es esto lo que va explicar la forma como la emancipación se proyectó y el ideario que subyace tras ella es lo fundamental, el proyecto intelectual es básico porque, porque sin duda más importante que el suceder bélico fue el proceso de las ideas que lo sostuvieron. Y ello porque, insistimos en este punto, el periplo emancipador no sólo fue una contienda bélica sino una controversia ideológica, la pugna de dos concepciones dentro de una sociedad para que ésta pasara de colonial a políticamente independiente. De allí lo equívoco que es pretender comprender aquellos arduos días sólo a través del estudio de los sucesos militares que en muchos casos no explican aquel momento sino en sus zonas más superficiales. Es el estudio de las ideas que sustentaron los protagonistas de aquella intensa controversia lo que puede permitirnos comprenderla.

Si nos detenemos a examinar ese proceso, si seguimos los pasos de sus actores, si los observamos actuar, en la plaza pública, en el parlamento, en el campo de batalla, los hallaremos “traduciendo textos para la formación de la conciencia cívica...promoviendo periódicos... reuniendo bibliotecas para la educación ciudadana... o exponiendo teorías y principios para orientar el pensamiento y fortalecer las voluntades. Siempre utilizando la imprenta para divulgar la buena nueva de la emancipación” como escribió el maestro Pedro Grases(Libros y libertad. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1974,p.XIX). De allí la importancia que tiene pensar siempre que lo que subyace tras la acción es el pensamiento a través del cual formaron una concepción de la libertad y de autonomía que sigue siendo el diseño de la democracia venezolana. Es por ello en todo no hay que olvidar la expresión de uno de ellos, don Simón Rodríguez(1769-1854), cuando expresó que “donde no hay proyecto no hay mérito”. Y esto fue lo que hubo y lo que está al lado de Miranda, quien fue quien lo fraguó antes que nadie, en Nueva York en 1784 según su propia confesión, lo que iba a ser el proceso de nuestra libertad política.

Es por ello que todavía siguen siendo las figuras centrales de nuestra historia los nombres de ese serie fundamental de siete venezolanos: Francisco de Miranda(1750-1816), Miguel José Sanz(1756-1814), Juan Germán Roscio(1763-1821), Simón Rodríguez(1769-1854), Andrés Bello(1781-1865), Simón Bolívar(1783-1830) y Antonio José de Sucre(1795-1830). Y la primacía del Libertador entre todos ellos, aunque no tuvo actuación alguna el 19 de Abril ni fue diputado en el Congreso de 1811, solo la podemos explicar, desde su decisión personal de ponerse al frente del movimiento en 1813, en la Campaña Admirable, en verdad verdadero momento del inicio de su carrera pública, por aquello que indicó con certeza José Martí(1853-1895) al decir del Caraqueño: “No es que los hombres hacen los pueblos, sino que los pueblos, en su hora de génesis, suelen ponerse, vibrantes y triunfantes, en un hombre”(Martí en Venezuela. Caracas: Tipografía Americana,1930,p.180).

Por ello hoy que debemos insistir en la importancia de la formulación de aquel proyecto que inicia Miranda, por ello se espiga de él no sólo la emancipación de Venezuela sino la de toda la América Latina. Y en su sucederse el tiempo la importancia de las ideas en la formulación de acción fue esencial. Este es un hecho que no hay que perder de vista. El Precursor creó la plataforma ideológica, el licenciado Sanz fue el jurista, Roscio el hombre que escribió en su tratado El triunfo de la libertad sobre el despotismo(Filadelfiia: Thomas H. Palmer,1817. XIII,406 p.) la justificación más seria del por qué de la decisión emancipadora, fue el suyo el libro más importante publicado durante todo este período; Simón Rodríguez fue el primer filósofo de este tiempo quien nos enseñó entre cosas que no podía haber repúblicas sin republicanos; Bello creó, desde Londres, desde el faro chileno, las bases jurídicas de la vida internacional latinoamericana en sus Principios de derecho de gentes(Santiago: Imprenta de La Opinión, 1832. IV,267 p.), el hondo proyecto educativo que condujo desde 1843, en su Discurso de instalación de la Universidad del Chile(Santiago: Imprenta del Estado,1843. 38 p.), es de hecho esta peroración la página esencial en la cual se expresa el ideario de aquel sabio pensador, la Gramática de la lengua castellana para uso de los americanos(Santiago: Imprenta El Progreso,1847. XIII,334 p.) o las bases para el desarrollo de la literatura autónoma de la América Latina y su magisterio fue continental y estuvo presente hasta finales del siglo XIX, completó don Andrés la obra de los dos grandes, a Miranda lo siguió Bolívar desde 1816 y al Libertador remachó su acción Bello, en el campo del pensamiento, desde su deceso en 1830, por ello aquellas tres inteligencias estuvieron en acción por una centuria y luego entraron en actividad, en el caso de Bello, sus discípulos y luego los alumnos de sus alumnos. Y su presencia sigue viva, tanto que hasta su Código civil de la República de Chile(Santiago: Imprenta Nacional, 1856. 641 p.) sigue estando en vigencia.

Y en caso de Sucre hay que recalcar que además de verlo como el sólido militar, como el claro sucesor del Libertador, el joven por excelencia de la historia venezolana, no debe soslayarse el estudio de sus concepciones en los doce tomos de su archivo.

Estos fueron los hombres. Y a lo largo de todo el siglo XIX fueron los grandes venezolanos solo completados por la primera mujer importante de nuestro devenir, y altísima figura internacional, Teresa Carreño(1853-1917), grande entre los grandes del teclado en sus días.

Si la emancipación, todo lo que se hizo verdad en Caracas, en la sede del ayuntamiento, el 19 de abril de 1810, aquel Jueves Santo se proclamó aquel día, dentro del necesario eufemismo de “Junta conservadora de los derechos de Fernando VII”, aunque la petición de independencia absoluta de Madrid se venía pregonando en las tertulias caraqueñas desde la caída y prisión del rey en España en 1808 y eran partidarios de aquella decisión muchos, entre ellos los hermanos Bolívar Palacios, Juan Vicente y Simón José Antonio.

Hay un hecho que hay que recalcar, lo que da mayor singularidad aun al 19 de Abril: para aquella mañana, todos en Caracas esperaban el levantamiento, todos los intentos anteriores habían fallado, tanto en Charcas y Perú en 1781; en Venezuela al igual el levantamiento de José Leonardo Chirino en la región de Coro(1795), la insurrección de Picornell, Gual y España en La Guaira(1797), la Francisco Javier Pirela(1799) en Maracaibo, invasión de Miranda por Ocumare y Coro(1806) así como la insurrección de Quito(1809). Por ello la independencia latinoamericana comenzó en Caracas, planeada por un caraqueño y realizado por otro también caraqueño. Así lo que hoy celebramos es una fiesta completamente venezolana, totalmente civil, tanto que en ella no cabe la voz de una extranjera, es nuestra celebración.

Y tal fue “el ejemplo que Caracas dio” el 19 de Abril que a poco la independencia irradió a todo nuestro continente.

Y no hubo en 1810 en todo el mundo otro suceso de su singularidad: lo más importante que sucedió aquel año fue el pronunciamiento emancipador latinoamericano: el 25 de Mayo fue proclamada en Buenos Aires, el 20 de Julio en Bogotá, el 16 de septiembre en México, el 18 de Septiembre de Santiago de Chile, el 24 de Septiembre en Santa Cruz, el Alto Perú, hoy Bolivia. En Paraguay fue proclamada en 1811. Uruguay no existía entonces como nación autónoma, la Independencia de la región fue años más tarde(1828) y la emancipación de Brasil tuvo otro sendero porque ni siquiera hubo una guerra para lograrla(1822) y lo que se proclamó fue un imperio independiente de Portugal.

Y reiteramos: si se estudia el año 1810 en la historia universal, sobre todo a través de la prensa de aquellos días, comprobará el lector que el suceso mundial mas importante de aquel año fue la declaración de la independencia de los países latinoamericanos, suceso vaticinado ya en el siglo XVIII tanto por el Intendente de Caracas don José de Ábalos en 1781 como por el conde de Aranda, don Pedro Pablo Abarca de Bolea(1719-1798), importante ministro del rey Carlos III(1716-1788), en 1783. Curiosamente la primera fue tomada cuando se inició la acción de Miranda al participar en la Independencia de los Estados Unidos, la segunda el mismo año del nacimiento de Bolívar(ver Carlos Emilio Muñoz Oraa: Dos temas de historia americana. Mérida: Universidad de Los Andes, 1967, p.7-49).

Y, claro, al hacer el recuento de los sucesos de aquellos doce meses lo que encontramos es que en Europa se vivía la hegemonía de Napoleón Bonaparte(1869-1821), quien se casó ese año con una princesa austríaca; en España continuaba la llamada Guerra de Independencia contra la invasión francesa ordenada por el Corso, cuando penetró en territorio español, destronó e hizo preso al rey Fernando VII(1784-1833) e impuso a su hermano José Bonaparte(1768-1844) como monarca. A este rey intruso los españoles lo llamaron “Pepe botella”, ustedes comprenderán por qué. José I, como lo llamó su hermano, fue un rey usurpador para la historia de España.

El otro hecho de ese año, muy singular, fue la instalación, el 24 de Septiembre, de las Cortes de Cádiz, que pese a su importancia, redactó la primera constitución democrática española, puesta en vigencia en 1812, llamada por los gaditanos “la Pepa”, constituyó una tentativa tardía de encontrar un consenso entre las dos partes del imperio español, el europeo y el hispanoamericano, tentativa tardía y frustrada, hecho imposible aquella reconciliación, pese a las figuras de sus interesantes diputados, entre los cuales se destacó el representante maracucho José Domingo Rus(1768-1835). Todos los delegados venezolanos presentes en ella, entre los cuales estuvo hasta un tío del Libertador, don Esteban Palacioa(1763-1830), fueron representantes del realismo criollo.

Hay otro hecho que recalcar en este recuento: cuando se produjo el 19 de Abril en Caracas ya había en nuestro continente una nación independiente: Haití que en 1804 había logrado su emancipación de Francia, consecuencia del proceso se desató en Haití en 1791 con la insurrección los negros esclavos que llevó aquel país a la autonomía en 1804, el primer país latinoamericano independiente. Tan singular fue el suceder en la antigua Saint Dominique, Haití una vez decidida su emancipación, que las insurrecciones de Chirino en la región de Falcón y de Pirela en el Zulia fue consideradas como producto del “contagio haitiano”. Francia reconoció la emancipación haitiana en 1826.

Ahora debemos insistir que si bien el 19 de Abril Venezuela quedó librada de toda sujeción a cualquier nación, cosa reafirmada el 5 de Julio de 1811, los sucesos de aquel Jueves Santo tuvieron en el jurista y catedrático universitario Juan Germán Roscio su figura central, cosa que siguió siendo a todo lo largo de los siguientes dos años, hasta que la República cayó. Pero la presencia de Roscio nos permite recalcar que el 19 de Abril fue un día civil, de la civilidad, de la sociedad civil. No fue un hecho militar como se quiso sugerir al pueblo venezolano el lunes pasado. El 19 de Abril no hubo acción militar alguna, muy educadamente fue conminado el Capitán General Vicente Emparan(1747-1820) para que regresara al Cabildo por Francisco Salias(c1785-1834), tan no hubo violencia en aquella acción que en nuestros anales ha quedado aquel suceso como el acto de “atajar” a Emparan. El resto de aquella mañana, hemos concluido leyendo la documentación y los testimonios de los presentes, que la sesión del común terminó al mediodía, fue un acto civil cumplido en la sede de la más alta institución de la sociedad civil: el Cabildo. Y ni hubo presencia militar, ni agresiones violentas a nadie, no se desenvainó una espada ni se caló una balloneta. En el momento en que Emparan se asomó al balcón lo que hizo fue acto civil de escuchar la opinión del pueblo, vieja costumbre de los pueblos de Castilla. En aquel momento, como era un acto generacional, entre la multitud que estaba presente en la Plaza Mayor, se encontraba otro de los complotados, el médico sanfelipeño José Rafael Villareal, quien fue quien en medio de aquellas gentes, consideradas como cerca de cuatrocientas personas, voceó en alto “No lo queremos”, viendo el dedo indicador del canónigo José Cortes de Madariaga(1766-1826) desde el balcón que tenían enfrente. Al doctor Virrareal lo siguió inmediatamente la algarabía de la multitud.

Hoy Uds. pueden ver aun el balcón por el que se asomó Emparan, cada vez que pasen frente a la Casa Amarilla, es el último balcón al sur del edificio. Y la sala capitular se conserva aun en el primer piso de ese edificio, entonces sede de la Capitanía General, del Cabildo y de la Cárcel Real, está en la esquina de Monjas.

Ahora bien hay que insistir que el 19 de Abril no fue un golpe de Estado sino el final de un vasto proceso político, de tres siglos de vida municipal. Por ello el 19 de Abril se debe considerar el momento de madurez de la sociedad colonial, el instante en que los venezolanos estaban ya maduros para asumir el gobierno de su países. Y Caracas aquel día declaró la Independencia en nombre de las demás provincias porque ya en ese momento, desde el 8 de Diciembre de 1776, por decisión del rey Carlos III, Venezuela era un país integrado, el mismo que tenemos hoy, restándole las perdidas territoriales que hemos tenido, la cabeza de cuyo gobierno estaba en Caracas porque el Capitán General de Caracas era el jefe militar de todas las provincias y la nación entera se regía jurídicamente desde la Real Audiencia de Caracas(Junio 10,1786), desde hacía varias décadas fundada. En la Real Audiencia de Caracas residía el poder político y su presidente era el Capitán General.

Relatos de 19 de Abril hechos por sus protagonistas contamos con dos, venidos del lado realista: el de intendente Vicente Basadre(Julio 4,1810) y el del ex Capitán General Emparan(Mayo 31). Basadre(1850-1828) y Emparan fueron depuestos el 19 de Abril(Varios Autores: El 19 de Abril de 1810. Caracas: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1957,p.19-61). Por cierto que al transcribirse el informe de Emparan en 1910 el historiador Laureano Villanueva(1840-1912) suprimió el nombre y la acción, dados por Emparan, de la única mujer que participó en los sucesos del 19 de Abril: doña Juana Antonia Díaz Padrón, cuyo nombre ha sido restituido a la historia por nuestro feminismo contemporáneo(Irma De Sola Ricardo: “Juana Antonia Díaz padrón, prócer civil del 19 de abril de 1810”, en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, n/ 126,1980,p.73-84). Con el tiempo, doña Juana Antonia, madre de los próceres Montilla, creó un principio político al declarar, el documento está en el Archivo General de la Nación, que todo aquel que está en el poder está obligado a escuchar al pueblo, o como lo dijo aquella destacada matrona: “para que quiere gobierno sino escucha”(ver Augusto Mijares: Lo afirmativo venezolano.3ra.ed. Caracas: Dimensiones, 1980,p.9).

Nos quedó sin embargo un testimonio de un venezolano de aquel día singular, tal lo que escribió, encerrado en su celda del Convento de San Francisco, el fraile yaracuyano Juan Antonio Navarrete(1749-1814) en diario recuento: “El día 19 de Abril, en Jueves Santo, ha hecho Caracas y Venezuela su Junta Suprema, con el título de Alteza, estableciendo la Independencia libre de potestades ilegítimas. Véanse sus papeles, y erección de tribunales y Gacetas de Abril y Mayo”(Arca de letras y teatro universal. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1993. t.II,p.90-91). Se debe leer con atención cada una de las gráficas palabras utilizadas por el sabio levita, uno de los grandes intelectuales que había en aquel momento en Caracas, acuérdense que aquel día Miranda no había regresado, Bello era joven escrkitor y Bolívar no había hecho conocer escrito alguno. Habla claramente el padre Navarrte de haberse “establecido su independencia libre de potestades ilegítimas” lo cual es sumamente gráfico. Meses más tarde dejó puntual noticia de la decisión de Independencia absoluta”(Arcas de letras y teatro universal,t.II,p.93). A poco el padre Navarrete fue capellán de las tropas de Miranda(Arca de letras y teato universal,t.I,.24).Fue obviamente republicano este clérigo cuyo legado escrito es impar. Y debió ser feliz el encuentro de Navarrete con Miranda, de aquellos dos viajeros que dejaron constancia de los visto: don Francisco moviéndose un lugar a otro casi sin parar y Navarrete viajando a través del mundo de los libros, sin salir de su convento, pero viajeros impenitentes ambos.

Lo que registró el padre Navarrete en su manuscrito fue muy importante, a pesar de tener apenas cuatro líneas, porque cuando volvió a aparecer el 27 de Abril el periódico del gobierno, que siguió siendo redactado por Bello hasta Junio, ahora el humanista nombrado vice canciller de la nueva república, ningún relato de testigo alguno encontramos en sus columnas, fuera del significativo editorial, sin duda redactado en este caso por el doctor Roscio.

Todo esto fue el preámbulo de lo que se leyó cuatrocientos cuarenta días más tarde, el 5 de Julio de 1811, en el Acta de la Independencia, según la cual: “creemos que no podemos ni debemos conservar los lazos que nos ligaban al gobierno de España, y que como todos los pueblos del mundo, estamos libres y autorizados, para no depender de otra autoridad que la nuestra, y tomar entre las potencias de la tierra, el puesto que el Ser Supremo y la naturaleza nos asignan y a que nos llama la sucesión de los acontecimientos humanos y nuestro bien y utilidad”(La constitución Federal de 1811 y documentos afines.2ª.ed.Caracas: Academia Nacional de la Historia,2009,p.89).

Dos Centurias Despúes

A doscientos años de la decisión independentista proclamada en Caracas, a la cual se adhirieron siete provincias, una por cada estrella que se colocó en nuestra bandera, Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, deben trazarse algunas conclusiones. La primera, a la que ya nos hemos referido, es que la Independencia de América Latina surgió y consolidó en Caracas y está viva desde entonces y es permanente hoy en día. De aquí irradió la decisión y nuestros propios documentos, sobre todo los Derechos del hombre y del ciudadano, con varias máximas republicanas y un discurso preliminar dirigido a los americanos(Madrid: Imprenta de la Verdad,1797. LII, 15 p.) concebidos por Juan Bautista Mariano Picornell(1759-1825), como fundamento de la conspiración de 1797, y más tarde los razonamientos del acta del 19 de Abril y el articulado de nuestra Constitución de 1811, influyeron en las que fueron aprobadas en las otras naciones, que a poco de la decisión de Caracas se independizaron. El folleto de Picornell, como sucede con todos los impresos que empujan las mutaciones políticas, fue breve, apenas un puñado de páginas, sesenta y ocho, pero fue decisivo, de allí parte nuestra democracia, cosa que está viva.

Luchar por la libertad, establecerla, fue el motivo de la acción de la generación de la Independencia, de los hombres nacidos a partir de 1750, fecha en que vio la luz Miranda, a los que siguieron Roscio, Miguel José Sanz o Simón Rodríguez hombres maduros para el año diez, o jóvenes en capacidad de actuar en 1810, caso de Simón Bolívar quien tenía ese año veinte y siete años. La “Generación de la Independencia”, como la denominó Pedro Grases(1909-2004), dio a Venezuela las siete más grandes figuras de su historia, Miranda, Sanz, Roscio, Rodríguez, Bello, Bolívar y Sucre, al lado de ellos sólo se puede consignar un nombre más: Teresa Carreño, el octavo personaje universal que dio el país y su primera mujer singular. La influencia en nuestro vivir de los primeros seis ha sido tal que dependemos de ellos, y quizá por ello los venezolanos hemos sido acusados, sin sentido, de estar obsesionados por el período de la Independencia. Pero interrogar a aquellos hombres y mujeres y volver a escribir sus biografías es obligación de cada generación.

Pero para entender lo que sucedió a partir de 1784, cuando Miranda trazó el plan emancipador en Nueva York, a partir de los análisis de la sociedad colonial que hicieron, desde ángulos que les eran propios, tanto el maestro Simón Rodríguez como el licenciado Sanz, el ideario de 1797, el primer verdadero gran pronunciamiento, que aunque frustrado dejó su huella perenne, sus ideas se volvieron a divulgar el año once. Y nuestra democracia se explaya desde de esas ideas.

Pero si es cierto que la sociedad colonial había llegado a la madurez en el siglo XVIII, la centuria de la integración de Venezuela, desde la decisión del rey Carlos III de unificar el país el 8 de Diciembre de 1776 al crear la Intendencia de Ejército y Real Audiencia, cosa puesta en marcha meses más tarde, al año siguiente, sobre todo cuando se puso todo el poder militar del todo el territorio venezolano en manos del Capitán General de la Provincia de Caracas(Septiembre 8, 1777). Le siguieron la creación de la Real Audiencia de Caracas(Julio 6, 1786), del Real Consulado(Junio 3,1793) y la unificación religiosa al constituirse el Arzobispado de Caracas(Noviembre 24,1803) del cual dependieron desde entonces las demás diócesis. Teniendo en cuenta no se puede soslayar que la elite política que nos dio la Independencia era una promoción preparada. Nuestra autonomía nos fue otorgada, en una nación cuyos ciudadanos ya estaban preparados para gobernarse así mismos, por nuestros universitarios, con la figura de Juan Germán Roscio a la cabeza, el gran ideólogo de la decisión, llamado por ello “El hombre del 19 de Abril”. Y los que no habían cursado estudios superiores habían hecho carreras militares o eran altas figuras del mantuanaje, como Bolívar, quienes, fuera de los estudios elementales, habían recibido su educación de forma privada en sus propias casas o en viajes a la península.

Pero esa generación culta y preparada, bien sostenida por ideales, estructurada sobre las ideas de los filósofos de la Enciclopedia, incluso por la Ilustración española, cuya influencia no ha sido bien estudiada aun entre nosotros, por las concepciones que dieron la Independencia a los Estados Unidos(Julio 4,1776) y por el gran levantamiento parisino que dio origen a la Revolución Francesa(Julio 14, 1789), era la propia de la sociedad formada por España en las naciones que había descubierto, colonizado y establecido en ellas una sociedad coherente, con un mismo idioma, cultura, religión y legislación. Sociedad mestiza aquella porque la España del descubrimiento lo era, tan mezclada como era nuestra América Latina, para nuestra suerte, que el Libertador nos consideró un “pequeño género humano” en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815). Y en ello se diferencia la sociedad que España implantó en América de las que establecieron los colonizadores europeos en África y Asia, incluso los ingleses en América del Norte donde casi toda la población indígena fue exterminada. Aun hay reservas indígenas en los Estados Unidos. Los colonialistas del Viejo Mundo dejaron a aquellos países en el mayor caos social porque incluso sus dirigentes, como ha sido demostrado, fueron sacadas de sus países para poner a andar en negocio esclavista desde el siglo XVI. En cambio España dejó aquí una sociedad bien plantada, tanto que toda la dirigencia latinoamericana, civil y militar, no partió de cero sino de lo recibido en casi todos los órdenes de la sociedad durante tres siglos, hasta las leyes hispanas pervivieron por largo tiempo en las naciones recién emancipadas. Fue tal aquella sociedad que Simón Bolívar pudo decir en una proclama(Abril 13,1814) que éramos producto de “tres siglos de cultura, de ilustración y de industria”(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela,1964,t.VI,p.241) y luego subrayar en la Carta de Jamaica los caracteres de nuestra sociedad civil, que él fue el primero en definir, al escribir que éramos “en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil”(Escritos del Libertador,t.VIII,p.232). La sociedad construida por España en nuestras tierras, incluso en Venezuela, uno de los países más pobres de aquel imperio, no era una tierra yerma, era un país vertebrado, una nación. Era una sociedad perfectamente orquestada, con todas sus instituciones funcionando.

Esa sociedad estaba preparada pero a la vez de su decisión de darnos la libertad, lo que se deseó construir estaba basado en un proyecto, cuidadosamente construido, tal lo denominado por Augusto Mijares(1897-1979) “La ideología de la Revolución emancipadora”(La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana. 4ª.ed.aum.Caracas: Monte Ávila Editores, 1998,p.221-232) o “El proyecto de América”(Lo afirmativo venezolano.5ª.ed.Caracas: Monte Ávila Editores, 1998,p.231-258), también observado por el mismo pensador. Esta fue la base de lo que sembraron y las siguientes generaciones hemos recibido. El proyecto de una sociedad que funcionara desde la legalidad de sus leyes, en la que hubiera continuidad política, criterios e ideales. Una sociedad que si bien hizo un cambio drástico, fue Andrés Bello el primero en publicar la palabra “Revolución” entre nosotros en el primer editorial de la Gaceta de Caracas de la cual él era redactor(Octubre 24,1808,p.2), precisamente escrita por un venezolano para calificar los sucesos de Aranjuez(Marzo 17-19,1808), el primero en ver esto fue el maestro Arturo Uslar Pietri(Bello el venezolano. Caracas: La Casa de Bello, 1986,p.18). Así no fue la primera vez que la palabra se escribió entre nosotros cuando la misma Gaceta de Caracas publicó(Enero 20, 1809) un manifiesto político de la Suprema Junta Gubernativa, redactado por el poeta español Manuel José Quintana(1772-1857). Así nuestra Revolución, aunque hubo que pelearla arduamente, fue más proyecto que violencia y no fue solo ni gesticulación ni palabras vacuas, fue de acciones para construir una nueva sociedad, independiente y soberana. Tanto que sobre ese proyecto pudo establecerse rápidamente sobre sólidas bases, sin hiatos ni pausas, el régimen de José Antonio Páez(1790-1873) que comenzó a actuar desde el 13 de Enero de 1830, ya desligado el país de la Gran Colombia.

Así la libertad es la enseña de los venezolanos. Por ellas hemos luchado, por reconquistarla hemos adversado las dictaduras y muchas vidas venezolanas han sido ofrendadas a la diosa libertad. Los venezolanos venimos de la decisión del 19 de Abril de 1810.

Por ello debemos terminar citando al Quijote, el libro de cabecera de la civilización hispánica a los dos lados del océano Atlántico, tierra con razón llamada, por el mexicano Carlos Fuentes, “El territorio de La Mancha”.

Se lee en la Segunda Parte de Don Quijote, al principio del capítulo LVIII, lo que sigue:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida ,y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”(Don Quijote de la Mancha. Madrid: Real Academia Española de la Lengua, 2005,p.984-985).

Después de citar este pasaje cervantino el peruano Mario Vargas Llosa lo glosa así: “Detrás de la frase, y del personaje de ficción que la pronuncia, asoma la silueta del propio Miguel de Cervantes(1547-1616), que sabía muy bien de lo que hablaba. Los cinco años que pasó cautivo de los moros en Argel, y las tres veces que estuvo en la cárcel en España por deudas y acusaciones de malos manejos cuando era inspector de contribuciones en Andalucía para la Armada, debían de haber aguzado en él. Como en pocos, un apetito de libertad, y un horror a la falta de ella, que impregna de autenticidad y fuerza a aquella frase y da un particular sesgo libertario a la historia del Ingenioso Hidalgo....¿Qué idea de la libertad se hace don Quijote?. La misma que, a partir del siglo XVIII, se harán en Europa los llamados liberales: la libertad es la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones no condicionamientos, en exclusiva función de su inteligencia y voluntad. Es decir, lo que varios siglos más tarde, un Isaías Berlín(1909-1997) definiría como ‘libertad negativa’, la de estar libre de interferencias y coacciones para pensar, expresarse y actuar. Lo que anida en el corazón de esta idea de la libertad es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder....Recordemos que el Quijote pronuncia esta alabanza exaltada de la libertad apenas parte de los dominios de los anónimos duques, donde ha sido tratado a cuerpo de rey por ese exuberante señor del castillo, la encarnación misma del poder. Pero en los halagos y mimos de que fue objeto, el Ingenioso Hidalgo percibió un invisible corsé que amenazaba y rebajaba su libertad ‘porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos’. El supuesto de esta afirmación es que el fundamento de la libertad es la propiedad privada, y que el verdadero gozo sólo es completo si al gozar, una persona no ve recortada su capacidad de iniciativa, su libertad de pensar y de actuar. Porque las ‘obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre.¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede la obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo’. No puede ser más claro: la libertad es individual y requiere un nivel mínimo de prosperidad para ser real. Porque quien es pobre y depende de la dádiva o la caridad para sobrevivir, nunca es totalmente libre. Es verdad que hubo una antiquísima época, como recuerda el Quijote a los pasmados cabreros en su discurso sobre la Edad de Oro(Don Quijote, ed.2005,p.97) en que la virtud y la bondad imperaban en el mundo’ y que en esa paradisíaca edad, anterior a la propiedad privada, ‘los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío y que eran ‘todas las cosas comunes’. Pero luego la historia cambió”(Don Quijote, ed.2005,p.XVIII-XX).

Encuentra Vargas Llosa que en la creencia de ese concepto de libertad, el que pone ante los ojos de Sancho, lleva a don Quijote a algunas actuaciones en las cuales, dice Vargas Llosa, casi se topa con los ideales libertarios, que serán propios de los anarquistas dos siglos más tarde(Don Quijote, ed. 2005,p.XXI).

Toca aquí Vargas Llosa otra vez un punto fundamental de las controversias políticas actuales que no solamente tienen que ver con el nacionalismo resucitado por los antiguos comunistas, “una ideología colectiva que pretende definir a los individuos por su pertenencia a un conglomerado humano al que ciertos rasgos característicos, la raza, la lengua, la religión, habrían impuesto una personalidad específica y diferenciable de las otras. Esta concepción está en las antípodas del individualismo exaltado del que hace gala don Quijote”(Don Quijote, ed.2005,p.XXIII) para quien la patria era su pueblo como lo era, un siglo más tarde, también para Simón Bolívar(Noviembre 26,1829): “Venezuela es el ídolo de mi corazón. Caracas es mi patria”(Cartas del Libertador.2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Vicente Lecuna, 1964,t.VII,p.393).

Pero al rozar este asunto toca otra vez Vargas Llosa, con su luminosa prosa y su perpicaz pensamiento, el problema de la libertad y del nuevo liberalismo, que es para nosotros consecuencia del ideario que hizo posible la decisión emancipadora del año diez.

Ya Vargas Llosa ha escrito largo y tendido sobre ello en varios de sus libros de ensayos, y un jugoso prólogo al libro de Isaiah Berlin El erizo y la zorra(Madrid: Muchnik,1998,p.11-32). Y este no es otro que el advenimiento en nuestro tiempo de la nueva sociedad liberal que tiene su ideario preciso en el concepto de libertad estudiado hábilmente por el propio Berlín en sus Cuatro ensayos sobre la libertad(Madrid: Alianza Editorial,1969. 332 p.).

Para nuestra desgracia, es decir para los venezolanos de hoy, los políticos que estaban en el poder y en la oposición a partir del comienzo de los años setenta, para nada se detuvieron en lo que nos decían para el futuro los señalamientos que Isaías Berlin y lo que otros pensadores liberales y democráticos expresaban en sus obras. Ellos estaban más interesados en enriquecerse desde el poder que buscar nuevos senderos para el vivir democrático, pese a ser hijos de las decisiones de 1810 y 1811. No se dieron cuenta que el régimen nacido en 1958 se agotaba, que si no se ofrecía una continuación democrática lícita, la reinvención de la palabra libertad y del liberalismo como forma y como acción, el país se iría por un despeñadero. Y por allí se fue. Y en este momento no se han encontrado la vereda precisa para la reinvención, para volver a parir la democracia.

Hemos de volver a mirar para ello lo que significa la idea de la libertad y lo que es el liberalismo, palabra de raíz hispánica como nos lo hizo ver el maestro Pedro Grases(1909-2004). O como mucho antes había dicho Simón Rodríguez, también citado por Grases(Gremio de discretos. 3ra.ed.aum. Barcelona: Ariel,1967,p.57-65), palabras en las que no se ha reparado bien: “Liberalismo. Es voz nueva, derivada de liberal…hoy liberal….(es) el que aboga por la libertad” como lo escribió en 1830 en la página cuarenta un raro libro suyo, El Libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social(Arequipa: Imprenta Pública, 1830. IV, 158 p.), poco leído, casi desconocido hoy, de no fácil lectura como la mayoría de sus escritos. Pero la concepción está allí, expresada con diafanidad.

En esta hora, al recordar todos los sucesos que hemos mirado otra vez, vuelve el Quijote a hacernos luz, vuelve a tocar nuestra conciencia con su concepto de la libertad, con su condena a la sumisión y a la persecución de los que piensan distinto.

(Discurso de orden pronunciado la tarde del miércoles 21 de Abril de 2010 en el acto en que la Fundación Francisco Herrera Luque conmemoró el bicentenario de la Independencia de Venezuela, sesión llevada a cabo en la Sala Cabrujas, sede de la Fundación Cultural Chacao).