Jueves, 19 de Octubre de 2017

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Close Up: Primera Novela de Armando Coll

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Siempre que nos situamos ante una novela nos vienen a cuento algunas reflexiones sobre este género, insoslayable en la literatura contemporánea. También en el vivir porque ellas permiten a sus lectores conocerse así mismos y comprender su tiempo.

Tal las meditaciones que hemos encontrado en estos mismos días en el epílogo del singular libro del británico Paul Jonhson: Creadores.(Barcelona: Ediciones B,2008. 345 p.). Dice el agudo interprete inglés sobre aquellos que se expresan escribiendo: “Todos los creadores coinciden en que se trata de una experiencia dolorosa y con frecuencia aterradora, que se soporta más que se disfruta, y que es preferible sólo a no ser un creador”(p.313). Y ello, por como dijo nuestra poeta Elizabeth Shön(1921-2006), “escribir no cuesta, duele”.

Y sobre el arte de escribir novelas anota Jonhson:”la experiencia es la madre de la creatividad” por lo cual en ella siempre están presentes “Las intensas sensaciones…sobre su propia vida…la experiencia en arte: un raro acto de creación, por su apasionada belleza…los novelistas, nunca son tan creativos como cuando registran, aunque metamorfoseada en ficción, su propio experiencia común…Para el novelista, los libros no reemplazan la ausencia de conocimiento y experiencias directas…el capital creativo que son las vivencias profundas de la niñez, de la juventud y madurez, con las que un novelista empieza su andadura, y la facilidad con que este capital precioso se puede derrochar, botar, por así decirlo, en una obra…La verdad es que todos los creadores son sumamente individuales y tienen diversas ideas sobre qué ayuda u obstaculiza su trabajo”(p.310-312).

Todo esto lo ejemplifica pensando en estas obras: la primera mitad de Jane Eyre de Charlotte Brontë(1816-1855), David Copperfield de Charles Dickens(1812-1870), novelas de George Eliot(1819-1880), Jane Austen(1775-1817), Evelyn Waugh(1903-1966), Anthony Powell(1905-2000), Rojo y Negro y La cartuja de Parma del inmenso Sthendhal(1783-1842) o Madame Bovary de Gustave Flaubert(1821-1880). Tanto Gerge Eliot, una mujer llamada Mari Ann Evans quien utilizó una seudónimo masculino, como Evelyn Waugh o Anthony Powell son casi desconocidos, fuera del mundo de los especialistas, en nuestro mundo hispanoamericano.

Hay dos observaciones más con las cuales discrepamos. La primera: “Cuando veo a cierta novelista que conozco sentada detrás de una muralla de libros en la sala de lectura de la London Library, garabateando industriosamente su próxima obra de ficción, me digo: ¡qué pena!”(p.311). Decir esto es un error porque el narrador además de su imaginación y sus recuerdos debe documentar los sucesos de su ficción y para ello debe recurrir a los libros. Creemos que Jonhson dijo tan erróneas palabras porque de ninguna manera es un novelista, pese a la gran comprensión de lo literario que exhibe en sus diversas obras sobre estos tópicos.

Lo otro es la absurda observación, que ya hoy no tiene sentido alguno, según la cual:”Para las mujeres que escriben ficción, el capital esencial lo proveen la emoción y el amor; los hijos y los divorcios, y no puede reponerse tan fácilmente a medida que pasa el tiempo”(p.312). Y es erróneo porque ya hoy las mujeres escriben sobre todos lo tópicos, si bien lo que merodea el amor es esencial en ellas, pero a la vez lo es para los hombres, y además, y esta es nuestra discrepancia: si se leen con atención lo mucho que escriben las mujeres hoy en día, en la novela como es este caso, se descubrirá, sino no se tienen prejuicios contra ellas, que estas tocan con sus obras toda la variedad de lo humano: el hogar pero también lo político, el terrorismo, la inclemencia de los días que vivimos y los avatares de la historia.

Ahora estamos ante la novela de Armando Coll(1960): Close up.(Caracas: Alfaguara, 2008. 214 p.), que no es solo la primera de las suyas sino también el primer libro de este creador, quien esperó la edad de la sazón para publicar, pero quien viene de larga actividad escritural porque él fue uno de los miembros del grupo Guaire formado en los años ochenta del siglo pasado, particularmente en 1981, grupo que ha dejado obra bien cernida. Fueron sus miembros el poeta, ensayista y ahora historiador Rafael Arraíz Lucca(1959), el crítico de arte y museógrafo Luis Pérez Oramas, el poeta y guionista de televisión Leonardo Padrón(1959), el columnista Nelson Rivera(1958), cuyo libro El cíclope totalitario es todo un logro, Alberto Barrera Tiszka(1960), quien es entre todos ellos el de más proyección internacional por su novela La enfermedad(Premio Herralde/Anagrma,2007), y el profesor, crítico, y a ratos poeta, Javier Lasarte.

La primera persona que nos habló de Close Up fue una amiga, impenitente lectora, una de esas personas que leen todos los libros que aparecen, a la cual no nos es fácil seguirle el trote. Nos dijo que era una obra frívola pero que, nos gustara o no, todo lo que allí aparecía en ella era verdad. Al leerla le dijimos que no nos parecía ni trivial ni fútil sino que había que traspasar tras lo aparentemente vacuo pero llegar a su grave meollo, las consecuencias de las corrupción en nuestro vivir, proceso que todo lo ha devastado, hasta las virtudes y los hábitos más amados de la vida venezolana.

Y por fin, otra fiel lectora, quería saber si nosotros conocíamos quien era en realidad Gloria Suarez, la protagonista, nos inquirió si creíamos que podía ser Isa Dobles o Marianela Salazar. No tuvimos respuesta pese a haber recorrido la novela línea a línea y haber gozado con ella, sobre todo por la manera como Armando Coll construyó su libro, un tomo que duele leer pese a que sepamos que lo que vemos desarrollarse anta nosotros es así: para nuestra desgracia.

Cuando se toma en las manos Close up nos encontramos con Gloria Suarez, su personaje principal y con el periodista Augusto Márquez. Ella es una relacionista pública, poseedora del Quién es quién en Venezuela, fue ”izquierdosa y feminista en sus remotas mocedades”(p.21). Augusto Márquez: un periodista de espectáculos que aparece en Le Club por estar aquella noche haciendo “una tediosa guardia en la páginas de sociales”(p.20). Gloria, se burla de la cultura del fablistán, ”eres tan elevado”(p.30) le dice Gloria, “mi pequeño Raskolnikov”(p.31).
En Close up por ser la novela de melómano como su autor la música aparece a cada rato: Mozart, César Franck, por su sonata para violín y piano, la preferida de Proust; y por ser gran lector el periodista siempre hace mención a los libros de Jorge Luis Borges(1899-1986), Plinio el Joven(61-112 dC), Michel de Montaigne(1533-1592) y su amigo Etienne de Le Botie, André Gide(1869-1951) entre otros.

En verdad esta novela tiene un doloroso trasfondo, pese a parecer superfial y ligera para algunos. Puede sin duda ser tenida como un “roman a chef” por mirar, con velada máscara, lo que sucede en nuestro medio. Esto se insinúa en uno de sus pasajes(p.84). Hecho que es incluso visible cuando encontramos esta observación en su primera página: “este a la vez, remedo de realidad y literatura”(p.7) como se lee en su borgiana introducción, en las cuales se citan algunas líneas de un cuento del maestro porteño: “Emma Zunz” de El Aleph.

La esencia de esta novela a nuestro entender descansa sobre el hecho de que ante la paradoja que se ha vuelto el vivir venezolano, al menos desde 1974 pero sobre todo desde 1999, es obvio que ante ella solo podemos tener miedo(p.35) porque sabemos que “La verdad es siempre súbita y dolorosa”(p.153). En ella leemos “Como decía Plinio, todos necesitamos un testigo de nuestras vidas”(p.53): sabemos que esto lo dijo Plinio el Jóven(p.177).

Y es desde Gloria que se ve la nuestra realidad. Por ello ella dice: “Tengo una posición privilegiada. Habito un atalaya desde la que veo a mucha distancia la catástrofe que está por venir, curtida como estoy en devastaciones”(p.33). Pero como sabiendo aquello trabaja para otros, “A ellos no le dejo saber nada de mí, de mi origen, de mis blasones deshechos, carcomidos por la polilla del desdén…Ante mis clientes debo ser nadie”(p.34), “Traigo en mi ADN el aprendizaje que ellos, mis clientes, están por hacer…Demasiado bárbaros. Demasiado degenerados. Se reconocer a tiempo los síntomas de la decadencia”(p.37). Por ello con sus “ojos perdidos contempla el mundo sin arreglo”(p.112), sabe que “mi generación se destruye por la locura”(p.113) como se lee allí en una cita en inglés que encntramos; o el ríete payaso, escrito en italiano(“ridi pagliaccioo”) de la opera Pagliacci(1892) de Ruggiero Leoncavallo(1858-1919); por ello advierte “Soy la vieja costurera de una sociedad hecha a retazos”(p.140). Qué hacer, con esa sociedad, nos parece sugerir el novelista: ¿llorar o reír?.

Y ello es porque cuando nos asomamos al país, al que Armando Coll quiso cantarle su elegía, como se hace con los muertos, nos damos cuenta que todo lo hemos perdido: “El honor, un trasto viejo, una tara, una goleta hundida y mohosa”(p.35). Ni siquiera tenemos ya una épica salvadora porque estamos ante “la inmolación en un chinchorro cual Lorenzo Barquero”(p.37), aquel doctor de la universidad que se hundió en el tremedal, despreciado su amor por Doña Bábara. Barquero es el personaje más trágico de nuestra literatura.

Porque lo que tenemos hoy es “desmedida ambición”(p.38), la “ciclópea codicia”(p.38), porque “ni peregrinaciones al aborrecible centro de Caracas”(p.40) porque a muchos, a los que se crean más sin serlo, para nada le gusta el pueblo, la mayoría, casi toda empobrecida hoy. Y menos les gusta “un golpe de estado seguido de revuelta popular…del perraje agitado”(p.38-39).

Tal la realidad porque “Esos bobos tan peligrosos serían los nuevos jefes del bochinche”(p.51), esos los que han sido incapaces de crear un movimiento opositor coherente que salve, restaure, la democracia y evite la disolución constitucional que vivimos. Sólo apelan al “loco que nos gobierna”(p.65) sin darse cuenta que este viene del otro demente: Locoven, el ser que más odia pero al que más se parece, sobre todo en eso de creerse líder mundial. Y Locoven fue creado por todos, llevado al poder por la mayoría dos veces. Así el país que se creyó rico entonces “Cambió la zapatilla de cristal por alpargata”(p.81) como lee aquí, con “esa fauna advenediza de ricachos y figurones”(p.100), “estos indios enriquecidos de petróleo”(p.106), impedidos de “cumplir un gesto histórico, a acometer la labor de conciencia”(p.108) porque para ello se necesita la valentía y el coraje del cual carecen, porque ni siquiera saben quien son, nos se hacen las necesarias preguntas existenciales, solo “corren para vivir más y huir de sí mismos”(p.109).

Pero estamos, y este es uno de los grandes mensajes que Armando Coll desea comunicarnos, en el bochinche, en la anarquía, en el desorden, esperando a un salvador que venga del cielo, en vez de cumplir nosotros con nuestra responsabilidad.

Seguimos estando entre el Francisco de Miranda(1750-1816) en su madrugada trágica, “bochinche, bochinche, aquí no hay más que bochinche” y en el mismo momento no sólo de la prisión del Precursor sino el de la traición de aquel “venezolano efímero” que fue Manuel María de las Casas(c1785-¿1827?) quien se había pasado a los realistas un rato antes y entregó el patricio a los españoles. Y no hemos encontrado aún como “administrar el bochinche”, como nos pidió Ramón J. Velásquez. No hemos creado el “universo del hombre justo” que propuso el sabio José María Vargas(1786-1854) ante la militarada encabezada por Pedro Carujo(1801-1836), quien para colmo, como lo dicen las crónicas de aquel amanecer(Julio 8,1835), estaba ebrio al discutir con el presidente sereno y ético. Y tampoco, es el final, no nos hemos dado cuenta, que si el país desea caminar de nuevo con sentido debemos buscar “ser más en vez de tener más”, según la admonición a Francisco Herrera Luque(1927-1991) en un pasaje de de su novela Los amos del valle.

Casi llorando, para aclimatar estos deseos, estas virtudes, con un afilado bisturí terapeútico entre las manos, ha escrito Armando Coll las angustiadas páginas de su novela.